Los conservadores vuelven al poder en Alemania y la ultraderecha se consolida como segunda fuerza
Por:
Luisa Corradini
Lunes 24 de
Febrero 2025
La CDU-CSU obtuvo el 28,5% de los votos y liderará el próximo gobierno, mientras que la AfD de Alice Weidel alcanzó un récord del 20,5% y desplazó a la socialdemocracia al tercer lugar; la reconfiguración política alemana plantea desafíos en la UE y en la relación con EE.UU.
Conducida por el enérgico líder Friedrich Merz, de 69 años, la democracia cristiana recuperó este domingo el poder en Alemania con una modesta victoria de 28,5% de los votos (+4,9%), que le permitió asegurarse una minoría de 211 diputados sobre un total de 630 bancas del Bundestag. Pero la gran triunfadora de esta elección fue la economista Alice Weidel, de 49 años, líder de la extrema derecha, que duplicó su caudal de hace cuatro años.
Weidel consagró al partido de ultraderecha Alternativa para Alemania (AfD), nostálgico del nazismo y cuyos miembros han minimizado el Holocausto, como segunda fuerza política del país con 20,5% de votos (145 escaños), desplazando al tercer lugar a la socialdemocracia. El PSD, dirigido por el canciller saliente Olaf Scholz (66 años), perdió 9,7% del caudal obtenido en 2021, y solo totalizó 16% de los sufragios (118 escaños).
Esos resultados sancionaron el fracaso de la política zigzagueante que desarrolló en los últimos cuatro años, antes de ser derrocado el 25 de enero por una moción de censura seis meses antes del final de su mandato. A pesar de las evidencias, Scholz pareció descubrir la realidad al conocer la sanción de las urnas, y asumió la responsabilidad de una “amarga derrota” sin pronunciarse sobre su futuro político.
Impetuoso e impaciente –conforme a su reputación–, Merz se comprometió a actuar con rapidez en el plano interior para “volver a estar presentes en Europa”. Esa frase pareció responder a la expectativa de los otros 26 socios de la Unión Europea (UE) que esperan con impaciencia la formación de un nuevo gobierno en Berlín en este momento particularmente delicado para el continente, debido a las negociaciones de paz sobre la guerra en Ucrania y las relaciones con Estados Unidos, con la amenaza de una guerra comercial por el aumento de tarifas aduaneras. Alemania considera esos nuevos gravámenes como una grave amenaza para sus exportaciones industriales, en particular del sector automotriz, pilar de la economía nacional.
El nuevo líder democristiano tendrá que desplegar también una gran energía para contener la inmigración, que constituye la principal inquietud del electorado y el principal combustible que alimentó en estos últimos cuatro años el ascenso de la extrema derecha. Merz es consciente de que un nuevo fracaso en los frentes económico y migratorio pueden dejar la AfD a las puertas del poder dentro de cuatro años. Esa presión obligó a los otros partidos a endurecer sus posiciones, en particular los conservadores que ahora propician un “restablecimiento durable” de controles en las fronteras.
Revigorizada por el caudal de votos cosechado este domingo, la AfD espera aumentar la presión sobre ese tema, aunque al mismo tiempo, al celebrar jubilosamente los resultados electorales, volvió a ofrecer su colaboración. Su líder, Alice Weidel, reiteró que “siempre mantendremos la mano tendida a los conservadores para gobernar Alemania”. La propuesta de alianza, formulada por primera vez durante la campaña, fue enérgicamente excluida por Merz en forma inmediata.
El nuevo canciller tiene presente, seguramente, que el partido neonazi Alternative für Deutschland (AfD) se convirtió en las últimas semanas en un interlocutor radiactivo para la mayor parte de la clase política alemana, sobre todo después de recibir -con placer- los gestos de apoyo del vicepresidente norteamericano, J.D. Vance, y el primer ministro húngaro, Viktor Orban, que la recibió con los brazos abiertos en Budapest. El millonario Elon Musk fue el más explícito en su respaldo al intervenir dos veces en la campaña del AfD.
