¿Con o sin “plan económico”? Reacciones de economistas a las declaraciones del presidente Alberto Fernández
Lunes 20 de
Julio 2020
Sin un programa consistente será muy difícil que la economía pueda recuperarse en 2021, coincidieron dos profesionales que apuntaron a los problemas de credibilidad y expectativas y a la necesidad de un programa de consolidación fiscal que impida un "descalabro monetario".
La declaración del presidente Alberto Fernández al diario Financial Times de que no cree en los planes económicos sorprendió a los economistas.
Esteban Domecq, socio de la consultora Invecq, dijo que las palabras del presidente pueden agravar los problemas de credibilidad y expectativas que enfrentan el gobierno y la economía argentina.
“La economía está claramente en un momento complejo, ante un shock histórico, sin precedentes, de alcance mundial, pero además la Argentina arrastra problemas propios: recesión, una década de estancamiento, dificultades monetarias y fiscales. Resolver una situación así es muy difícil si no se delinea un conjunto de instrumentos y objetivos, una política y un programa económico claros”, dijo Domecq. “Por eso creo que declaraciones como la del presidente pueden agravar los problemas de credibilidad y expectativas”.
Marina dal Poggeto, del estudio Eco Go, apuntó a las declaraciones del presidente de que la economía se recuperaría en 2021 apuntalada en parte por subsidios y obras públicas. Por el contrario, señaló, cuando de algún modo la economía logre salir de la emergencia pandémica, la Argentina no tendrá margen para eso, porque necesitará revertir la actual tendencia fiscal, que podría llevar a que el déficit de este año se acerque, si la situación actual se estira unos meses más, al 7% del PBI.
Para el año que viene, dijo dal Poggetto, el gobierno necesitará invertir los senderos de gasto y recaudación; así como este año la recaudación corre muy por detrás del gasto, el año que viene deberá ser al revés.
Desde 2003, cuando Néstor Kirchner inició su gobierno, recordó dal Poggeto, la política prevaleció sobre la economía, pero porque Kirchner tenía “bolsones extraordinarios de recursos” fiscales y externos, que hoy no están disponibles. Cuando esos recursos se agotaron el kirchnerismo fue por “las cajas” (reestatización previsional, Anses, BCRA) e incluso Macri pudo hacer una política fiscal laxa gracias al crédito externo, e incluso cuando este se frenó abruptamente, tuvo el auxilio del FMI.
Al principio el gobierno de Alberto Fernández, señaló dal Poggeto, intentó un sendero de ajuste fiscal: ley de emergencia, aumento de las retenciones, anulación de la ley de movilidad jubilatoria, pero todo se desbarrancó con la pandemia. Por ahora el déficit fiscal no se manifiesta en inflación por las condiciones extraordinarias que significa la pandemia, pero su financiamiento con emisión monetaria es un riesgo latente,
Hay riesgos para 2021: inercia inflacionaria, el problema de la deuda y un agujero fiscal que hay que reducir a 2 ó 3% del PBI. Si hay un programa macro con consistencia fiscal, monetaria y financiera, podría haber surgir incluso algún crédito interno. “Un programa de consolidación fiscal podría ayudar a la recuperación –concluyó dal Poggetto- pero sin consolidación fiscal todo podría terminar en un descalabro monetario”.
Domecq reconoció que “a corto plazo, en un shock como fue la pandemia, nadie sabía muy bien qué hacer”, no había “planes” al respecto. “Pero a mediano y largo plazo se necesita un programa”, dijo el economista. “Tal vez Alberto Fernández crea que puede reeditar la experiencia inicial de Néstor Kirchner, que no tenía una hoja de ruta. Pero cuando Kirchner llegó al gobierno, Remes Lenicov ya había hecho un ajuste fenomenal: había superávit fiscal, superávit externo y un extraordinario viento de cola. Por eso Kirchner pudo gobernar sin hoja de ruta”, dijo el economista. “Pero las condiciones ahora son totalmente distintas y a diferencia de economías como Colombia, Chile, Perú, la Argentina tiene tres grandes problemas que resolver: la deuda, los problemas fiscales y monetarios y la restricción externa. Si uno enfrenta una situación así sin un programa económico consistente, la situación se puede volver mucho más grave”.
