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Las sumas fijas cumplen el primer objetivo anticrisis en clave de atender urgencias
Miércoles 15 de
Enero 2020
El pedido, sin inocencia, de cautela paritaria de Alberto Fernández respecto a las cláusulas gatillo, descontando prudencia sindical y fair play empresario para no abusar de la coyuntura, es a la vez un dato político social y económico.
La primacía de las sumas fijas sobre las pulseadas salariales es herramienta anticrisis para mejorar los ingresos. Sin embargo es un analgésico para dolencias mayores en un escenario laboral con récord de despidos, sobre todo en manufacturas. Economistas consultados por este diario ofrecieron su foco de análisis en cuanto al presente y corto plazo de la pauta salarial 2020.
Para Martin Kalos, economista jefe de Elypsis, el Gobierno logró levantar los salarios más bajos con los decretos de los $4.000 y acicatear al consumo. "Esto también es de utilidad política, atendió la urgencia de los trabajadores para renegociar salarios sin pérdida de tiempo. Cuestión que también le resultó propicia a los empleadores.Pero muchos sindicatos tienen acuerdos vencidos o revisiones pactadas todavía sin activar", alertó.
Kalos reiteró que la extensión de sumas fijas en el tiempo no es viable ya que comprime la pirámide de ingresos. Sin optimismo para lo que vendrá y en tono crítico, José Ernesto Castillo, profesor e investigador de la UBA, subrayó que las sumas fijas no llegarán en ningún sector a cubrir la pérdida salarial 2019. "Lo más grave es si los $4.000 generan un corrimiento del inicio de paritarias. Entonces los sueldos tampoco superarán la inflación 2020". En cuanto a empleados públicos nacionales, de provincias o municipales Castillo consideró que el escenario es peor en cuanto a que las provincias no podrán abonar la suma remunerativa. "La recuperación económica requiere dinero en los bolsillos, ahora con sumas fijas inconsistentes ni universales eso no sucederá", sostuvo.
Matías Rajnerman, economista jefe de Ecolatina, puso el foco sobre la cuestión política, social y económica en la estrategia del Gobierno. "Si bien se definieron sumas fijas por decreto hubo negociaciones con empresarios y sindicatos. Ahora los salarios reales, principales motores del consumo interno -que alcanza las tres cuartas partes del PBI- recién tendrán una mejora en la segunda mitad del año. Hay una situación del mercado laboral, con desocupación creciente que no permitirá crecimiento alguno para 2020". En números, Rajnerman consideró que un salario promedio de $40.000 en febrero tendrá una suba del 10%, en rigor de una medida progresiva sin beneficios para los sectores de mayores ingresos.
Sergio Chouza, economista de la Undav, consideró preponderante el rol de los referentes sindicales: "Ellos aseguran ser parte de este Gobierno pero deben asumir la exigencia que les plantean sus bases". Chouza no evitó considerar un "equilibrio delicado" a la vista de que las sumas fijas marcarán el año salarial 2020.
"El contexto exige romper con la indexación de la economía, pero entran en juego también el poder de los gremios con mejor nivel de negociación. Se complementan las sumas fijas de carácter remunerativo y las paritarias. Se marca un piso, se generalizan aumentos y marcan tendencia", apuntó el economista Federico Pastrana. "Se ayuda a las paritarias que no tuvieron aumentos en los últimos meses y quedaron rezagadas, con aumentos a cuenta de los futuros acuerdos paritarios, incluso con el mismo enfoque sobre movilidad jubilatoria", agregó.
En tanto Ricardo Aronskind, economista y magister en Relaciones Internacionales, investigador docente en la UNGS, consideró la relevancia para la cuestión salarial, respecto a la deuda externa. Así ponderó las sumas fijas para mejorar los sueldos más golpeados. "El Gobierno conoce la situación complicada de muchas pymes, por lo que estás deberían recibir algunas facilidades ya que estas continuarán así hasta que no se recomponga la demanda".
