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Daniel Gollán: “Estamos lejos de la solución del problema, no se logró bajar la curva de contagios porque el virus aún está en expansión”

Por: Joaquín Mugica Díaz
Sábado 01 de Agosto 2020

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El ministro de Salud bonaerense analizó la situación que se vive en el conurbano con la pandemia, le respondió a Miguel Pichetto, quien lo llamó "doctor muerte", y aclaró: "Es el momento de coronar el esfuerzo hecho en estos meses con el objetivo central de que no se sature el sistema de salud”
Daniel Gollán no se inmuta cuando recibe críticas que lo retratan como un vocero de los peores escenarios. Le dicen alarmista. La definición más dura la expresó el ex compañero de fórmula de Mauricio Macri en las elecciones. “Es el doctor muerte, que anticipa el colapso”, dijo Miguel Pichetto. El ministro de Salud de la provincia de Buenos Aires le respondió. Fue tan contundente como el ex senador: “Pichetto no sabe absolutamente nada de medicina, debería hablar menos”.
 
En una entrevista con Infobae, el funcionario del gobierno bonaerense analizó la situación que vive el conurbano con el coronavirus, la nueva etapa de la cuarentena, la posible vacuna y el incumplimiento de la gente. Hizo hincapié en una idea puntual. El gobierno de Axel Kicillof piensa en una cuarentena intermitente. Abrir y cerrar de acuerdo a la situación. Hasta que aparezca la vacuna o, en un mejor escenario, hasta que los niveles de contagios bajen a un nivel en que se puedan controlar.
 
La cuarentena se extendió hasta el 16 de agosto. El desafío es bajar los contagios. Si llegarán aumentar, Kicillof ya tiene decidido endurecer el aislamiento. Una vez más.
 
Salud, política, coronavirus en una charla por videoconferencia.
 
—Ministro, ¿cuál es la situación al día de hoy? Finalmente pudieron llegar a un acuerdo con el gobierno de la ciudad de Buenos Aires.
 
— Sí, la última reunión fue muy buena, como han sido prácticamente todas las que tuvimos en este tiempo de pandemia. Revisamos los números y estamos en una sintonía importante acerca de cuál es la realidad actual. Estamos convencidos de seguir manteniendo todas las estrategias sanitarias considerando al AMBA como una única jurisdicción sanitaria.
 
—¿Qué análisis hicieron?
 
—Estuvimos analizando números, perspectivas, proyecciones. Creo que estamos en un diagnóstico muy similar de lo que está sucediendo. Nos hemos puesto de acuerdo, como venimos haciendo hasta ahora, en las recomendaciones para buscar una fórmula común.
 
 
—¿Qué es lo que venían viendo en el gobierno bonaerense en las últimas semanas?
 
—Vemos que lo mejor es no seguir habilitando movilidad que implique posibilidad de contagios. En base a los números que tenemos no era conveniente aumentar la circulación. Eso fue lo que hablamos con la Ciudad. También seguir muy de cerca la evolución de la ocupación de camas, que está siendo muy tirante, sobre todo en el sector privado y en las grandes empresas de medicina prepaga.
 
—¿Qué tan tensa está la situación en ese sector?
 
—Está muy tensa la situación en cuanto a la ocupación de camas de terapia intensiva y de camas de cuidados intermedios generales. Hay que estar muy finitos con el lápiz día tras día. Hay un consenso general de respetar y tener en cuenta que si se pone en riesgo la saturación del sistema, hay que tomar medidas especiales con un margen de maniobra. Es lo que definió el Gobernador como una cuarentena intermitente.
 
—Eso implica avanzar, frenar, retroceder.
 
—Como dijo el Presidente, como han dicho los infectólogos y los especialistas, estamos lejos de la solución del problema. Estamos, por el contrario, entrando en el ojo de la tormenta. Es el momento de coronar todo ese esfuerzo que se ha hecho en todos estos meses con el objetivo central de que no se nos sature el sistema en ningún momento.
 
—¿Al día de hoy cuál es la capacidad del sistema sanitario en lo que respecta a las unidades de terapia intensiva?
 
—Nosotros tenemos en el AMBA, del lado bonaerense, tenemos una ocupación promedio del 61%. Tenemos integrado los prestadores de servicio privado y los hospitales. Un tablero de mando integrado. Pero ese 61% no se da en forma homogénea. Es decir, no quiere decir que yo en todos los hospitales tenga casi un 40% de disponibilidad de camas. Tengo hospitales que están muy saturados y otros que tienen menos gente. Eso explica el promedio de ocupación cercano al 60%.
 
