El Presidente profundiza la estrategia de lograr el apoyo de los líderes europeos ante el FMI.
Por:
SEBASTIÁN IÑURRIETA
Lunes 03 de
Febrero 2020

Era el jueves y anochecía en Roma. Alberto Fernández estaba por llegar a la residencia del embajador en el Vaticano.
El operativo policial captó la atención de turistas que salían de la basílica de San Pedro. En cambio, una pareja de porteños, del barrio de Núñez, sabía el porqué: al presidente argentino. "Justo ahora puso el 30%, menos mal que había sacado los pasajes antes", dijo medio en serio y medio en broma el marido. No pudieron ver al mandatario: se fueron antes porque a los niños les cerraba el local de Lego.
Ya instalado, cada vez que salía Alberto, se colmaban de buscadores de selfies. Alguna sacó el propio Presidente con celular ajeno. Pero hubo un episodio no registrado por la prensa. "Era un loco que gritaba", se lo escuchó comentar después el momento cuando el video se había viralizado. Un mal trago entre muestras de afecto. Un balance callejero que bien puede traspolarse al protocolo de la minigira europea albertista que hoy tendrá un capítulo destacado cuando, a las 20 hora local, cene con la canciller Angela Merkel. Alemania, más allá de disputarse el liderazgo del continente con Francia post-Brexit, controla poco más del 5% del directorio del FMI. Alberto confía en la influencia sobre Merkel del Papa Francisco, que en medio de los 44 minutos de charla brindó su apoyo a la renegociación de la deuda pública, cuyos detalles insiste en no revelar por tratarse de una partida de ajedrez con los acreedores.
Precisamente fue después de salir del Vaticano el único sabor amargo, la polémica por si se habló de aborto en Santa Marta, que degustó una comitiva argentina que califica la gira como "muy positiva", con una agenda que se va poblando minuto a minuto. Ya esa noche el mandatario y la delegación daban la intriga palaciega por superada.
El Jefe de Estado repetirá a Merkel el mensaje que ya le dio al primer ministro italiano Giusseppe Conte para lograr respaldo ante el FMI: una introducción a a modo de contexto con la herencia de Mauricio Macri (les contrapone lo que escucharon en el G20 al afirmar que era todo ficción) y un desarrollo con la promesa de reducir el déficit apostando a la rigurosidad fiscal. Se pone de ejemplo en su época nestorista de Jefe de Gabinete y superávit gemelos. "Tenemos que ponernos de acuerdo con el FMI. No es un plan de pagos. Es volver a darle sostenibilidad a la deuda", repiten en la comitiva.
Cualquier planteo, como los de empresas al exterior afectados por el cepo o el congelamiento tarifario en la búsqueda de desdolarización, el Presidente ensaya la misma respuesta, palabras más o menos: las distorsiones de la economía ya se irán corrigiendo, primero la Argentina tiene que crecer para pagar sus deudas.
En Berlín, donde aterrizó ayer con el refuerzo del ministro de Hacienda, Martín Guzmán, quién trae consigo un carpeta actualizada del Club de París, Alberto recibirá hoy primero por la mañana en su hotel a un consorcio de empresas alemanas con dinero en Argentina. Las principales: Siemmens, Wolkswagen y Bayer. La automotriz está ejecutando u$s 800 millones en sus plantas de General Pacheco y Córdoba. Ayer hubo versiones cruzadas de ambos lados del Atlántico de que podría haber un nuevo anuncio.
En paralelo, Guzmán y el Canciller Felipe Solá se verán con el ministro de Economía alemán Peter Altmaier a las 14.30. Por la tarde, el ministro de Hacienda verá al Secretario de Estado en el Ministerio Federal de Finanzas, Wolfgang Schmidt. Un prólogo de su verdadero objetivo del viaje a Europa: participar del seminario en el Vaticano del miércoles junto a la titular del FMI Kristalina Georgieva.
