
Comparan escuelas con casinos, playas y shoppings
Miércoles 20 de
Enero 2021

Por:
LA LECHUZA OLY

EDUCACIÓN | Una buena cantidad de amigos y amigas me hicieron llegar un video “sin firma” que tiene (deseo pensar) la noble voluntad de motivar el regreso a la “presencialidad”.
El video compara diferentes actividades con la
El video representa el legítimo pensamiento de un importante sector de nuestra sociedad y nos hace el favor de permitirnos hacer una serie de mínimas consideraciones.
La edición aspira con enorme esfuerzo intelectual a tocar nervios sensibles de la comunidad. Innecesario en este intervalo. Todos estamos preocupados por la educación de niñas, niños y adolescentes.
En tiempo electoral, en un país en el que parece vale todo en política. La educación es indefectiblemente tema para abordar. Y sabemos que en Argentina sobre sustanciales asuntos cualquiera dice cualquier cosa: “Todo es igual, nada es mejor, lo mismo un burro que un gran profesor”.
Un casino está abierto, un shopping, una playa, un avión, pero la escuela no. Atiza el mensaje animado por alguien que evidentemente no conoce el sistema educativo argentino.
Ninguno de los puntuales lugares de dispersión o transporte (que menciona el video) son comparables con el que generará el movimiento de aproximadamente 15 millones de personas (vinculadas directa e indirectamente con el sistema educativo) cuando se camine hacia la esperada “presencialidad” en las aulas.
Los niños y las niñas, las/os docentes no se trasladarán en avión. Sí lo harán apiñados en trenes y colectivos muchas veces en condiciones incorrectas.
Tampoco parece sensato comparar una escuela con un shopping detrás de los cuales hay empresarios que invierten millones para vender mercadería.
La mención de la playa es probablemente el reflejo de un corto que se ideó en verano. Pues en las escuelas que se dan clases en Argentina buena parte del tiempo hace frío, falta espacio y existe inadecuada iluminación.
La educación en tiempos de pandemia no debería enfrentar a políticos. Debería unirlos.
La fragilidad social y educativa no se merece políticas de bajo vuelo y de potencial fracaso. El uso desvergonzado e inmoral de una situación indeseada como la “peste”.
En realidad, no se pretende por parte de algunos oficialistas y opositores un edificio lleno de estudiantes. Por el contrario, se anima la miseria de sacar ventaja de una catástrofe.
“Abran las escuelas”, se escuchó del adversario político. Y el que gobierna respondió favorablemente.
Un sector importante de padres y madres creen elemental que sus niños y niñas asistan a la escuela. Quién podría estar en desacuerdo. Ningún docente quiere sentirse lejos del pizarrón. El tiempo de educar a distancia le requirió mucha energía personal, de horarios, dinero, tiempo familiar, etc..
La OMS advierte que “puesto que los niños suelen presentar cuadros clínicos más leves y menos síntomas, los casos pueden pasar a veces inadvertidos”.
El mismo organismo se pregunta: ¿Es conveniente que el personal docente o auxiliar con problemas de salud subyacentes vuelva a la escuela?.
Y se responde: “Los adultos mayores de 60 años y las personas con afecciones subyacentes tienen un mayor riesgo de presentar síntomas graves y de fallecer”.
Nuestras escuelas ¿tendrán el suficiente personal docente y no docente; los insumos; las dimensiones edilicias; la infraestructura?
¿Proverá el Estado de tapabocas y elementos de higiene personal a alumnas y alumnos que no pueden acceder por carencia económica?
Las vacunas no son variable para volver a la presencialidad, se escucha de funcionarios entusiastas. No se conoce ni siquiera un cronograma de vacunación porque no hay vacunas suficientes.
Otra mención irresponsable -con el objeto incluso de enfrentar sectores- es aquella que compara actividades. Salud, seguridad, etc., con educación. ¿Puede compararse un profesional con un niño o niña que pasará largas horas con tapabocas?
La presencialidad es irremplazable. Todos las queremos más temprano que tarde. Pero sólo es posible con dirigentes políticos capaces de estar a la altura de las circunstancias.
Ampliaremos.-
La edición aspira con enorme esfuerzo intelectual a tocar nervios sensibles de la comunidad. Innecesario en este intervalo. Todos estamos preocupados por la educación de niñas, niños y adolescentes.
En tiempo electoral, en un país en el que parece vale todo en política. La educación es indefectiblemente tema para abordar. Y sabemos que en Argentina sobre sustanciales asuntos cualquiera dice cualquier cosa: “Todo es igual, nada es mejor, lo mismo un burro que un gran profesor”.
Un casino está abierto, un shopping, una playa, un avión, pero la escuela no. Atiza el mensaje animado por alguien que evidentemente no conoce el sistema educativo argentino.
Ninguno de los puntuales lugares de dispersión o transporte (que menciona el video) son comparables con el que generará el movimiento de aproximadamente 15 millones de personas (vinculadas directa e indirectamente con el sistema educativo) cuando se camine hacia la esperada “presencialidad” en las aulas.
Los niños y las niñas, las/os docentes no se trasladarán en avión. Sí lo harán apiñados en trenes y colectivos muchas veces en condiciones incorrectas.
Tampoco parece sensato comparar una escuela con un shopping detrás de los cuales hay empresarios que invierten millones para vender mercadería.
La mención de la playa es probablemente el reflejo de un corto que se ideó en verano. Pues en las escuelas que se dan clases en Argentina buena parte del tiempo hace frío, falta espacio y existe inadecuada iluminación.
La educación en tiempos de pandemia no debería enfrentar a políticos. Debería unirlos.
La fragilidad social y educativa no se merece políticas de bajo vuelo y de potencial fracaso. El uso desvergonzado e inmoral de una situación indeseada como la “peste”.
En realidad, no se pretende por parte de algunos oficialistas y opositores un edificio lleno de estudiantes. Por el contrario, se anima la miseria de sacar ventaja de una catástrofe.
“Abran las escuelas”, se escuchó del adversario político. Y el que gobierna respondió favorablemente.
Un sector importante de padres y madres creen elemental que sus niños y niñas asistan a la escuela. Quién podría estar en desacuerdo. Ningún docente quiere sentirse lejos del pizarrón. El tiempo de educar a distancia le requirió mucha energía personal, de horarios, dinero, tiempo familiar, etc..
La OMS advierte que “puesto que los niños suelen presentar cuadros clínicos más leves y menos síntomas, los casos pueden pasar a veces inadvertidos”.
El mismo organismo se pregunta: ¿Es conveniente que el personal docente o auxiliar con problemas de salud subyacentes vuelva a la escuela?.
Y se responde: “Los adultos mayores de 60 años y las personas con afecciones subyacentes tienen un mayor riesgo de presentar síntomas graves y de fallecer”.
Nuestras escuelas ¿tendrán el suficiente personal docente y no docente; los insumos; las dimensiones edilicias; la infraestructura?
¿Proverá el Estado de tapabocas y elementos de higiene personal a alumnas y alumnos que no pueden acceder por carencia económica?
Las vacunas no son variable para volver a la presencialidad, se escucha de funcionarios entusiastas. No se conoce ni siquiera un cronograma de vacunación porque no hay vacunas suficientes.
Otra mención irresponsable -con el objeto incluso de enfrentar sectores- es aquella que compara actividades. Salud, seguridad, etc., con educación. ¿Puede compararse un profesional con un niño o niña que pasará largas horas con tapabocas?
La presencialidad es irremplazable. Todos las queremos más temprano que tarde. Pero sólo es posible con dirigentes políticos capaces de estar a la altura de las circunstancias.
Ampliaremos.-
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