SAUCE VIEJO
Balazo contra un comedor comunitario
Por:
Danilo Chiapello
Viernes 14 de
Agosto 2020
Es una historia de violencia y locura. También es una historia de impunidad.
El lugar del hecho causa sorpresa, y al mismo tiempo dolor y preocupación. Como cuando asaltan a una maestra, a un religioso o cuando abren fuego contra una ambulancia. Postales todas de una sociedad que se desangra.
La tarde transcurría tranquila en Sauce Viejo. Faltaban algunos minutos para las 18 y Paola, junto a su hermana y una colaboradora preparaban las viandas dentro del comedor comunitario Jesús Niño, el que funciona en calle 18 y 63, esto es, en barrrio La Barranquera, justo detrás de la central termoeléctrica.
Dicho centro asiste con comida y con el programa Copa de Leche a casi un centenar de niños de la zona como así también a abuelos y personas con algún tipo de discapacidad.
Pero de pronto el terror
"Pistolero" a caballo
La labor de las mujeres se interrumpió cuando comenzaron a escuchar el inconfundible sonido de disparos de arma de fuego que provenían desde la calle. El "pistolero" era una conocido rufián de la zona al que todos conocen por su apodo. Le dicen "Pepo".
Al mejor estilo "lejano Oeste", Pepo andaba a los tiros montado sobre un caballo. Y uno de los disparos fue a dar contra una ventana del comedor infantil.
Solo una buena carta del destino hizo que no hubiese una víctima. "Poco antes del disparo mi padre salió a hacer unos mandados. Mi hijo, que es discapacitado, siempre se pone a esperarlo detrás de esa ventana. Por fortuna esa tarde mi hijo se acostó a dormir", relató Paola con lágrimas en los ojos.
Temor a represalias
"Hace ya varios meses que venimos así, con enfrentamientos a tiros en la calle a toda hora. La policía me aconsejó hacer la denuncia pero honestamente dije que no... tengo miedo a las represalias. Más que llamar a la policía cuando escucho los tiros no hago. Más no puedo hacer, acá estamos librados a la buena de Dios", según describió Paola.
Por último Paola reflexionó: "este tipo de cosas a uno lo llevan de impotencia... la inseguridad; la impunidad con la que se mueve esta gente. Pienso que minutos antes estábamos trabajando con chicos y con familias. Cuando empiezan los tiros tenemos que salir corriendo y tirarnos al suelo. Esa tarde estábamos por entregar las viandas. La gente que venía a buscar la comida venían cruzando un campo y cuando vieron todo se volvieron. No puedo dejar de pensar en si mataban a alguien. Pero bueno... Diosito es grande y nos acompañó de nuevo", cerró como un ruego.
La tarde transcurría tranquila en Sauce Viejo. Faltaban algunos minutos para las 18 y Paola, junto a su hermana y una colaboradora preparaban las viandas dentro del comedor comunitario Jesús Niño, el que funciona en calle 18 y 63, esto es, en barrrio La Barranquera, justo detrás de la central termoeléctrica.
Dicho centro asiste con comida y con el programa Copa de Leche a casi un centenar de niños de la zona como así también a abuelos y personas con algún tipo de discapacidad.
Pero de pronto el terror
"Pistolero" a caballo
La labor de las mujeres se interrumpió cuando comenzaron a escuchar el inconfundible sonido de disparos de arma de fuego que provenían desde la calle. El "pistolero" era una conocido rufián de la zona al que todos conocen por su apodo. Le dicen "Pepo".
Al mejor estilo "lejano Oeste", Pepo andaba a los tiros montado sobre un caballo. Y uno de los disparos fue a dar contra una ventana del comedor infantil.
Solo una buena carta del destino hizo que no hubiese una víctima. "Poco antes del disparo mi padre salió a hacer unos mandados. Mi hijo, que es discapacitado, siempre se pone a esperarlo detrás de esa ventana. Por fortuna esa tarde mi hijo se acostó a dormir", relató Paola con lágrimas en los ojos.
Temor a represalias
"Hace ya varios meses que venimos así, con enfrentamientos a tiros en la calle a toda hora. La policía me aconsejó hacer la denuncia pero honestamente dije que no... tengo miedo a las represalias. Más que llamar a la policía cuando escucho los tiros no hago. Más no puedo hacer, acá estamos librados a la buena de Dios", según describió Paola.
Por último Paola reflexionó: "este tipo de cosas a uno lo llevan de impotencia... la inseguridad; la impunidad con la que se mueve esta gente. Pienso que minutos antes estábamos trabajando con chicos y con familias. Cuando empiezan los tiros tenemos que salir corriendo y tirarnos al suelo. Esa tarde estábamos por entregar las viandas. La gente que venía a buscar la comida venían cruzando un campo y cuando vieron todo se volvieron. No puedo dejar de pensar en si mataban a alguien. Pero bueno... Diosito es grande y nos acompañó de nuevo", cerró como un ruego.
Con información de
El Litoral

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