"Las paritarias van a funcionar, pero se van a posponer hasta que esté más claro el panorama del presupuesto público lo cual tiene que ver con una renegociación exitosa de la deuda, despejar vencimientos pesados de este año y lograr mejor margen. No es de esperar que ocurra en el corto plazo, hay otras cuestiones para resolver y la preocupación respecto de que cualquier incremento de sueldos no derive en aumentos de precios que licuen todavía más los sueldos".
Para Martin Kalos, economista jefe de Elypsis, el Gobierno logró levantar los salarios más bajos con los decretos de los $4.000 y acicatear al consumo. "Esto también es de utilidad política, atendió la urgencia de los trabajadores para renegociar salarios sin pérdida de tiempo. Cuestión que también le resultó propicia a los empleadores.Pero muchos sindicatos tienen acuerdos vencidos o revisiones pactadas todavía sin activar", alertó.
Kalos reiteró que la extensión de sumas fijas en el tiempo no es viable ya que comprime la pirámide de ingresos. Sin optimismo para lo que vendrá y en tono crítico, José Ernesto Castillo, profesor e investigador de la UBA, subrayó que las sumas fijas no llegarán en ningún sector a cubrir la pérdida salarial 2019. "Lo más grave es si los $4.000 generan un corrimiento del inicio de paritarias. Entonces los sueldos tampoco superarán la inflación 2020". En cuanto a empleados públicos nacionales, de provincias o municipales Castillo consideró que el escenario es peor en cuanto a que las provincias no podrán abonar la suma remunerativa. "La recuperación económica requiere dinero en los bolsillos, ahora con sumas fijas inconsistentes ni universales eso no sucederá", sostuvo.
Matías Rajnerman, economista jefe de Ecolatina, puso el foco sobre la cuestión política, social y económica en la estrategia del Gobierno. "Si bien se definieron sumas fijas por decreto hubo negociaciones con empresarios y sindicatos. Ahora los salarios reales, principales motores del consumo interno -que alcanza las tres cuartas partes del PBI- recién tendrán una mejora en la segunda mitad del año. Hay una situación del mercado laboral, con desocupación creciente que no permitirá crecimiento alguno para 2020". En números, Rajnerman consideró que un salario promedio de $40.000 en febrero tendrá una suba del 10%, en rigor de una medida progresiva sin beneficios para los sectores de mayores ingresos.
Sergio Chouza, economista de la Undav, consideró preponderante el rol de los referentes sindicales: "Ellos aseguran ser parte de este Gobierno pero deben asumir la exigencia que les plantean sus bases". Chouza no evitó considerar un "equilibrio delicado" a la vista de que las sumas fijas marcarán el año salarial 2020.
"El contexto exige romper con la indexación de la economía, pero entran en juego también el poder de los gremios con mejor nivel de negociación. Se complementan las sumas fijas de carácter remunerativo y las paritarias. Se marca un piso, se generalizan aumentos y marcan tendencia", apuntó el economista Federico Pastrana. "Se ayuda a las paritarias que no tuvieron aumentos en los últimos meses y quedaron rezagadas, con aumentos a cuenta de los futuros acuerdos paritarios, incluso con el mismo enfoque sobre movilidad jubilatoria", agregó.
En tanto Ricardo Aronskind, economista y magister en Relaciones Internacionales, investigador docente en la UNGS, consideró la relevancia para la cuestión salarial, respecto a la deuda externa. Así ponderó las sumas fijas para mejorar los sueldos más golpeados. "El Gobierno conoce la situación complicada de muchas pymes, por lo que estás deberían recibir algunas facilidades ya que estas continuarán así hasta que no se recomponga la demanda".
"Las paritarias van a funcionar, pero se van a posponer hasta que esté más claro el panorama del presupuesto público lo cual tiene que ver con una renegociación exitosa de la deuda, despejar vencimientos pesados de este año y lograr mejor margen. No es de esperar que ocurra en el corto plazo, hay otras cuestiones para resolver y la preocupación respecto de que cualquier incremento de sueldos no derive en aumentos de precios que licuen todavía más los sueldos".
Con información de
Bae Negocios
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