Modelo Bukele: Noboa logra bajar drásticamente los homicidios en Ecuador, aunque continúa el desafío criminal
Por:
Carolina Mella
Lunes 18 de
Marzo 2024
Los asesinatos bajaron de 40 a 12 por día en medio del estado de excepción, mientras la popularidad del mandatario se disparó a más del 80%; sin embargo, los secuestros y las extorsiones están en alza
GUAYAQUIL.- El gobierno de Daniel Noboa ha reducido drásticamente los homicidios en el país, lo que explica en parte la alta popularidad de la que goza (más del 80%). Ecuador ha pasado de tener 40 homicidios al día a 12, lo que supone una reducción de más del 60%. Sin embargo, han repuntado las extorsiones y los secuestros. El pago de extorsiones se ha duplicado y en todo el 2023 se registraron 138 raptos, y solo entre enero y marzo de 2024 ya suman 38. La mayoría ocurrieron en Guayaquil, según las cifras de la policía, la que es la ciudad más violenta del país.
Noboa, un joven empresario heredero de un imperio del banano, llegó al gobierno sin que nadie lo esperase, venciendo al correísmo. Pronto dijo que aplicaría las exitosas recetas de Nayib Bukele contra el crimen en El Salvador. Después de una arremetida del crimen organizado en enero, sacó el ejército a la calle y a la luz de los datos sobre homicidios el shock provocado ha funcionado. Además, su gobierno realiza en las cárceles un registro de ADN de presos a los que no se les proporciona suficiente información sobre lo eso supone, como reveló el sábado EL PAÍS. Ese mismo día, el gobierno reconoció mediante un comunicado que estaba realizando esas pruebas, pero según su versión cumple con el protocolo e informa a los internos. Sin embargo, este periódico ha documentado que esto no es así.
Por el aumento del secuestro se están produciendo historias como las de Francisco, que con el rostro tapado, con su camiseta y las manos atadas se dio cuenta que no estaba solo en el pequeño cuarto destartalado, de madera y caña donde lo habían dejado sentado en el piso. Estaba secuestrado, en algún barrio de Guayaquil, donde rige un estado de excepción para que miles de militares patrullen las calles. Dos horas antes había sido detenido mientras iba en su carro en una avenida principal del sur.
“Dos tipos en una moto se pusieron al lado de mi ventana y me apuntaron, me pedían que me baje, y cuando intenté tomar el teléfono para alertar a mi esposa, otros dos me estaban apuntando del lado del copiloto”, recuerda Francisco con detalle ese día.
Encerrado en aquel cuarto, sin poder ver a su alrededor, escuchaba la respiración de otros dos hombres a su lado sentados en el piso cerca de él. Nadie se atrevía a hablar por temor a enojar a su custodio, un muchacho con un arma que estaba en la puerta.
Francisco intentaba no perder la noción del tiempo, cuando los sujetos, con toda clase de armas, entraron al cuarto a hacerle grabar un video al hombre que estaba a su derecha. Podía sentir lo nervioso que estaba por cómo gemía y respiraba agitadamente, como quien camina a la guillotina. Lo primero que hizo cuando habló, fue pedir perdón a la familia, relata Francisco, que reconoció por la voz que se trataba de un joven de unos veinte años.
“Al parecer estaba metido en la venta de droga”, añade, porque lo último que dijo el muchacho fue que se llevó una droga, y resignado del final que iba a tener, se despidió. “Sentí cómo lo apuñalaron varias veces y después lo arrastraron para sacarlo del cuarto”, narra el hombre que sobrevivió por suerte. Luego conoció que el muchacho llevaba cerca de tres semanas secuestrado, y el otro hombre en la habitación tenía más de un mes en ese lugar. “Era un comerciante de avanzada edad al que estaban extorsionando a la familia para depositarles dinero a cambio de soltarlo con vida”, dice Francisco. El hombre fue liberado mientras él seguía esperando.
