Inmunidad de rebaño, una forma de combatir los efectos colaterales de la cuarentena
Por:
Claudio Rosso
Jueves 22 de
Octubre 2020
En la Declaración de Great Barrington, que ya fue firmada por más de 6.000 científicos y otros 18.000 médicos, proponen permitir a los jóvenes y a la gente sana regresar a su vida normal, y aplicar una "protección focalizada" sobre la población vulnerable.
En la Declaración de Great Barrington -en alusión a la ciudad de Massachusetts en la que se celebró la ceremonia- que ya fue firmada por más de 6.000 científicos y otros 18.000 médicos en actividad, los especialistas proponen permitir a los jóvenes y a la gente sana regresar a su vida normal y, en cambio, aplicar una política de “protección focalizada” sobre la población vulnerable.
La postura de todos estos expertos ha encendido aún más, un debate que ya estaba sobre la mesa y que ha ido en aumento conforme pasan los meses y es evidente el agotamiento de la gente y el deterioro de las condiciones de vida debido a la crisis económica y mental que ha provocado no solo el brote de coronavirus, sino los mecanismos para contenerlo.
Por ello, abogan por proteger a las personas más vulnerables mientras los demás crean la polémica “inmunidad del rebaño”.
Así lo expresan en el documento en sus partes más salientes: Como epidemiólogos de enfermedades infecciosas y científicos de salud pública, nos preocupan los impactos en la salud física y mental de las políticas que predominan con respecto al Covid-19 y recomendamos un abordaje que llamamos Protección Focalizada. Hemos dedicado nuestra profesión a proteger a los demás. Las políticas de cuarentena actuales están produciendo efectos devastadores en la salud pública a corto y largo plazo. Los resultados, para mencionar algunos, incluyen tasas de vacunación más bajas, recrudecimiento de las enfermedades cardiovasculares, menos detecciones de cáncer y el deterioro de la salud mental -conduciendo a una mayor tasa de mortalidad en los próximos años- siendo la clase trabajadora y los miembros más jóvenes de la sociedad sobre quienes recae el peso más grande de estas medidas. Mantener a los niños fuera de las escuelas es una grave injusticia.
Insistir en estas medidas hasta que haya una vacuna disponible, causará un daño irreparable en los menos privilegiados, afectando a todos de manera desigual.
Afortunadamente, nuestro conocimiento sobre el virus está creciendo. Sabemos que la vulnerabilidad a la muerte por Covid-19 es más de mil veces mayor en los ancianos y débiles que en los jóvenes. En efecto, para los niños, el Covid-19 es menos perjudicial que muchos otros peligros, incluyendo la influenza.
A medida que se desarrolla inmunidad, el riesgo de infectarse -incluyendo los vulnerables- desciende. Sabemos que todas las poblaciones eventualmente alcanzarán la inmunidad de rebaño -es decir, el punto en el que la tasa de infecciones nuevas se mantiene estable- y esto no depende de una vacuna.
La manera más humana de abordarlo, midiendo los riesgos y los beneficios es permitirle a aquellos que tienen un bajo riesgo de mortalidad vivir sus vidas con normalidad para alcanzar la inmunidad al virus a través de la infección natural, mientras se protege mejor a aquellos que padecen un riesgo mayor. Esto lo llamamos Protección Enfocada.
Adaptar las medidas para proteger a los vulnerables debería ser el objetivo central de las acciones de salud pública dirigidas al Covid-19. Como ejemplo, los asilos de ancianos deben emplear personal con inmunidad adquirida y realizar test PCR al personal y los visitantes con frecuencia. La rotación del personal debe limitarse. Personas jubiladas que viven en sus casas deben recibir allí sus alimentos, medicamentos y otros elementos esenciales. Una lista exhaustiva y detallada de las medidas, incluyendo un abordaje particular para hogares multigeneracionales, puede ser implementada, además de encontrarse enmarcada en el ámbito y las capacidades de los profesionales en salud pública.
Aquellos que no son vulnerables, inmediatamente deben reanudar la vida con normalidad. Medidas sencillas de higiene, como lavarse las manos y quedarse en casa cuando estén enfermos, deben llevarse a cabo por todos y cada uno para reducir el umbral de inmunidad de rebaño. Las escuelas y universidades deben abrir y continuar la educación de manera presencial. Las actividades extracurriculares como los deportes, deben reanudarse. Los adultos jóvenes de bajo riesgo deben trabajar con normalidad, en lugar de hacerlo desde casa. Los restaurantes y otros negocios deben abrir. Las artes, la música deportes y otras actividades culturales deben retornar. La gente que se encuentra en mayor riesgo puede participar, si así lo desea, mientras la sociedad en conjunto disfruta de la protección otorgada a los vulnerables por aquellos que han desarrollado inmunidad de rebaño.