Las injerencias externas favorables a la AfD crearon profunda irritación en diversos sectores de la opinión pública, donde creció la sensación de “complicidad pasiva” con la campaña de desestabilización promovida por Moscú contra Alemania en este momento particularmente delicado de su historia. Esa tensión se agudizó en los últimos días, debido a las operaciones lanzadas a través de las redes sociales y un centenar de sitios internet falsos que utilizan programas de inteligencia artificial generativa para fabricar deepfakes con imágenes trucadas o para lanzar maniobras de intoxicación política o acusaciones contra dirigentes antirrusos.
Alice Weidel, que será sin duda una de las estrellas políticas de los próximos años, también es inflamable en el resto de Europa, como demuestra la prudencia con que actúan los partidos políticos, incluso los de extrema derecha, que se niegan aceptar a la AfD en los bloques constituidos por afinidad ideológica entre los diferentes países en el Parlamento Europeo.
Las otras fuerzas políticas que ingresarán en el Parlamento son el movimiento ecologista Los Verdes, dirigidos por Robert Habeck, que reunió 12% de sufragios (94 diputados). Por su parte, el movimiento de izquierda Dier Linke consiguió 8,6% de votos (62 bancas).
Por no haber podido superar la barrera de 5% de votos como mínimo, quedarán excluidos del Parlamento el Partido Liberal Demócrata, dirigidos por Christian Lindner, que reunió 4,9%, mientras está indeciso el futuro de la nueva formación extremista BSW, sigla que sintetiza la ideología antisistema y las iniciales del nombre de su fundadora Sahra Wagenknecht, que oscilaba entre 4,9% y 5% de las boletas. Esa dispersión de votos privó a la AfD de un caudal esencial de electores.
Los resultados obtenidos por Merz en esta consulta anticipada, que movilizó 52% del electorado, marcan el regreso al poder de la coalición de derecha conservadora más fuerte de Europa, formada por la Unión Demócrata Cristiana (CDU) y la Unión Social Cristiana (CSU), esencialmente implantada en Bavaria. La alianza CDU-CSU fue relegada a la oposición en 2021 tras el retiro de la canciller Angela Merkel después de una permanencia récord de 16 años en el poder. Con ese mandato, la democracia cristiana había totalizado 48 años al frente de la primera potencia económica de Europa (contra 28 años de la SPD, incluyendo el período de Scholz).
Merz será, en consecuencia, el quinto canciller democristiano desde la normalización democrática del país en 1949, después de Konrad Adenauer (1949-1963), Ludwig Erhard (1963-1966), Helmut Kohl (1982-1998) y Angela Merkel (2005-2021).
Pero el ascenso de la AfD y el derrumbe de la socialdemocracia sugieren el comienzo de una reconfiguración del mosaico político alemán, signado por un desplazamiento de los sectores populares y de clase media hacia la extrema derecha. El mismo fenómeno que se registra en la mayor parte de Europa.
No es casual que los alemanes hayan recurrido a un economista -célebre en los medios políticos y profesionales en los cuales evolucionó por su malhumor, ímpetu y vehemencia- para dirigir al país en el este momento particularmente delicado de la historia del país y del contexto geopolítico internacional.
A menos que proyecte imprimir un cambio radical de orientación a la tradicional política de alianzas, hipótesis poco verosímil, se espera que -conforme a la tradición- el nuevo canciller reserve su primer viaje al exterior a París a fin de revigorizar el anémico dialogo franco-germano, debilitado por las dudas y la falta de iniciativas de Scholz.
En la modesta celebración de su victoria, Merz se dijo consciente de esa emergencia se comprometió a acelerar las negociaciones con socialdemócratas y verdes, que son los dos candidatos posibles para integrar una coalición de gobierno. “Debemos volver a ser rápidamente operacionales para estar nuevamente presentes en Europa”, declaró.
Weidel consagró al partido de ultraderecha Alternativa para Alemania (AfD), nostálgico del nazismo y cuyos miembros han minimizado el Holocausto, como segunda fuerza política del país con 20,5% de votos (145 escaños), desplazando al tercer lugar a la socialdemocracia. El PSD, dirigido por el canciller saliente Olaf Scholz (66 años), perdió 9,7% del caudal obtenido en 2021, y solo totalizó 16% de los sufragios (118 escaños).
