BUENOS AIRES
Se quedó dormida con su bebé de 2 años y cuando despertó, su mejor amiga la estaba violando
Jueves 20 de
Junio 2019
Era su gran amiga, esa en la que confiaba ciegamente, a quien le contaba sus secretos. Por eso ese domingo caluroso de febrero Ruth Pérez no dudó en invitarla a comer un asado familiar. Es que con mucho esfuerzo habían logrado terminar los arreglos en el patio de la casa en Villa Elvira y querían celebrarlo con un gran almuerzo. Pero la tarde feliz se convirtió en el momento más traumático que le tocó vivir esta chica, que desde entonces vive una pesadilla interminable.
A esa comida, además de su amiga -cuyo nombre no trascendió-, también habían sido invitadas su ex cuñada, su mamá, sus dos hijos, su sobrino y su vecina. Pasó el asado, el vino, la sobremesa y los platos ya estaban vacíos hacía rato cuando Ruth decidió retirarse hacia una habitación. “Mi hijo estaba muy cansado y lo fui a dormir”, relató a C5N. “Le di el pecho y al rato yo también me quedé dormida. Me desperté en una situación que no podía creer”.
“Tenía una cara de perversidad para con el nene, como diciendo mirá lo que estoy haciendo a tu mamá”, relató Ruth.
Abrió los ojos y se quedó helada al ver a su amiga abusando de ella. Sintió una mezcla de repulsión, horror y bronca. Cuando recuperó el sentido dio un salto y la empujó de golpe buscando proteger al niño. La furia la invadió e increpó a la mujer: “Vamos a ir ya para tu casa, de esto se van a enterar tu mamá y toda tu familia. Esto lo denuncio, no va a quedar acá. O te interna tu mamá en un psiquiátrico o te interno yo”.
“Hizo a mi hijo partícipe de la situación de abuso. Había tomado alcohol pero estaba consciente. Tenía una cara de perversidad para con el nene, como diciendo ‘mirá lo que estoy haciendo a tu mamá'”, recordó, todavía asqueada, en la entrevista televisiva.
Es que el vínculo entre ellas era muy fuerte. Eran amigas desde la infancia y en 2016, tras algunos años viviendo en lugares diferentes, se reencontraron en el barrio. Se volvieron íntimas, casi hermanas y Ruth nunca dudó en convertirla en la madrina de su hijo. También la ayudó a conseguir trabajo y le consiguió un puesto en el Colegio de Médicos de La Plata, donde ella se desempeñaba hacía un tiempo.
Pero esa tarde, en la propia habitación de Ruth, aquella amistad se destruyó. Y ese fue apenas el inicio del calvario. “Fui a hablar con su mamá pero no me creyó y empezó a amenazarme a mí y a mi familia”, indicó al sitio 0221.com.ar. “Si yo contaba algo, ellas me iban a desprestigiar diciendo que yo había tenido una relación con el presidente del Colegio, que le iban a contar a su esposa, que iban a hacer que me echaran del trabajo y un montón de cosas más”, explicó, según informa Clarín .
“Lo grave es la falta de respuesta institucional del trabajo y de distintos sectores de la justicia, que no han dado curso a las situaciones de amenazas”, dijo su abogado.
Ruth no bajó los brazos y volvió a intentar el diálogo con la madre de su ahora ex amiga. “A comienzos de marzo volví a la casa de su mamá para contarle lo que había pasado, pero me sacó a empujones”. Unos días más tarde, en una noche de abril, la situación se fue de las manos.
“Eran las 3 de la mañana y no me podía dormir, después de haber discutido con esta señora. De repente sentí unos ruidos, como si fueran tres piedrazos. Miré por la ventana y vi una hilera de fuego en el techo del comedor de mi mamá, que empezó a los gritos y luego llamó al 911″, agregó y responsabilizando directamente a la familia de la agresora.
Los problemas siguieron para Ruth. Se decidió a plantear el tema en el trabajo pero para evitar problemas le pidió a su madre que fuera a relatar lo sucedido. Sabía que si ella estaba iba a ser conflictivo: “Yo no podía ir porque trabajamos pegadas”.
Pero otra vez, la situación no salió como esperaba: “Como había sucedido por fuera del ámbito laboral, nos pidieron que no lo difundiéramos. Teníamos que trabajar como dos reinas. Institucionalmente no había nada, ningún mal comportamiento, pero me cambiaron a mí, me mandaron a un piso aparte, escondida”, describió Ruth y añadió: “Quieren echarme para que no se viralice el hecho, me apartan como si tuviera lepra. Necesito hacer justicia”.
Esta correlación de eventos, la llevó a realizar la denuncia correspondiente en el Gabinete de Delitos contra la Integridad Sexual de la DDI La Plata, sumando además los trastornos emocionales que el episodio generó en ella: “Tuve que empezar a ir al psiquiatra, debido a las pesadillas y sueños recurrentes”.
