El golpe institucional contra Dilma Rousseff ya está en marcha
Lunes 18 de
Abril 2016
Seis horas después de iniciada la votación, la suerte de la actual mandataria parecía cantada, y quienes impulsaban el impeachment daban por descontado que obtendrían los 342 votos necesarios para sostener el juicio político mucho antes de que quienes se oponían al proceso obtuvieran los 171 votos negativos que hubieran frenado el "golpe blando" en marcha.
Una vez aprobado el impeachment contra Dilma, el trámite pasará al Senado, la cámara acusadora, que deberá crear una comisión especial que tendrá 10 días para emitir dictamen acerca de la recomendación de la Cámara de Diputados.
En el Senado, el trámite se deberá aprobar por mayoría simple, al menos 41 votos sobre 81 legisladores. Si en esa votación -para la cual no hay plazo establecido- la Cámara alta ratificara el juicio político, Rousseff debería dejar el cargo por un término máximo de 180 días, durante los cuales sería juzgada. En el ínterin, el Poder Ejecutivo quedaría a cargo del vicepresidente Michel Temer.
En las afueras del Congreso, un muro de chapa de 2,20 metros de altura dividió la Explanada de los Ministerios, donde se concentraron los partidarios del juicio y quienes se oponen al desplazamiento de la actual mandataria.
Del lado izquierdo del muro se concentraron los movimientos indígenas, sindicatos, partidos de izquierda, todos identificados con el rojo de Rousseff; y a la derecha, la oposición, liderada por Temer, el vicepresidente.
En la previa al inicio de la votación, miles de personas salieron a las calles para sentar posición en uno de los días más importantes de la historia de Brasil: el juicio político contra Dilma, un proceso que, al margen del resultado inaugurará un nuevo panorama político en el país.
En Río de Janeiro, la playa de Copacabana fue tomada por miles de personas convocadas "A Favor de la Democracia y contra el Golpe" para respaldar a la presidenta Rousseff con un show de música funk del colectivo Furacão 2000, mientras que para la tarde se esperaba a los manifestantes vestidos de amarillo, los opositores que apoyan la destitución.
Convocados por el Partido de los Trabajadores y cuatro centrales sindicales, el Valle de Anhangabaú, el centro antiguo de Sao Paulo, fue tomado por miles de personas que reclamaron contra el presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, y el vicepresidente Temer, a quien acusaron de "golpista".
Los manifestantes vestidos de rojo también marcharon levantando un muñeco gigante con la imagen del juez Sergio Moro, el magistrado que impulsó el caso Petrobras, considerado un opositor al gobierno de Rousseff. El muñeco tenía escrito la palabra "Fariseo" y llevaba una bandera de Estados Unidos en sus manos.
Mientras la marea roja avanzaba, otra, amarilla, se concentraba. A 25 cuadras de allí, en la Avenida Paulista, manifestantes vestidos de amarillo se reunieron frente al edificio de la Federación de Industrias del Estado de Sao Paulo (Fiesp), la organización que financió la publicidad en favor de la campaña que impulsó el juicio político, y cuyo titular de la Federación, Paulo Skaf, es miembro del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), al igual que Temer y Cunha. En la vereda de la Fiesp unas 25 carpas están montadas hace 28 días en reclamo al fin del gobierno de Rousseff y con los carteles que pide "Basta de Corrupción" y "Fin del Comunismo y del Estado Islámico".
En el resto del país, en Salvador, Porto Alegre, Recife, Curitiba, Belo Horizonte y Fortaleza, se registraron manifestaciones a favor del gobierno, aunque también están programadas otras en contra de Rousseff y a favor del juicio político.
En el Senado, el trámite se deberá aprobar por mayoría simple, al menos 41 votos sobre 81 legisladores. Si en esa votación -para la cual no hay plazo establecido- la Cámara alta ratificara el juicio político, Rousseff debería dejar el cargo por un término máximo de 180 días, durante los cuales sería juzgada. En el ínterin, el Poder Ejecutivo quedaría a cargo del vicepresidente Michel Temer.
En las afueras del Congreso, un muro de chapa de 2,20 metros de altura dividió la Explanada de los Ministerios, donde se concentraron los partidarios del juicio y quienes se oponen al desplazamiento de la actual mandataria.
Del lado izquierdo del muro se concentraron los movimientos indígenas, sindicatos, partidos de izquierda, todos identificados con el rojo de Rousseff; y a la derecha, la oposición, liderada por Temer, el vicepresidente.
En la previa al inicio de la votación, miles de personas salieron a las calles para sentar posición en uno de los días más importantes de la historia de Brasil: el juicio político contra Dilma, un proceso que, al margen del resultado inaugurará un nuevo panorama político en el país.
En Río de Janeiro, la playa de Copacabana fue tomada por miles de personas convocadas "A Favor de la Democracia y contra el Golpe" para respaldar a la presidenta Rousseff con un show de música funk del colectivo Furacão 2000, mientras que para la tarde se esperaba a los manifestantes vestidos de amarillo, los opositores que apoyan la destitución.
Convocados por el Partido de los Trabajadores y cuatro centrales sindicales, el Valle de Anhangabaú, el centro antiguo de Sao Paulo, fue tomado por miles de personas que reclamaron contra el presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, y el vicepresidente Temer, a quien acusaron de "golpista".
Los manifestantes vestidos de rojo también marcharon levantando un muñeco gigante con la imagen del juez Sergio Moro, el magistrado que impulsó el caso Petrobras, considerado un opositor al gobierno de Rousseff. El muñeco tenía escrito la palabra "Fariseo" y llevaba una bandera de Estados Unidos en sus manos.
Mientras la marea roja avanzaba, otra, amarilla, se concentraba. A 25 cuadras de allí, en la Avenida Paulista, manifestantes vestidos de amarillo se reunieron frente al edificio de la Federación de Industrias del Estado de Sao Paulo (Fiesp), la organización que financió la publicidad en favor de la campaña que impulsó el juicio político, y cuyo titular de la Federación, Paulo Skaf, es miembro del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), al igual que Temer y Cunha. En la vereda de la Fiesp unas 25 carpas están montadas hace 28 días en reclamo al fin del gobierno de Rousseff y con los carteles que pide "Basta de Corrupción" y "Fin del Comunismo y del Estado Islámico".
En el resto del país, en Salvador, Porto Alegre, Recife, Curitiba, Belo Horizonte y Fortaleza, se registraron manifestaciones a favor del gobierno, aunque también están programadas otras en contra de Rousseff y a favor del juicio político.
Con información de
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