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Pablo Garretón sin anestesia: rugby de elite, clubes más pobres, chicos que sufren, adoctrinamiento y vicios inquietantes

Por: Alejo Miranda
Miércoles 29 de Noviembre 2023
El tucumano, ex capitán de los Pumas, hace un duro diagnóstico del deporte en el que jugó, entrenó y fue dirigente
Pablo Garretón fue distinguido con el premio Olimpia en su deporte
 
No del todo convencido, acepta el ofrecimiento de limonada con mate y jengibre. Durante 40 o 50 minutos no le da un sorbo. La charla se convierte en una exposición. Todo lo que dice está lleno de sentido, claridad y coherencia. “No hablo desde la bronca, sino desde la preocupación”, aclara. El postergado encuentro de LA NACION con Pablo Garretón se concreta en la vereda de un bar de Belgrano. Vino por un día junto con su mujer, Dolores, para acompañar a Pablo, uno de sus ocho hijos, en el partido contra el SIC. La visita de Universitario de Tucumán a Buenos Aires para jugar la final del Nacional de Clubes cortó con la distancia espacio-temporal. “Después de 15 años de coexistencia con el rugby profesional en la Argentina, es momento de parar la pelota y ver qué cosas se hicieron bien y cuáles están perjudicando al rugby de clubes”, advierte como punto de partida.
 
Lejos de embanderarse en su condición de ex capitán de los Pumas, Garretón habla desde su experiencia, como componente de un rugby que evita denominar “amateur” y al que elige llamarlo “rugby de clubes”. Jugó en Universitario desde los 10 años hasta los 36. Vistió 10 años la Naranja del seleccionado de Tucumán en juveniles, junior y mayores (incluso, lo hizo simultáneamente en los tres en 1984). Allí también entrenó divisiones juveniles y presidió la institución entre 2012 y 2016. Un todoterreno.
 
Pasó por Belgrano Athletic, cuando vino a hacer la residencia en neurocirugía a Buenos Aires, y también por Hindú, cuando conquistó su primer título, en 1996. “Con el empujoncito que les di ganaron todo lo que ganaron después. Fue un año memorable. Lo que más he disfrutado en mi vida del rugby fue con los salvajes esos”. Su carrera en el seleccionado argentino fue corta: 31 partidos de 1987 a 1993, cercenada por su dedicación a la medicina. Suficiente para ser capitán dos años, incluido el Mundial de 1991.
 
Dos realidades diferentes
 
“El rugby de elite argentino está en el primer nivel del mundo, pero los clubes están más pobres”, señala el tucumano, de 56 años. “Son dos cosas completamente distintas. Me parece una torpeza que venga un tipo a querer gerenciar desde una oficina y no conoce la realidad del día a día de un club de rugby. No porque hayan pasado por el rugby amateur saben de rugby amateur. Yo he sido capitán de los Pumas, pero yo no puedo hacer un carajo ahí”.
 
Lejos del romanticismo, Garretón cuestiona la estructura de poder del rugby argentino: una UAR que se estructura a partir del rugby profesional y “baja línea” en función de ello. “¿Orden para qué? ¿Para que de los 70.000 chicos que juegan al rugby salga un Puma? Que el rugby profesional sostiene al rugby de clubes es una vil afirmación”.
 
A medida que aumentan las objeciones, la limonada empieza a bajar. Lo que no cambia en ningún momento es el tono sereno y conciliador. “Hace 15 años, los que dirigían el rugby argentino dijeron ‘es por acá’ y todos nos pusimos atrás a apoyar ese rumbo, sin tener certezas. Yo no entendía muchas cosas porque nunca jugué rugby profesional. A partir de ahí, la elite del rugby argentino, los Pumas, han podido sostener un nivel de competencia en un mundo que se transforma constantemente, y logró cosas que no se habían logrado antes”, comienza diciendo Garretón. “Ahora bien, a los que no veo que les haya ido bien es a los clubes. De ese rugby sí me atrevo a opinar porque lo conozco, lo he vivido, he tenido el privilegio de poder servir al rugby desde esa posición ingrata que es ser dirigente, y la verdad es que he visto a los clubes estancarse y venirse abajo”.
 
–¿Cuáles son las necesidades de los clubes hoy?
 
