Retenciones: la suba al 33% a la soja es desde hoy
Por:
Susana Merlo
Miércoles 04 de
Marzo 2020
Los recortes y/o compensaciones que anunció el Gobierno para otros productos merecerán más análisis para su instrumentación. Se tomarán declaraciones juradas de la campaña pasada y se analizarán mínimos de volumen y montos.
Reconfirmada la suba de los famosos 3 puntos de retenciones al complejo sojero que hasta el propio presidente Alberto Fernández ya había ratificado en su discurso del domingo, y tras otras 3 horas de reunión entre el titular de Agricultura, el formoseño Luis Basterra con los miembros de la Mesa de Enlace, esta vez “respaldado” por la vicejefa de Gabinete de Ministros, Cecilia Todesca, y el presidente del Banco Nación, Eduardo Hecker, el saldo (magro por cierto) sigue siendo a favor del Gobierno ya que los recortes/devoluciones propuestos no superarían el 25% del incremento de recaudación del impuesto de exportaciones al complejo oleaginoso.
La pregunta que queda flotando en el ambiente es: ¿se justificaba tanta movida y costo político?
Sin mayores precisiones, el supuesto compromiso ahora pasa por más reuniones, incluso alguna en el Banco Nación, para analizar la aplicación de las “rebajas” para algunos productos de menor volumen (girasol que bajaría a 7%) y tratar los casos puntuales que puedan recibir una mejora relativa en lo que ya están pagando pero que, en la mayoría de los casos será casi inaplicable, excepto los rubros más concentrados, como el maní que también puede bajar del 9% al 5%, igual que la pesca “para las plantas de tierra”(como ya les adelantaron verbalmente), y algún otro rubro extrapampeano (legumbres, carnes porcina y ovina, citrus, arroz, o harina de trigo). No habría tanto éxito, sin embargo, con la remanida “segmentación”, el trato diferencial para las zonas menos favorecidas, o con las más alejadas de puerto, a pesar de que los funcionarios insisten en que se “compensará” a 42.000 productores de soja, aunque nadie sabe cómo lo podrían implementar efectivamente, ya que implicaría una “devolución” para los productores de hasta 500 toneladas, mientras que los de 500 hasta 1.000 mantendrán el esquema actual de 30%. Se aplicaría sobre la base de las declaraciones juradas de la campaña anterior, lo que ya promete también una ola de quejas.
En todo caso, recaudar para después devolver no parece un esquema demasiado eficiente…
También queda claro que las compras de granos de soja se harán aplicando la alícuota máxima de 33%.
Lo más llamativo de esto es el esquema de “separar” a la Mesa de Enlace con reuniones por separado como se propuso para seguir y que es sospechada por algunos como una forma de “quebrar” el frente de las entidades del campo.
Es cierto que ambas partes, Gobierno y dirigencia del campo, debilitados, se encerraron mutuamente en un callejón sin salida en el que ninguna de las partes podía retroceder, y en la que también quedó demostrada la debilidad negociadora de cada uno de ellos.
El Ejecutivo, porque está pagando un alto costo político por un monto considerado exiguo, que puede rondar los u$s500 millones, pero que al final dependerá de lo que se le rebaje a otros sectores, lo que puede llevar la cifra a u$s120-u$s150 millones menos. Y en cierta forma, porque los mismos funcionarios fuerzan la reacción de los productores que ya hace meses están en las “gateras”, hasta ahora, a los costados de la rutas, aunque esto puede cambiar ahora ante el hecho más mínimo.
La dirigencia, por su parte, porque no podrá evitar medidas de protesta, algunas de las cuales como en el noroeste (paro de comercialización), ya están en marcha, y que pueden significar una contaminación permanente en la relación con el sector oficial a partir de ahora. Sin descartar el hecho de que la suba importante del impuesto ya se había hecho, cuando se lo llevó a 30 puntos en diciembre, y sin que los productores reaccionaran “hacia afuera” en ese momento, por lo que los apenas 3 puntos actuales podrían haber sido evitables.
