El Gobierno no celebró el triunfo del Frente Amplio, pero ratificó la "agenda compartida" con Uruguay
Lunes 25 de
Noviembre 2024
Para Javier Milei no se trata de un vínculo prioritario; no lo tuvo con Lacalle Pou ni proyecta tenerlo con Yamandú Orsi; escueto mensaje de la Cancillería para felicitar al presidente electo
Con el canciller Gerardo Werthein dando aún sus primeros pasos en el cargo, y mientras los reacomodamientos internos en la diplomacia nacional aún no cesan, el gobierno de Javier Milei siguió las alternativas de las elecciones presidenciales en Uruguay, en las que el vecino y socio del Mercosur terminó de elegir al sucesor del actual presidente, Luis Lacalle Pou.
El silencio fue la primera respuesta elegida por el Gobierno ante el que, según confirmaron los guarismos iniciales, fue el resultado más alejado de los deseos del oficialismo, con el triunfo del candidato del Frente Amplio, Yamandú Orsi, por sobre el preferido de la Casa Rosada, el centrista Álvaro Delgado.
Pasadas las 22 llegó el escueto comunicado de la Cancillería, en el que “felicita al pueblo uruguayo por su ejemplar jornada cívica y saluda al presidente electo Yamandú Orsi por su victoria”. También ratifica el “compromiso de trabajar junto a Uruguay para fortalecer la agenda compartida y el bienestar de ambos países”.
Conocedores de la paridad que preanunciaban las encuestas, desde el Gobierno y el Palacio San Martín habían decidido prolongar la definición sobre la postura argentina con relación a la decisiva segunda vuelta. “Hasta que no haya resultados oficiales, no habrá definiciones”, expresaban, tajantes, desde la Cancillería, aunque la nitidez del triunfo de Orsi obligó a modificar el plan original.
El cambio de mando en Uruguay llega en el contexto de un vínculo que Milei no consideró prioritario en lo que va de su gestión y que difícilmente sea de mayor volumen en los meses que vienen, según fuentes diplomáticas.
La mesura del Gobierno y su demora en reconocer el triunfo de Orsi contrastaron con la actitud de otras fuerzas políticas, como la UCR, que apenas pasadas las 21 felicitó a Orsi por el triunfo y le deseó “el mayor de los éxitos” en la gestión. No hay, por cierto, demasiados puentes tendidos con Orsi, quien sin embargo, durante la campaña electoral, afirmó su predisposición a sostener “una relación fluida” con Milei, a pesar de las diferencias ideológicas que los separan.
Al igual que en la primera vuelta, tres semanas atrás, en el Gobierno tenían cifradas esperanzas en el candidato del Partido Nacional, Álvaro Delgado, delfín de Lacalle Pou y de vínculos con el gobierno de Milei. Delgado se consideró “en la misma sintonía” que el presidente argentino durante una charla con empresarios en el Consejo Interamericano de Comercio y Producción (CICyP), a principios de octubre.
“Sería mucho mejor para todos que ganara Delgado”, insistían fuentes diplomáticas, las mismas que en la primera vuelta celebraron que Yamandú Orsi, el candidato del izquierdista Frente Amplio, no llegara a ganar en primera vuelta y se mantuviera la expectativa sobre un triunfo del candidato de centroderecha, aunque más no fuera para no profundizar la seguidilla de triunfos de candidatos progresistas en el continente.
El vínculo personal entre Milei y Lacalle Pou no pasó, en estos más de once meses de gestión libertaria, mucho más que de lo protocolar, con una reunión a solas en la Casa Rosada como único encuentro entre ambos, el 17 de julio pasado. La ausencia de Milei en la cumbre del Mercosur, a la que sí asistió su entonces canciller Diana Mondino, motivó el enojo público de Lacalle Pou.
“La relación entre ambos países fue y es excelente”, retrucaban desde la Cancillería, aún confiados en las chances de Delgado, que durante la jornada se mantenía expectante. Y recordaban declaraciones del propio Lacalle Pou, en las que el presidente en ejercicio había afirmado que “con la Argentina, como con Brasil, estamos logrando cosas muy importantes para el país”, como el dragado del canal de acceso al puerto de Montevideo, otorgado en febrero por el gobierno argentino.