A la noche Fernández cenará con Merkel. Serán las 16 en Buenos Aires y, salvo una nueva postergación (en la delegación no lo descartaban), se sabrá qué pasó con la intención del gobernador bonaerense Axel Kicillof de patear el bono BP21 a mayo. Quedan aún pendientes Madrid (mañana) y Paris (pasado) en la agenda europeísta albertista hasta su regreso del viernes.
Ya instalado, cada vez que salía Alberto, se colmaban de buscadores de selfies. Alguna sacó el propio Presidente con celular ajeno. Pero hubo un episodio no registrado por la prensa. "Era un loco que gritaba", se lo escuchó comentar después el momento cuando el video se había viralizado. Un mal trago entre muestras de afecto. Un balance callejero que bien puede traspolarse al protocolo de la minigira europea albertista que hoy tendrá un capítulo destacado cuando, a las 20 hora local, cene con la canciller Angela Merkel. Alemania, más allá de disputarse el liderazgo del continente con Francia post-Brexit, controla poco más del 5% del directorio del FMI. Alberto confía en la influencia sobre Merkel del Papa Francisco, que en medio de los 44 minutos de charla brindó su apoyo a la renegociación de la deuda pública, cuyos detalles insiste en no revelar por tratarse de una partida de ajedrez con los acreedores.
Precisamente fue después de salir del Vaticano el único sabor amargo, la polémica por si se habló de aborto en Santa Marta, que degustó una comitiva argentina que califica la gira como "muy positiva", con una agenda que se va poblando minuto a minuto. Ya esa noche el mandatario y la delegación daban la intriga palaciega por superada.
El Jefe de Estado repetirá a Merkel el mensaje que ya le dio al primer ministro italiano Giusseppe Conte para lograr respaldo ante el FMI: una introducción a a modo de contexto con la herencia de Mauricio Macri (les contrapone lo que escucharon en el G20 al afirmar que era todo ficción) y un desarrollo con la promesa de reducir el déficit apostando a la rigurosidad fiscal. Se pone de ejemplo en su época nestorista de Jefe de Gabinete y superávit gemelos. "Tenemos que ponernos de acuerdo con el FMI. No es un plan de pagos. Es volver a darle sostenibilidad a la deuda", repiten en la comitiva.
Cualquier planteo, como los de empresas al exterior afectados por el cepo o el congelamiento tarifario en la búsqueda de desdolarización, el Presidente ensaya la misma respuesta, palabras más o menos: las distorsiones de la economía ya se irán corrigiendo, primero la Argentina tiene que crecer para pagar sus deudas.
En Berlín, donde aterrizó ayer con el refuerzo del ministro de Hacienda, Martín Guzmán, quién trae consigo un carpeta actualizada del Club de París, Alberto recibirá hoy primero por la mañana en su hotel a un consorcio de empresas alemanas con dinero en Argentina. Las principales: Siemmens, Wolkswagen y Bayer. La automotriz está ejecutando u$s 800 millones en sus plantas de General Pacheco y Córdoba. Ayer hubo versiones cruzadas de ambos lados del Atlántico de que podría haber un nuevo anuncio.
En paralelo, Guzmán y el Canciller Felipe Solá se verán con el ministro de Economía alemán Peter Altmaier a las 14.30. Por la tarde, el ministro de Hacienda verá al Secretario de Estado en el Ministerio Federal de Finanzas, Wolfgang Schmidt. Un prólogo de su verdadero objetivo del viaje a Europa: participar del seminario en el Vaticano del miércoles junto a la titular del FMI Kristalina Georgieva.
A la noche Fernández cenará con Merkel. Serán las 16 en Buenos Aires y, salvo una nueva postergación (en la delegación no lo descartaban), se sabrá qué pasó con la intención del gobernador bonaerense Axel Kicillof de patear el bono BP21 a mayo. Quedan aún pendientes Madrid (mañana) y Paris (pasado) en la agenda europeísta albertista hasta su regreso del viernes.
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