Covid: los riesgos de la saturación informativa
Por:
Osvaldo Teglia
Martes 31 de
Agosto 2021
El desafío para la comunidad es tratar de no sucumbir en un espiral de apetencia informativa incesante que ocasiones preocupaciones.
El intercambio de información sobre la Covid se instaló cotidianamente, estableciéndose conversaciones científicas en los ámbitos más variopintos. Nuestros conocidos, por ejemplo, no parecen interesados en controversias futbolísticas, sino en entablar coloquios sobre el coronavirus. Como médicos ya no solo escuchamos y damos lineamientos de salud a nuestros pacientes, algunas veces también discutimos “papers” con ellos.
La divulgación de la información y avances en Medicina se realiza a través de artículos publicados en revistas científicas. El término “paper” (o “papers” en plural) es el nombre que se da en inglés a estos artículos que están presentes en la formación de los médicos desde el pregrado, y continúan durante toda nuestra carrera como pilar de formación continua.
Pero el acceso a la información científica no siempre tuvo la facilidad y rapidez de estos días. Hasta la aparición de internet, obtener un artículo no era sencillo. Había que estar suscripto a revistas o acudir a las pocas bibliotecas que las poseían. Existía un pequeño libro de bolsillo llamado “Current Contents”, en el que aparecían las portadas más importantes y la dirección del autor al que se contactaba para la obtención del artículo. También se encontraba el “Index Medicus”, un bibliorato de tamaño mayúsculo -comenzó en 1879 y llegó a su fin en 2004- que agrupaba textos de las principales revistas de medicina. De allí, se tomaba una cita (pacientemente buscada por autor o temática) y se solicitaba el texto por correspondencia.
Esta laboriosa búsqueda de información ponía a prueba la tenacidad e inquietud científica de los interesados. En la actualidad todo es más presuroso y accesible en internet, y las revistas científicas se fueron adaptando a las nuevas tecnologías con una oferta online amplia y variada (que muchas veces es gratuita).
Atravesamos días pletóricos de información sobre el Covid. Desde temprano los medios dan cuenta de la cantidad de nuevos casos, cuántos pacientes fallecieron, cuántas personas se vacunaron, etc.; muchas veces acompañado de la lectura y análisis de algún “paper” reciente. Se puede también atender a expresiones de inmejorables expertos, ampliando la información, echando luces y divulgando conocimientos.
Si bien la mayoría de las noticias sobre SARS CoV 2 son confiables y chequeadas, y son muy bien explicadas por muchos comunicadores y periodistas; es indudable de que atravesamos días signados por una avalancha de información nueva que inunda a la población y puede generar angustia, confusión, y hasta pánico, o promover conductas contrarias a la salud (como sucede con quienes rechazan las vacunas por información referida a potenciales e infrecuentes efectos indeseables).
La exuberancia informativa sobre Covid fue denominada por OMS como “infodemia” y se relaciona con las fakenews, es decir, intentos deliberados por difundir información errónea que pueden perjudicar la salud física y mental de las personas, y jaquear las capacidades de los países para poner freno a la pandemia.
El acceso y la búsqueda de información no deberían ser algo negativo, es parte de la esencia humana en su afán de conocimiento y perfección. Además, la información de calidad constituye un derecho y un insumo básico para la toma de decisiones. No obstante, el desafío para la comunidad es tratar de no sucumbir en un espiral de apetencia informativa incesante que ocasione preocupaciones y no genere beneficios.
No es la primera vez que la humanidad se ve desafiada por una catástrofe infectológica y siempre supo salir adelante de la mano de la colaboración silente de la ciencia. Eso ocurrió sin que la sociedad este “en vilo” y tan pendiente de los “papers”. Es hora, entonces, de poner las esperanzas en la ciencia y centrarse, fundamentalmente, en forma individual y colectiva en los aspectos preventivos.
La divulgación de la información y avances en Medicina se realiza a través de artículos publicados en revistas científicas. El término “paper” (o “papers” en plural) es el nombre que se da en inglés a estos artículos que están presentes en la formación de los médicos desde el pregrado, y continúan durante toda nuestra carrera como pilar de formación continua.
Pero el acceso a la información científica no siempre tuvo la facilidad y rapidez de estos días. Hasta la aparición de internet, obtener un artículo no era sencillo. Había que estar suscripto a revistas o acudir a las pocas bibliotecas que las poseían. Existía un pequeño libro de bolsillo llamado “Current Contents”, en el que aparecían las portadas más importantes y la dirección del autor al que se contactaba para la obtención del artículo. También se encontraba el “Index Medicus”, un bibliorato de tamaño mayúsculo -comenzó en 1879 y llegó a su fin en 2004- que agrupaba textos de las principales revistas de medicina. De allí, se tomaba una cita (pacientemente buscada por autor o temática) y se solicitaba el texto por correspondencia.
Esta laboriosa búsqueda de información ponía a prueba la tenacidad e inquietud científica de los interesados. En la actualidad todo es más presuroso y accesible en internet, y las revistas científicas se fueron adaptando a las nuevas tecnologías con una oferta online amplia y variada (que muchas veces es gratuita).
Atravesamos días pletóricos de información sobre el Covid. Desde temprano los medios dan cuenta de la cantidad de nuevos casos, cuántos pacientes fallecieron, cuántas personas se vacunaron, etc.; muchas veces acompañado de la lectura y análisis de algún “paper” reciente. Se puede también atender a expresiones de inmejorables expertos, ampliando la información, echando luces y divulgando conocimientos.
Si bien la mayoría de las noticias sobre SARS CoV 2 son confiables y chequeadas, y son muy bien explicadas por muchos comunicadores y periodistas; es indudable de que atravesamos días signados por una avalancha de información nueva que inunda a la población y puede generar angustia, confusión, y hasta pánico, o promover conductas contrarias a la salud (como sucede con quienes rechazan las vacunas por información referida a potenciales e infrecuentes efectos indeseables).
La exuberancia informativa sobre Covid fue denominada por OMS como “infodemia” y se relaciona con las fakenews, es decir, intentos deliberados por difundir información errónea que pueden perjudicar la salud física y mental de las personas, y jaquear las capacidades de los países para poner freno a la pandemia.
El acceso y la búsqueda de información no deberían ser algo negativo, es parte de la esencia humana en su afán de conocimiento y perfección. Además, la información de calidad constituye un derecho y un insumo básico para la toma de decisiones. No obstante, el desafío para la comunidad es tratar de no sucumbir en un espiral de apetencia informativa incesante que ocasione preocupaciones y no genere beneficios.
No es la primera vez que la humanidad se ve desafiada por una catástrofe infectológica y siempre supo salir adelante de la mano de la colaboración silente de la ciencia. Eso ocurrió sin que la sociedad este “en vilo” y tan pendiente de los “papers”. Es hora, entonces, de poner las esperanzas en la ciencia y centrarse, fundamentalmente, en forma individual y colectiva en los aspectos preventivos.
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