Hasta que llegó su turno. Habían pasado unas cinco horas desde que lo secuestraron, cuando entraron nuevamente los sujetos armados. Le quitaron la camiseta que cubría el rostro y al frente tenía un teléfono celular. Estaba en una videollamada. “¡Él no es!”, gritó el que estaba en la línea. “Se habían equivocado. Buscaban a un tipo con el mismo modelo y color de carro, pero con los vidrios azules, y el mío no tiene los vidrios azules”, dice Francisco. El error podía empeorar la situación o librarlo del secuestro. “Les dije, mírenme bien, no soy el que buscan, yo soy un trabajador”, intentaba negociar Francisco, “me quitaron la ropa para revisarme si tenía tatuajes y si pertenecía a alguna banda y me dejaron de nuevo en el piso”, cuenta el hombre, al que le dijeron que si se portaba bien le perdonarían la vida. Por la noche lo sacaron del cuarto, lo subieron a una tricimoto (una moto al que le adaptan unos asientos y lo cubren con lona) y lo dejaron en el filo de la avenida Perimetral, que bordea la periferia de Guayaquil y donde botan a los secuestrados y a los muertos. Francisco estaba con vida.
Las extorsiones suman 1518 casos en lo que va el 2024, frente a los 787 en el mismo periodo del año pasado. Estas cifras son solo las que han sido denunciadas. Hay barrios enteros, negocios y personas que no denuncian por temor a las represalias y la falta de confianza en la justicia y en la Policía, ya que algunos de sus miembros han sido detenidos por estar implicados con las bandas que se dedican a estos delitos. Del secuestro de Francisco, la policía no se enteró. Después de ser liberado, los secuestradores lo extorsionaron, le pidieron 2500 dólares para devolverle su vehículo que había sido desmantelado. Él pagó a los criminales, le entregaron el auto y no denunció.
En las calles de Guayaquil hay una relativa calma. “No escuchamos tantas balaceras, ni muertos”, dice José que vive en el sector de Flor de Bastión, uno de los barrios más peligrosos de la ciudad. La percepción es que no hay tantos muertos por la presencia de los militares. Pero “el crimen organizado tiene tres décadas incrustado en el país y es difícil destruirlo solo con acciones militares”, explica Mario Pazmiño, exdirector de Inteligencia, quien analiza que lo que ha ocurrido en Ecuador es solo una pequeña parte de lo que puede hacer el crimen organizado, que tiene el poder de mutar y reorganizarse con rapidez.
“Porque en todo estos años ha tenido una penetración en el estamento gubernamental, de control, en el sistema financiero, en el judicial y social. Eso es difícil cambiarlo en poco tiempo”, añade, aunque cree que pueden sembrarse políticas públicas de largo plazo. El problema es que el gobierno todavía no habla de eso. Para la Policía, los delitos de secuestro y extorsión son problemas que no solo ocurren en Ecuador sino en toda la región. “Las organizaciones criminales vieron en este delito una posibilidad para fortalecer las economías ilegales para mantener estas bandas terroristas dentro del país”, dijo Byron Ramos, jefe de la Dinased en una entrevista en el medio Teleamazonas. Pero salir a la calle sigue siendo un acto de valentía en Guayaquil, donde se vive con la incertidumbre de ser secuestrado, extorsionado o asaltado.
Noboa, un joven empresario heredero de un imperio del banano, llegó al gobierno sin que nadie lo esperase, venciendo al correísmo. Pronto dijo que aplicaría las exitosas recetas de Nayib Bukele contra el crimen en El Salvador. Después de una arremetida del crimen organizado en enero, sacó el ejército a la calle y a la luz de los datos sobre homicidios el shock provocado ha funcionado. Además, su gobierno realiza en las cárceles un registro de ADN de presos a los que no se les proporciona suficiente información sobre lo eso supone, como reveló el sábado EL PAÍS. Ese mismo día, el gobierno reconoció mediante un comunicado que estaba realizando esas pruebas, pero según su versión cumple con el protocolo e informa a los internos. Sin embargo, este periódico ha documentado que esto no es así.
