Alertan por una cirugía que están suspendiendo obras sociales y prepagas
Martes 19 de
Diciembre 2023

Son las bariátricas, que están cubiertas por ley. La advertencia la hizo la entidad médica que nuclea a los cirujanos. En Argentina se realizan 14.000 intervenciones al año.
La crisis del sistema de salud se sigue agravando. Este martes por la mañana, los bioquímicos advirtieron que están en riesgo de dejar de prestar servicios por el impacto de la devaluación. Y horas después, otra entidad emitió otro alerta, por otras razones: la suspensión de cirugías bariátricas por parte de prepagas y obras sociales.
En ambos casos, hay un punto en común, y es obviamente el económico. Pero en el caso de las bariátricas, una practica respaldada científicamente y regulada incluso por una ley nacional para tratar casos de obesidad complejos, el punto no es el dólar sino una nebulosa en la que quedan los pacientes antes la respuesta del prestador: suspendida hasta nuevo aviso.
En una carta firmada por su presidente, Jorge Harraca, la Sociedad Argentina de Cirugía de la Obesidad (SACO) manifestó su “preocupación” por la “suspensión transitoria de las intervenciones bariátricas programadas que han dispuesto diferentes obras sociales y prepagas, atribuyendo dicha decisión al contexto económico actual del país”.
En diálogo con Clarín, Harraca señaló que ese texto “no es una denuncia, pero sí un alerta” que la entidad decidió hacer porque en las últimas semanas comenzaron a acumularse las consultas de sus asociados que se enfrentaban con la suspensión de las cirugías programadas por parte de los prestadores: “Son fenómenos en cadena. Empieza uno empieza uno y van todos detrás”.
Harraca dice que las explicaciones que reciben los afiliados son vagas. Que en algunos casos les dicen que están suspendidas por tres meses, en otros por cuatro, en otros hasta nuevo aviso, en otros temporariamente. El mismo cuenta que le ocurrió con una paciente, a quien su obra social le dijo que no había insumos para operarla y era mentira: “Soy yo, quien la va a operar, el que sabe si hay o no insumos”.
En casi todos los casos, la respuesta es verbal. Sólo, cuenta, tienen registrado a un paciente de la obra social de la provincia de La Rioja recibió por escrito la negativa de la operación: “Hasta marzo de 2024 inclusive quedan suspendidas las cirugías programadas (en vuestro caso Cirugías Bariátricas) debido a los altos costos en los insumos y descartables de las cirugías, esperando que en este lapso la economía se estabilice y retomar en marzo de 2024”.
“El paciente podría ir a reclamar a Defensa del Consumidor o a la Superintendencia de Servicios de Salud, pero es un desgaste para una persona que ya está transitando un proceso emocional”, puntualiza.
Las suspensiones de las cirugías, por lo que tiene relevado SACO, provienen básicamente de obras sociales. Las prepagas, explica el médico, suelen poner trabas para directamente no aceptar al paciente. Es que la bariátrica no es algo que se haga de un día para el otro. La propia ley establece que el paciente debe estar en un proceso terapéutico de un año hasta llegar a la intervención.
“Lo logramos bajar con el Ministerio de Salud, porque antes eran dos años. Ese plazo es arbitrario. Tiene que ver con pautas que el paciente tiene que adoptar antes de la cirugía. Y eso puede hacerlo a los dos meses, no es necesario esperar 12”, remarca el profesional.
Fuentes del sector privado de la salud remarcaron que no hay ninguna política o decisión sectorial respecto a limitar el acceso a las cirugías bariátricas y que si eso sucede es por iniciativa propia de algún prestador. “Pueden faltar insumos o recursos, que en definitiva es lo mismo. Esta prestación es tan relevante como muchas otras graves que padecen nuestros pacientes”, enfatizaron.
Harraca contabiliza que hoy un tratamiento quirúrgico cuesta 1,5 millón de pesos, pero que el “punto de empate” es al año y medio: 18 meses después de la cirugía “se empiezan a generar ganancias para el pagador porque bajan todos los consumos que el paciente tenía. Un paciente con 10 veces más posibilidades de tener un infarto baja a un riesgo normal. Y la atención de un infarto es mucho más costosa que una cirugía bariátrica”.
El especialista remarca que la operación es una herramienta. “Es como un auto, si lo manejás bien es muy útil y si lo manejás mal te lo vas a poner de sombrero”, y en este sentido afirma que el sistema debería acortar los plazos para acceder a la intervención y fortalecer el seguimiento posterior. “El 20/25% de reganancia de peso es porque se discontinúa el control”, asegura.
En Argentina al año se hacen 14.000 cirugías bariátricas y, sostiene, deberían ser el doble, si se considera que el 50% de los pedidos son rechazados por quienes tienen que pagarlos. Para Harraca, en este escenario de crisis es imprescindible priorizar y dar respuesta primero a los pacientes más críticos. “Estas demoras van en contra de los intereses de las personas, en especial las que son diabéticas o hipertensas. Les postergan la solución: a nadie se le ocurriría suspenderle el antihipertensivo como le suspenden la cirugía”, remarca el cirujano, quien cree que en definitiva el problema está en la subestimación que se hace de la obesidad.
