Se tensa la negociación con el FMI y el mercado es escéptico sobre el control del dólar
Viernes 14 de
Septiembre 2018
El FMI se muestra reticente a dar el refuerzo que pide el Central para manejar el desarme de las Lebac. En la City no creen que la situación se estabilice
Anochecer del jueves. Las calles del microcentro ya se ven desérticas. Los pocos peatones son oficinistas seguramente retrasados de su horario de salida. Como el funcionario del Banco Central, que cierra la computadora cuando, sobre la calle Reconquista se encendieron las luminarias públicas. “Está difícil la cosa”, concluye antes de que su interlocutor pudiera preguntarle algo puntual sobre las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional, que esta semana se trasladaron de Washington a Buenos Aires.
Más de dos semanas después de que Mauricio Macri anunciara en un discurso que ya había un acuerdo con el el organismo que dirige Christine Lagarde para adelantar al año que viene los desembolsos previstos recién para 2020 y 2021, la situación es justo la opuesta a la buscada.
Todavía no hay nada firmado con el organismo y, lo que luce todavía peor, las negociaciones son muy tensas. Y en algunos momentos hasta empantanadas. Ese panorama quedó expuesto cuando se supo que el FMIbloqueó el envío de u$s3.000 millones originalmente previstos para el próximo lunes, y que forman parte de un compromiso por el primer acuerdo firmado.
La tensión en las negociaciones ha recaído, una vez más, en torno del tipo de cambio. La postura del FMI es la ya reconocida: el staff quiere asegurarse que los dólares prestados a la Argentina no terminen financiando la denominada “fuga de capitales”.
En cierto sentido, es lo que terminó ocurriendo con el primer tramo del acuerdo. En la tercera semana de junio, cuando llegaron los u$s15.000 millones desde Washington, las reservas del BCRA llegaban a los u$s63.270 millones. Esta semana se estacionaron en u$s50.003 millones. En 80 días se fueron nada menos que u$s12.967 millones.
Si a ese registro se les adiciona los u$s13.425 millones que el BCRA perdió entre principios de abril y mediados de junio, queda claro que la crisis ya tuvo un costo superior a los u$s26.000 millones.
Frente a semejante sangría, la dureza de los técnicos del Fondo se relaciona con que no quieren que, una vez más, pase lo mismo. Sin confianza, al Gobierno y al Banco Central se les hace muy difícil el compromiso. La única que quedaría, bajo esa perspectiva, es soltar el tipo de cambio y sentarse a esperar -en una libre flotación- que el valor del dólar quede determinada por el mercado financiero. Una alternativa que muchos consideran políticamente inviable en este contexto
Sobre la mesa de negociaciones, entre los técnicos del FMI y las autoridades argentinas hay un acuerdo básico: el actual tipo de cambio le devolvió a competitividad a la economía argentina. Un dólar a $40 se parece, en términos reales, al que tuvo Néstor Kirchner allá por 2004, según el cálculo que hacen los funcionarios.
Las desavenencias aparecen cuando en los análisis surgen los flujos financieros. Hoy en día, la oferta de divisas en el mercado es nula. A menos que aparezca el Banco Central. Nadie vende, salvo la autoridad monetaria. Sin ingresos de billetes verdes y con el desarme de Lebac a la vista, y la elevada dolarización de los ahorristas argentinos se hace muy difícil estabilizar el tipo de cambio.
Por eso, el pedido del Gobierno fue que el Fondo -además de adelantar los fondos que aseguren los pagos de los compromisos de la deuda del próximo año- enviara un extra para hacer frente al desarme de la bola de las Lebac.
Y, aunque esa confirmación no llegó, de todas formas "Toto" Caputo adelantó que mantendrá su plan original de ir bajando el volumen de la bola de Lebac por la vía de no renovar parte del monto que vence. Más concretamente, serán $150.000 millones que el próximo martes se dejarán vencer y que, al día siguiente, estarán en el mercado, muy posiblemente con "ganas" de convertirse en dólares.
Sin un respaldo concreto -de dólares contantes y sonantes- por parte del FMI a este desarme, el precio de $40 por dólar pareciera barato. Esa apoyo fue inexistente y, al contrario, la lectura que se hizo del aplazo en el envío de los u$s3.000 millones ya pautados fue, en efecto, que la confianza del “board” del organismo es inexpugnable.
El “sentimiento” en el mercado financiero, al cierre de la semana, fue negativo. “No hay una hoja de ruta. Hay un desconocimiento total de lo que piensa hacer el Gobierno para evitar un salto adicional del tipo de cambio”, refirió un reconocido banquero en diálogo conm iProfesional, bajo la condición del anonimato.
Del lado del Gobierno, las cosas no andaban mejor. Un funcionario del equipo económico lo dijo sin vueltas, ante una consulta de iProfesional:“Nos vuelven a correr el arco”, señaló.
Se refería a que, ante el anuncio de mayo de que el Gobierno apelaría al FMI para hacer frente a la corrida, los financistas se corrieron, continuaron vendiendo bonos y dolarizándose a pesar de ese rescate.
