CÓRDOBA
El hallazgo del cadáver de Bortot aún no trajo respuestas
Miércoles 25 de
Enero 2017
La presunción es que fue violada y ahorcada cuando salió a caminar. Un preso fue clave para encontrar sus restos. Aún no se sabe cómo la ultimaron. El recluso que ayudó a ubicarla, en la mira.
Varias horas llevaba el peón rural trabajando, bajo el sol de enero, arriba de una fumigadora, en un campo de las afueras de Inriville. Cuando estaba por retirarse del maizal, advirtió desde la máquina a la mujer rubia, quien caminaba por un camino de tierra. Varias veces ya la había visto pasar. Bastó que esperara que se alejara un camión que justo circulaba por allí, para atacarla. Mediante algún engaño, la abordó y la llevó al interior del campo, donde la violó y asesinó.
A fin de lograr su impunidad, escondió el cuerpo y, para ello, no tuvo mejor idea que trasladarlo oculto en la misma fumigadora hasta un monte ubicado a unos 20 kilómetros del pueblo, donde enterró el cadáver, envuelto en una lona de silo bolsa. Fue una tumba casera más que rudimentaria.
Detalles más, detalles menos, esta es la reconstrucción hipotética que realizan los investigadores sobre el caso de Mariela Bortot, la mujer de 40 años que en un sábado 25 de enero de hace tres años, salió a dar una caminata por las afueras de su Inriville, localidad ubicada 300 kilómetros al sudeste de la ciudad de Córdoba, y no volvió a su casa.
Sus restos óseos fueron encontrados a mediados de noviembre de 2016 gracias a la información aportada por un jornalero preso por violación.
La sospecha del fiscal Oscar Aliaga, quien tiene a un grupo de investigadores especiales de la Policía judicial bajo sus órdenes, es que Mariela habría sido atacada sexualmente y asesinada la misma tarde en que desapareció.
Sin embargo, a tres años y pese al hallazgo del cuerpo, no hay un imputado firme ni testigos clave. Mucho menos, certezas de algo.
Análisis de huesos
Los detectives tienen sospechas de que la mujer habría sufrido una muerte violenta. Sin embargo, no está claro cómo fue.
Los restos óseos –estaban completos– no presentan lesiones compatibles con un disparo de arma o puñaladas.
La presunción es que habría sido estrangulada manualmente, pero no hay forma aún de saberlo.
Los huesos siguen siendo analizados por expertos forenses que quieren determinar, por flora y fauna hallada en el material recolectado, si el cuerpo siempre estuvo enterrado en ese sitio o si, por el contrario, permaneció en otro lugar tiempo antes.
Sólo se hallaron restos de una musculosa y un corpiño. La falta de prendas inferiores, sumado a las características de su desaparición y de su hallazgo, abona la sospecha fiscal de un supuesto abuso sexual seguido de muerte.
Sin embargo, sin testigos ni confesión alguna de alguien, es algo difícil de comprobar.
Un preso hablador
El principal sospechoso de haberla matado es precisamente el hombre que guio a encontrarla. Sin embargo, no está por ahora acusado de homicidio.
Se trata de Juan Ramón Rodríguez, un jornalero de 38 años detenido en la cárcel de Villa María, por haber violado supuestamente a una joven. Está con prisión preventiva camino a juicio oral.
En noviembre de 2016, “Juanchilo” logró que Claudio Bortot, hermano de Mariela, fuera a visitarlo a prisión y le dijo que sabía dónde estaba enterrada. También se lo contó a otro preso.
Llamativamente, Rodríguez decidió abrir la boca luego de haber sido visitado por los nuevos pesquisas judiciales de la causa.
Rodríguez se sentó frente al fiscal y, además de dar pistas sobre la tumba de Mariela, acusó al único imputado: el expolicía Jorge Orellano, un custodio de una estancia de la zona, quien está en libertad, pero acusado de privación ilegítima de la libertad.
La intención de Rodríguez habría sido dar información a cambio de mejorar su situación penal. No lo consiguió.
Acusó a otro
Rodríguez habría declarado que aquel sábado, mientras fumigaba, vio a Mariela caminando y a Orellano que la tomaba desde atrás. El por ahora testigo indicó que, en un primer momento, pensó que “era una pareja”, pero luego al enterarse del caso a través de los medios de prensa, “comprendió todo”.
Tras hallar enterrada a Mariela, el fiscal acusó a Rodríguez por una figura legal tenue: “testigo sospechoso”.
“Rodríguez se despegó del caso y vinculó al expolicía Orellano. Sin embargo, es el principal sospechoso. Su coartada no cierra”, coincidieron dos fuentes.
