Ajuste del gasto en Nación, provincias y municipios
Por:
Juan Carlos de Pablo
Jueves 18 de
Enero 2024
Los ciudadanos de muchas jurisdicciones ven atractivo el planteo fiscal del presidente Javier Milei, pero sienten la presión de sus gobiernos locales para aumentar impuestos o ajustar las bases imponibles más allá de la tasa de inflación
Nación, provincias y municipios no son tres entidades geográficamente separadas, sino tres jurisdicciones referidas a un mismo territorio. Quienes viven en Mar del Plata tienen “encima” suyo al intendente de General Pueyrredón, al gobernador de la provincia de Buenos Aires y al presidente de la Nación.
Este último, en el mejor de los casos, “manda” de manera directa en el plano nacional, pero sólo indirectamente en los planos provincial y municipal. “No hay plata” significa algo más concreto en la administración del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y la Casa Rosada que en las finanzas de la provincia X.
La Nación les transfiere fondos a las provincias a través del régimen de coparticipación, creado en la década de 1930 y modificado muchas veces, pero que funciona sobre la base de criterios establecidos, y también a través de transferencias discrecionales/arbitrarias, que particularmente en el anterior gobierno dependieron fuertemente de las simpatías y antipatías políticas. Esto quiere decir que la cuantía del ajuste que deben hacer las provincias no es uniforme.
¿Qué hace –no qué dice, sino qué hace– un gobernador cuando tiene menos recursos? Una combinación de reducción de gastos, aumento de impuestos locales, endeudamiento y emisión de cuasimonedas. Javier Iguacel y Diego Valenzuela probaron en el plano municipal las bondades de eliminar tasas, impuestos y trámites, que no sólo no les afectó la recaudación total, sino que también les permitió mejorar la fiscalización de los gravámenes que continuaron existiendo, pero no parece que la iniciativa vaya a ser imitada, al menos en el corto plazo.
Los ciudadanos de muchas jurisdicciones encuentran atractivo el planteo fiscal del presidente Javier Gerardo Milei, pero sienten la presión de sus gobiernos locales para aumentar impuestos o ajustar las bases imponibles más allá de la tasa de inflación.
Y entonces hablan mal de la mamá de los gobernadores e intendentes y sueñan con la presión del gobierno nacional. ¿Se imagina al presidente Milei, interviniendo las provincias y enviando funcionarios nacionales para poner en caja el gasto público local? Eso es soñar.
Por ahora, la pulseada pasa por desnudar situaciones. Cada gobernador, cada intendente, sabrá cómo enfrentar el desafío; y cada ciudadano sabrá cómo votar localmente, cuando le toque. En un régimen presidencialista, como el que rige en Argentina, es así.
Este último, en el mejor de los casos, “manda” de manera directa en el plano nacional, pero sólo indirectamente en los planos provincial y municipal. “No hay plata” significa algo más concreto en la administración del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y la Casa Rosada que en las finanzas de la provincia X.
La Nación les transfiere fondos a las provincias a través del régimen de coparticipación, creado en la década de 1930 y modificado muchas veces, pero que funciona sobre la base de criterios establecidos, y también a través de transferencias discrecionales/arbitrarias, que particularmente en el anterior gobierno dependieron fuertemente de las simpatías y antipatías políticas. Esto quiere decir que la cuantía del ajuste que deben hacer las provincias no es uniforme.
¿Qué hace –no qué dice, sino qué hace– un gobernador cuando tiene menos recursos? Una combinación de reducción de gastos, aumento de impuestos locales, endeudamiento y emisión de cuasimonedas. Javier Iguacel y Diego Valenzuela probaron en el plano municipal las bondades de eliminar tasas, impuestos y trámites, que no sólo no les afectó la recaudación total, sino que también les permitió mejorar la fiscalización de los gravámenes que continuaron existiendo, pero no parece que la iniciativa vaya a ser imitada, al menos en el corto plazo.
Los ciudadanos de muchas jurisdicciones encuentran atractivo el planteo fiscal del presidente Javier Gerardo Milei, pero sienten la presión de sus gobiernos locales para aumentar impuestos o ajustar las bases imponibles más allá de la tasa de inflación.
Y entonces hablan mal de la mamá de los gobernadores e intendentes y sueñan con la presión del gobierno nacional. ¿Se imagina al presidente Milei, interviniendo las provincias y enviando funcionarios nacionales para poner en caja el gasto público local? Eso es soñar.
Por ahora, la pulseada pasa por desnudar situaciones. Cada gobernador, cada intendente, sabrá cómo enfrentar el desafío; y cada ciudadano sabrá cómo votar localmente, cuando le toque. En un régimen presidencialista, como el que rige en Argentina, es así.
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