Solá visitará a Bolsonaro con la misión de recomponer la relación bilateral con Brasil y ahuyentar algunos fantasmas
Miércoles 12 de
Febrero 2020
La Casa Rosada cree que el encuentro servirá no sólo para dejar atrás las tensiones políticas, sino también para modificar la visión que existe sobre el pensamiento económico de las nuevas autoridades argentinas
Hoy será la primera vez que el nuevo gobierno argentino y el de Brasil se encuentran formalmente “face to face”. Al canciller Felipe Solá le tocó la misión de conducir ese primer contacto, que comandará en compañía del secretario de Asuntos Estratégicos Gustavo Béliz y del embajador argentino en Brasilia Daniel Scioli. La visita se iniciará esta mañana a las 11 cuando el ministro de Relaciones Exteriores se encuentre con su par Ernesto Araújo en el Palacio de Itamaraty, para la primera cita reservada entre los dos. La culminación de esa gira no es un detalle: a las 15, el propio presidente Jair Bolsonaro recibirá en el Palacio del Planalto al ministro Solá.
Antes de eso, a las 11:30 deben deliberar en el Itamaraty las dos comitivas, con 12 funcionarios de cada lado. En la delegación argentina estará también María del Carmen Squeffm, designada por el presidente Alberto Fernández como embajadora en las Naciones Unidas, pero que aún se desempeña como subsecretaría del Mercosur en el Palacio de San Martín. A las 12:30 habrá una declaración de los ministros a la prensa y a las 13 se realizará un almuerzo en honor al canciller argentino.
Todo indica que la cita debe transcurrir en términos componedores de una relación a distancia que pasó por momentos tensos. Y lo que sugiere esa decisión es el espíritu que reina en la delegación argentina, que es de “promover la máxima aproximación”. No es para menos: este año deberá coordinar con Brasil temas tanto económicos bilaterales como aquellos que competen al Mercosur, y que involucran además a Paraguay y Uruguay. Vale recordar que el presidente paraguayo Mario Abdo Benítez ocupa la presidencia pro tempore del bloque. Este gobernante, mantiene una estrecha relación con el gobierno brasileño, que prometió a fines del año pasado, en la última cumbre del bloque, ayudar al joven jefe de Estado a trazar la ruta del bloque regional en este primer semestre del primer semestre.
Solá, quien exhibe una prolongada trayectoria política iniciada en los estribores de los años 80 –fue gobernador de Buenos Aires, legislador nacional y ministro de Agricultura—viene con una tarea clave a Brasilia. “Pretendemos fundar una relación pragmática pero también solidaria” dijeron en el entorno del funcionario.
Saben que en Brasilia están, ahora, dispuestos a escuchar y acordar las grandes líneas regionales; pero también, el gobierno de Bolsonaro busca avanzar en un proyecto de “integración al mundo”, vía acuerdos otros bloques.
En ese contexto se inscribe el tratado suscripto el año pasado con la Unión Europea. Ese pacto convenio de libre comercio llevará todavía su tiempo, en la medida en que debe ser aprobado por los parlamentos de los 27 estados que integran la UE. En la Argentina calculan que el proceso podrá demorar no menos de un año y medio. De todos modos, requerirá en su momento una readecuación en el propio interior del Mercosur en temas que van desde la apertura gradual de los respectivos mercados hasta las normas técnicas, que el propio Mercosur debe uniformar entre sus socios.
El gobierno de Alberto Fernández admite que en estos meses Argentina precisará ser cautelosa, al menos hasta que se recomponga su “vulnerable” economía. Pero en la Casa Rosada descartan el perfil “tan proteccionista” que le endilgan en los círculos de Brasilia. Y esa “explicación” estará también en el centro de la cita de Felipe con el canciller Araújo y el presidente Bolsonaro.
En la misión argentina los funcionarios vienen con un discurso elaborado en función de las necesidades del gobierno nacional en esta etapa y de la “solidaridad” con el gigante sudamericano. En ese sentido, la Casa Rosada busca demostrar que la relación con Brasil “está por encima” de cualquier “diferencia” de enfoque, tanto ideológico como práctico, que pudo haberse generado en los primeros dos meses del nuevo gobierno argentino. Entre ellos, la flamante diplomacia de Buenos Aires cita la necesidad de despejar cualquier sospecha de “proteccionismo” que implique trabar relaciones con terceros mercados.
Antes de eso, a las 11:30 deben deliberar en el Itamaraty las dos comitivas, con 12 funcionarios de cada lado. En la delegación argentina estará también María del Carmen Squeffm, designada por el presidente Alberto Fernández como embajadora en las Naciones Unidas, pero que aún se desempeña como subsecretaría del Mercosur en el Palacio de San Martín. A las 12:30 habrá una declaración de los ministros a la prensa y a las 13 se realizará un almuerzo en honor al canciller argentino.
Todo indica que la cita debe transcurrir en términos componedores de una relación a distancia que pasó por momentos tensos. Y lo que sugiere esa decisión es el espíritu que reina en la delegación argentina, que es de “promover la máxima aproximación”. No es para menos: este año deberá coordinar con Brasil temas tanto económicos bilaterales como aquellos que competen al Mercosur, y que involucran además a Paraguay y Uruguay. Vale recordar que el presidente paraguayo Mario Abdo Benítez ocupa la presidencia pro tempore del bloque. Este gobernante, mantiene una estrecha relación con el gobierno brasileño, que prometió a fines del año pasado, en la última cumbre del bloque, ayudar al joven jefe de Estado a trazar la ruta del bloque regional en este primer semestre del primer semestre.
Solá, quien exhibe una prolongada trayectoria política iniciada en los estribores de los años 80 –fue gobernador de Buenos Aires, legislador nacional y ministro de Agricultura—viene con una tarea clave a Brasilia. “Pretendemos fundar una relación pragmática pero también solidaria” dijeron en el entorno del funcionario.
Saben que en Brasilia están, ahora, dispuestos a escuchar y acordar las grandes líneas regionales; pero también, el gobierno de Bolsonaro busca avanzar en un proyecto de “integración al mundo”, vía acuerdos otros bloques.
En ese contexto se inscribe el tratado suscripto el año pasado con la Unión Europea. Ese pacto convenio de libre comercio llevará todavía su tiempo, en la medida en que debe ser aprobado por los parlamentos de los 27 estados que integran la UE. En la Argentina calculan que el proceso podrá demorar no menos de un año y medio. De todos modos, requerirá en su momento una readecuación en el propio interior del Mercosur en temas que van desde la apertura gradual de los respectivos mercados hasta las normas técnicas, que el propio Mercosur debe uniformar entre sus socios.
El gobierno de Alberto Fernández admite que en estos meses Argentina precisará ser cautelosa, al menos hasta que se recomponga su “vulnerable” economía. Pero en la Casa Rosada descartan el perfil “tan proteccionista” que le endilgan en los círculos de Brasilia. Y esa “explicación” estará también en el centro de la cita de Felipe con el canciller Araújo y el presidente Bolsonaro.
En la misión argentina los funcionarios vienen con un discurso elaborado en función de las necesidades del gobierno nacional en esta etapa y de la “solidaridad” con el gigante sudamericano. En ese sentido, la Casa Rosada busca demostrar que la relación con Brasil “está por encima” de cualquier “diferencia” de enfoque, tanto ideológico como práctico, que pudo haberse generado en los primeros dos meses del nuevo gobierno argentino. Entre ellos, la flamante diplomacia de Buenos Aires cita la necesidad de despejar cualquier sospecha de “proteccionismo” que implique trabar relaciones con terceros mercados.
Con información de
Infobae

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