–Institucionales, en infraestructura… deportivamente algunos han mejorado, otros no tanto. La vida social del rugby se ha ido debilitando y achicándose. Otros deportes se han comido gran parte de la gente que iba a ver rugby. El rugby dejó de ser un programa de fin de semana. En Tucumán, una cosa que ha debilitado mucho la cultura del rugby es haber perdido al seleccionado, que era lo que nos unía, lo que nos mantenía en armonía. He observado que a otras provincias les ha pasado lo mismo.
 
–¿Qué provocó esto?
 
–Hace 18 años, el rugby era uno solo. Hoy hay una realidad: el rugby profesional es una cosa y el rugby de clubes es otra. No creo que haya gente que quiera romper al rugby de clubes, no creo que haya mala intención, pero las personas buenas también se equivocan. Me parece que se está cometiendo una gran equivocación, porque son dos realidades completamente distintas. En el rugby profesional todos sacan algo, en el rugby de clubes todos ponen algo. En el rugby profesional vale el resultado, en el rugby de clubes vale cómo luchás. Un entrenador de rugby profesional dice ‘todos ustedes van a hacer lo que yo digo’, en el rugby de clubes vos tenés que mirar qué tenés y decir ‘yo voy a ayudar a estos chicos a que jueguen eso del mejor modo posible’.
 
El célebre ingeniero eléctrico Nikola Tesla decía que cuando la imaginación limita a la creación se llama adoctrinamiento. Yo he observado una suerte de bajada de línea en la cual todos juegan a lo mismo. Me parece que está bien en el rugby profesional, pero en el de clubes no, porque no todos pueden plegarse a ejecutar ese programa, esos contenidos que se bajan. Que están muy bien para el rugby profesional, pero no para el rugby de clubes donde hay chicos que no han desarrollado sus capacidades motrices. De ahí viene una enorme frustración por parte de los chicos. Están estresados. Yo he entrenado chicos y he visto que hacen un esfuerzo enorme no por jugar al rugby, sino por hacer eso que les estaban bajando. Son unos autómatas. He escuchado la frase ‘si no pesás 20 kilos más, no sos nadie’. Es peligrosísimo. Veo a los clubes muy estresados, veo a los dirigentes tratando de sostener un rumbo que no se sabe cuál es. No sé adónde vamos.
 
–Se estructura todo en función de la punta de la pirámide y no de la base…
 
–El nivel más importante de todos, donde nace todo el rugby argentino, es el doméstico. Ahí interactúa todo el rugby, desde el chico de seis años hasta el veterano. En las competencias regionales compiten los planteles superiores, y en las nacionales las primeras divisiones. Son complementarias, no sustitutivas. Cuando una competencia regional sustituye a la doméstica estás rompiendo el escenario donde tienen que desarrollarse los clubes. Todo el rugby argentino está ordenado en función del rugby de elite. ¿Orden para qué? ¿Para que de los 70.000 chicos que juegan al rugby salga un Puma? Me parece que, habiendo pasado todo este tiempo, se debería buscar una manera distinta de convivencia entre estos dos rugbies. El rugby de elite argentino está en el primer nivel del mundo. Los Pumas les ganan a cualquiera. Pero en el rugby de clubes no ha pasado lo mismo. Los clubes están más pobres, las uniones están limitadas en su posibilidad de mirar su rugby doméstico. Tenés que multiplicar recursos y tenés cada vez menos. Hay un campeonato regional que hace que el plantel superior se desconecte completamente del resto del club. Cada unión tiene que tener su propio ritmo y su propia lógica de torneo.
 
¿Qué es la competencia en el rugby de clubes? No es ganar. Es poder generar las mejores condiciones para que los chicos practiquen el rugby y además sean animados a ser mejores tipos. Hoy los chicos no van a jugar al rugby, van a entrenar rugby. El rugby se aprende jugando, no entrenando. Entrenando se perfecciona, pero si no aprendés a jugar, ¿de qué te sirve entrenarte tanto? Quien diga que al rugby se aprende a jugar entrenando, no sabe nada de rugby. Ahí advierto, por lo menos en Tucumán que es lo que yo veo, que hay que tratar de lograr que quienes cumplen funciones la pasen mejor.
 
–¿Cómo afecta esta política al rugby de clubes?
 
–Uno de los problemas más graves que veo a nivel institucional es que no sé adónde estamos yendo. Un deporte que tenía una centralidad importante, donde íbamos todos a nutrirnos. Estamos yendo a una competencia salvaje, con quilombo todos los fines de semana, puteadas a los árbitros. El exitismo no es propio del rugby. La tradición del rugby se ha enrarecido y está lleno de vicios que no tienen nada que ver con el rugby: la violencia, la chupada, los estimulantes. Todo eso hay que hablarlo y sincerarlo. El rugby de clubes es un deporte en el cual se anima a la gente a ser un tipo virtuoso. Hoy el alcohol en los terceros tiempos está fuera de control.
 