Por el aumento del secuestro se están produciendo historias como las de Francisco, que con el rostro tapado, con su camiseta y las manos atadas se dio cuenta que no estaba solo en el pequeño cuarto destartalado, de madera y caña donde lo habían dejado sentado en el piso. Estaba secuestrado, en algún barrio de Guayaquil, donde rige un estado de excepción para que miles de militares patrullen las calles. Dos horas antes había sido detenido mientras iba en su carro en una avenida principal del sur.
“Dos tipos en una moto se pusieron al lado de mi ventana y me apuntaron, me pedían que me baje, y cuando intenté tomar el teléfono para alertar a mi esposa, otros dos me estaban apuntando del lado del copiloto”, recuerda Francisco con detalle ese día.
Encerrado en aquel cuarto, sin poder ver a su alrededor, escuchaba la respiración de otros dos hombres a su lado sentados en el piso cerca de él. Nadie se atrevía a hablar por temor a enojar a su custodio, un muchacho con un arma que estaba en la puerta.
Francisco intentaba no perder la noción del tiempo, cuando los sujetos, con toda clase de armas, entraron al cuarto a hacerle grabar un video al hombre que estaba a su derecha. Podía sentir lo nervioso que estaba por cómo gemía y respiraba agitadamente, como quien camina a la guillotina. Lo primero que hizo cuando habló, fue pedir perdón a la familia, relata Francisco, que reconoció por la voz que se trataba de un joven de unos veinte años.
“Al parecer estaba metido en la venta de droga”, añade, porque lo último que dijo el muchacho fue que se llevó una droga, y resignado del final que iba a tener, se despidió. “Sentí cómo lo apuñalaron varias veces y después lo arrastraron para sacarlo del cuarto”, narra el hombre que sobrevivió por suerte. Luego conoció que el muchacho llevaba cerca de tres semanas secuestrado, y el otro hombre en la habitación tenía más de un mes en ese lugar. “Era un comerciante de avanzada edad al que estaban extorsionando a la familia para depositarles dinero a cambio de soltarlo con vida”, dice Francisco. El hombre fue liberado mientras él seguía esperando.
Hasta que llegó su turno. Habían pasado unas cinco horas desde que lo secuestraron, cuando entraron nuevamente los sujetos armados. Le quitaron la camiseta que cubría el rostro y al frente tenía un teléfono celular. Estaba en una videollamada. “¡Él no es!”, gritó el que estaba en la línea. “Se habían equivocado. Buscaban a un tipo con el mismo modelo y color de carro, pero con los vidrios azules, y el mío no tiene los vidrios azules”, dice Francisco. El error podía empeorar la situación o librarlo del secuestro. “Les dije, mírenme bien, no soy el que buscan, yo soy un trabajador”, intentaba negociar Francisco, “me quitaron la ropa para revisarme si tenía tatuajes y si pertenecía a alguna banda y me dejaron de nuevo en el piso”, cuenta el hombre, al que le dijeron que si se portaba bien le perdonarían la vida. Por la noche lo sacaron del cuarto, lo subieron a una tricimoto (una moto al que le adaptan unos asientos y lo cubren con lona) y lo dejaron en el filo de la avenida Perimetral, que bordea la periferia de Guayaquil y donde botan a los secuestrados y a los muertos. Francisco estaba con vida.
Las extorsiones suman 1518 casos en lo que va el 2024, frente a los 787 en el mismo periodo del año pasado. Estas cifras son solo las que han sido denunciadas. Hay barrios enteros, negocios y personas que no denuncian por temor a las represalias y la falta de confianza en la justicia y en la Policía, ya que algunos de sus miembros han sido detenidos por estar implicados con las bandas que se dedican a estos delitos. Del secuestro de Francisco, la policía no se enteró. Después de ser liberado, los secuestradores lo extorsionaron, le pidieron 2500 dólares para devolverle su vehículo que había sido desmantelado. Él pagó a los criminales, le entregaron el auto y no denunció.
