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Sexo lento y juguetes ecológicos, las nuevas caras del erotismo
Domingo 21 de
Septiembre 2014

Comienza la estación del amor y Clarín consultó a especialistas para saber cómo reactivar el deseo. Recomiendan sumarse a la onda slow y probar con objetos naturales que están al alcance de todos.
¿Es lo mismo un “rapidito” que un encuentro sexual a fuego lento, donde el fin no es la descarga de tensiones sino la activación de todos los sentidos? ¿Por qué los sexólogos empezaron a recomendar el uso de la nueva ola de juguetes sexuales ecológicos, como frutas, verduras, aceites de cocina, dildos (consoladores) de madera tallada y hasta de vidrio, que pueden ser enfriados en la heladera o entibiados bajo el agua caliente? ¿Las mujeres de hoy, siguen siendo aquellas mujeres que no se animaban a decirle al otro ‘quedate ahí, que ahí me gusta’ ni a incorporar un vibrador en la cama por temor a herirle el orgullo a su pareja? Hoy comienza la primavera y, según los sexólogos consultados por Clarín, sintonizar con la onda slow e innovar en la cama con elementos de la cocina son las claves para reactivar el deseo sexual.
La onda slow nació dentro del terreno alimenticio como una forma de oponerse a la cultura del fast food , pero en los últimos años, la filosofía de parar la máquina para registrar (y registrarse) se extendió a diversos ámbitos, entre ellos, la sexualidad. “Cuando preguntamos a nuestros pacientes cuánto tiempo pasa desde el comienzo del juego erótico hasta la penetración, nos contestan ‘5 minutos, como máximo’. En el ‘rapidito’ no sabemos si estamos ‘calientes’ o ‘ansiosos’: los hombres se apuran porque quieren penetrar –la tan mentada ‘potencia viril’–, las mujeres demandan penes erectos porque quieren ser penetradas –un resabio del ‘patrón de género procreativo’–”, explica Walter Ghedin, psiquiatra, sexólogo y autor del libro “Sexo y sexualidad”. “Toda esa tensión impide llegar a un placer verdadero, donde se registren las sensaciones propias y las del otro: el placer, en cambio, es efímero: sólo un orgasmo que libere las tensiones del día”.
Quienes propician el slow sex no hablan de sexo tántrico ni nada de eso, “sino de dedicarle más tiempo al juego erótico y que el encuentro genital decante naturalmente. Todavía tenemos que romper patrones y mostrarles a las parejas que un encuentro que no termina con una penetración sino con una masturbación mutua, también es una relación sexual”, sigue.
Marianela F. (35), vive en Almagro y se reconoce “fan” del slow sex : “Me pasaba siempre lo mismo. Cuando el otro estaba listo para terminar yo apenas estaba empezando, entonces siempre terminaba quedándome con las ganas”, cuenta. “Es un fastidio para una mujer cuando el hombre quiere penetrar y punto. El sexo lento va en contra de eso: es la forma que encontré de volver a tener ganas”, agrega. Nahuel Franco (32), en pareja desde hace dos años, aporta su mirada: “Hay un montón de estímulos en la vida diaria que compiten con lo que terminás haciendo con tu pareja en la cama. Yo ya aprendí que los tiempos son muy importantes. Encontramos en el ‘lentito’ una manera de combatir la rutina”.
El psicólogo y sexólogo Patricio Gómez di Leva, sigue: “Es que esta forma de vida acelerada es la causa de muchos casos de eyaculación precoz o falta de deseo. En el caso de las mujeres, no tomarse el tiempo para una buena previa puede derivar en falta de deseo o dificultades para llegar al orgasmo. Lo que les sugiero a mis pacientes es que, salvo excepciones, si no tienen tiempo es mejor no tener sexo: cuando ‘el rapidito’ se transforma en lo habitual siempre termina en una disfunción sexual”.
¿Cómo se hace? “El sexo lento puede durar todo el día: que temprano haya una insinuación, una fantasía, un mensaje de tono erótico que invite, una foto sugerente enviada por whatsapp, y así los cuerpos se predisponen. Cuando se llega a la cama, muchas horas después, no se trata de aguantar el orgasmo sino de entrar en una meseta de estimulación tocándose, hablándose y teniendo contacto genital a la vez”, dice Ghedin.
Las nuevas formas de exploración de la sexualidad incluyen, además, el uso de los llamados ‘juguetes ecológicos’: desde lubricantes orgánicos (como aceite de oliva, de almendras y de sésamo) hasta el uso de verduras como elementos que llegan a la cama. Desde la vuelta a los juguetes sexuales de madera (penes tallados que se usaban desde la época de la Colonia y que hoy se usan para estimularse y también para decoración), hasta de los consoladores de vidrio que permiten jugar con los cambios de temperatura. Hay, también, productos que tienen el sello “sexo verde” (libres de plásticos tóxicos), esposas hechas de materiales reciclables, preservativos de látex orgánico, biodegradables y sin aditivos y vibradores sin pilas que se cargan con energía solar.
