Alberto Fernández mueve las piezas para coronar un acuerdo con los bonistas de Wall Street hacia fines de junio
Por:
Román Lejtman
Viernes 22 de
Mayo 2020

El Presidente sostiene que la negociación avanza todos los días y confía en la estrategia que despliega Martín Guzmán ante los fondos de inversión
Alberto Fernández anticipó a los acreedores privados que hoy no pagaría 503 millones de dólares por intereses vencidos de los bonos Global. El default fue anunciado en reserva por Martín Guzmán hace unos días, y los fondos de inversión decidieron no marchar en bloque hacia los tribunales de Manhattan cuando el ministro de Economía garantizó que las negociaciones continuaban para cerrar un acuerdo por 66.000 millones de dólares.
Guzmán cumplió con su palabra: extendió la oferta oficial hasta el 2 de junio para mantener abiertas las conversaciones, y los acreedores privados no harán nada para convertir la decisión política de Alberto Fernández en el acuciante default que puso en la historia a Adolfo Rodríguez Saá.
Los argumentos del ministro de Economía sonaron razonables a los fondos de inversión. Guzmán explicó que no tenía sentido pagar los 503 millones de dólares de intereses que vencían hoy, ya que todo entraba en la reestructuración de la deuda externa privada, y adelantó que tampoco se cancelarían otros 3.300 millones de dólares que deberían abonarse hasta fin de año.
La adhesión de los bonistas a la estrategia de negociación de Guzmán no es un hecho casual o un triunfo político del ministro de Economía. Guzmán continúa empoderado como único negociador de la Argentina, pero Alberto Fernández abrió el juego a ciertos players que tienen volumen político y son confiables entre los acreedores privados que operan en Wall Street.
Máximo Kirchner escuchó los reclamos de Robert Koenigsberger, líder del fondo Gramercy, que se quejaba por la escasa ductilidad de Guzmán. El ministro de Economía tardó pocas horas en ponerse a disposición de Koenigsberger, que tiene intenciones de acordar con la Argentina y no le seduce iniciar una demanda por default en los tribunales de Manhattan.
Cristina Fernández de Kirchner se sumó al juego y ordenó que un exfuncionario de su gobierno abriera un backchannel con Larry Fink, CEO del fondo BlackRock. Este enviado - eufórico por la creación del barril criollo- explicó a Fink que Alberto Fernández tiene intenciones de acordar con los bonistas y que el default era una hecho inevitable desde una perspectiva política.
Sergio Massa también participa de las negociaciones desde la Hora Cero. Fue el primero en mencionar en la quinta de Olivos que Guzmán tenía un tono muy académico ante los acreedores privados, y no dudó en organizar almuerzos en sus despacho de la Cámara de Diputados, enviar chats alrededor del planeta y mantener video conferencias con Londres y New York, cuando Buenos Aires soñaba con las pesadillas de la pandemia y el default.
Massa fue clave para que los fondos presentaran sus tres ofertas hace una semana, y tiene un dossier reservado con distintos modelos de acuerdo que mostró en la quinta presidencial y guarda bajo siete llaves.
Entonces, el dispositivo de negociación aparece con nitidez. Alberto Fernández planifica desde Olivos, Guzmán ejecuta en Economía, y Cristina Fernández, Máximo Kirchner y Massa aportan volumen político y mucho lobby para contener a los bonistas que apuestan a un acuerdo sin pérdidas evidentes y con suficiente elongación para cobrar sus bonos en Navidad.
Guzmán ya prepara su nueva oferta, y calcula que será inscripta en la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC) a principios de junio. Esa oferta se apuntalará sobre sus ideas originales más ciertas propuestas presentadas por los bonistas hace una semana. Es un trabajo de orfebrería que, a la distancia, siguen el Departamento del Tesoro, el Fondo Monetario Internacional, CFK, Máximo y Massa.
Alberto Fernández tiene intenciones de acordar con los acreedores privados, pero no hará nada que implique un nuevo plan de ajuste económico. El Presidente ofreció a los fondos un Valor Presente Neto (NPV) de 40 dólares. Y los bonistas replicaron con un promedio que oscila entre 52 y 60 dólares de NPV.
Esa brecha de 12 a 20 puntos de NPV empezó a cerrarse en los últimos dos días. Por eso, Guzmán ayer se mostraba distendido, pese a la situación de default que se consumará hoy a las 18 en punto. El ministro se acerca lentamente a un acuerdo con los fondos de inversión. Y sus condiciones secretas sólo son conocidas por el jefe de Estado.
Si no hay impericia, o un cataclismo político-financiero, junio puede convertirse en el mes preferido de Alberto Fernández.
Guzmán cumplió con su palabra: extendió la oferta oficial hasta el 2 de junio para mantener abiertas las conversaciones, y los acreedores privados no harán nada para convertir la decisión política de Alberto Fernández en el acuciante default que puso en la historia a Adolfo Rodríguez Saá.
Los argumentos del ministro de Economía sonaron razonables a los fondos de inversión. Guzmán explicó que no tenía sentido pagar los 503 millones de dólares de intereses que vencían hoy, ya que todo entraba en la reestructuración de la deuda externa privada, y adelantó que tampoco se cancelarían otros 3.300 millones de dólares que deberían abonarse hasta fin de año.
La adhesión de los bonistas a la estrategia de negociación de Guzmán no es un hecho casual o un triunfo político del ministro de Economía. Guzmán continúa empoderado como único negociador de la Argentina, pero Alberto Fernández abrió el juego a ciertos players que tienen volumen político y son confiables entre los acreedores privados que operan en Wall Street.
Máximo Kirchner escuchó los reclamos de Robert Koenigsberger, líder del fondo Gramercy, que se quejaba por la escasa ductilidad de Guzmán. El ministro de Economía tardó pocas horas en ponerse a disposición de Koenigsberger, que tiene intenciones de acordar con la Argentina y no le seduce iniciar una demanda por default en los tribunales de Manhattan.
Cristina Fernández de Kirchner se sumó al juego y ordenó que un exfuncionario de su gobierno abriera un backchannel con Larry Fink, CEO del fondo BlackRock. Este enviado - eufórico por la creación del barril criollo- explicó a Fink que Alberto Fernández tiene intenciones de acordar con los bonistas y que el default era una hecho inevitable desde una perspectiva política.
Sergio Massa también participa de las negociaciones desde la Hora Cero. Fue el primero en mencionar en la quinta de Olivos que Guzmán tenía un tono muy académico ante los acreedores privados, y no dudó en organizar almuerzos en sus despacho de la Cámara de Diputados, enviar chats alrededor del planeta y mantener video conferencias con Londres y New York, cuando Buenos Aires soñaba con las pesadillas de la pandemia y el default.
Massa fue clave para que los fondos presentaran sus tres ofertas hace una semana, y tiene un dossier reservado con distintos modelos de acuerdo que mostró en la quinta presidencial y guarda bajo siete llaves.
Entonces, el dispositivo de negociación aparece con nitidez. Alberto Fernández planifica desde Olivos, Guzmán ejecuta en Economía, y Cristina Fernández, Máximo Kirchner y Massa aportan volumen político y mucho lobby para contener a los bonistas que apuestan a un acuerdo sin pérdidas evidentes y con suficiente elongación para cobrar sus bonos en Navidad.
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Con información de
Infobae
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