 
—¿Y eso pasa en el AMBA? Es decir, pacientes de un distrito que son internados en otro.
 
—Pongo un ejemplo. Se saturó el sistema de absorción de pacientes del PAMI en la Ciudad de Buenos Aires. Hoy en Esteban Echeverría hay 11 pacientes derivados de la Ciudad. Como es lógico, se va buscando la solución de la cama donde está. Por lo tanto no se puede pensar que se va a superar un lugar y luego el otro no. Si uno se satura, la gente empieza a buscar su cama y termina ocupando cualquiera que esté en cualquier ámbito del área metropolitana.
 
—¿En dónde reside la principal preocupación?
 
—La preocupación es porque nosotros en los últimos 19 días veníamos con un promedio de crecimiento en la demanda de camas de terapia intensiva. Un promedio de entre 10 y 11 por día. Tuvimos una aceleración notable en estos últimos cuatro días, con dos días de más de 30 camas nuevas. Ahí es donde aparece la alarma.
 
—¿A qué le atribuye la aceleración en la tasa de contagios en estos últimos días, que generó también mayor ocupación en las camas de terapia intensiva?
 
—A la aceleración que estamos viendo de los casos confirmados y, por lo tanto, de todos aquellos que no se logran confirmar porque son asintomáticos. Vemos que los números van creciendo mucho. Un porcentaje menor de ese número, muy menor, necesita una cama de terapia intensiva. Quiero aclarar una cosa. A partir de las medidas que se tomaron el 1 de julio, la curva de crecimiento se desaceleró en una forma significativa. No es que dejó de crecer. Después de la apertura del 16 de julio, se relajó bastante la cuarentena. Hoy estamos recibiendo el impacto en las camas de esa cuarentena y lo que sucedió después del 16 de julio.
 
—Le hago dos consultas sobre esta última etapa. ¿En estas tres semanas donde se decidió tratar de volver a la fase 1, ustedes vieron que hubo un cumplimiento efectivo similar al de la última semana de marzo? Y la otra: ¿cómo se explica que después de tres semanas de cuarentena hoy tengamos números más elevados a los de hace un mes?
 
—El asunto es el siguiente. Tuvo un impacto bastante significativo y lo podemos ver en los principales distritos del primer y segundo cordón del conurbano. La curva bajó bastante su aceleración. No dejó de crecer. No se logró el objetivo de bajar la curva porque todavía está la enfermedad en plena expansión. Nosotros dijimos siempre que epidemiológicamente esta enfermedad irradiaba desde la Ciudad Autónoma de Buenos Aires porque fue el lugar al que llegó la mayor concentración de casos que vinieron de afuera. Luego se dispersó por la provincia de Buenos Aires y otras provincias del país. Pero la concentración mayor vino de ahí y por lo tanto era esperable que allí empezara la mayor concentración de casos.
 
 
—Se fue expandiendo y entonces los casos se multiplican. ¿Y la cuarentena?
 
—Endurecer la cuarentena no es lo que uno desearía, pero no es que fácticamente uno vaya a lograr que se detenga la enfermedad. Como dijimos siempre, vamos modulando el ritmo de crecimiento de manera que no nos tapone todo el sistema. Para eso sí sirvió este ajuste de la cuarentena. Obviamente que no tuvo nada que ver con el de la primera semana, que fue prácticamente absoluta, donde se movían exclusivamente los esenciales. Pero aún así permitió amainar el ritmo de crecimiento.
 
—¿En el gobierno bonaerense son conscientes de que la gente no está cumpliendo la cuarentena como antes?
 
—Sí, totalmente. Uno nota que hay un relajamiento en muchas actividades que están permitidas. Pero también hay mucha gente que se sigue juntando. Lo dijimos claramente. Llega un enfermo a esa reunión, quizás un asintomático, y de 10 o 15, se van 4 o 5 enfermos. Le volvemos a pedir a la gente, sobre todo a los jóvenes, que por ahí piensan que ellos tienen una baja posibilidad de pasarla mal con esta enfermedad, que piensen en sus afectos directos, en su familia, en sus vecinos, en sus compañeros de trabajo, que sí tienen estas comorbilidades, que son de alta edad y que sí tienen un riesgo alto.
 
—El punto donde todo termina es la conciencia social. Que es lo que suelen pedir desde el Gobierno.
 
