Descubierta una nueva especie de escarabajo en las heces fósiles de un dinosauriforme
Miércoles 07 de
Julio 2021
Con aproximadamente 230 millones de años, este coleóptero hasta ahora desconocido ha aparecido entre los restos fosilizados de un ancestro de los dinosaurios conocido como Silesaurus opolensis:
Hay ciertas cosas que se revalorizan con el tiempo. A veces las menos pensadas. Y si no lo crees espera a seguir leyendo, por que esta semana un equipo de arqueólogos de diversas universidades acaban de encontrar un auténtico tesoro rebuscando, literalmente, entre las heces fosilizadas de un dinosauriforme del periodo Triásico.
Estas heces son hallazgos comunes en multitud de yacimientos arqueológicos, sin embargo en esta ocasión el estiércol fósil albergaba en su interior una joya arqueológica que podría aportar una increíble información hasta ahora oculta sobre el pasado. Y es que al escanear los excrementos fosilizados del que es considerado un antepasado de los dinosaurios de período Triásico, los científicos liderados por el paleontólogo de la Universidad de Uppsala, Martin Qvarnström, se han topado con una especie de coleóptero de 230 millones de años que representa una nueva familia de escarabajos previamente desconocida para la ciencia. Los pormenores del hallazgo se detallan en un articulo publicado en la revista Current Biology bajo el título Exceptionally preserved beetles in a Triassic coprolite of putative dinosauriform origin. Los especímenes se conservaron su estado original tridimensional casi intacto, incluidas sus patas y antenas, las partes más delicadas y difíciles de conservar.
Una nueva forma de mirar al pasado
El descubrimiento de que los excrementos fosilizados, también conocidos como coprolitos, pueden preservar antiguas especies de insectos, ofrecen una nueva alternativa a los fósiles de ámbar. La resina fosilizada de los árboles ha albergado hasta el momento la mayoría de los fósiles de insectos mejor conservados que se conocen, sin embargo los fósiles más antiguos de insectos que pueden hallarse en el ámbar tienen una edad máxima de aproximadamente140 millones de años, por lo que datan de tiempos geológicos relativamente recientes.
Con los coprolitos, no obstante, ahora los investigadores pueden retroceder aún más en el pasado, lo que les permitirá aprender más sobre la evolución de los insectos y las redes alimentarias que se establecieron entre ellos durante intervalos de tiempo inexplorados en la actualidad. "No sabíamos cómo lucían los insectos en el período Triásico pero ahora tenemos una nueva oportunidad para averiguarlo", explica Qvarnström. "Quizás cuando se analicen muchos más coprolitos encontremos todo tipo de insectos bien conservados que estudiar. Simplemente tenemos que empezar a buscar dentro de los coprolitos para obtener al menos alguna idea ", añade con la incertidumbre de quien se sabes ante una inédita forma de hacer ciencia, y en cierto sentido, de retroceder en tiempo.
"Me sorprendió mucho comprobar lo bien conservados que estaban los escarabajos, cuando los modelamos en la pantalla era como si te estuvieran mirando directamente", continúa el autor, "algo que se ha visto facilitado por la alta composición en fósforo y calcio de los coprolitos. Esto, junto con la mineralización temprana por parte de las bacterias, probablemente ayudó a preservar estos delicados fósiles", detalla.
El escarabajo de los coprolitos
El equipo de investigación bautizó a la nueva especie de escarabajo como Triamyxa coprolithica, que hace referencia a su edad triásica e indica que pertenece al suborden Myxophaga, cuyos representantes modernos son pequeños y viven alimentándose de algas en ambientes húmedos; su "apellido" hace referencia a que se encontró en un coprolito.
Triamyxa probablemente vivió en ambientes semiacuáticos o húmedos y casi con seguridad fue consumido por Silesaurus opolensis,un dinosauriforme de 15 kilogramos, es decir, un ancestro de los dinosaurios, dotado de un pico de unos 2 metros que vivió en lo que ahora es Polonia, y al cual se otorga la autoría de la deposición venida en coprolito.
"Aunque Silesaurus parece haber ingerido numerosos individuos de Triamyxa coprolithica, el escarabajo probablemente era demasiado pequeño para haber sido la única presa objetivo", explica Qvarnström. "En cambio, Triamyxa probablemente compartió su hábitat con escarabajos más grandes y otras presas también representadas en los coprolitos, más no de una forma reconocible. Por todo ello parece probable que Silesaurus era omnívoro y que una parte de su dieta estaba compuesta por insectos".
El coprolito se escaneó mediante microtomografía de sincrotrón en la Instalación Europea de Radiación Sincrotrón -ESRF- de Grenoble, en Francia, un método parecido al empleado en los hospitales para realizar radiografías y que permite visualizar con gran contraste y resolución las estructuras tridimensionales internas en los fósiles.
"Ahora sabemos que si encontramos un insecto en un coprolito, podemos escanearlo usando microtomografía de la misma manera que lo hacemos con los insectos atrapados en ámbar para ver todos los pequeños detalles su anatomía, explica Martin Fikáček, del departamento de ciencias biológicas de la Universidad Nacional Sun Yat-sen, en Taiwan. "En este sentido nuestro descubrimiento es muy prometedor", explica". "Hay un montón de cosas que se pueden estudiar basándose en excrementos fosilizados, pero ha sido difícil entender qué hacer con ellos, ha sido difícil reconocer lo que hay dentro y ha sido difícil sacar conclusiones de ellos, pero ahora hay toneladas de datos", añade Qvarnström por su parte. "Ahora el objetivo final es utilizar los datos de los coprolitos para reconstruir las antiguas redes tróficas y ver cómo cambiaron a lo largo del tiempo", concluye.
