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Lunes 29 de Noviembre

Coronavirus: Viróloga argentina Alejandra Tortorici, publicó 23 estudios y halló dos anticuerpos para desarrollar una terapia

Por: Valeria Román
Domingo 08 de Agosto 2021

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Alejandra Tortorici es investigadora en el Instituto Pasteur de Francia y en la Universidad de Washington en los Estados Unidos. Entrevistada por Infobae, contó por qué empezó a estudiar los coronavirus en 2013, y explicó qué debería hacerse en países como Argentina para controlar mejor la pandemia
“Todavía todo es un poco surrealista para mí”. Lo siente la viróloga argentina Alejandra Tortorici, quien lleva ocho años concentrada en la investigación sobre la familia de los coronavirus. Está asombrada porque el virus ha entrado profundamente en la charla cotidiana de la gente. “Antes de la pandemia, ni mi familia ni mis amigos entendían qué investigaba en el laboratorio. Pero ahora me hablan de anticuerpos y escucho palabras como Coronaviridae en la radio. Es increíble”, contó al ser entrevistada en exclusiva por Infobae.
 
Tortorici es la científica argentina que más sabe sobre coronavirus. Con colegas de diversos países, ya publicó 23 artículos sobre coronavirus en revistas de alto impacto como Nature, Science y Cell, y es revisora de papers de otros investigadores. Lleva más de un año y medio sin tomarse vacaciones, y ya aportó el hallazgo de 2 anticuerpos que podrían utilizarse solos o combinados como terapia para los pacientes con COVID-19.
 
 
No para de trabajar, y sueña con ver un mundo sin pandemia, aunque le duele la desigual distribución de las vacunas. Hoy solo el 15,2% de la humanidad ya completó el esquema de vacunación. En los países de menores ingresos, solo el 1,1% de la población recibió al menos una dosis, según el sitio OurWorldInData.
 
Tortorici hoy es científica del Departamento de Virología del Instituto Pasteur de Francia. También es investigadora visitante del Departamento de Bioquímica en la Universidad de Washington en Seattle, Estados Unidos. Y destila pasión por el saber más y entender mejor los engranajes complejos de los virus que afectan a los seres humanos. En realidad, su interés inicial era encontrar soluciones para el cáncer, pero cambió de rumbo en su carrera y se encontró con el desafío de comprender a los coronavirus.
 
“Cuando estaba cursando los primeros meses de mi carrera universitaria sentía que podría curar el cáncer. Pero a medida que conocía y sabía más, me empecé a dar cuenta que curar el cáncer era una tarea muy compleja y que comprendía varias patologías. Aun después de muchos años trabajando en investigación básica, nunca esperé llegar a ver que los resultados de mi investigación iban a poder ser aplicados en el control de una pandemia como la actual”, contó la científica a Infobae.
 
Se graduó como bióloga en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires en 1994. Después tuvo una beca del Conicet para hacer el doctorado en la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de La Plata, con Víctor Romanowski como director. “Alejandra Tortorici hizo una de las mejores tesis que dirigí -contó a Infobae Romanowski, investigador del Conicet y vicepresidente de la Sociedad Argentina de Virología-. Ha aportado grandes contribucionees para la comprensión del coronavirus desde antes de la pandemia. La tenacidad y la curiosidad que tenía cuando era tesista seguramente siguen siendo iguales”.
 
Los anticuerpos que encontró la científica y que podrían servir como tratamiento no aparecieron por casualidad, sostuvo Romanowski. “La historia de Alejandra demuestra que quien no busca ni tiene la capacidad de ver donde otros no miran nunca podrá resolver un problema que ni siquiera sabían que existía. Tortorici empezó por la curiosidad que es la madre de los grandes descubrimientos mucho antes de que la pandemia actual se desarrollara”.
 
En marzo del año 2001, Tortorici se fue de la Argentina para hacer un posdoctorado en los Institutos Nacionales de Salud (NIH) de los Estados Unidos. En 2005 se incorporó al equipo del doctor Félix Rey para hacer otro postdoctorado en el Instituto Pasteur de Francia y luego pasó a ser investigadora permanente en esa institución.
 
¿Cómo empezó a interesarse por los coronavirus?, le preguntó Infobae a Tortorici en la conversación telefónica. “Me dedicaba a estudiar la relación estructura-función de las proteínas que permiten que los virus entren en las células de los seres vivos. Desde el año 2013 estuve estudiando la proteína de entrada de los coronavirus desde un punto de vista funcional y estructural”, contestó.
 
La proteína de entrada es conocida como “Espiga” o “espícula” (”Spike” en inglés) y ya entró en el vocabulario popular tras más de un año y medio de pandemia. En 2003, ya se había producido la epidemia por otro coronavirus que ahora se llama SARS-CoV-1 y que produjo la muerte de 774 personas hasta 2004. En 2012, irrumpió otro coronavirus, el que causó el síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS), y había una mayor preocupación en el campo de la virología.
 