Contrariamente a lo que podría suponerse, la nueva gestión no dio pasos concretos para acercarse a Delgado ni mucho menos a Orsi. El excónsul en Montevideo Eduardo Bustamante, hoy vicecanciller, no sumó demasiado en el vínculo bilateral en estos días, comentaban fuentes de la diplomacia oriental.
El silencio fue la primera respuesta elegida por el Gobierno ante el que, según confirmaron los guarismos iniciales, fue el resultado más alejado de los deseos del oficialismo, con el triunfo del candidato del Frente Amplio, Yamandú Orsi, por sobre el preferido de la Casa Rosada, el centrista Álvaro Delgado.
Pasadas las 22 llegó el escueto comunicado de la Cancillería, en el que “felicita al pueblo uruguayo por su ejemplar jornada cívica y saluda al presidente electo Yamandú Orsi por su victoria”. También ratifica el “compromiso de trabajar junto a Uruguay para fortalecer la agenda compartida y el bienestar de ambos países”.
Conocedores de la paridad que preanunciaban las encuestas, desde el Gobierno y el Palacio San Martín habían decidido prolongar la definición sobre la postura argentina con relación a la decisiva segunda vuelta. “Hasta que no haya resultados oficiales, no habrá definiciones”, expresaban, tajantes, desde la Cancillería, aunque la nitidez del triunfo de Orsi obligó a modificar el plan original.
El cambio de mando en Uruguay llega en el contexto de un vínculo que Milei no consideró prioritario en lo que va de su gestión y que difícilmente sea de mayor volumen en los meses que vienen, según fuentes diplomáticas.
La mesura del Gobierno y su demora en reconocer el triunfo de Orsi contrastaron con la actitud de otras fuerzas políticas, como la UCR, que apenas pasadas las 21 felicitó a Orsi por el triunfo y le deseó “el mayor de los éxitos” en la gestión. No hay, por cierto, demasiados puentes tendidos con Orsi, quien sin embargo, durante la campaña electoral, afirmó su predisposición a sostener “una relación fluida” con Milei, a pesar de las diferencias ideológicas que los separan.
Al igual que en la primera vuelta, tres semanas atrás, en el Gobierno tenían cifradas esperanzas en el candidato del Partido Nacional, Álvaro Delgado, delfín de Lacalle Pou y de vínculos con el gobierno de Milei. Delgado se consideró “en la misma sintonía” que el presidente argentino durante una charla con empresarios en el Consejo Interamericano de Comercio y Producción (CICyP), a principios de octubre.
“Sería mucho mejor para todos que ganara Delgado”, insistían fuentes diplomáticas, las mismas que en la primera vuelta celebraron que Yamandú Orsi, el candidato del izquierdista Frente Amplio, no llegara a ganar en primera vuelta y se mantuviera la expectativa sobre un triunfo del candidato de centroderecha, aunque más no fuera para no profundizar la seguidilla de triunfos de candidatos progresistas en el continente.
El vínculo personal entre Milei y Lacalle Pou no pasó, en estos más de once meses de gestión libertaria, mucho más que de lo protocolar, con una reunión a solas en la Casa Rosada como único encuentro entre ambos, el 17 de julio pasado. La ausencia de Milei en la cumbre del Mercosur, a la que sí asistió su entonces canciller Diana Mondino, motivó el enojo público de Lacalle Pou.
“La relación entre ambos países fue y es excelente”, retrucaban desde la Cancillería, aún confiados en las chances de Delgado, que durante la jornada se mantenía expectante. Y recordaban declaraciones del propio Lacalle Pou, en las que el presidente en ejercicio había afirmado que “con la Argentina, como con Brasil, estamos logrando cosas muy importantes para el país”, como el dragado del canal de acceso al puerto de Montevideo, otorgado en febrero por el gobierno argentino.
Contrariamente a lo que podría suponerse, la nueva gestión no dio pasos concretos para acercarse a Delgado ni mucho menos a Orsi. El excónsul en Montevideo Eduardo Bustamante, hoy vicecanciller, no sumó demasiado en el vínculo bilateral en estos días, comentaban fuentes de la diplomacia oriental.
Con información de
La Nación

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