En una segunda instancia, cuando quedó que el Plan A había fracasado, Macri echó mano al Plan B: el anuncio del adelanto de los fondos para asegurar el pago de la deuda. Antes de que se termine de negociar esta instancia (y mientras se intenta que el Congreso apruebe un Presupuesto con déficit cero), el “mercado” pidió más: que también se incluya una partida especial para respaldar el desarme de las Lebac.
“Si logramos todo esto, después nos van a correr el arco de nuevo: van a empezar a decirnos que, ahora que aseguramos los pagos del año que viene, entonces no hay ninguna seguridad de que pueda cumplirse con los compromisos de 2020”, analiza, resignado una fuente cercana al equipo económico.
El funcionario, a su manera, graficó el estado de ánimo que manda entre los funcionarios: desazón y nervios por lo que pueda venir.
La intención del Banco Central y de Economía es firmar el nuevo acuerdo en algún momento de la próxima semana. Economistas de la City, conocedores de los pasillos del Fondo, no son tan optimistas. Suponen que recién se podría refrendar en dos semanas. Algo que, en la Argentina de hoy, significa el largo plazo.
“El mercado quiere ver la plata lo más rápido posible”, asume otro funcionario del área económica, que no participa de las negociaciones con el Fondo.
Justamente, la subas del dólar consecutivas (miércoles, jueves y viernes) tuvo relación con la percepción de los inversores de que las negociaciones vienen complicadas. Y tienen dudas de que el FMI ponga el dinero que la Argentina necesitaría para recuperar la confianza.
El nivel de confusión y pesimismo quedó explicitado en las consecuencias que tuvieron los dichos de Larry Kudlow, el asesor de Donald Trump, que sugirió que la Argentina debería volver a adoptar un sistema de convertibilidad (currency board) entre el peso y el dólar. Una idea que en otro momento hubiese sido calificada de extemporánea y pasado rápidamente al olvido provocó un sinnúmero de especulaciones.
La tibia (y anónima) desmentida de una conversación en marcha entre Balcarce 50 y el Tesoro americano no alcanzó para disipar las dudas.
Es más: esa modesta reacción oficial a las palabras de un economista de peso de la Casa Blanca potenció la idea de que el Gobierno se maneja con mala praxis para enfrentar la tormenta.
Se acumulan las críticas a ese desmanejo: desde la venta de u$s8.000 millones de las reservas en defensa de un tipo de cambio de $20, por parte de Federico Sturzenegger, al fallido mensaje presidencial de un minuto y medio. Y a las idas y vueltas de aquel domingo en Olivos, donde el propio Gobierno avanzó con reemplazos de funcionarios que nunca se fueron.
La crisis escribirá otro capítulo dentro de 48 horas. Algo es seguro: cada día que pasa sin una estabilización creíble, el país pierde una nueva cuota de confianza. Y gana terreno la incertidumbre.
Más de dos semanas después de que Mauricio Macri anunciara en un discurso que ya había un acuerdo con el el organismo que dirige Christine Lagarde para adelantar al año que viene los desembolsos previstos recién para 2020 y 2021, la situación es justo la opuesta a la buscada.
Todavía no hay nada firmado con el organismo y, lo que luce todavía peor, las negociaciones son muy tensas. Y en algunos momentos hasta empantanadas. Ese panorama quedó expuesto cuando se supo que el FMIbloqueó el envío de u$s3.000 millones originalmente previstos para el próximo lunes, y que forman parte de un compromiso por el primer acuerdo firmado.
La tensión en las negociaciones ha recaído, una vez más, en torno del tipo de cambio. La postura del FMI es la ya reconocida: el staff quiere asegurarse que los dólares prestados a la Argentina no terminen financiando la denominada “fuga de capitales”.
En cierto sentido, es lo que terminó ocurriendo con el primer tramo del acuerdo. En la tercera semana de junio, cuando llegaron los u$s15.000 millones desde Washington, las reservas del BCRA llegaban a los u$s63.270 millones. Esta semana se estacionaron en u$s50.003 millones. En 80 días se fueron nada menos que u$s12.967 millones.
Si a ese registro se les adiciona los u$s13.425 millones que el BCRA perdió entre principios de abril y mediados de junio, queda claro que la crisis ya tuvo un costo superior a los u$s26.000 millones.
Frente a semejante sangría, la dureza de los técnicos del Fondo se relaciona con que no quieren que, una vez más, pase lo mismo. Sin confianza, al Gobierno y al Banco Central se les hace muy difícil el compromiso. La única que quedaría, bajo esa perspectiva, es soltar el tipo de cambio y sentarse a esperar -en una libre flotación- que el valor del dólar quede determinada por el mercado financiero. Una alternativa que muchos consideran políticamente inviable en este contexto
Las desavenencias aparecen cuando en los análisis surgen los flujos financieros. Hoy en día, la oferta de divisas en el mercado es nula. A menos que aparezca el Banco Central. Nadie vende, salvo la autoridad monetaria. Sin ingresos de billetes verdes y con el desarme de Lebac a la vista, y la elevada dolarización de los ahorristas argentinos se hace muy difícil estabilizar el tipo de cambio.