“En 2013, quisimos dilucidar la estructural tridimensional de la proteína de entrada de los coronavirus a través de la cristalografía de rayos X. Pero una condición para obtener la estructura es la formación de cristales de la proteína. Después de mucho esfuerzo y experimentos, no lográbamos obtener cristales o si lo conseguíamos no difractaban a alta resolución”, explicó Tortorici. Otra tecnología la ayudó.
 
Ya diferentes grupos de investigadores venían trabajando en el desarrollo de la técnica de la crio-microscopía electrónica que no depende de la formación de cristales de la proteína que se quiere estudiar para obtener su estructura tridimensional. El premio Nobel de Química 2017 fue para tres investigadores, Jacques Dubochet, Joachim Frank y Richard Henderson, en reconocimiento a sus trabajos que ayudaron a desarrollar esa técnica.
 
La científica argentina empezó a colaborar con el doctor David Veesler, experto en crio-microscopía, en la Universidad de Washington, y juntos consiguieron obtener la primera estructura de la proteína de entrada de un coronavirus. Fue un trabajo que publicaron en la revista Nature en 2016.
 
“También pudimos obtener la estructura de la espícula de coronavirus estacionales como NL63 y OC43, y de los coronavirus epidémicos como SARS-CoV-1 y MERS-CoV en complejo con anticuerpos neutralizantes”, detalló Tortorici. Las publicaciones resultantes de esos trabajos han sido usadas por diferentes grupos de investigadores en el mundo, incluso para el desarrollo de las vacunas contra el COVID-19 que fueron autorizadas para uso de emergencia.
 
“De golpe, nuestro tema de investigación se hizo mundial por la pandemia. Esto nos permitió obtener más fondos para investigar y contar con más investigadores, técnicos, y equipamiento -comentó la investigadora-. Estamos publicando entre uno y dos papers importantes cada mes y medio sobre el coronavirus, y cada día aparecen nuevas preguntas para responder. Igualmente me llena de alegría poder estar aplicando mi conocimiento básico en la resolución de un problema mundial. Hasta hace muy poco nadie conocía a los coronavirus, a pesar que algunos nos infectan año a año y nos causan resfríos”.
 
La construcción del conocimiento también le posibilitó llegar a los anticuerpos que podrían usarse como terapia. “Como consecuencia de una infección, se generan anticuerpos no neutralizantes y neutralizantes. Los neutralizantes nos protegen y es la manera que nuestro cuerpo utiliza para defenderse de los patógenos. Por esa razón, en muchos casos no nos enfermamos”, recordó Tortorici.
 
En colaboración con la empresa Vir Biotechnology, se aislaron anticuerpos neutralizantes que el sistema inmune del ser humano produce naturalmente tras la infección por el coronavirus. Y luego se convirtieron en anticuerpos monoclonales para que Tortorici y su equipo de investigación estudiara el mecanismo por el cual neutralizan al virus. El resultado más reciente fue publicado en julio pasado en la revista Nature.
 
“Demostramos que el anticuerpo monoclonal, que llamamos S2X259, es capaz de neutralizar de manera potente al coronavirus que produjo la pandemia y a las variantes que surgieron en Brasil, Reino Unido y Sudáfrica. También determinamos la estructura tridimensional del complejo entre el coronavirus y la proteína Spike. Esa estructura nos permitió esclarecer cuál es el mecanismo por el cual el anticuerpo neutraliza al coronavirus que produjo la pandemia actual: bloquea la interacción entre el virus y su receptor celular”, explicó Tortorici.
 
También descubrió que el anticuerpo S2X259 es capaz de neutralizar al coronavirus que produjo la epidemia de 2003, y a coronavirus que infectan murciélagos que todavía no cruzaron la barrera de especie y que aún no infectaron a los seres humanos. “Encontramos que el anticuerpo S2X259 tiene un amplio rango de neutralización -precisó- porque se une a una región de la proteína Spike que es muy conservada en secuencia entre diferentes coronavirus”.
 
Por su capacidad para desactivar al virus, ese anticuerpo podría ser utilizado como tratamiento para la COVID-19 solo o en combinación con otro anticuerpo que también Tortorici investigó y que en estos momentos está en fase de investigación clinica.
 
La científica conoció a los coronavirus en su intimidad. Y considera que el fin de la pandemia ocurrirá cuando se adopten tanto las medidas farmacológicas, como las vacunas y los tratamientos -como los anticuerpos monoclonales- como las medidas no farmacológicas. Ambas tienen peso en el control y las defiende a rajatabla. “Como uso siempre el barbijo no tuve resfríos desde el año pasado. Ya decidí que seguiré usando barbijo después de la pandemia”, reconoció.
 
