El increíble Javier Milei
Por:
Christian Schwarz
Jueves 02 de
Diciembre 2021

Milei responde a un liderazgo que es bien propio de la cultura pop. Su peinado es común en el animé japonés y su irascibilidad recuerda al Increíble Hulk del comic y de la serie televisiva de los 1970s. Se asemeja al científico David Banner quien se transforma en Hulk cuando algo lo altera.
Si alguien desde el exterior rescata algo inusitado de la pasada elección legislativa es el resultado logrado por Javier Milei en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Es por ello que “el fenómeno Milei” fue destacado por medios como The Guardian, el Financial Times o el Süddeutsche Zeitung.
Ahora, cuán novedoso o dónde está lo excepcional del resultado del candidato libertario es algo en duda. En primer lugar, Milei resalta por sobre otros candidatos ya que su buen desempeño electoral fue en la capital del país, donde está asentado el poder político, económico y cultural. La frase “Dios está en todos lados, pero atiende en Buenos Aires” es la fuente de este sobredimensionamiento del “efecto Milei”.
En segundo lugar, si vamos a los datos duros, el 17% y los dos diputados logrados por el candidato libertario no suponen el primero de una fuerza política que propone expandir el rol del mercado en la economía. En las elecciones legislativas de 1989 en la entonces Capital Federal la Alianza de Centro obtuvo un 22% y tres bancas. La figura que combinaba popularidad y Estado acotado era entonces Adelina Dalesio de Viola.
En tercer lugar, los análisis destacan la aceptación de Milei en los jóvenes. Esto tampoco es nuevo. La segunda mitad de los 1980s fue el período dorado de la agrupación liberal estudiantil Unión para la Apertura Universitaria (UPAU) que ganó varios centros de estudiantes en la Universidad de Buenos Aires y en otras públicas de la Argentina.
¿Qué entonces es lo inédito en Milei? Quizás que su liderazgo está fundado en un proyecto básicamente individual. Si se asume libertario, lo es hasta en este rasgo fundante.
Milei reúne tradiciones viejas y nuevas. Si uno tomara la definición minimalista de populismo de Cas Mudde y Cristóbal Rovira Kaltwasser, Milei encuadra dentro de un liderazgo populista. Su uso del término despectivo “casta” para designar al establishment político cierra muy bien en la definición que los autores hacen del populismo como una ideología “delgada” -baja profundidad conceptual por lo cual ofrece soluciones simples a problemas complejos- que divide a la sociedad entre el “pueblo puro” y la elite corrupta. La “casta política” es la que oprime las fuerzas productivas del mercado en base a impuestos y a un gasto público excesivo.
Así Milei se conecta con el Tea Party estadounidense. El símbolo no oficial de la bandera amarilla con la serpiente y la leyenda “Dont Tread On Me” es su punto de contacto. También tiene vínculos con el viejo poujadismo francés de los 1950s y los liderazgos coetáneos de Donald Trump, Jair Bolsonaro y José Antonio Kast.
Es más interesante tomar la mirada de política pop que ofrece Adriana Amado. Milei responde a un liderazgo que es bien propio de la cultura pop. Su peinado es común en el animé japonés y su irascibilidad recuerda al Increíble Hulk del comic y de la serie televisiva de los 1970s. Milei se asemeja al científico David Banner quien se transforma en Hulk cuando algo lo altera -en Milei, el agobio de un Estado parásito propio del entorno cultural “comunista”- o bien cuando es sometido a alguna inquisitoria por su perseguidor implacable, el periodista Jack McGee. Hulk, al igual que Shrek, son monstruos verdes sensibles, queribles.
Con agudeza sociológica, Amado describe a los liderazgos latinoamericanos de estar imbuidos de una aureola religiosa. El líder político es el portador de la salvación unívoca que permite la verdad divina. Hugo Chávez es el profeta que acerca el credo de Simón Bolívar al pueblo venezolano y latinoamericano.
Milei sería un Moisés que en vez de bajar del Monte Sinaí con las Tablas que contienen los Diez Mandamientos, acerca al pueblo oprimido “La acción humana” de Ludwig von Mises y “Camino de servidumbre” de Friedrich von Hayek para liberarlo del yugo socialista. Cuando Milei sostiene que su acción es de corte moral reafirma su lazo místico.
La gran incógnita es cuál será el futuro de Milei. Si podrá organizar una burocracia política o si bien, como David Banner al final de cada episodio del Increíble Hulk, cargará un bolso con sus cosas y partirá hacia otro destino con la melodía “The Lonely Man” (“El hombre solitario”) de fondo.
Ahora, cuán novedoso o dónde está lo excepcional del resultado del candidato libertario es algo en duda. En primer lugar, Milei resalta por sobre otros candidatos ya que su buen desempeño electoral fue en la capital del país, donde está asentado el poder político, económico y cultural. La frase “Dios está en todos lados, pero atiende en Buenos Aires” es la fuente de este sobredimensionamiento del “efecto Milei”.
