Retraso cambiario: un clásico preelectoral desde Yrigoyen en 1916

Por: Dionisio Bosch
Miércoles 31 de Julio 2019

Que el Gobierno está haciendo lo imposible para frenar cualquier corrida del dólar frente al peso no es secreto.
Es que la disparada del billete no sólo le alejaría a la clase media, tan “verdedependiente” ella, sino, lo que es más importante, sería la mejor demostración de su incapacidad para manejar la economía.
 
Esto está dando lugar a crecientes voces que hablan de un atraso cambiario (ya Juan B. Justo alertaba en contra de las presiones de los empresarios, que reclamando la desvalorización del peso lo único que lograban era castigar a los trabajadores) y en un punto más extremo al temor a que luego de las elecciones -gane quien gane- nos veamos enfrentados a una nueva devaluación. Para justificar lo que a todas luces sería una maniobra por lo menos “poco ética” -revaluar con el único objeto de ganar la elección-, lo que se esgrime es que todos los gobiernos han recurrido a esta estratagema de atrasar el billete y que sea por propia voluntad o forzados por la realidad, esto es corregido luego de los comicios con una devaluación significativa.
 
Es cierto que desde 1916, con la elección de Hipólito Yrigoyen, existió cierta tendencia a que la variación del dólar libre en los doce meses siguientes a las elecciones presidenciales fuese mayor que las de los doce meses previos (61% de los casos), pero sólo en 9 de los comicios (sobre 18 -en 1973 consideramos únicamente el Cámpora-) siguió una devaluación del peso y en tres de estos la devaluación en esos 365 días fue inferior al 2%.
 
Cuando consideramos el efecto inflacionario encontramos que la tendencia a una mayor variación del dólar es menor (56% de los casos), que sólo en cinco oportunidades podemos hablar de una devaluación a posteriori, y que en apenas tres esta resultó mayor que el 2%. Las dos más significativas, la de Roberto M. Ortiz del 5 de septiembre de 1937, acompañada los doce meses siguientes por una suba en términos reales del billete de 19,05% (nominal del 18%), y la de Cristina de Kirchner del 23 de octubre de 2011, con una suba de 13,65% (nominal del 41%). En el primer caso, la suba neta y ajustada del dólar en esos 24 meses fue del 9,5% y en el segundo, del 2,3%.
 
Más que platearnos la inevitabilidad de una devaluación luego de las elecciones de octubre, debemos plantearnos el que en términos históricos esta posibilidad existe, aunque no pareciera ser demasiado significativa. Con este contexto es que podremos analizar ex post lo que vaya a suceder. Pero ¿qué va a pasar; van a devaluar o no? Dejando de lado lo que disponga el mercado, aquí tal vez la respuesta y no importa quién gane la elección, la dé la necesidad de contar con el apoyo popular para implementar el paquetazo de medidas con que cualquier Gobierno llega al poder.
Con información de Ámbito

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