Esta declaración fue escrita y firmada en Great Barrington, Estados Unidos, el día 4 de octubre del año 2020 por:
Dr. Martin Kulldorff, professor of medicine at Harvard University, a biostatistician, and epidemiologist with expertise in detecting and monitoring of infectious disease outbreaks and vaccine safety evaluations.
Dr. Sunetra Gupta, professor at Oxford University, an epidemiologist with expertise in immunology, vaccine development, and mathematical modeling of infectious diseases.
Dr. Jay Bhattacharya, professor at Stanford University Medical School, a physician, epidemiologist, health economist, and public health policy expert focusing on infectious diseases and vulnerable populations.
Hasta el momento ha logrado la adhesión de 6.167 científicos y 12.768 médicos en general de todo el mundo.
La postura de todos estos expertos ha encendido aún más, un debate que ya estaba sobre la mesa y que ha ido en aumento conforme pasan los meses y es evidente el agotamiento de la gente y el deterioro de las condiciones de vida debido a la crisis económica y mental que ha provocado no solo el brote de coronavirus, sino los mecanismos para contenerlo.
Por ello, abogan por proteger a las personas más vulnerables mientras los demás crean la polémica “inmunidad del rebaño”.
Así lo expresan en el documento en sus partes más salientes: Como epidemiólogos de enfermedades infecciosas y científicos de salud pública, nos preocupan los impactos en la salud física y mental de las políticas que predominan con respecto al Covid-19 y recomendamos un abordaje que llamamos Protección Focalizada. Hemos dedicado nuestra profesión a proteger a los demás. Las políticas de cuarentena actuales están produciendo efectos devastadores en la salud pública a corto y largo plazo. Los resultados, para mencionar algunos, incluyen tasas de vacunación más bajas, recrudecimiento de las enfermedades cardiovasculares, menos detecciones de cáncer y el deterioro de la salud mental -conduciendo a una mayor tasa de mortalidad en los próximos años- siendo la clase trabajadora y los miembros más jóvenes de la sociedad sobre quienes recae el peso más grande de estas medidas. Mantener a los niños fuera de las escuelas es una grave injusticia.
Insistir en estas medidas hasta que haya una vacuna disponible, causará un daño irreparable en los menos privilegiados, afectando a todos de manera desigual.
Afortunadamente, nuestro conocimiento sobre el virus está creciendo. Sabemos que la vulnerabilidad a la muerte por Covid-19 es más de mil veces mayor en los ancianos y débiles que en los jóvenes. En efecto, para los niños, el Covid-19 es menos perjudicial que muchos otros peligros, incluyendo la influenza.
A medida que se desarrolla inmunidad, el riesgo de infectarse -incluyendo los vulnerables- desciende. Sabemos que todas las poblaciones eventualmente alcanzarán la inmunidad de rebaño -es decir, el punto en el que la tasa de infecciones nuevas se mantiene estable- y esto no depende de una vacuna.
La manera más humana de abordarlo, midiendo los riesgos y los beneficios es permitirle a aquellos que tienen un bajo riesgo de mortalidad vivir sus vidas con normalidad para alcanzar la inmunidad al virus a través de la infección natural, mientras se protege mejor a aquellos que padecen un riesgo mayor. Esto lo llamamos Protección Enfocada.
Adaptar las medidas para proteger a los vulnerables debería ser el objetivo central de las acciones de salud pública dirigidas al Covid-19. Como ejemplo, los asilos de ancianos deben emplear personal con inmunidad adquirida y realizar test PCR al personal y los visitantes con frecuencia. La rotación del personal debe limitarse. Personas jubiladas que viven en sus casas deben recibir allí sus alimentos, medicamentos y otros elementos esenciales. Una lista exhaustiva y detallada de las medidas, incluyendo un abordaje particular para hogares multigeneracionales, puede ser implementada, además de encontrarse enmarcada en el ámbito y las capacidades de los profesionales en salud pública.
Aquellos que no son vulnerables, inmediatamente deben reanudar la vida con normalidad. Medidas sencillas de higiene, como lavarse las manos y quedarse en casa cuando estén enfermos, deben llevarse a cabo por todos y cada uno para reducir el umbral de inmunidad de rebaño. Las escuelas y universidades deben abrir y continuar la educación de manera presencial. Las actividades extracurriculares como los deportes, deben reanudarse. Los adultos jóvenes de bajo riesgo deben trabajar con normalidad, en lugar de hacerlo desde casa. Los restaurantes y otros negocios deben abrir. Las artes, la música deportes y otras actividades culturales deben retornar. La gente que se encuentra en mayor riesgo puede participar, si así lo desea, mientras la sociedad en conjunto disfruta de la protección otorgada a los vulnerables por aquellos que han desarrollado inmunidad de rebaño.
Esta declaración fue escrita y firmada en Great Barrington, Estados Unidos, el día 4 de octubre del año 2020 por:
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Dr. Jay Bhattacharya, professor at Stanford University Medical School, a physician, epidemiologist, health economist, and public health policy expert focusing on infectious diseases and vulnerable populations.
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