En las calles de Guayaquil hay una relativa calma. “No escuchamos tantas balaceras, ni muertos”, dice José que vive en el sector de Flor de Bastión, uno de los barrios más peligrosos de la ciudad. La percepción es que no hay tantos muertos por la presencia de los militares. Pero “el crimen organizado tiene tres décadas incrustado en el país y es difícil destruirlo solo con acciones militares”, explica Mario Pazmiño, exdirector de Inteligencia, quien analiza que lo que ha ocurrido en Ecuador es solo una pequeña parte de lo que puede hacer el crimen organizado, que tiene el poder de mutar y reorganizarse con rapidez.
“Porque en todo estos años ha tenido una penetración en el estamento gubernamental, de control, en el sistema financiero, en el judicial y social. Eso es difícil cambiarlo en poco tiempo”, añade, aunque cree que pueden sembrarse políticas públicas de largo plazo. El problema es que el gobierno todavía no habla de eso. Para la Policía, los delitos de secuestro y extorsión son problemas que no solo ocurren en Ecuador sino en toda la región. “Las organizaciones criminales vieron en este delito una posibilidad para fortalecer las economías ilegales para mantener estas bandas terroristas dentro del país”, dijo Byron Ramos, jefe de la Dinased en una entrevista en el medio Teleamazonas. Pero salir a la calle sigue siendo un acto de valentía en Guayaquil, donde se vive con la incertidumbre de ser secuestrado, extorsionado o asaltado.
Inflación en alza: el riesgo para marzo, la brecha con el IPC que no fue y el "trading" que despertó sospechas
De haberse actualizado la canasta para medir la inflación, el IPC hubiera sido de 3,1%. El dato oficial suma nueve meses sin desacelerar. Dudas en el mercado por la presunta filtración de la cifra
Un juez declaró inconstitucional un artículo clave de la reforma laboral
El magistrado Ricardo Giletta rechazó la validez constitucional del artículo 55 de la llamada Ley de Modernización Laboral. Ordenó que los créditos laborales se actualicen según el mecanismo previsto en la Ley de Contrato de Trabajo.
Ranking de inflación: en qué posición quedó Argentina en América Latina tras el dato de febrero
Mientras la mayoría de las economías de la región reportaron variaciones inferiores al 1% e incluso deflación, el IPC local consolidó la tendencia alcista que se inició en mayo de 2025

Suscribite!
Y recibí las noticias más importantes!
Y recibí las noticias más importantes!
Nota22.com
Conducen: Maxi Romero y Carlos Renna
LO MÁS VISTO
Pullaro desgasta rápidamente a los suyos: ¿el motivo?
No alcanzó con reformar la Constitución para asegurar la posibilidad de la reelección del Gobernador ¿Por qué desgasta políticamente a los propios? Sectores del socialismo analizan alejarse del frente oficialista. Mientras tanto muestran los dientes y enojo en algunos proyectos en trámites en la Legislatura.
Son instituciones para bebés de entre 45 días niños menores de 3 años, que desarrollan su actividad en el turno vespertino. La Ciudad de Buenos Aires, Mendoza y la localidad de Venado Tuerto (Santa Fe) cuentan con salas abiertas hace algunos años. Son clave para quienes trabajan de noche.
El impacto del conflicto sobre la inflación argentina; la negativa del Presidente de colocar un bono; el problema de la caída en la recaudación; la alarma de Talvi; Mahiques en la Conmebol y en la FIFA; el abogado Jakim; el caso del juez Maraniello
El Gobierno asumirá el costo de pruebas y ensayos; el detalle de la normativa que rige desde mañana




