El drástico giro de Mariano Cúneo Libarona, que hace dos meses decía que las políticas de género eran una ''prioridad absoluta'' para él
Por:
Paz Rodríguez Niell
Miércoles 28 de
Agosto 2024

El ministro sostenía el mes pasado que le daba “odio” la desigualdad y prometía intervenir para cambiar la cultura; ayer afirmó que ''se acabó el género'' y criticó el Estado ''dirigista''
“El área de género tendrá prioridad absoluta. Tenemos que cambiar la cultura”, dijo hace menos de dos meses el ministro de Justicia, Mariano Cúneo Libarona, indignado por la falta de “conciencia social” sobre el lugar de las mujeres. “Odio que les den prioridad a los hombres en los cargos y los sueldos”, afirmó, y anunció que tan importante era el asunto para él que iba a poner entre 70 y 100 personas a trabajar “full time y exclusivamente para género”.
Su compromiso era tal que anunció incluso charlas en los colegios y materias nuevas en las universidades; que pidió agravar las penas para crímenes “de odio” contra “transexuales” (“Hay que respetar el plan de vida de cada persona”, dijo) y que prometió un absoluto “involucramiento personal” de su parte.
Se trata del mismo ministro que ayer, en la Cámara de Diputados, dijo que “se acabó el género” para el Estado, que “la diversidad de identidades sexuales son inventos subjetivos” y que el objetivo de su gestión es preservar la familia, como “núcleo central y pilar fundamental de la unión, donde se promueven los valores patrióticos”. Sus declaraciones causaron un fuerte revuelo político y social.
El mismo funcionario que el mes pasado decía que intervenir en esta materia era una “función prioritaria del Estado”, ayer sostuvo: “No toleramos un Estado opresor y dirigista. Creemos en la vida, la libertad y la propiedad privada”. Y cuestionó, en alusión al kirchnerismo, la “hipocresía” de “muchos parlanchines” que “decían que se iba a acabar el patriarcado”.
El cambio, además de drástico, fue muy veloz. La entrevista en la que habló del área de género como “prioridad absoluta” fue publicada por Clarín el 1° de julio pasado (lo entrevistó Mariana Iglesias, editora de Género). Cúneo Libarona dijo entonces que quienes criticaban el desmantelamiento del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidades lo hacían porque no conocían el proyecto que él tenía y que iba a seguir “personalmente”. Consultado sobre si contaba con el apoyo del Poder Ejecutivo, el ministro dijo que sí, que habló el tema y “lo entendieron” porque además de ser “lo más razonable del mundo”, respondía a “una función prioritaria del Estado”, contestó con toda seguridad. Llegó a decir incluso: “Vamos por todo”. Entre unas declaraciones y otras pasaron menos de dos meses.
Pero tres días después de aquella entrevista hubo una clara señal de que, a los ojos del Gobierno, Cúneo Libarona se había excedido en su entusiasmo de género. El 4 de julio, Clarín informó que “el área de prensa del Ministerio de Justicia” -o sea, una dependencia de la cartera del propio Cúneo- había hecho llegar algunas aclaraciones. “No vamos a tener política de género. La violencia no tiene género. Nuestra política está orientada a ayudar y proteger a todas las personas que estén en situación de violencia y riesgo sin importar su sexo”. Ante la consulta de cómo se compatibilizaba esto con lo que había dicho Cúneo Libarona, el vocero del área de prensa del ministerio le respondió a Clarín: “Entiendo que el ministro debe haberse expresado mal”.
Ayer, quedó claro que Cúneo Libarona había ajustado su mensaje. No sólo por lo que dijo, sino porque en un momento, cuando se refirió a las diversidades sexuales como “inventos” y estallaron los comentarios en la sala, se le acercó un abogado que había ido con él, Marcelo Ruiz, le dijo algo al oído y Cúneo, por lo bajo pero con el micrófono prendido, le respondió: “Boludo, esto está textual del discurso de Milei”.
El 7 de agosto pasado, cuando la ex primera dama Fabiola Yañez acababa de denunciar por graves hechos de violencia al expresidente Alberto Fernández, Milei tuiteó en la red social X un mensaje titulado “La hipocresía progresista”. Dijo que él, pese a los “constantes ataques y difamaciones”, tuvo el coraje de terminar “con esta estafa que titularon ‘políticas de género”.
“Como sostenemos hace años, la solución para la violencia que ejercen los psicópatas contra las mujeres no es crear un Ministerio de la Mujer, no es contratar miles de empleados públicos innecesarios, no son los cursos de género y definitivamente tampoco es adjudicarle a todos los hombres una responsabilidad solo por el hecho de ser hombres. Décadas de estudios científicos son prueba de ello. La única solución para bajar el delito es ser duros contra quienes los cometen. Aumentar la burocracia estatal es una estafa moral, fiscal y política”, tuiteó Milei, que cuestionó a los que se embanderan en “causas nobles”, como “la igualdad de género”, que, en realidad, “son una excusa para justificar sus negocios”. Y afirmó: “El camino al infierno está pavimentado de buenas intenciones”.