En ámbitos de la causa creen que el crimen fue cometido por un solo hombre. Dos testigos afirman haber visto a Rodríguez esa tarde, cuando desapareció Mariela. No mucho más. En paralelo, los pesquisas hallaron en diciembre pasado en Buenos Aires la fumigadora que él usaba.
El fiscal recolecta pruebas y, mientras espera otras, no toma resoluciones.
El caso Bortot ya cumplió tres años de impunidad.
A fin de lograr su impunidad, escondió el cuerpo y, para ello, no tuvo mejor idea que trasladarlo oculto en la misma fumigadora hasta un monte ubicado a unos 20 kilómetros del pueblo, donde enterró el cadáver, envuelto en una lona de silo bolsa. Fue una tumba casera más que rudimentaria.
Detalles más, detalles menos, esta es la reconstrucción hipotética que realizan los investigadores sobre el caso de Mariela Bortot, la mujer de 40 años que en un sábado 25 de enero de hace tres años, salió a dar una caminata por las afueras de su Inriville, localidad ubicada 300 kilómetros al sudeste de la ciudad de Córdoba, y no volvió a su casa.
Sus restos óseos fueron encontrados a mediados de noviembre de 2016 gracias a la información aportada por un jornalero preso por violación.
La sospecha del fiscal Oscar Aliaga, quien tiene a un grupo de investigadores especiales de la Policía judicial bajo sus órdenes, es que Mariela habría sido atacada sexualmente y asesinada la misma tarde en que desapareció.
Sin embargo, a tres años y pese al hallazgo del cuerpo, no hay un imputado firme ni testigos clave. Mucho menos, certezas de algo.
Análisis de huesos
Los detectives tienen sospechas de que la mujer habría sufrido una muerte violenta. Sin embargo, no está claro cómo fue.
Los restos óseos –estaban completos– no presentan lesiones compatibles con un disparo de arma o puñaladas.
La presunción es que habría sido estrangulada manualmente, pero no hay forma aún de saberlo.
Los huesos siguen siendo analizados por expertos forenses que quieren determinar, por flora y fauna hallada en el material recolectado, si el cuerpo siempre estuvo enterrado en ese sitio o si, por el contrario, permaneció en otro lugar tiempo antes.
Sólo se hallaron restos de una musculosa y un corpiño. La falta de prendas inferiores, sumado a las características de su desaparición y de su hallazgo, abona la sospecha fiscal de un supuesto abuso sexual seguido de muerte.
Sin embargo, sin testigos ni confesión alguna de alguien, es algo difícil de comprobar.
Un preso hablador
El principal sospechoso de haberla matado es precisamente el hombre que guio a encontrarla. Sin embargo, no está por ahora acusado de homicidio.
Se trata de Juan Ramón Rodríguez, un jornalero de 38 años detenido en la cárcel de Villa María, por haber violado supuestamente a una joven. Está con prisión preventiva camino a juicio oral.
En noviembre de 2016, “Juanchilo” logró que Claudio Bortot, hermano de Mariela, fuera a visitarlo a prisión y le dijo que sabía dónde estaba enterrada. También se lo contó a otro preso.
Llamativamente, Rodríguez decidió abrir la boca luego de haber sido visitado por los nuevos pesquisas judiciales de la causa.
Rodríguez se sentó frente al fiscal y, además de dar pistas sobre la tumba de Mariela, acusó al único imputado: el expolicía Jorge Orellano, un custodio de una estancia de la zona, quien está en libertad, pero acusado de privación ilegítima de la libertad.
La intención de Rodríguez habría sido dar información a cambio de mejorar su situación penal. No lo consiguió.
Acusó a otro
Rodríguez habría declarado que aquel sábado, mientras fumigaba, vio a Mariela caminando y a Orellano que la tomaba desde atrás. El por ahora testigo indicó que, en un primer momento, pensó que “era una pareja”, pero luego al enterarse del caso a través de los medios de prensa, “comprendió todo”.
Tras hallar enterrada a Mariela, el fiscal acusó a Rodríguez por una figura legal tenue: “testigo sospechoso”.
“Rodríguez se despegó del caso y vinculó al expolicía Orellano. Sin embargo, es el principal sospechoso. Su coartada no cierra”, coincidieron dos fuentes.
En ámbitos de la causa creen que el crimen fue cometido por un solo hombre. Dos testigos afirman haber visto a Rodríguez esa tarde, cuando desapareció Mariela. No mucho más. En paralelo, los pesquisas hallaron en diciembre pasado en Buenos Aires la fumigadora que él usaba.
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Con información de
lavoz
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