Los coronavirus son virus respiratorios. “Son transmisibles por el aire y permanecen en el aire mucho tiempo. Por lo cual el distanciamiento de los dos metros no alcanza si alguien está en un lugar cerrado y sin ventilación. Una persona infectada -incluso sin síntomas- puede transmitir el virus a larga distancia si se encuentra en un ómnibus o incluso en un lugar abierto pero con muchas personas cerca como ocurre en un concierto multitudinario. El barbijo como el distanciamiento y la ventilación de espacios cerrados son esenciales para reducir las posibilidades de contagio”.
 
No es un momento para relajarse, según Tortorici. Ni en los países desarrollados, ni en los países con ingresos medios o bajos. “En este momento, cada persona y cada país tiene que hacer todo lo posible para bajar la circulación del virus para que no aparezcan más variantes de preocupación”, advirtió. La variante Delta del coronavirus fue identificada en octubre del año pasado y ya se propagó a más de 130 países, incluyendo la Argentina, Chile, Paraguay, Perú, y Uruguay. Es la variante que ha generado repunte de casos en Europa y América del Norte durante los últimos meses.
 
“Hoy el mundo se divide en dos escenarios. Por un lado, están los países con disponibilidad de dosis de las vacunas contra el COVID-19, pero con gente que no se quiere vacunar, como ocurre en los Estados Unidos. Por otro lado, están los países en los que las vacunas son escasas, pero la gente sí quiere vacunarse porque sabe que las dosis dan protección”, señaló Tortorici.
 
Para el problema de los países desarrollados, la científica consideró que la gente muestra renuencia a las vacunas “porque piensa que el desarrollo de la vacuna fue muy rápido, y tienen temor por los efectos secundarios que no se conocen”. Según Tortorici, “esas personas deberían tener en cuenta que en épocas normales el desarrollo de una vacuna lleva tiempo por cuestiones más burocráticas que científicas. La tecnología de ARN mensajero ya había sido desarrollada e investigada para enfermedades como el cáncer. Las etapas para evaluar la seguridad fueron iniciadas hace muchos años. Es decir, se aprovechó una tecnología que ya estaba siendo desarrollada desde hace tiempo para frenar al coronavirus. Están las pruebas con todas las vacunas autorizadas, y no hay razón para tener miedo”.
 
Agregó: “Los efectos adversos de las vacunas tienen las mismas probabilidades de ocurrir que si se toma cualquier otro medicamento, incluso aquellos que no necesitan una receta de un médico”. Más allá de las de ARN mensajero, Tortorici subrayó que “todas la vacunas autorizadas protegen en un alto porcentaje contra el coronavirus original y con un menor porcentaje contra las variantes. Sin embargo, si uno se infecta con las variantes pero está vacunado, las chances de desarrollar una enfermedad grave son muy bajas”.
 
La científica también se explayó sobre escenario que viven los habitantes de países de medianos y bajos ingresos como los de América Latina. “Tienen escasez de vacunas y gente que quiere vacunarse. En estos casos, mientras avanza el plan de vacunación, es importante que la gente use siempre el barbijo, que adhiera a la ventilación de ambientes cerrados en los lugares de trabajo, que adopte el distanciamiento de 2 metros con respecto a otras personas, y que no hagan reuniones con amigos y familiares en ambientes cerrados. No significa que puede hacer una recomendación y dejar de hacer la otra. Significa que hay que adherir a todas las medidas completamente para el beneficio personal y de la comunidad”.
 
Además, Tortorici sostuvo que se debería establecer el aislamiento obligatorio de las personas que ingresan a cada país y con seguimiento por una semana, incluso con las personas ya vacunadas. “Por ejemplo, para entrar en Canadá hay que hacer una cuarentena de 7-8 días de manera obligatoria y con seguimiento de la persona y esto es así desde los comienzos de la pandemia”, puntualizó.
 
“En Argentina, debería aislarse a los que ingresan, sin prohibir o restringir a un número limitado la entrada de personas. Todo el mundo debería poder entrar y salir, siempre y cuando cumpla con el aislamiento. Limitar la entrada a un numero X de personas por día no tiene sentido si no se hace aislamiento y seguimiento puesto que uno puede dar negativo el día que entra y positivo al día siguiente”, argumentó.
 
El aislamiento estricto de los viajeros -opinó- ayudaría a bloquear la entrada de cualquier otra nueva variante. “En países como la Argentina, donde la población totalmente vacunada aún no superó el 20%, la única manera de bajar la circulación del virus sería con el uso adecuado del barbijo, la ventilación, el distanciamiento, y la realización de testeos masivos diarios para aislar a las personas contagiadas y a los contactos estrechos. Obviamente el acento debería estar en vacunar masivamente lo antes posible”, enfatizó Tortorici. En la universidad en Seattle donde la científica está ahora le hacen cada 15 días un hisopado a ella y a todos los profesores y estudiantes. Si alguien da positivo, se tiene que aislar.
 
 



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