Darío Saldaño, el abogado de la víctima, remarcó la ausencia institucional que padeció su clienta luego de la denuncia: “Lo grave es la falta de respuesta institucional del trabajo y de distintos sectores de la justicia, que no han dado curso a las situaciones de amenazas”.
Todavía la investigación está frenada, las autoridades deberán reunir las pruebas correspondientes y llamar a los testigos necesarios para avanzar con el caso que, hasta el momento, no tiene personas detenidas.
“Tenía una cara de perversidad para con el nene, como diciendo mirá lo que estoy haciendo a tu mamá”, relató Ruth.
Abrió los ojos y se quedó helada al ver a su amiga abusando de ella. Sintió una mezcla de repulsión, horror y bronca. Cuando recuperó el sentido dio un salto y la empujó de golpe buscando proteger al niño. La furia la invadió e increpó a la mujer: “Vamos a ir ya para tu casa, de esto se van a enterar tu mamá y toda tu familia. Esto lo denuncio, no va a quedar acá. O te interna tu mamá en un psiquiátrico o te interno yo”.
“Hizo a mi hijo partícipe de la situación de abuso. Había tomado alcohol pero estaba consciente. Tenía una cara de perversidad para con el nene, como diciendo ‘mirá lo que estoy haciendo a tu mamá'”, recordó, todavía asqueada, en la entrevista televisiva.
Es que el vínculo entre ellas era muy fuerte. Eran amigas desde la infancia y en 2016, tras algunos años viviendo en lugares diferentes, se reencontraron en el barrio. Se volvieron íntimas, casi hermanas y Ruth nunca dudó en convertirla en la madrina de su hijo. También la ayudó a conseguir trabajo y le consiguió un puesto en el Colegio de Médicos de La Plata, donde ella se desempeñaba hacía un tiempo.
Pero esa tarde, en la propia habitación de Ruth, aquella amistad se destruyó. Y ese fue apenas el inicio del calvario. “Fui a hablar con su mamá pero no me creyó y empezó a amenazarme a mí y a mi familia”, indicó al sitio 0221.com.ar. “Si yo contaba algo, ellas me iban a desprestigiar diciendo que yo había tenido una relación con el presidente del Colegio, que le iban a contar a su esposa, que iban a hacer que me echaran del trabajo y un montón de cosas más”, explicó, según informa Clarín .
“Lo grave es la falta de respuesta institucional del trabajo y de distintos sectores de la justicia, que no han dado curso a las situaciones de amenazas”, dijo su abogado.
Ruth no bajó los brazos y volvió a intentar el diálogo con la madre de su ahora ex amiga. “A comienzos de marzo volví a la casa de su mamá para contarle lo que había pasado, pero me sacó a empujones”. Unos días más tarde, en una noche de abril, la situación se fue de las manos.
“Eran las 3 de la mañana y no me podía dormir, después de haber discutido con esta señora. De repente sentí unos ruidos, como si fueran tres piedrazos. Miré por la ventana y vi una hilera de fuego en el techo del comedor de mi mamá, que empezó a los gritos y luego llamó al 911″, agregó y responsabilizando directamente a la familia de la agresora.
Los problemas siguieron para Ruth. Se decidió a plantear el tema en el trabajo pero para evitar problemas le pidió a su madre que fuera a relatar lo sucedido. Sabía que si ella estaba iba a ser conflictivo: “Yo no podía ir porque trabajamos pegadas”.
Pero otra vez, la situación no salió como esperaba: “Como había sucedido por fuera del ámbito laboral, nos pidieron que no lo difundiéramos. Teníamos que trabajar como dos reinas. Institucionalmente no había nada, ningún mal comportamiento, pero me cambiaron a mí, me mandaron a un piso aparte, escondida”, describió Ruth y añadió: “Quieren echarme para que no se viralice el hecho, me apartan como si tuviera lepra. Necesito hacer justicia”.
Esta correlación de eventos, la llevó a realizar la denuncia correspondiente en el Gabinete de Delitos contra la Integridad Sexual de la DDI La Plata, sumando además los trastornos emocionales que el episodio generó en ella: “Tuve que empezar a ir al psiquiatra, debido a las pesadillas y sueños recurrentes”.
Darío Saldaño, el abogado de la víctima, remarcó la ausencia institucional que padeció su clienta luego de la denuncia: “Lo grave es la falta de respuesta institucional del trabajo y de distintos sectores de la justicia, que no han dado curso a las situaciones de amenazas”.
Todavía la investigación está frenada, las autoridades deberán reunir las pruebas correspondientes y llamar a los testigos necesarios para avanzar con el caso que, hasta el momento, no tiene personas detenidas.
Con información de
Aire de Santa Fe

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