Por eso, el pedido del Gobierno fue que el Fondo -además de adelantar los fondos que aseguren los pagos de los compromisos de la deuda del próximo año- enviara un extra para hacer frente al desarme de la bola de las Lebac.
Y, aunque esa confirmación no llegó, de todas formas "Toto" Caputo adelantó que mantendrá su plan original de ir bajando el volumen de la bola de Lebac por la vía de no renovar parte del monto que vence. Más concretamente, serán $150.000 millones que el próximo martes se dejarán vencer y que, al día siguiente, estarán en el mercado, muy posiblemente con "ganas" de convertirse en dólares.
El mercado, otra vez escéptico
De acuerdo a un informe de la consultora Eco Go, las Lebac en poder de inversores (no bancarios) supera los u$s12.200 millones. Eso significaría, siempre de acuerdo a Eco Go, que las reservas netas apenas alcanzarían a los u$s12.800 millones para el caso de que esas Lebac en poder del público se dolaricen.Sin un respaldo concreto -de dólares contantes y sonantes- por parte del FMI a este desarme, el precio de $40 por dólar pareciera barato. Esa apoyo fue inexistente y, al contrario, la lectura que se hizo del aplazo en el envío de los u$s3.000 millones ya pautados fue, en efecto, que la confianza del “board” del organismo es inexpugnable.
El “sentimiento” en el mercado financiero, al cierre de la semana, fue negativo. “No hay una hoja de ruta. Hay un desconocimiento total de lo que piensa hacer el Gobierno para evitar un salto adicional del tipo de cambio”, refirió un reconocido banquero en diálogo conm iProfesional, bajo la condición del anonimato.
Del lado del Gobierno, las cosas no andaban mejor. Un funcionario del equipo económico lo dijo sin vueltas, ante una consulta de iProfesional:“Nos vuelven a correr el arco”, señaló.
Se refería a que, ante el anuncio de mayo de que el Gobierno apelaría al FMI para hacer frente a la corrida, los financistas se corrieron, continuaron vendiendo bonos y dolarizándose a pesar de ese rescate.
En una segunda instancia, cuando quedó que el Plan A había fracasado, Macri echó mano al Plan B: el anuncio del adelanto de los fondos para asegurar el pago de la deuda. Antes de que se termine de negociar esta instancia (y mientras se intenta que el Congreso apruebe un Presupuesto con déficit cero), el “mercado” pidió más: que también se incluya una partida especial para respaldar el desarme de las Lebac.
“Si logramos todo esto, después nos van a correr el arco de nuevo: van a empezar a decirnos que, ahora que aseguramos los pagos del año que viene, entonces no hay ninguna seguridad de que pueda cumplirse con los compromisos de 2020”, analiza, resignado una fuente cercana al equipo económico.
El funcionario, a su manera, graficó el estado de ánimo que manda entre los funcionarios: desazón y nervios por lo que pueda venir.
La intención del Banco Central y de Economía es firmar el nuevo acuerdo en algún momento de la próxima semana. Economistas de la City, conocedores de los pasillos del Fondo, no son tan optimistas. Suponen que recién se podría refrendar en dos semanas. Algo que, en la Argentina de hoy, significa el largo plazo.
“El mercado quiere ver la plata lo más rápido posible”, asume otro funcionario del área económica, que no participa de las negociaciones con el Fondo.
Justamente, la subas del dólar consecutivas (miércoles, jueves y viernes) tuvo relación con la percepción de los inversores de que las negociaciones vienen complicadas. Y tienen dudas de que el FMI ponga el dinero que la Argentina necesitaría para recuperar la confianza.
El nivel de confusión y pesimismo quedó explicitado en las consecuencias que tuvieron los dichos de Larry Kudlow, el asesor de Donald Trump, que sugirió que la Argentina debería volver a adoptar un sistema de convertibilidad (currency board) entre el peso y el dólar. Una idea que en otro momento hubiese sido calificada de extemporánea y pasado rápidamente al olvido provocó un sinnúmero de especulaciones.
La tibia (y anónima) desmentida de una conversación en marcha entre Balcarce 50 y el Tesoro americano no alcanzó para disipar las dudas.
Es más: esa modesta reacción oficial a las palabras de un economista de peso de la Casa Blanca potenció la idea de que el Gobierno se maneja con mala praxis para enfrentar la tormenta.
Se acumulan las críticas a ese desmanejo: desde la venta de u$s8.000 millones de las reservas en defensa de un tipo de cambio de $20, por parte de Federico Sturzenegger, al fallido mensaje presidencial de un minuto y medio. Y a las idas y vueltas de aquel domingo en Olivos, donde el propio Gobierno avanzó con reemplazos de funcionarios que nunca se fueron.
La crisis escribirá otro capítulo dentro de 48 horas. Algo es seguro: cada día que pasa sin una estabilización creíble, el país pierde una nueva cuota de confianza. Y gana terreno la incertidumbre.

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