El desplome del PIB no tiene piso y se “filtra” en todos lados
Lunes 06 de
Julio 2020
La semana pasada se conocieron datos complicados. Algunos, esperables, mostraron que la economía se está desplomando. Primero, vino el EMAE del Indec, que decretó un desplome de 26,4% interanual en abril. El mayor de la Historia y superior que el previsto por el mercado.
Otro dato esperable lo aportó el REM, días después: el PIB de 2020 va a desplomarse 12%. Brutal: 2,6 puntos más que a comienzos de junio. Peor aún: el promedio de los mejores pronosticadores de corto plazo indica que la caída del PIB para 2020 sería de 12,9%. Es difícil que el REM de julio, que se difundirá en agosto, no venga peor.
FMyA, la consultora que capitanea Fernando Marull, proyecta una caída de 12,1% en 2020, pero con varios supuestos positivos: levantamiento de la cuarentena en julio, acuerdo en el canje de deuda bajo Ley Extranjera y señales de un plan fiscal y monetario.
Pero también hubo datos, aunque esperables, más duros. El viernes, el Ministerio de Trabajo dio cuenta de una caída de 2,2% mensual del stock de asalariados privados registrados. El llamado “empleo de calidad” perforó el nivel de los 6 millones y retrocedió una década. En abril, hubo 321.800 asalariados privados registrados menos que en el mismo mes del año anterior (-5,3%) y 128.300 menos que en marzo. “Es difícil evaluar si las medidas adoptadas por el Gobierno impidieron un retroceso del empleo aún mayor al verificado y en qué magnitud. Lo cierto es que el primer mes de cuarentena arrancó con un golpe durísimo y no parece haber sido el último”, dijo Luis Campos de la CTA-Autónoma.
Según datos oficiales, en abril, cayó 2% mensual la cantidad de monotributistas, 2,6% la de autonómos y 0,7% la de monotributistas sociales. Segun la EIL de Trabajo, en mayo, el nivel de empleo privado registrado en empresas de más de 10 trabajadores del total de los aglomerados relevados cayó 0,4% en relación a abril. “Las expectativas netas de aumento de personal, reflejadas en la diferencia entre la proporción de empresas que esperan aumentar sus dotaciones y aquellas que esperan disminuirlas, se ubicaron en el -5,4%, continuando en los valores más bajos de la serie. Del 9,1% de las empresas que declararon que harán cambios en sus dotaciones en los próximos 3 meses, el 7,3% esperaba disminuir la dotación y sólo un 1,8% estima que la aumentará”, dijo la EIL.
Si bien era esperable el derrumbe del PIB, había cierta expectativa de que no se “filtrara” tanto a otras variables, como el empleo. Si bien no se perdieron millones de empleos como en mercados más flexibles, como Estados Unidos, el golpe llegó. La expectativa era que el mix de regulaciones laborales y asistencia del Estado (con el ATP a la cabeza) aislara el empleo del desplome de la demanda. “Durante las primeras 6 semanas de la cuarentena 320.000 trabajadores registrados perdieron su empleo (7.500 por día), a pesar del ATP y la doble indemnización. Sin un plan y una estrategia clara para la pospandemia, lamentablemente muchos de esos empleos no se recuperarán. Como referencia, durante la recesión de 2018-19 se perdieron 242.000 empleos (luego de la recuperación de 368.000 durante 2016-17). Es decir, en 6 semanas se perdieron más empleos que en dos años”, tuiteó ayer el exministro de Hacienda y Finanzas Públicas, Alfonso Prat-Gay.
La situación en el amplio mundo informal, con menos regulaciones, se intuye más grave aún.
Más difícil de medir es la cantidad de empresas que están quedando en el camino, pero la evidencia anecdótica sugiere que no es menor. Un ejemplo es que, durante junio, 22% de los comerciantes de la Ciudad tuvieron que rescindir sus contratos de alquiler. Así lo mostró un relevamiento realizado por el Colegio Unico de Corredores Inmobiliarios porteño (Cucicba).
Tampoco es alentador el impacto sobre la tasa de pobreza. “Para el semestre comprendido entre diciembre de 2019 y mayo de 2020, el Nowcast proyecta una incidencia de la pobreza del 39,8%”, dijo Martín González-Rozada (UTDT) en Twitter, una suba de caso 5 puntos contra el cierre de 2019, y con datos hasta mayo. Desde el Gobierno dicen que el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) evitó que entre 2,7 y 4,5 millones de compatriotas cayeran en la pobreza. Ese contrafáctico puede dar tranquilidad a los policy-makers, pero la pobreza sigue subiendo y la asistencia es insuficiente.