—Tenemos que apelar a la cuestión de la conciencia social. Nosotros insistimos. Si en algún momento vemos que la situación se nos puede ir de cauce y no vamos a poder dar respuesta desde el sistema de salud, que es en ese momento donde aumenta la cantidad de muertes, si vemos que llega ese momento, tenemos que hacer un nuevo parate y tratar de moderar el crecimiento de la curva.
 
—Durante la semana usted adelantó que a este ritmo de contagios que estamos viviendo el sistema de salud puede saturarse en la segunda quincena de agosto. ¿Si ahora la gente cumple con esta nueva cuarentena, se garantiza que el sistema no va a colapsar este mes?
 
—Garantías, con este virus, no tenemos casi ninguna. Es un virus que tiene, y la enfermedad en sí, tantos ángulos desconocidos todavía para la ciencia, a escala mundial, que tenemos muchas variables que no manejamos. Y es lo peor que le puede pasar a alguien que planifica: tener pocas certezas. Y por ahí, lo que uno calcula, que es una aceleración que se va a dar de una manera, se da de otra. Y lo que planificamos según los días de estadía y el recambio de las camas de terapia, el cálculo que uno hace, hay que corregirlo a los dos o tres días.
 
—Puede ser que suba más la cantidad de contagios y vuelva a cambiar el plan de acción.
 
—Al ritmo de crecimiento de esta semana, quedémonos en nuestras casas, no agreguemos más actividades. Después iremos viendo muy finamente lo que sucede. Si realmente se dispara y el semáforo se nos pone en rojo con las camas de terapia, estamos en un acuerdo general de que se tendrá que comunicar muy bien esto a la sociedad para que se entienda que, por ahí, habrá que hacer un nuevo esfuerzo especial en una nueva etapa.
 
 
—¿Le preocupa el cumplimiento de ahora en adelante? Llevamos más de 130 días de cuarentena y usted aceptó que en el último tiempo hubo una relajación.
 
—Sí. Siempre preocupa. De todas maneras, nosotros vemos que hay una gran cantidad de la población, yo diría mayoritaria, que está cumpliendo muy bien. No solamente aquellos que se quedan en la casa, sino aquellos que salen a hacer trabajos que están permitidos. Cumplen con el distanciamiento, en el uso de barbijo, el jabón, el alcohol en gel. Hay una conciencia mayoritaria. El problema de este tipo de enfermedades es que si un 25% de las personas se relajan, generan contactos y los que se cuidaron sufren consecuencias igual.
 
Estoy convencido que el año que viene hay vacuna para el coronavirus, va a ser una enfermedad manejable
 
—¿Ese porcentaje le preocupa?
 
—Me preocupa ese porcentaje de gente y me preocupa algún tipo de discurso fuerte de gente que niega este problema u otros que, aún sabiendo que es un problema y que puede morir mucha gente, dicen: “No importa, en realidad que se mueran los que se tengan que morir, mientras no se caiga la economía”. Esos discursos no son buenos. El segundo trimestre de la economía de los Estados Unidos, un país con un presidente anti-cuarentena absoluta, cayó el 33%, la caída más grande del año 1940. Claramente la economía cae por la pandemia, no por la cuarentena.
 
—Se refirió a los discursos que cuestionan la cuarentena. Miguel Pichetto es uno de los que expresa esa idea. Esta semana lo definió a usted como “el doctor muerte, que anticipa el colapso”.
 
—Lo conozco a Pichetto. Es una persona que de salud no entiende nada. No entiende absolutamente nada. Puede opinar como cualquier otro. Con un sentido común que, a mi modo de ver, es macabro. Él admira lo que hacen países como Estados Unidos o (Jair) Bolsonaro, o (Donald) Trump, en términos de esta pandemia mundial. Son distintas visiones. Nosotros no estamos de acuerdo. Mientras podamos salvar vidas, las vamos a salvar. Pichetto dice: “Bueno, que el virus haga lo que tenga que hacer, cuidemos la economía”. Pero le estamos diciendo que ni siquiera. La economía cae por la pandemia, no por la cuarentena. Parece que no lo quiere entender, parece que está en un discurso que tiene que ver más con algún interés político.
 
—¿Cuál?
 