Estas heces son hallazgos comunes en multitud de yacimientos arqueológicos, sin embargo en esta ocasión el estiércol fósil albergaba en su interior una joya arqueológica que podría aportar una increíble información hasta ahora oculta sobre el pasado. Y es que al escanear los excrementos fosilizados del que es considerado un antepasado de los dinosaurios de período Triásico, los científicos liderados por el paleontólogo de la Universidad de Uppsala, Martin Qvarnström, se han topado con una especie de coleóptero de 230 millones de años que representa una nueva familia de escarabajos previamente desconocida para la ciencia. Los pormenores del hallazgo se detallan en un articulo publicado en la revista Current Biology bajo el título Exceptionally preserved beetles in a Triassic coprolite of putative dinosauriform origin. Los especímenes se conservaron su estado original tridimensional casi intacto, incluidas sus patas y antenas, las partes más delicadas y difíciles de conservar.
Una nueva forma de mirar al pasado
El descubrimiento de que los excrementos fosilizados, también conocidos como coprolitos, pueden preservar antiguas especies de insectos, ofrecen una nueva alternativa a los fósiles de ámbar. La resina fosilizada de los árboles ha albergado hasta el momento la mayoría de los fósiles de insectos mejor conservados que se conocen, sin embargo los fósiles más antiguos de insectos que pueden hallarse en el ámbar tienen una edad máxima de aproximadamente140 millones de años, por lo que datan de tiempos geológicos relativamente recientes.
Con los coprolitos, no obstante, ahora los investigadores pueden retroceder aún más en el pasado, lo que les permitirá aprender más sobre la evolución de los insectos y las redes alimentarias que se establecieron entre ellos durante intervalos de tiempo inexplorados en la actualidad. "No sabíamos cómo lucían los insectos en el período Triásico pero ahora tenemos una nueva oportunidad para averiguarlo", explica Qvarnström. "Quizás cuando se analicen muchos más coprolitos encontremos todo tipo de insectos bien conservados que estudiar. Simplemente tenemos que empezar a buscar dentro de los coprolitos para obtener al menos alguna idea ", añade con la incertidumbre de quien se sabes ante una inédita forma de hacer ciencia, y en cierto sentido, de retroceder en tiempo.
"Me sorprendió mucho comprobar lo bien conservados que estaban los escarabajos, cuando los modelamos en la pantalla era como si te estuvieran mirando directamente", continúa el autor, "algo que se ha visto facilitado por la alta composición en fósforo y calcio de los coprolitos. Esto, junto con la mineralización temprana por parte de las bacterias, probablemente ayudó a preservar estos delicados fósiles", detalla.
El escarabajo de los coprolitos
El equipo de investigación bautizó a la nueva especie de escarabajo como Triamyxa coprolithica, que hace referencia a su edad triásica e indica que pertenece al suborden Myxophaga, cuyos representantes modernos son pequeños y viven alimentándose de algas en ambientes húmedos; su "apellido" hace referencia a que se encontró en un coprolito.
Triamyxa probablemente vivió en ambientes semiacuáticos o húmedos y casi con seguridad fue consumido por Silesaurus opolensis,un dinosauriforme de 15 kilogramos, es decir, un ancestro de los dinosaurios, dotado de un pico de unos 2 metros que vivió en lo que ahora es Polonia, y al cual se otorga la autoría de la deposición venida en coprolito.
"Aunque Silesaurus parece haber ingerido numerosos individuos de Triamyxa coprolithica, el escarabajo probablemente era demasiado pequeño para haber sido la única presa objetivo", explica Qvarnström. "En cambio, Triamyxa probablemente compartió su hábitat con escarabajos más grandes y otras presas también representadas en los coprolitos, más no de una forma reconocible. Por todo ello parece probable que Silesaurus era omnívoro y que una parte de su dieta estaba compuesta por insectos".
El coprolito se escaneó mediante microtomografía de sincrotrón en la Instalación Europea de Radiación Sincrotrón -ESRF- de Grenoble, en Francia, un método parecido al empleado en los hospitales para realizar radiografías y que permite visualizar con gran contraste y resolución las estructuras tridimensionales internas en los fósiles.
"Ahora sabemos que si encontramos un insecto en un coprolito, podemos escanearlo usando microtomografía de la misma manera que lo hacemos con los insectos atrapados en ámbar para ver todos los pequeños detalles su anatomía, explica Martin Fikáček, del departamento de ciencias biológicas de la Universidad Nacional Sun Yat-sen, en Taiwan. "En este sentido nuestro descubrimiento es muy prometedor", explica". "Hay un montón de cosas que se pueden estudiar basándose en excrementos fosilizados, pero ha sido difícil entender qué hacer con ellos, ha sido difícil reconocer lo que hay dentro y ha sido difícil sacar conclusiones de ellos, pero ahora hay toneladas de datos", añade Qvarnström por su parte. "Ahora el objetivo final es utilizar los datos de los coprolitos para reconstruir las antiguas redes tróficas y ver cómo cambiaron a lo largo del tiempo", concluye.
Con información de
National Geographic
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