El rebote pierde fuerza y la economía aún sigue 10% debajo del nivel prepandemia
Viernes 23 de
Octubre 2020

Tras el “efecto reapertura” de mayo y junio, cuando la actividad económica rebotó 9% y 7,6% mensual contra el mes previo, respectivamente, el ritmo de recuperación mensual se desaceleró.
En julio, rebotó 1,7% mensual y en agosto, según informó ayer el Indec a través de su EMAE, apenas 1,1%. Si bien hay un camino largo hacia la normalización, la recuperación será más lenta hacia adelante.
Según el EMAE del Indec, la actividad económica de agosto se ubicó 11,6% por debajo de igual mes de 2019. Asimismo, el acumulado hasta agosto mostró una actividad económica 12,5% menor a la de igual periodo de 2019.
A nivel desagregado, el EMAE mostró que, en agosto, solo hubo un sector con mejores números que en 2019: la intermediación financiera. Algo que probablemente no enorgullezca al kirchnerismo más rancio. Ese sector avanzó 4,1% interanual.
Todos los demás estuvieron por debajo. El peor fue “hoteles y restaurantes”, con un derrape de 56%. Los que más impactaron en la caída de 11,6% del EMAE fueron transporte y comunicaciones, con una caída de 21,6% e impuestos netos de subsidios, con una retracción de 12,9%. Industria manufacturera (-8,7%) y construcción (-32,1%) también impactaron con dureza en los números agregados. Aunque tuvo menor impacto en el EMAE, el sector de “agricultura, ganadería, caza y silvicultura” también cayó, con una merma de 2,2% interanual.
¿Cómo sigue?
“La mejora va perdiendo fuerza en un contexto de crecientes presiones cambiarias y todavía faltan recuperar más de 10 puntos respecto los niveles de actividad previos a la pandemia”, dijeron desde Ecolatina y agregó: “Diversos factores pueden frenar la recuperación del nivel de actividad en los últimos meses del año”.
– En primer lugar, el “shock de reapertura” casi no estará presente en la última parte del año. “La mejora mensual que se observó a partir de mayo no correspondió tanto a un incremento genuino de la demanda sino al restablecimiento de los procesos productivos que permitieron cumplir órdenes de compra pendientes y recomponer stocks. Además, si bien aún resta levantar algunas restricciones a la producción, estas cada vez son menores”, agregó Ecolatina.
-En segundo lugar, la situación sanitaria se complejizó en el interior del país “y no hay que descartar que se observen algunos retrocesos en determinadas ramas de actividad que ya se encontraban cuasi normalizadas”.
– Por último, y más importante, la creciente tensión en el frente cambiario (caída de reservas y ampliación de la brecha) se tradujo en un endurecimiento de los controles a la demanda de divisas. “Las mayores trabas a las importaciones podrían complicar a determinadas empresas para abastecerse de insumos para producir, a la par que algunas operaciones comerciales podrían postergarse ante costos de reposición inciertos producto de las crecientes expectativas de devaluación”, señala Ecolatina.
-A su vez, el consumo tampoco se movilizaría en la última parte del año. A la pérdida de puestos de trabajo -principalmente en el sector informal y cuentapropista- y el deterioro de los ingresos reales, se le suma una creciente incertidumbre que pospone cualquier plan de inversión en el corto plazo, y si bien algunas exportaciones puntuales podrían mostrar buen desempeño ante la mayor demanda de China, tampoco alcanzarán para mover la balanza en un contexto en donde las fuertes restricciones cambiarias actúan como desincentivo a vender.
En síntesis, dice Ecolatina, es probable que el rebote de la actividad iniciado tras el piso de abril siga perdiendo impulso y se frene durante el último trimestre del año. “Por ello, proyectamos una caída del PIB no menor al 12% en promedio para 2020, lo que generaría que la actividad vuelva a niveles similares a los de 2009 y el PIB per cápita sea el menor desde el 2004”, concluyó.
“A pesar de la recuperación de los últimos cuatro meses (20% acumulado desde el piso), la actividad recién recupera los niveles de marzo, que habían reflejado los primeros 15 días de la cuarentena. Todavía se ubica 10% por debajo del nivel al que operaba en febrero, antes de la pandemia. Desde una perspectiva de más largo plazo, los niveles son comparables a los de 2009”, dijeron desde LCG.
En septiembre, agregaron, “esperamos que la recuperación de la actividad se mantenga”. Según LCG, la progresiva flexibilización de la cuarentena y la reapertura gradual de los sectores, ya sea de facto (por imposibilidad de seguir con los negocios cerrados) o de jure por la habilitación oficial, seguirá dando impulso a la actividad. “De todas formas, un impacto más agudo del Covid-19 en el interior del país podría moderar esta dinámica en algunas provincias. Considerando un crecimiento moderado en los próximos meses (0,5% mensual promedio en el cuarto trimestre), proyectamos una caída de la actividad con un piso del 10% pero no superior al 13%”, concluyeron.