—Las autoridades de la oposición que gobiernan tienen una actitud completamente diferente. Estamos trabajando codo a codo con los intendentes de la oposición. Podemos tener diferencias, pero estamos trabajando bien. Ellos tienen responsabilidad y no quieren cargar con un problema. A Pichetto le diría que lea un poquito el código de ética de la Auditoría General de la Nación. Me parece que no tendría que hablar tanto. Tendría que ser un poquito más neutral, imparcial. Está en una función pública que lo amerita.
 
—¿Le molesta que hay un sector de la política que lo acusa de alarmista?
 
—Hace unos días con mi viceministro Nicolás Kreplak estábamos recordando cuando él hizo una aseveración diciendo si firmaría que la cuarentena termine en septiembre. Lo criticaron. Todos firmaríamos. Pero la verdad es que no es así. Aún cuando puedan empezar a bajar los casos, hasta que no esté la vacuna, lo que estamos viendo en todo el mundos son rebrotes permanentes. Así que va a haber que andar con esa nueva normalidad mucho tiempo.
 
 
—¿Y sobre lo que dicen de usted, de su mirada?
 
—No me preocupa. Lo que me preocuparía es no haber hecho todo lo posible para evitar que la gente se muera. Eso sería, para mí, imperdonable. Uno hace todo el esfuerzo que puede. Todo. Si después no alcanzó, no va a ser porque no lo hicimos. Esa es mi preocupación.
 
—¿Que el sistema sanitario esté aún sin colapsar es un arma de doble filo para el cumplimiento de la cuarentena? Es decir, que si la gente no ve que los hospitales están colapsados, la idea de que la pandemia no pegó tanto seguirá sobrevolando en la sociedad.
 
—Y sí. Axel Kicillof siempre hace este comentario. Que el éxito que hemos tenido en evitar que eso suceda, que esas imágenes tan tremendas sucedan en Argentina, a veces se transforman en un arma de doble filo, porque hay gente que dice “bueno, al final las camas están” y eso aporta un poco para que la gente se relaje. Sería muy triste, y no va a ser nunca nuestra posición, que por el rigor de ver estas imágenes la gente aprenda. Si sucede eso, después tenemos un mes con el sistema saturado y con gente que no entra. No se corrige de un día para el otro. Y eso es lo que nosotros queremos evitar.
 
—Hay una pregunta que nos hacemos todos. ¿Cuándo estará la vacuna? ¿Este año? ¿El próximo? ¿Qué precisión puede dar usted?
 
—Hay quince vacunas o más, que ya están en etapas de ensayos clínicos, sobre más de un centenar que se han empezado a desarrollar en el mundo. Hay algunas que están muy avanzadas, la de Oxford con AstraZeneca, la de Pfizer, la Cansino de China. Hay varias vacunas. Se ha anunciado el miércoles una de Rusia, que no la conocemos. Yo estoy convencido que el año que viene hay vacuna para el coronavirus. El coronavirus no va a ser lo mismo el año que viene que esto. Va a ser una enfermedad manejable de otra manera, porque vamos a tener la vacuna.
 
—Eso cambia el panorama.
 
—También apuesto al suero hiperinmune que empezamos estos días a probar en hospitales de la provincia de Buenos Aires, en ensayos clínicos. Eso bajaría muchísimo el perfil de pacientes graves y podríamos manejar mejor las camas de terapia, que es lo que estamos consiguiendo pero de forma limitada. Estamos salvando y mejorando vidas con el plasma. Pero es limitado. Si logramos el suero hiperinmune, esto puede llegar a producir cientos de miles de tratamientos en un período corto. También le cambiaríamos el perfil a la enfermedad. La ciencia nos va a dar una respuesta. Hay que hacer un esfuerzo más.
 
No se logró el objetivo de bajar la curva porque todavía está la enfermedad en plena expansión
 
—¿Y hasta ese momento cómo vivimos? ¿Cómo vivimos hasta que aparezca la vacuna? ¿Vamos a vivir en una cuarentena eterna? ¿Vamos a vivir en una cuarentena que se flexibiliza de acuerdo a las circunstancias?
 
—Estamos transitando una etapa, una crisis mundial, que es estar nadando por debajo del agua. No estamos confortables porque empezamos a sentir que nos falta el aire, entonces la idea es salir, respirar. Respiramos dos semanas, tres semanas. Podemos abrir los negocios. Podemos mejorar un poquito algunas situaciones económicas. Por ahí volvemos a hacer un esfuerzo extra durante un período. Así sucesivamente. Ahora no imaginamos un país, como pasa en el resto del mundo, en el que podamos volver a las clases, los boliches, las canchas de fútbol. Hay sectores que todavía van a quedar relegados un tiempo.
 