Ahora, mientras se espera la reapertura de los Registros de Exportación para los productos más “calientes” (soja, maíz, trigo, etc.), y los mercados internacionales siguen debilitados a causa, entre otras cosas, del coronavirus con el repliegue de las compras chinas, y del avance de la cosecha sudamericana con un Brasil que, a diferencia de la Argentina, tendrá un récord en la cosecha de soja, la mayoría de los analistas hacen cálculos sobre en qué momento la soja quebrará el inminente nivel de u$s200 “reales” por tonelada y si efectivamente los productores, independizados de su dirigencia, podrían lanzarse a protestas más drásticas o a una rebelión fiscal indeseable para todos…
La pregunta que queda flotando en el ambiente es: ¿se justificaba tanta movida y costo político?
Sin mayores precisiones, el supuesto compromiso ahora pasa por más reuniones, incluso alguna en el Banco Nación, para analizar la aplicación de las “rebajas” para algunos productos de menor volumen (girasol que bajaría a 7%) y tratar los casos puntuales que puedan recibir una mejora relativa en lo que ya están pagando pero que, en la mayoría de los casos será casi inaplicable, excepto los rubros más concentrados, como el maní que también puede bajar del 9% al 5%, igual que la pesca “para las plantas de tierra”(como ya les adelantaron verbalmente), y algún otro rubro extrapampeano (legumbres, carnes porcina y ovina, citrus, arroz, o harina de trigo). No habría tanto éxito, sin embargo, con la remanida “segmentación”, el trato diferencial para las zonas menos favorecidas, o con las más alejadas de puerto, a pesar de que los funcionarios insisten en que se “compensará” a 42.000 productores de soja, aunque nadie sabe cómo lo podrían implementar efectivamente, ya que implicaría una “devolución” para los productores de hasta 500 toneladas, mientras que los de 500 hasta 1.000 mantendrán el esquema actual de 30%. Se aplicaría sobre la base de las declaraciones juradas de la campaña anterior, lo que ya promete también una ola de quejas.
En todo caso, recaudar para después devolver no parece un esquema demasiado eficiente…
También queda claro que las compras de granos de soja se harán aplicando la alícuota máxima de 33%.
Lo más llamativo de esto es el esquema de “separar” a la Mesa de Enlace con reuniones por separado como se propuso para seguir y que es sospechada por algunos como una forma de “quebrar” el frente de las entidades del campo.
Es cierto que ambas partes, Gobierno y dirigencia del campo, debilitados, se encerraron mutuamente en un callejón sin salida en el que ninguna de las partes podía retroceder, y en la que también quedó demostrada la debilidad negociadora de cada uno de ellos.
El Ejecutivo, porque está pagando un alto costo político por un monto considerado exiguo, que puede rondar los u$s500 millones, pero que al final dependerá de lo que se le rebaje a otros sectores, lo que puede llevar la cifra a u$s120-u$s150 millones menos. Y en cierta forma, porque los mismos funcionarios fuerzan la reacción de los productores que ya hace meses están en las “gateras”, hasta ahora, a los costados de la rutas, aunque esto puede cambiar ahora ante el hecho más mínimo.
La dirigencia, por su parte, porque no podrá evitar medidas de protesta, algunas de las cuales como en el noroeste (paro de comercialización), ya están en marcha, y que pueden significar una contaminación permanente en la relación con el sector oficial a partir de ahora. Sin descartar el hecho de que la suba importante del impuesto ya se había hecho, cuando se lo llevó a 30 puntos en diciembre, y sin que los productores reaccionaran “hacia afuera” en ese momento, por lo que los apenas 3 puntos actuales podrían haber sido evitables.
Ahora, mientras se espera la reapertura de los Registros de Exportación para los productos más “calientes” (soja, maíz, trigo, etc.), y los mercados internacionales siguen debilitados a causa, entre otras cosas, del coronavirus con el repliegue de las compras chinas, y del avance de la cosecha sudamericana con un Brasil que, a diferencia de la Argentina, tendrá un récord en la cosecha de soja, la mayoría de los analistas hacen cálculos sobre en qué momento la soja quebrará el inminente nivel de u$s200 “reales” por tonelada y si efectivamente los productores, independizados de su dirigencia, podrían lanzarse a protestas más drásticas o a una rebelión fiscal indeseable para todos…
Con información de
Ámbito
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