–¿Qué rol cumplen hoy las uniones provinciales?
 
–Las uniones representan a los clubes en la Unión Argentina de Rugby. No es que la UAR es dueña de los clubes. Cada cual tiene que promover lo que considere mejor para esa vida de clubes. Después se tiene que hacer responsable. Otro de los problemas que veo es la enorme deserción que hay. Siempre ha habido una deserción natural, a los 15 y a los 19 años. Hoy es a cualquier edad. Mucha gente se polariza a dos o tres clubes y el resto quedan vacíos porque en esta dinámica de tanta competencia, todos quieren ir al que gana y se generan desequilibrios: clubes con tres divisiones que juegan contra otro que tiene una sola. Las uniones deben generar el mejor escenario posible para todo el rugby según las características de cada escenario.
 
–Mencionaste el tema de los referís, que está en boga en estos momentos…
 
–Los referis no siempre tienen la razón, ese lema está mal. No es la traducción original. La traducción es que siempre se respetan las decisiones del referi. Porque son humanos, se pueden equivocar. Es momento de parar la pelota y hacer un sincero análisis de esto. Hay que trazar una raya. Si yo me voy al rugby profesional, no podría hacer ningún aporte positivo desde el amateurismo. De la misma manera, quienes vienen del rugby profesional y son contratados por los clubes cambian un eje fundamental que hay en el rugby: el eje fundamental es luchar bien, no ganar. Si un tipo es contratado para ganar, se empieza a correr el eje. Se empiezan a producir situaciones que empujan todo en otra dirección. Cuando se corre el eje, después es difícil volver.
 
–Hay mucha gente que piensa como vos. Sin embargo, todo sigue igual. ¿Qué se puede hacer para cambiar esta situación?
 
–Lo que pasa es que no hay instancias para debatir. En el rugby las cosas cambian por proacción o por reacción. Sería bueno que se vieran las voluntades responsables de esta realidad y vean qué es lo mejor para los clubes, la célula fundamental del rugby argentino. Que tengan la libertad de definirlo. Me parece una torpeza que venga un tipo a querer gerenciar desde una oficina y no conoce la realidad del día a día de un club de rugby. No porque hayan pasado por el rugby amateur saben de rugby amateur. Yo he sido capitán de los Pumas, pero yo no puedo hacer un carajo ahí. Yo no estoy enojado, estoy muy preocupado. Uno tiene la oportunidad de hablar de esto, tiene que ser algo positivo y claro. Aunque sea duro, tiene que ser sincero y bien fundamentado.
 
–¿Qué cosas cambiarías?
 
–Las provincias necesitan un tiempo para recrear la competencia doméstica y que los clubes puedan existir en un escenario más saludable. En Tucumán hay gente que dice que no tiene que existir el Regional del NOA. Yo no lo comparto. Tucumán tiene la mayoría dominante en el norte argentino y no puede decir ‘yo con vos no juego’. Lo que no se puede hacer es descuidar lo tuyo para ocuparte de algo que es ajeno y que aparte tampoco ayuda a la competencia doméstica de los otros. Hay conflictos de intereses también en el medio de todo esto.
 
–Hay mucha gente que piensa como vos. Sin embargo, todo sigue igual. ¿Qué se puede hacer para cambiar esta situación?
 
–Lo que pasa es que no hay instancias para debatir. En el rugby las cosas cambian por proacción o por reacción. Sería bueno que se vieran las voluntades responsables de esta realidad y vean qué es lo mejor para los clubes, la célula fundamental del rugby argentino. Que tengan la libertad de definirlo. Me parece una torpeza que venga un tipo a querer gerenciar desde una oficina y no conoce la realidad del día a día de un club de rugby. No porque hayan pasado por el rugby amateur saben de rugby amateur. Yo he sido capitán de los Pumas, pero yo no puedo hacer un carajo ahí. Yo no estoy enojado, estoy muy preocupado. Uno tiene la oportunidad de hablar de esto, tiene que ser algo positivo y claro. Aunque sea duro, tiene que ser sincero y bien fundamentado.
 
–¿Qué cosas cambiarías?
 