En segundo lugar, si vamos a los datos duros, el 17% y los dos diputados logrados por el candidato libertario no suponen el primero de una fuerza política que propone expandir el rol del mercado en la economía. En las elecciones legislativas de 1989 en la entonces Capital Federal la Alianza de Centro obtuvo un 22% y tres bancas. La figura que combinaba popularidad y Estado acotado era entonces Adelina Dalesio de Viola.
En tercer lugar, los análisis destacan la aceptación de Milei en los jóvenes. Esto tampoco es nuevo. La segunda mitad de los 1980s fue el período dorado de la agrupación liberal estudiantil Unión para la Apertura Universitaria (UPAU) que ganó varios centros de estudiantes en la Universidad de Buenos Aires y en otras públicas de la Argentina.
¿Qué entonces es lo inédito en Milei? Quizás que su liderazgo está fundado en un proyecto básicamente individual. Si se asume libertario, lo es hasta en este rasgo fundante.
Milei reúne tradiciones viejas y nuevas. Si uno tomara la definición minimalista de populismo de Cas Mudde y Cristóbal Rovira Kaltwasser, Milei encuadra dentro de un liderazgo populista. Su uso del término despectivo “casta” para designar al establishment político cierra muy bien en la definición que los autores hacen del populismo como una ideología “delgada” -baja profundidad conceptual por lo cual ofrece soluciones simples a problemas complejos- que divide a la sociedad entre el “pueblo puro” y la elite corrupta. La “casta política” es la que oprime las fuerzas productivas del mercado en base a impuestos y a un gasto público excesivo.
Así Milei se conecta con el Tea Party estadounidense. El símbolo no oficial de la bandera amarilla con la serpiente y la leyenda “Dont Tread On Me” es su punto de contacto. También tiene vínculos con el viejo poujadismo francés de los 1950s y los liderazgos coetáneos de Donald Trump, Jair Bolsonaro y José Antonio Kast.
Es más interesante tomar la mirada de política pop que ofrece Adriana Amado. Milei responde a un liderazgo que es bien propio de la cultura pop. Su peinado es común en el animé japonés y su irascibilidad recuerda al Increíble Hulk del comic y de la serie televisiva de los 1970s. Milei se asemeja al científico David Banner quien se transforma en Hulk cuando algo lo altera -en Milei, el agobio de un Estado parásito propio del entorno cultural “comunista”- o bien cuando es sometido a alguna inquisitoria por su perseguidor implacable, el periodista Jack McGee. Hulk, al igual que Shrek, son monstruos verdes sensibles, queribles.
Con agudeza sociológica, Amado describe a los liderazgos latinoamericanos de estar imbuidos de una aureola religiosa. El líder político es el portador de la salvación unívoca que permite la verdad divina. Hugo Chávez es el profeta que acerca el credo de Simón Bolívar al pueblo venezolano y latinoamericano.
Milei sería un Moisés que en vez de bajar del Monte Sinaí con las Tablas que contienen los Diez Mandamientos, acerca al pueblo oprimido “La acción humana” de Ludwig von Mises y “Camino de servidumbre” de Friedrich von Hayek para liberarlo del yugo socialista. Cuando Milei sostiene que su acción es de corte moral reafirma su lazo místico.
La gran incógnita es cuál será el futuro de Milei. Si podrá organizar una burocracia política o si bien, como David Banner al final de cada episodio del Increíble Hulk, cargará un bolso con sus cosas y partirá hacia otro destino con la melodía “The Lonely Man” (“El hombre solitario”) de fondo.
Con información de
Perfil
Amenazas en escuelas: ¿qué responsabilidad le cabe al Ministerio que conduce José Goity?
Educación ¿Qué rol y qué grado de responsabilidad asume el Ministerio de Educación? ¿Cabe hablar, también, de responsabilidad objetiva?
El Gobierno prohibe el ingreso de todos los periodistas acreditados a la Casa Rosada
En una medida con escasos precedentes, se les quitó la huella digital a los representantes de todos los medios; ayer denunció a dos trabajadores de TN por presunto espionaje
Cambios en el mercado eléctrico: el Gobierno ajustó reglas para generadores y costos de combustibles
La Secretaría de Energía del Ministerio de Economía incorporó nuevas pautas para el recupero de costos en la generación térmica y dejó sin efecto el esquema de Deliver or Pay, en un contexto de volatilidad internacional.

Suscribite!
Y recibí las noticias más importantes!
Y recibí las noticias más importantes!
Nota22.com
LO MÁS VISTO
Amenazas en escuelas: ¿qué responsabilidad le cabe al Ministerio que conduce José Goity?
Educación ¿Qué rol y qué grado de responsabilidad asume el Ministerio de Educación? ¿Cabe hablar, también, de responsabilidad objetiva?
El pedido de jury contra los jueces que absolvieron en el caso Trigatti no es un debate jurídico. Es una señal institucional. Y conviene leerla con precisión.
Viven en Marcos Juárez y deben ir hasta Villa María con problemas graves de salud. Los dueños del sanatorio explican por qué tuvieron que dar por terminada la actividad. El problema se enmarca en la crisis creciente de la obra social más grande del país.
¿Qué es un Per Saltum, y cuándo procede en Argentina?