“La idea de usar lo que tenemos en la heladera es que no haya excusas económicas ni de tiempo para mejorar lo sexual: se pueden usar pepinos, bananas o zanahorias como dildos, aceites de cocina como lubricantes y consumir maca –el Viagra peruano–, dátiles –el Viagra turco– o Ginseng –el Viagra natural–”, enumera Sandra Magirena, médica ginecóloga y sexóloga clínica. Y termina: “Este camino empodera a la mujer para que se atreva a estimular su fantasía erótica y mejorar sus orgasmos, salir del lugar pasivo, convertirse en protagonista y atreverse a armar un escenario en su casa: usar lo que hay para imaginar, para jugar sin apuros, como hacen los chicos”.
La onda slow nació dentro del terreno alimenticio como una forma de oponerse a la cultura del fast food , pero en los últimos años, la filosofía de parar la máquina para registrar (y registrarse) se extendió a diversos ámbitos, entre ellos, la sexualidad. “Cuando preguntamos a nuestros pacientes cuánto tiempo pasa desde el comienzo del juego erótico hasta la penetración, nos contestan ‘5 minutos, como máximo’. En el ‘rapidito’ no sabemos si estamos ‘calientes’ o ‘ansiosos’: los hombres se apuran porque quieren penetrar –la tan mentada ‘potencia viril’–, las mujeres demandan penes erectos porque quieren ser penetradas –un resabio del ‘patrón de género procreativo’–”, explica Walter Ghedin, psiquiatra, sexólogo y autor del libro “Sexo y sexualidad”. “Toda esa tensión impide llegar a un placer verdadero, donde se registren las sensaciones propias y las del otro: el placer, en cambio, es efímero: sólo un orgasmo que libere las tensiones del día”.
Quienes propician el slow sex no hablan de sexo tántrico ni nada de eso, “sino de dedicarle más tiempo al juego erótico y que el encuentro genital decante naturalmente. Todavía tenemos que romper patrones y mostrarles a las parejas que un encuentro que no termina con una penetración sino con una masturbación mutua, también es una relación sexual”, sigue.
Marianela F. (35), vive en Almagro y se reconoce “fan” del slow sex : “Me pasaba siempre lo mismo. Cuando el otro estaba listo para terminar yo apenas estaba empezando, entonces siempre terminaba quedándome con las ganas”, cuenta. “Es un fastidio para una mujer cuando el hombre quiere penetrar y punto. El sexo lento va en contra de eso: es la forma que encontré de volver a tener ganas”, agrega. Nahuel Franco (32), en pareja desde hace dos años, aporta su mirada: “Hay un montón de estímulos en la vida diaria que compiten con lo que terminás haciendo con tu pareja en la cama. Yo ya aprendí que los tiempos son muy importantes. Encontramos en el ‘lentito’ una manera de combatir la rutina”.
El psicólogo y sexólogo Patricio Gómez di Leva, sigue: “Es que esta forma de vida acelerada es la causa de muchos casos de eyaculación precoz o falta de deseo. En el caso de las mujeres, no tomarse el tiempo para una buena previa puede derivar en falta de deseo o dificultades para llegar al orgasmo. Lo que les sugiero a mis pacientes es que, salvo excepciones, si no tienen tiempo es mejor no tener sexo: cuando ‘el rapidito’ se transforma en lo habitual siempre termina en una disfunción sexual”.
¿Cómo se hace? “El sexo lento puede durar todo el día: que temprano haya una insinuación, una fantasía, un mensaje de tono erótico que invite, una foto sugerente enviada por whatsapp, y así los cuerpos se predisponen. Cuando se llega a la cama, muchas horas después, no se trata de aguantar el orgasmo sino de entrar en una meseta de estimulación tocándose, hablándose y teniendo contacto genital a la vez”, dice Ghedin.
Las nuevas formas de exploración de la sexualidad incluyen, además, el uso de los llamados ‘juguetes ecológicos’: desde lubricantes orgánicos (como aceite de oliva, de almendras y de sésamo) hasta el uso de verduras como elementos que llegan a la cama. Desde la vuelta a los juguetes sexuales de madera (penes tallados que se usaban desde la época de la Colonia y que hoy se usan para estimularse y también para decoración), hasta de los consoladores de vidrio que permiten jugar con los cambios de temperatura. Hay, también, productos que tienen el sello “sexo verde” (libres de plásticos tóxicos), esposas hechas de materiales reciclables, preservativos de látex orgánico, biodegradables y sin aditivos y vibradores sin pilas que se cargan con energía solar.
“La idea de usar lo que tenemos en la heladera es que no haya excusas económicas ni de tiempo para mejorar lo sexual: se pueden usar pepinos, bananas o zanahorias como dildos, aceites de cocina como lubricantes y consumir maca –el Viagra peruano–, dátiles –el Viagra turco– o Ginseng –el Viagra natural–”, enumera Sandra Magirena, médica ginecóloga y sexóloga clínica. Y termina: “Este camino empodera a la mujer para que se atreva a estimular su fantasía erótica y mejorar sus orgasmos, salir del lugar pasivo, convertirse en protagonista y atreverse a armar un escenario en su casa: usar lo que hay para imaginar, para jugar sin apuros, como hacen los chicos”.
Con información de
clarin
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