“Se cree que tiene que ver con una cuestión de voluntad, con cerrar la boca. No se entiende que es una enfermedad, un problema que requiere un profundo cambio cultural y que entre otros aspectos implica la mala relación con los alimentos y una industria que la fogonea”, remarca.
En ambos casos, hay un punto en común, y es obviamente el económico. Pero en el caso de las bariátricas, una practica respaldada científicamente y regulada incluso por una ley nacional para tratar casos de obesidad complejos, el punto no es el dólar sino una nebulosa en la que quedan los pacientes antes la respuesta del prestador: suspendida hasta nuevo aviso.
En una carta firmada por su presidente, Jorge Harraca, la Sociedad Argentina de Cirugía de la Obesidad (SACO) manifestó su “preocupación” por la “suspensión transitoria de las intervenciones bariátricas programadas que han dispuesto diferentes obras sociales y prepagas, atribuyendo dicha decisión al contexto económico actual del país”.
En diálogo con Clarín, Harraca señaló que ese texto “no es una denuncia, pero sí un alerta” que la entidad decidió hacer porque en las últimas semanas comenzaron a acumularse las consultas de sus asociados que se enfrentaban con la suspensión de las cirugías programadas por parte de los prestadores: “Son fenómenos en cadena. Empieza uno empieza uno y van todos detrás”.
Harraca dice que las explicaciones que reciben los afiliados son vagas. Que en algunos casos les dicen que están suspendidas por tres meses, en otros por cuatro, en otros hasta nuevo aviso, en otros temporariamente. El mismo cuenta que le ocurrió con una paciente, a quien su obra social le dijo que no había insumos para operarla y era mentira: “Soy yo, quien la va a operar, el que sabe si hay o no insumos”.
En casi todos los casos, la respuesta es verbal. Sólo, cuenta, tienen registrado a un paciente de la obra social de la provincia de La Rioja recibió por escrito la negativa de la operación: “Hasta marzo de 2024 inclusive quedan suspendidas las cirugías programadas (en vuestro caso Cirugías Bariátricas) debido a los altos costos en los insumos y descartables de las cirugías, esperando que en este lapso la economía se estabilice y retomar en marzo de 2024”.
“El paciente podría ir a reclamar a Defensa del Consumidor o a la Superintendencia de Servicios de Salud, pero es un desgaste para una persona que ya está transitando un proceso emocional”, puntualiza.
Las suspensiones de las cirugías, por lo que tiene relevado SACO, provienen básicamente de obras sociales. Las prepagas, explica el médico, suelen poner trabas para directamente no aceptar al paciente. Es que la bariátrica no es algo que se haga de un día para el otro. La propia ley establece que el paciente debe estar en un proceso terapéutico de un año hasta llegar a la intervención.
“Lo logramos bajar con el Ministerio de Salud, porque antes eran dos años. Ese plazo es arbitrario. Tiene que ver con pautas que el paciente tiene que adoptar antes de la cirugía. Y eso puede hacerlo a los dos meses, no es necesario esperar 12”, remarca el profesional.
Fuentes del sector privado de la salud remarcaron que no hay ninguna política o decisión sectorial respecto a limitar el acceso a las cirugías bariátricas y que si eso sucede es por iniciativa propia de algún prestador. “Pueden faltar insumos o recursos, que en definitiva es lo mismo. Esta prestación es tan relevante como muchas otras graves que padecen nuestros pacientes”, enfatizaron.
Harraca contabiliza que hoy un tratamiento quirúrgico cuesta 1,5 millón de pesos, pero que el “punto de empate” es al año y medio: 18 meses después de la cirugía “se empiezan a generar ganancias para el pagador porque bajan todos los consumos que el paciente tenía. Un paciente con 10 veces más posibilidades de tener un infarto baja a un riesgo normal. Y la atención de un infarto es mucho más costosa que una cirugía bariátrica”.
El especialista remarca que la operación es una herramienta. “Es como un auto, si lo manejás bien es muy útil y si lo manejás mal te lo vas a poner de sombrero”, y en este sentido afirma que el sistema debería acortar los plazos para acceder a la intervención y fortalecer el seguimiento posterior. “El 20/25% de reganancia de peso es porque se discontinúa el control”, asegura.
En Argentina al año se hacen 14.000 cirugías bariátricas y, sostiene, deberían ser el doble, si se considera que el 50% de los pedidos son rechazados por quienes tienen que pagarlos. Para Harraca, en este escenario de crisis es imprescindible priorizar y dar respuesta primero a los pacientes más críticos. “Estas demoras van en contra de los intereses de las personas, en especial las que son diabéticas o hipertensas. Les postergan la solución: a nadie se le ocurriría suspenderle el antihipertensivo como le suspenden la cirugía”, remarca el cirujano, quien cree que en definitiva el problema está en la subestimación que se hace de la obesidad.
“Se cree que tiene que ver con una cuestión de voluntad, con cerrar la boca. No se entiende que es una enfermedad, un problema que requiere un profundo cambio cultural y que entre otros aspectos implica la mala relación con los alimentos y una industria que la fogonea”, remarca.
Con información de
Clarín
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