El Gobierno debe inyectar más pesos para sostener ingresos y familia. Su paquete de asistencia ha sido insuficiente y es más pequeño que el de países como Brasil, Perú y Chile, tal como documentó la UIA la semana pasada. Los costos de no hacerlo son altos y crecientes.
FMyA, la consultora que capitanea Fernando Marull, proyecta una caída de 12,1% en 2020, pero con varios supuestos positivos: levantamiento de la cuarentena en julio, acuerdo en el canje de deuda bajo Ley Extranjera y señales de un plan fiscal y monetario.
Pero también hubo datos, aunque esperables, más duros. El viernes, el Ministerio de Trabajo dio cuenta de una caída de 2,2% mensual del stock de asalariados privados registrados. El llamado “empleo de calidad” perforó el nivel de los 6 millones y retrocedió una década. En abril, hubo 321.800 asalariados privados registrados menos que en el mismo mes del año anterior (-5,3%) y 128.300 menos que en marzo. “Es difícil evaluar si las medidas adoptadas por el Gobierno impidieron un retroceso del empleo aún mayor al verificado y en qué magnitud. Lo cierto es que el primer mes de cuarentena arrancó con un golpe durísimo y no parece haber sido el último”, dijo Luis Campos de la CTA-Autónoma.
Según datos oficiales, en abril, cayó 2% mensual la cantidad de monotributistas, 2,6% la de autonómos y 0,7% la de monotributistas sociales. Segun la EIL de Trabajo, en mayo, el nivel de empleo privado registrado en empresas de más de 10 trabajadores del total de los aglomerados relevados cayó 0,4% en relación a abril. “Las expectativas netas de aumento de personal, reflejadas en la diferencia entre la proporción de empresas que esperan aumentar sus dotaciones y aquellas que esperan disminuirlas, se ubicaron en el -5,4%, continuando en los valores más bajos de la serie. Del 9,1% de las empresas que declararon que harán cambios en sus dotaciones en los próximos 3 meses, el 7,3% esperaba disminuir la dotación y sólo un 1,8% estima que la aumentará”, dijo la EIL.
Si bien era esperable el derrumbe del PIB, había cierta expectativa de que no se “filtrara” tanto a otras variables, como el empleo. Si bien no se perdieron millones de empleos como en mercados más flexibles, como Estados Unidos, el golpe llegó. La expectativa era que el mix de regulaciones laborales y asistencia del Estado (con el ATP a la cabeza) aislara el empleo del desplome de la demanda. “Durante las primeras 6 semanas de la cuarentena 320.000 trabajadores registrados perdieron su empleo (7.500 por día), a pesar del ATP y la doble indemnización. Sin un plan y una estrategia clara para la pospandemia, lamentablemente muchos de esos empleos no se recuperarán. Como referencia, durante la recesión de 2018-19 se perdieron 242.000 empleos (luego de la recuperación de 368.000 durante 2016-17). Es decir, en 6 semanas se perdieron más empleos que en dos años”, tuiteó ayer el exministro de Hacienda y Finanzas Públicas, Alfonso Prat-Gay.
La situación en el amplio mundo informal, con menos regulaciones, se intuye más grave aún.
Más difícil de medir es la cantidad de empresas que están quedando en el camino, pero la evidencia anecdótica sugiere que no es menor. Un ejemplo es que, durante junio, 22% de los comerciantes de la Ciudad tuvieron que rescindir sus contratos de alquiler. Así lo mostró un relevamiento realizado por el Colegio Unico de Corredores Inmobiliarios porteño (Cucicba).
Tampoco es alentador el impacto sobre la tasa de pobreza. “Para el semestre comprendido entre diciembre de 2019 y mayo de 2020, el Nowcast proyecta una incidencia de la pobreza del 39,8%”, dijo Martín González-Rozada (UTDT) en Twitter, una suba de caso 5 puntos contra el cierre de 2019, y con datos hasta mayo. Desde el Gobierno dicen que el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) evitó que entre 2,7 y 4,5 millones de compatriotas cayeran en la pobreza. Ese contrafáctico puede dar tranquilidad a los policy-makers, pero la pobreza sigue subiendo y la asistencia es insuficiente.
El Gobierno debe inyectar más pesos para sostener ingresos y familia. Su paquete de asistencia ha sido insuficiente y es más pequeño que el de países como Brasil, Perú y Chile, tal como documentó la UIA la semana pasada. Los costos de no hacerlo son altos y crecientes.
Con información de
El Economista

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