—¿Qué es lo que están viendo que pasa en el resto del mundo?
 
—Hay una observación con lo que sucede en muchas ciudades, conglomerados urbanos, muy grandes del mundo. Se observa que en algún momento la curva empieza a bajar. No es que desaparece la enfermedad. Por día hay muchísimos menos casos. A veces hay rebrotes, pero no alcanzan la magnitud explosiva de la primera vez. Estamos tratando de entender por qué sucede. Científicamente no hay todavía una explicación. Pero eso también nos daría una perspectiva. Si eso se llega a constatar no van a ser la misma cantidad de casos en este período del próximo mes y medio, dos meses, que los que tendríamos más adelante.
 
—¿A qué se refiere?
 
—Hay que aguantar un poco más de tiempo, tratar de preservarse y esperar que vayan bajando los casos. Entonces podremos habilitar más actividades. Tendremos que cuidar mucho las ciudades del interior de la provincia y del país que todavía no han tenido casos, o que tuvieron muy poquitos. Es un virus que en un mes y medio, dos meses, salió de la China y estaba en todo el mundo. Tiene una capacidad de expansión fenomenal.
 
—Entonces la lógica sería tratar de aplanar la curva, luego empezar a convivir con el virus y, en base a lo que vaya sucediendo cada semana o quincena, abrir o cerrar la cuarentena. ¿Sería así?
 
—Es la lógica de la cuarentena intermitente. Aflojar un poquito, ver cómo va, volver a cerrar un poco si hace falta. Tenemos un montón de municipios en la provincia en donde eso no hace falta. Están todos con actividades mucho más normalizadas. La medida que va haciendo falta uno cierra, pero después libera, libera hasta donde se puede. Si vemos que no se nos va a saturar el sistema, volvemos a tomar otro envión. Modular la curva con entradas y salidas. Ya sé. Hay tedio. No es fácil estar encerrado tanto tiempo. Pero es mejor hacer esto por conciencia y no hacerlo porque vemos esas imágenes terribles. Queremos evitar esas imágenes para la Argentina, porque eso no se va más después de la retina ni de la memoria de la gente.
 
 
—Le hago dos preguntas básicas que se suele hacer mucha gente. ¿Cambia en algo el virus cuando aumenta la temperatura? ¿El virus puede debilitarse con el tiempo una vez que está circulando?
 
—Lo que ha demostrado este virus es que la temperatura, que muchos, al principio, pensábamos que si se comportaba igual que otros iba a incidir, no incidió demasiado. Porque en la Florida o Manaos, en las ciudades que son realmente calurosas, se comportó de una forma agresiva. Dicen los expertos que los virus de este tipo, en general, tienden a tener un comportamiento de aumento de casos durante los períodos invernales y una disminución después del pico. Después de una determinada cantidad de casos, tiende a haber un descenso.
 
—No hay una explicación científica concreta entonces.
 
—No está muy explicado. Una de las explicaciones es porque la gente está más al aire libre, está menos encerrada, cosa que si bien influye, vemos que este virus tiene una capacidad de contagio que en una playa, si estamos muy hacinados, también nos contagiamos. No hay explicaciones contundentes. Y ese es otro de los problemas que tenemos. Leemos decenas de publicaciones en revistas científicas y publicaciones mundiales. Una semana se dice una cosa y la otra se pone en duda o se dice lo contrario. Esa incertidumbre es muy difícil par quien tiene que planificar.
 
—El ex presidente Mauricio Macri viajó a Francia con su familia. Ya había viajado a Paraguay para tener una reunión con el ex mandatario de ese país. ¿Cuál es su reflexión sobre este último viaje? Teniendo en cuenta que estamos atravesando un período de cuarentena estricta y que Macri tiene un rol preponderante en la política argentina.
 
—Le doy una reflexión desde el punto de vista sanitario. Para mí es un mal ejemplo. Lo dije cuando se fue a Paraguay ida y vuelta. Si todos los argentinos estamos vedados de hacer un montón de cosas, quienes son figuras representativas a nivel nacional, incluso internacional, no es un buen ejemplo decir: “Me voy, vuelvo”. La verdad es que irrita un poco. Las personas que han sido presidentes o han estado en cargos institucionales importantes tienen más responsabilidad. Desde lo personal, irrita. Es un muy mal ejemplo.
Con información de Infobae


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