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Inquieto por un clima enrarecido, Horacio Rodríguez Larreta busca preservarse con la mira en 2023
Sábado 01 de
Octubre 2022

La creciente conflictividad social, las usurpaciones en el sur y la fractura en la CGT preocupan al jefe porteño de cara a las elecciones del año próximo
“Lo mejor es salir de la escena”. Inquieto por la creciente conflictividad social y el deterioro económico por la inflación, Horacio Rodríguez Larreta, uno de los presidenciables de Juntos por el Cambio que ocupan cargos de gestión, un arma de doble filo para su proyecto nacional, apuesta a mantenerse fuera de los radares y caminar con pies de plomo en un escenario político cada vez inestable.
Al alcalde no solo le inquieta el rebrote de las protestas por la crisis y la chance de que el Gobierno avance con la eventual suspensión de las PASO de 2023, una jugada que podría agitar la interna opositora, sino que percibe un clima enrarecido. Las usurpaciones de tierras en Villa Mascardi por grupos autoproclamados mapuches y el conflicto de los neumáticos se superponen con hechos que agitan a su administración, como el paro de médicos, la toma de colegios porteños y los cortes y acampes de organizaciones de izquierda en la Avenida 9 de Julio. Sin embargo, el episodio que más alarmó a Larreta por estas horas es la fractura virtual de la Confederación General del Trabajo (CGT), luego de que Pablo Moyano, jefe de los Camioneros, que cerró un acuerdo esta semana con la Ciudad por la estatización del servicio de grúas, amagara con dejar el triunvirato que conduce la central obrera.
A sabiendas de que referentes económicos de Juntos por el Cambio, como Hernán Lacunza o Ricardo López Murphy o Guido Sandleris, pronostican un panorama sombrío para los próximos dos meses, el jefe porteño monitorea el avance de la crisis. A la vez, sus colaboradores miran con preocupación los indicadores del clima social: creen que les toca gobernar y alistar a un candidato a presidente en un “tiempo complejo”, con un descontento generalizado con la clase dirigente y un fuerte desinterés en la político. En ese contexto, dicen en Uspallata, es “dificultoso” generar esperanza: “Hay mucho dolor e incertidumbre con el futuro”, grafica uno de sus colaboradores.
Frente al creciente deterioro económico y social, los armadores del alcalde proyectan que el escenario del país será aún más complicado en diciembre de 2023. Si bien el presupuesto que elaboró el ministro de Economía, Sergio Massa, fue más “razonable” y digerible para los jefes opositores -pese a las críticas por la tasa de inflación anual del 60%-, Larreta avizora que el tigrense tendrá poco margen de maniobra de acá en más. Entiende que la primera advertencia de Cristina Kirchner sobre el plan de Massa reavivó la feroz interna en el Frente de Todos por la orientación de la política económica. Por eso, a diferencia de otros integrantes de Pro, no cree que Massa pueda frenar el alza de la inflación o estabilizar la crisis, y convertirse en una amenaza para JxC. Es decir, debido a la interna oficial, aventura que será muy difícil que el ministro logre contentar a la clase media y sectores productivos, lo que le permitiría al Gobierno recuperar capacidad electoral. En ese marco, el jefe porteño busca evitar los errores no forzados y se mueve con prudencia para preservar su figura y capitalizar el descontento con el kirchnerismo. “Lo mejor que nos puede pasar es salir de la escena y que se peleen ellos”, repiten en la cúpula de la Ciudad. Larreta apuesta a salir airoso después de atravesar la tormenta.
Anteayer, en la reunión de Gabinete porteño, López Murphy desgranó ante Larreta y sus ministros su diagnóstico sobre la coyuntura económica y el rebrote de la conflictividad social. Y alertó, sobre todo, por el deterioro de la capacidad del Estado y sus fuerzas para restablecer el orden. Desde hace meses, el referente de Republicanos Unidos advierte sobre el riesgo de haber “descapitalizado” a las FFAA.
En el comando larretista observan con alarma el recrudecimiento de un clima de violencia y el contexto de mayor crispación en distintos puntos del país. Visualizan un escenario de “anomia”. Y los inquieta la falta de reacción del Gobierno. Si bien el alcalde conserva su filosofía dialoguista, el cambio de humor social lo empuja a endurecer sus posicionamientos. Para el larretismo, significa “exhibir firmeza”, no “halconizarse”. Por caso, difundió anteayer una carta en la que asegura que el modelo del kirchnerismo “fracasó” y que resiste con “violencia”.
El regreso de la conflictividad social también se siente en la Ciudad. Larreta enfrentó esta semana una seguidilla de episodios. El martes hubo un paro de los médicos municipales en reclamo de aumento salarial y estudiantes de doce colegios porteños tomaron los establecimientos. Entre el miércoles y el jueves, las protestas piqueteras generaron un caos en el tránsito el centro porteño.
Larreta quedó satisfecho con el accionar de la Policía de la Ciudad en el piquete y acampe de la Avenida 9 de Julio, y considera que detrás de las tomas de escuelas hay instigadores de la política. “Son estacionales. Suelen ocurrir todos los años para esta época”, afirman en la Ciudad. En paralelo, el alcalde acordó con Moyano en el conflicto por las grúas. Esa negociación fue cuestionada por el ala dura de JxC.