Su compromiso era tal que anunció incluso charlas en los colegios y materias nuevas en las universidades; que pidió agravar las penas para crímenes “de odio” contra “transexuales” (“Hay que respetar el plan de vida de cada persona”, dijo) y que prometió un absoluto “involucramiento personal” de su parte.
Se trata del mismo ministro que ayer, en la Cámara de Diputados, dijo que “se acabó el género” para el Estado, que “la diversidad de identidades sexuales son inventos subjetivos” y que el objetivo de su gestión es preservar la familia, como “núcleo central y pilar fundamental de la unión, donde se promueven los valores patrióticos”. Sus declaraciones causaron un fuerte revuelo político y social.
El mismo funcionario que el mes pasado decía que intervenir en esta materia era una “función prioritaria del Estado”, ayer sostuvo: “No toleramos un Estado opresor y dirigista. Creemos en la vida, la libertad y la propiedad privada”. Y cuestionó, en alusión al kirchnerismo, la “hipocresía” de “muchos parlanchines” que “decían que se iba a acabar el patriarcado”.
El cambio, además de drástico, fue muy veloz. La entrevista en la que habló del área de género como “prioridad absoluta” fue publicada por Clarín el 1° de julio pasado (lo entrevistó Mariana Iglesias, editora de Género). Cúneo Libarona dijo entonces que quienes criticaban el desmantelamiento del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidades lo hacían porque no conocían el proyecto que él tenía y que iba a seguir “personalmente”. Consultado sobre si contaba con el apoyo del Poder Ejecutivo, el ministro dijo que sí, que habló el tema y “lo entendieron” porque además de ser “lo más razonable del mundo”, respondía a “una función prioritaria del Estado”, contestó con toda seguridad. Llegó a decir incluso: “Vamos por todo”. Entre unas declaraciones y otras pasaron menos de dos meses.
Pero tres días después de aquella entrevista hubo una clara señal de que, a los ojos del Gobierno, Cúneo Libarona se había excedido en su entusiasmo de género. El 4 de julio, Clarín informó que “el área de prensa del Ministerio de Justicia” -o sea, una dependencia de la cartera del propio Cúneo- había hecho llegar algunas aclaraciones. “No vamos a tener política de género. La violencia no tiene género. Nuestra política está orientada a ayudar y proteger a todas las personas que estén en situación de violencia y riesgo sin importar su sexo”. Ante la consulta de cómo se compatibilizaba esto con lo que había dicho Cúneo Libarona, el vocero del área de prensa del ministerio le respondió a Clarín: “Entiendo que el ministro debe haberse expresado mal”.
Ayer, quedó claro que Cúneo Libarona había ajustado su mensaje. No sólo por lo que dijo, sino porque en un momento, cuando se refirió a las diversidades sexuales como “inventos” y estallaron los comentarios en la sala, se le acercó un abogado que había ido con él, Marcelo Ruiz, le dijo algo al oído y Cúneo, por lo bajo pero con el micrófono prendido, le respondió: “Boludo, esto está textual del discurso de Milei”.
Los discursos de Milei
El presidente Javier Milei fue siempre muy explícito contra el feminismo y las políticas de género. En el inicio de su gobierno, en su visita a Davos, cuestionó la agenda feminista y la presentó como “la pelea ridícula y anti natural entre el hombre y la mujer”. En ese discurso de enero pasado en el Foro Económico Mundial, dijo: “El libertarismo ya establece la igualdad entre los sexos. La piedra fundacional de nuestro credo dice que todos los hombres somos creados iguales, que todos tenemos los mismos derechos inalienables otorgados por el creador, entre los que se encuentran la vida, la libertad y la propiedad”. Y se manifestó en contra de la intervención del Estado en la materia: “En lo único que devino esta agenda del feminismo radical es en mayor intervención del Estado para entorpecer el proceso económico, darle trabajo a burócratas que no le aportan nada a la sociedad, sea en formato de ministerios de la mujer u organismos internacionales dedicados a promover esta agenda”.El 7 de agosto pasado, cuando la ex primera dama Fabiola Yañez acababa de denunciar por graves hechos de violencia al expresidente Alberto Fernández, Milei tuiteó en la red social X un mensaje titulado “La hipocresía progresista”. Dijo que él, pese a los “constantes ataques y difamaciones”, tuvo el coraje de terminar “con esta estafa que titularon ‘políticas de género”.
“Como sostenemos hace años, la solución para la violencia que ejercen los psicópatas contra las mujeres no es crear un Ministerio de la Mujer, no es contratar miles de empleados públicos innecesarios, no son los cursos de género y definitivamente tampoco es adjudicarle a todos los hombres una responsabilidad solo por el hecho de ser hombres. Décadas de estudios científicos son prueba de ello. La única solución para bajar el delito es ser duros contra quienes los cometen. Aumentar la burocracia estatal es una estafa moral, fiscal y política”, tuiteó Milei, que cuestionó a los que se embanderan en “causas nobles”, como “la igualdad de género”, que, en realidad, “son una excusa para justificar sus negocios”. Y afirmó: “El camino al infierno está pavimentado de buenas intenciones”.
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El ministro estaría perdiendo apoyo de dirigentes con los que llegó a la cartera. Además, existiría un clima laboral atravesado por diferencias políticas que acentúan la grieta interna.
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