–Las provincias necesitan un tiempo para recrear la competencia doméstica y que los clubes puedan existir en un escenario más saludable. En Tucumán hay gente que dice que no tiene que existir el Regional del NOA. Yo no lo comparto. Tucumán tiene la mayoría dominante en el norte argentino y no puede decir ‘yo con vos no juego’. Lo que no se puede hacer es descuidar lo tuyo para ocuparte de algo que es ajeno y que aparte tampoco ayuda a la competencia doméstica de los otros. Hay conflictos de intereses también en el medio de todo esto.
 
–Por otro lado, los jugadores buscan ser profesionales y vivir del rugby…
 
–Eso es una realidad y uno no puede oponerse a lo que ellos quieren. Lo que no se puede hacer es conducir al rugby a lo que ellos quieren. Porque quizá no sea lo más conveniente. En ese escenario entran 20 o 30 tipos, no podés sacrificar todo un universo de gente para que unos pocos terminen beneficiándose. Es lo que quieren, ¿pero es lo que les conviene? Hay muchos chicos que pasaron por el rugby profesional y opinan distinto. No lo habrían hecho nunca. Hay que encontrar un equilibrio. ¿Cómo puede hacer la realidad profesional para albergar a esta cantidad de gente? Hacela, pero dejá que el otro rugby respire su vida. Los regionales tienen que ser para interactuar, no para competir. Eso de que la competencia te hace crecer, no sé, es opinable.
 
–Quienes defienden esta estructura argumentan que este sistema logró que salieran jugadores como Marcos Kremer…
 
–Kremer habría salido de ahí o de cualquier lado y le hubiese ido igual porque es un monstruo. A otros no les tocó pasar por el sistema y son unos monstruos también. Lo que sí es cierto es que el 100% de los chicos salieron de los clubes. Los chicos hoy están en Europa jugando para sostener el nivel, porque son clase mundial. Pero juegan y se entrenan al 150%, y eso es porque han experimentado jugar por sí mismos, no por dinero. Pongo las manos en el fuego que a los Pumas no les interesa jugar por dinero. Lo que quieren es jugar. Son fruto de los clubes. Me atrevo a apostar que lo que hace Kremer o Matera, de los que pasaron por el sistema, no es fruto de eso. No digo que el sistema sea malo, sino que hay que regularlo de alguna manera para los que no entran al sistema. Hoy la base de los Pumas son Pampas, Jaguares, Pumas 7s, que son unos monstruos, son divinos, pero es cruel dejar a los clubes subordinados a ellos. Hay que sacar al rugby de clubes de ahí, porque está ahogado. En aquel momento íbamos al progreso. Hoy habría que redefinir adónde vamos a llevar al rugby. Hay situaciones graves en clubes históricos. Hay que ayudarlos a salir de la crisis.
 
–¿La crisis es económica?
 
–De todo tipo. Clubes que no tienen jugadores, no tienen dirigentes, no tienen entrenadores, no tienen guita, tienen quilombos adentro. Se sostiene porque hay un ejército de voluntarios que sostienen el rugby. Los que dicen que el rugby profesional sostiene al rugby de clubes es una vil afirmación. Sumá todo lo que pone el jugador para jugar en cuota, botines, camiseta, pantalón, inscripción, seguro, transporte… multiplicalo por todos los jugadores que hay en la Argentina, más todo lo que ponen los voluntarios, y ponelo a la par de lo que la UAR pone en competencia, difusión y capacitación, te daría vergüenza. Es una afirmación injusta.
 
–Además, según lo que decís, competencia, difusión y capacitación no es lo que los clubes necesitan. Al contrario, es contraproducente…
 
–Eso es beneficio sólo para el rugby profesional. No la están poniendo, la están invirtiendo. ¿Invertís para que el rugby de clubes esté fuerte o invertís para desnatar lo mejor? También en la Argentina existen los traficantes, los agentes de jugadores, que ganan plata con eso. No sé si está bien o mal, pero existen y hay que decirlo.
 
–¿Qué tiene el rugby para aportar a la sociedad?
 
–Hay muchas cuestiones de la tradición del rugby que están desatendidas. El rugby no es un ejemplo, es un deporte más. Tenemos mucho por ganar. El rugby hoy es más necesario que nunca. En un mundo donde el hombre ha perdido el sentido de sí mismo, somos medio máquinas, autómatas… Objetivos, guita, placer, el bienestar. Y el objetivo en el rugby es el buen ser.
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