En la mesa chica de Larreta repiten que la gestión es un “desafío” y una “oportunidad”. Por esa razón, apuestan a administrar los conflictos y preservar la figura del alcalde de cara a 2023.
Al alcalde no solo le inquieta el rebrote de las protestas por la crisis y la chance de que el Gobierno avance con la eventual suspensión de las PASO de 2023, una jugada que podría agitar la interna opositora, sino que percibe un clima enrarecido. Las usurpaciones de tierras en Villa Mascardi por grupos autoproclamados mapuches y el conflicto de los neumáticos se superponen con hechos que agitan a su administración, como el paro de médicos, la toma de colegios porteños y los cortes y acampes de organizaciones de izquierda en la Avenida 9 de Julio. Sin embargo, el episodio que más alarmó a Larreta por estas horas es la fractura virtual de la Confederación General del Trabajo (CGT), luego de que Pablo Moyano, jefe de los Camioneros, que cerró un acuerdo esta semana con la Ciudad por la estatización del servicio de grúas, amagara con dejar el triunvirato que conduce la central obrera.
A sabiendas de que referentes económicos de Juntos por el Cambio, como Hernán Lacunza o Ricardo López Murphy o Guido Sandleris, pronostican un panorama sombrío para los próximos dos meses, el jefe porteño monitorea el avance de la crisis. A la vez, sus colaboradores miran con preocupación los indicadores del clima social: creen que les toca gobernar y alistar a un candidato a presidente en un “tiempo complejo”, con un descontento generalizado con la clase dirigente y un fuerte desinterés en la político. En ese contexto, dicen en Uspallata, es “dificultoso” generar esperanza: “Hay mucho dolor e incertidumbre con el futuro”, grafica uno de sus colaboradores.
Frente al creciente deterioro económico y social, los armadores del alcalde proyectan que el escenario del país será aún más complicado en diciembre de 2023. Si bien el presupuesto que elaboró el ministro de Economía, Sergio Massa, fue más “razonable” y digerible para los jefes opositores -pese a las críticas por la tasa de inflación anual del 60%-, Larreta avizora que el tigrense tendrá poco margen de maniobra de acá en más. Entiende que la primera advertencia de Cristina Kirchner sobre el plan de Massa reavivó la feroz interna en el Frente de Todos por la orientación de la política económica. Por eso, a diferencia de otros integrantes de Pro, no cree que Massa pueda frenar el alza de la inflación o estabilizar la crisis, y convertirse en una amenaza para JxC. Es decir, debido a la interna oficial, aventura que será muy difícil que el ministro logre contentar a la clase media y sectores productivos, lo que le permitiría al Gobierno recuperar capacidad electoral. En ese marco, el jefe porteño busca evitar los errores no forzados y se mueve con prudencia para preservar su figura y capitalizar el descontento con el kirchnerismo. “Lo mejor que nos puede pasar es salir de la escena y que se peleen ellos”, repiten en la cúpula de la Ciudad. Larreta apuesta a salir airoso después de atravesar la tormenta.
Anteayer, en la reunión de Gabinete porteño, López Murphy desgranó ante Larreta y sus ministros su diagnóstico sobre la coyuntura económica y el rebrote de la conflictividad social. Y alertó, sobre todo, por el deterioro de la capacidad del Estado y sus fuerzas para restablecer el orden. Desde hace meses, el referente de Republicanos Unidos advierte sobre el riesgo de haber “descapitalizado” a las FFAA.
En el comando larretista observan con alarma el recrudecimiento de un clima de violencia y el contexto de mayor crispación en distintos puntos del país. Visualizan un escenario de “anomia”. Y los inquieta la falta de reacción del Gobierno. Si bien el alcalde conserva su filosofía dialoguista, el cambio de humor social lo empuja a endurecer sus posicionamientos. Para el larretismo, significa “exhibir firmeza”, no “halconizarse”. Por caso, difundió anteayer una carta en la que asegura que el modelo del kirchnerismo “fracasó” y que resiste con “violencia”.
El regreso de la conflictividad social también se siente en la Ciudad. Larreta enfrentó esta semana una seguidilla de episodios. El martes hubo un paro de los médicos municipales en reclamo de aumento salarial y estudiantes de doce colegios porteños tomaron los establecimientos. Entre el miércoles y el jueves, las protestas piqueteras generaron un caos en el tránsito el centro porteño.
Larreta quedó satisfecho con el accionar de la Policía de la Ciudad en el piquete y acampe de la Avenida 9 de Julio, y considera que detrás de las tomas de escuelas hay instigadores de la política. “Son estacionales. Suelen ocurrir todos los años para esta época”, afirman en la Ciudad. En paralelo, el alcalde acordó con Moyano en el conflicto por las grúas. Esa negociación fue cuestionada por el ala dura de JxC.
En la mesa chica de Larreta repiten que la gestión es un “desafío” y una “oportunidad”. Por esa razón, apuestan a administrar los conflictos y preservar la figura del alcalde de cara a 2023.
Con información de
La Nación
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