Otro economista prefirió no opinar, pero alcanzó a deslizar que “el presidente está más perdido de lo que yo creía”, tras lo cual pidió reserva de identidad.
Esteban Domecq, socio de la consultora Invecq, dijo que las palabras del presidente pueden agravar los problemas de credibilidad y expectativas que enfrentan el gobierno y la economía argentina.
“La economía está claramente en un momento complejo, ante un shock histórico, sin precedentes, de alcance mundial, pero además la Argentina arrastra problemas propios: recesión, una década de estancamiento, dificultades monetarias y fiscales. Resolver una situación así es muy difícil si no se delinea un conjunto de instrumentos y objetivos, una política y un programa económico claros”, dijo Domecq. “Por eso creo que declaraciones como la del presidente pueden agravar los problemas de credibilidad y expectativas”.
Marina dal Poggeto, del estudio Eco Go, apuntó a las declaraciones del presidente de que la economía se recuperaría en 2021 apuntalada en parte por subsidios y obras públicas. Por el contrario, señaló, cuando de algún modo la economía logre salir de la emergencia pandémica, la Argentina no tendrá margen para eso, porque necesitará revertir la actual tendencia fiscal, que podría llevar a que el déficit de este año se acerque, si la situación actual se estira unos meses más, al 7% del PBI.
Para el año que viene, dijo dal Poggetto, el gobierno necesitará invertir los senderos de gasto y recaudación; así como este año la recaudación corre muy por detrás del gasto, el año que viene deberá ser al revés.
Desde 2003, cuando Néstor Kirchner inició su gobierno, recordó dal Poggeto, la política prevaleció sobre la economía, pero porque Kirchner tenía “bolsones extraordinarios de recursos” fiscales y externos, que hoy no están disponibles. Cuando esos recursos se agotaron el kirchnerismo fue por “las cajas” (reestatización previsional, Anses, BCRA) e incluso Macri pudo hacer una política fiscal laxa gracias al crédito externo, e incluso cuando este se frenó abruptamente, tuvo el auxilio del FMI.
Al principio el gobierno de Alberto Fernández, señaló dal Poggeto, intentó un sendero de ajuste fiscal: ley de emergencia, aumento de las retenciones, anulación de la ley de movilidad jubilatoria, pero todo se desbarrancó con la pandemia. Por ahora el déficit fiscal no se manifiesta en inflación por las condiciones extraordinarias que significa la pandemia, pero su financiamiento con emisión monetaria es un riesgo latente,
Hay riesgos para 2021: inercia inflacionaria, el problema de la deuda y un agujero fiscal que hay que reducir a 2 ó 3% del PBI. Si hay un programa macro con consistencia fiscal, monetaria y financiera, podría haber surgir incluso algún crédito interno. “Un programa de consolidación fiscal podría ayudar a la recuperación –concluyó dal Poggetto- pero sin consolidación fiscal todo podría terminar en un descalabro monetario”.
Domecq reconoció que “a corto plazo, en un shock como fue la pandemia, nadie sabía muy bien qué hacer”, no había “planes” al respecto. “Pero a mediano y largo plazo se necesita un programa”, dijo el economista. “Tal vez Alberto Fernández crea que puede reeditar la experiencia inicial de Néstor Kirchner, que no tenía una hoja de ruta. Pero cuando Kirchner llegó al gobierno, Remes Lenicov ya había hecho un ajuste fenomenal: había superávit fiscal, superávit externo y un extraordinario viento de cola. Por eso Kirchner pudo gobernar sin hoja de ruta”, dijo el economista. “Pero las condiciones ahora son totalmente distintas y a diferencia de economías como Colombia, Chile, Perú, la Argentina tiene tres grandes problemas que resolver: la deuda, los problemas fiscales y monetarios y la restricción externa. Si uno enfrenta una situación así sin un programa económico consistente, la situación se puede volver mucho más grave”.
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Con información de
Infobae
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