OFENSIVA DE RUSIA EN UCRANIA
El miedo al desabastecimiento llena los supermercados en Kiev: “No sabemos lo que tenemos por delante”
Martes 01 de
Marzo 2022
La vida en la capital resucita parcialmente tras el fin del toque de queda, pero la ciudad sigue bajo el yugo de la guerra
A Olga, de 40 años, se le saltan las lágrimas. No es del frío, que es intenso a primera hora de la mañana en Kiev, la capital de Ucrania, sino de pensar que no sabe qué le queda por delante en los próximos días. Los habitantes tratan de prepararse para lo peor, si es que eso es posible. El reloj pasa unos minutos de las ocho de la mañana y ante las puertas del supermercado Silpo aguardan de manera ordenada y casi en silencio medio centenar de personas. Olga, que vive junto a sus hijos de 13 y 20 años, acude a hacer la compra sin saber muy bien para cuántos días debe hacerla. Nadie sabe hasta cuándo habrá alimentos en los lineales de los supermercados si el conflicto se alarga. “Vemos que nadie está ayudando a Ucrania, que está en Europa, mientras Rusia no tiene límites ni fronteras”, lamenta.
“Todos nos estamos preparando porque no sabemos lo que tenemos por delante ni cuándo vamos a poder salir”, comenta en la misma línea Vladímir, de 40 años, tras haber tardado un par de horas en hacer la compra en el Ultramarket del centro comercial Multimall. Este padre de dos hijos de seis y ocho años, reconoce que tanto él como su mujer se están ahorrando darles detalles de lo que está sucediendo. “Intentamos mantenerlos al margen de la guerra para preservar su estabilidad psicológica. Puede que les hablemos de ello un poco más adelante”, comenta.
Esas colas para conseguir comida, la reactivación parcial del tráfico o ver a personas de un lado para el otro por la ciudad —hasta un corredor haciendo deporte— suponen una pequeña resurrección de la vida cotidiana tras un fin de semana de obligado letargo. La capital de Ucrania acaba de salir de 39 horas de toque de queda que han mantenido a la población en casa desde la tarde del sábado a la mañana del lunes.
Pero esa resurrección es, sin embargo, un espejismo. Kiev vive bajo el yugo de la guerra. Ha alcanzado ese punto de daltonismo en el que las flechas y rayas blancas que marcan direcciones y parcelan en carriles el asfalto no cumplen su función. Tampoco el rojo, amarillo y verde de los semáforos. No hay apenas tráfico que regular y los pocos vehículos que circulan no ven necesario detenerse ante las señales lumínicas. Pero cualquiera que deambule o circule por las calles de Kiev estos días puede ser considerado culpable mientras no se demuestre lo contrario. Se percibe cierto vacío de poder e impunidad, barra libre para levantar a la mínima el arma. La situación se vuelve con frecuencia tensa ante las barricadas que jalonan la urbe.
“Todos nos estamos preparando porque no sabemos lo que tenemos por delante ni cuándo vamos a poder salir”, comenta en la misma línea Vladímir, de 40 años, tras haber tardado un par de horas en hacer la compra en el Ultramarket del centro comercial Multimall. Este padre de dos hijos de seis y ocho años, reconoce que tanto él como su mujer se están ahorrando darles detalles de lo que está sucediendo. “Intentamos mantenerlos al margen de la guerra para preservar su estabilidad psicológica. Puede que les hablemos de ello un poco más adelante”, comenta.
Esas colas para conseguir comida, la reactivación parcial del tráfico o ver a personas de un lado para el otro por la ciudad —hasta un corredor haciendo deporte— suponen una pequeña resurrección de la vida cotidiana tras un fin de semana de obligado letargo. La capital de Ucrania acaba de salir de 39 horas de toque de queda que han mantenido a la población en casa desde la tarde del sábado a la mañana del lunes.
Pero esa resurrección es, sin embargo, un espejismo. Kiev vive bajo el yugo de la guerra. Ha alcanzado ese punto de daltonismo en el que las flechas y rayas blancas que marcan direcciones y parcelan en carriles el asfalto no cumplen su función. Tampoco el rojo, amarillo y verde de los semáforos. No hay apenas tráfico que regular y los pocos vehículos que circulan no ven necesario detenerse ante las señales lumínicas. Pero cualquiera que deambule o circule por las calles de Kiev estos días puede ser considerado culpable mientras no se demuestre lo contrario. Se percibe cierto vacío de poder e impunidad, barra libre para levantar a la mínima el arma. La situación se vuelve con frecuencia tensa ante las barricadas que jalonan la urbe.
Con información de
El País

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