El recuerdo de cinco argentinos que murieron en el 11-S
Viernes 10 de
Septiembre 2021
Cinco argentinos -un enfermero, un bombero y tres empresarios- murieron en los atentados del 11 de septiembre de 2001 (11-S) en Estados Unidos, que causaron alrededor de 3.000 muertos y marcaron un antes y un después para ese país y para el mundo entero.
Mario Santoro, un rosarino que trabajaba de paramédico en Nueva York, se encontraba de licencia el día del atentado, pero al ver desde el balcón de su casa una de las dos torres ardiendo, le comunicó a su mujer que debía acudir al lugar de la tragedia: "Voy para allá; me van a necesitar".
Santoro formaba pareja con una estadounidense, Leonor, y tenía una hija, Sofía, tras vivir desde muy pequeño en esa ciudad a la que había llegado junto a sus padres.
Otro argentino que perdió la vida mientras intentaba asistir a las víctimas fue Sergio Villanueva, un bombero nacido en Bahía Blanca, quien falleció a los 33 años.
En 1992, Villanueva había ingresado al departamento de Policía de Nueva York y siete años después se convirtió en bombero. Estaba comprometido con Tanya Bejasa y era conocido en su círculo íntimo por el apodo de "Big Daddy" (Gran Daddy).
Había finalizado su turno a las 8 de la mañana, apenas unos 45 minutos antes de que un avión de American Airlines se estrellara contra la Torre Norte del World Trade Center, pero luego ingresó en el mismo edificio, poco después de que el segundo avión impactara la Torre Sur.
El exalcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, se refirió en su momento a Villanueva: "Hay un puñado de personas que nacieron para servir y dar el ejemplo. Sergio era uno de ellos".
Además, la Universidad de Hofstra, en Nueva York, hoy cuenta con la llamada "Beca Villanueva" en honor a su nombre, para ayudar a estudiantes-atletas a completar sus estudios universitario.
Gabriela Waisman, una psicóloga de 33 años, se encontraba de visita para una reunión en las Torres Gemelas. Desgraciadamente, fue la primera argentina identificada en la lista de personas fallecidas.
Nacida en el barrio porteño de Caballito, se había mudado a los 6 años con su familia a Nueva York y en la Gran Manzana había desarrollado su carrera profesional en una empresa de software llamada Sybase.
Trabajaba en una oficina ubicada a nueve cuadras del complejo del World Trade Center, pero aquella mañana se encontraba en el piso 106 de una de las torres durante una feria comercial de su empresa.
Waisman se comunicó por teléfono su familia, que veía el atentado por televisión: "Estaba asustada, decía que había mucho humo y que le costaba respirar", relató Armando, su padre. "En el último llamado, decía que ya no podía respirar. Lloraba mucho. No la volvimos a escuchar", afirmó .
Otro de los argentinos que perdió la vida en los ataques del 11-S fue Pedro Grehan, quien tenía su oficina en una de las torres del World Trade Center.
Nacido en 1965 en San Isidro en 1997, decidió ir a probar suerte a Nueva York, tras permanecer desempleado, casado y con tres hijos.
Después de unos años, Grehan se consolidó como analista financiero de la empresa Cantor Fitzgerald y trabajaba el día a día dentro de las torres.
Llegó poco después de las 6:30 de la mañana a su oficina. Un par de horas después, el primer avión impactaría unos pisos por debajo de donde él se encontraba, dentro de la Torre Norte.
Su madre, Inés Oteiza, aseguró haber visto a su hijo asomado en una ventana en una foto de un diario estadounidense y confió en que Pedro fue uno de los cientos que se arrojaron al vacío antes del colapso de las dos torres. Pero su cuerpo nunca fue encontrado.
El nombre del quinto fallecido, identificado en 2009, no fue incluido en una placa que en 2003 el expresidente Néstor Kirchner descubrió en el edificio del Consulado argentino en Nueva York, como homenaje a las víctimas argentinas del ataque.
Se llamaba Guillermo Alejandro Chalcoff. Era un empresario de 41 años que poco antes de los atentados del 11-S había recibido la ciudadanía estadounidense, por lo que había sido registrado como una víctima local.
Chalcoff era el presidente de Accutek Information Systems, una empresa contratista cuyas oficinas se encontraban en otro punto de la ciudad.
Santoro formaba pareja con una estadounidense, Leonor, y tenía una hija, Sofía, tras vivir desde muy pequeño en esa ciudad a la que había llegado junto a sus padres.
Otro argentino que perdió la vida mientras intentaba asistir a las víctimas fue Sergio Villanueva, un bombero nacido en Bahía Blanca, quien falleció a los 33 años.
En 1992, Villanueva había ingresado al departamento de Policía de Nueva York y siete años después se convirtió en bombero. Estaba comprometido con Tanya Bejasa y era conocido en su círculo íntimo por el apodo de "Big Daddy" (Gran Daddy).
Había finalizado su turno a las 8 de la mañana, apenas unos 45 minutos antes de que un avión de American Airlines se estrellara contra la Torre Norte del World Trade Center, pero luego ingresó en el mismo edificio, poco después de que el segundo avión impactara la Torre Sur.
El exalcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, se refirió en su momento a Villanueva: "Hay un puñado de personas que nacieron para servir y dar el ejemplo. Sergio era uno de ellos".
Además, la Universidad de Hofstra, en Nueva York, hoy cuenta con la llamada "Beca Villanueva" en honor a su nombre, para ayudar a estudiantes-atletas a completar sus estudios universitario.
Gabriela Waisman, una psicóloga de 33 años, se encontraba de visita para una reunión en las Torres Gemelas. Desgraciadamente, fue la primera argentina identificada en la lista de personas fallecidas.
Nacida en el barrio porteño de Caballito, se había mudado a los 6 años con su familia a Nueva York y en la Gran Manzana había desarrollado su carrera profesional en una empresa de software llamada Sybase.
Trabajaba en una oficina ubicada a nueve cuadras del complejo del World Trade Center, pero aquella mañana se encontraba en el piso 106 de una de las torres durante una feria comercial de su empresa.
Waisman se comunicó por teléfono su familia, que veía el atentado por televisión: "Estaba asustada, decía que había mucho humo y que le costaba respirar", relató Armando, su padre. "En el último llamado, decía que ya no podía respirar. Lloraba mucho. No la volvimos a escuchar", afirmó .
Otro de los argentinos que perdió la vida en los ataques del 11-S fue Pedro Grehan, quien tenía su oficina en una de las torres del World Trade Center.
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Con información de
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