Desde ACM, en tanto, esperan una caída del PIB en torno al 12% para 2020 y un crecimiento del 4% para 2021.
Según el EMAE del Indec, la actividad económica de agosto se ubicó 11,6% por debajo de igual mes de 2019. Asimismo, el acumulado hasta agosto mostró una actividad económica 12,5% menor a la de igual periodo de 2019.
A nivel desagregado, el EMAE mostró que, en agosto, solo hubo un sector con mejores números que en 2019: la intermediación financiera. Algo que probablemente no enorgullezca al kirchnerismo más rancio. Ese sector avanzó 4,1% interanual.
Todos los demás estuvieron por debajo. El peor fue “hoteles y restaurantes”, con un derrape de 56%. Los que más impactaron en la caída de 11,6% del EMAE fueron transporte y comunicaciones, con una caída de 21,6% e impuestos netos de subsidios, con una retracción de 12,9%. Industria manufacturera (-8,7%) y construcción (-32,1%) también impactaron con dureza en los números agregados. Aunque tuvo menor impacto en el EMAE, el sector de “agricultura, ganadería, caza y silvicultura” también cayó, con una merma de 2,2% interanual.
¿Cómo sigue?
“La mejora va perdiendo fuerza en un contexto de crecientes presiones cambiarias y todavía faltan recuperar más de 10 puntos respecto los niveles de actividad previos a la pandemia”, dijeron desde Ecolatina y agregó: “Diversos factores pueden frenar la recuperación del nivel de actividad en los últimos meses del año”.
– En primer lugar, el “shock de reapertura” casi no estará presente en la última parte del año. “La mejora mensual que se observó a partir de mayo no correspondió tanto a un incremento genuino de la demanda sino al restablecimiento de los procesos productivos que permitieron cumplir órdenes de compra pendientes y recomponer stocks. Además, si bien aún resta levantar algunas restricciones a la producción, estas cada vez son menores”, agregó Ecolatina.
-En segundo lugar, la situación sanitaria se complejizó en el interior del país “y no hay que descartar que se observen algunos retrocesos en determinadas ramas de actividad que ya se encontraban cuasi normalizadas”.
– Por último, y más importante, la creciente tensión en el frente cambiario (caída de reservas y ampliación de la brecha) se tradujo en un endurecimiento de los controles a la demanda de divisas. “Las mayores trabas a las importaciones podrían complicar a determinadas empresas para abastecerse de insumos para producir, a la par que algunas operaciones comerciales podrían postergarse ante costos de reposición inciertos producto de las crecientes expectativas de devaluación”, señala Ecolatina.
-A su vez, el consumo tampoco se movilizaría en la última parte del año. A la pérdida de puestos de trabajo -principalmente en el sector informal y cuentapropista- y el deterioro de los ingresos reales, se le suma una creciente incertidumbre que pospone cualquier plan de inversión en el corto plazo, y si bien algunas exportaciones puntuales podrían mostrar buen desempeño ante la mayor demanda de China, tampoco alcanzarán para mover la balanza en un contexto en donde las fuertes restricciones cambiarias actúan como desincentivo a vender.
En síntesis, dice Ecolatina, es probable que el rebote de la actividad iniciado tras el piso de abril siga perdiendo impulso y se frene durante el último trimestre del año. “Por ello, proyectamos una caída del PIB no menor al 12% en promedio para 2020, lo que generaría que la actividad vuelva a niveles similares a los de 2009 y el PIB per cápita sea el menor desde el 2004”, concluyó.
“A pesar de la recuperación de los últimos cuatro meses (20% acumulado desde el piso), la actividad recién recupera los niveles de marzo, que habían reflejado los primeros 15 días de la cuarentena. Todavía se ubica 10% por debajo del nivel al que operaba en febrero, antes de la pandemia. Desde una perspectiva de más largo plazo, los niveles son comparables a los de 2009”, dijeron desde LCG.
En septiembre, agregaron, “esperamos que la recuperación de la actividad se mantenga”. Según LCG, la progresiva flexibilización de la cuarentena y la reapertura gradual de los sectores, ya sea de facto (por imposibilidad de seguir con los negocios cerrados) o de jure por la habilitación oficial, seguirá dando impulso a la actividad. “De todas formas, un impacto más agudo del Covid-19 en el interior del país podría moderar esta dinámica en algunas provincias. Considerando un crecimiento moderado en los próximos meses (0,5% mensual promedio en el cuarto trimestre), proyectamos una caída de la actividad con un piso del 10% pero no superior al 13%”, concluyeron.
Desde ACM, en tanto, esperan una caída del PIB en torno al 12% para 2020 y un crecimiento del 4% para 2021.
Con información de
El Economista
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