Esos resultados sancionaron el fracaso de la política zigzagueante que desarrolló en los últimos cuatro años, antes de ser derrocado el 25 de enero por una moción de censura seis meses antes del final de su mandato. A pesar de las evidencias, Scholz pareció descubrir la realidad al conocer la sanción de las urnas, y asumió la responsabilidad de una “amarga derrota” sin pronunciarse sobre su futuro político.
Impetuoso e impaciente –conforme a su reputación–, Merz se comprometió a actuar con rapidez en el plano interior para “volver a estar presentes en Europa”. Esa frase pareció responder a la expectativa de los otros 26 socios de la Unión Europea (UE) que esperan con impaciencia la formación de un nuevo gobierno en Berlín en este momento particularmente delicado para el continente, debido a las negociaciones de paz sobre la guerra en Ucrania y las relaciones con Estados Unidos, con la amenaza de una guerra comercial por el aumento de tarifas aduaneras. Alemania considera esos nuevos gravámenes como una grave amenaza para sus exportaciones industriales, en particular del sector automotriz, pilar de la economía nacional.
El nuevo líder democristiano tendrá que desplegar también una gran energía para contener la inmigración, que constituye la principal inquietud del electorado y el principal combustible que alimentó en estos últimos cuatro años el ascenso de la extrema derecha. Merz es consciente de que un nuevo fracaso en los frentes económico y migratorio pueden dejar la AfD a las puertas del poder dentro de cuatro años. Esa presión obligó a los otros partidos a endurecer sus posiciones, en particular los conservadores que ahora propician un “restablecimiento durable” de controles en las fronteras.
Revigorizada por el caudal de votos cosechado este domingo, la AfD espera aumentar la presión sobre ese tema, aunque al mismo tiempo, al celebrar jubilosamente los resultados electorales, volvió a ofrecer su colaboración. Su líder, Alice Weidel, reiteró que “siempre mantendremos la mano tendida a los conservadores para gobernar Alemania”. La propuesta de alianza, formulada por primera vez durante la campaña, fue enérgicamente excluida por Merz en forma inmediata.
El nuevo canciller tiene presente, seguramente, que el partido neonazi Alternative für Deutschland (AfD) se convirtió en las últimas semanas en un interlocutor radiactivo para la mayor parte de la clase política alemana, sobre todo después de recibir -con placer- los gestos de apoyo del vicepresidente norteamericano, J.D. Vance, y el primer ministro húngaro, Viktor Orban, que la recibió con los brazos abiertos en Budapest. El millonario Elon Musk fue el más explícito en su respaldo al intervenir dos veces en la campaña del AfD.
Las injerencias externas favorables a la AfD crearon profunda irritación en diversos sectores de la opinión pública, donde creció la sensación de “complicidad pasiva” con la campaña de desestabilización promovida por Moscú contra Alemania en este momento particularmente delicado de su historia. Esa tensión se agudizó en los últimos días, debido a las operaciones lanzadas a través de las redes sociales y un centenar de sitios internet falsos que utilizan programas de inteligencia artificial generativa para fabricar deepfakes con imágenes trucadas o para lanzar maniobras de intoxicación política o acusaciones contra dirigentes antirrusos.
Alice Weidel, que será sin duda una de las estrellas políticas de los próximos años, también es inflamable en el resto de Europa, como demuestra la prudencia con que actúan los partidos políticos, incluso los de extrema derecha, que se niegan aceptar a la AfD en los bloques constituidos por afinidad ideológica entre los diferentes países en el Parlamento Europeo.
Las otras fuerzas políticas que ingresarán en el Parlamento son el movimiento ecologista Los Verdes, dirigidos por Robert Habeck, que reunió 12% de sufragios (94 diputados). Por su parte, el movimiento de izquierda Dier Linke consiguió 8,6% de votos (62 bancas).
Por no haber podido superar la barrera de 5% de votos como mínimo, quedarán excluidos del Parlamento el Partido Liberal Demócrata, dirigidos por Christian Lindner, que reunió 4,9%, mientras está indeciso el futuro de la nueva formación extremista BSW, sigla que sintetiza la ideología antisistema y las iniciales del nombre de su fundadora Sahra Wagenknecht, que oscilaba entre 4,9% y 5% de las boletas. Esa dispersión de votos privó a la AfD de un caudal esencial de electores.
Los resultados obtenidos por Merz en esta consulta anticipada, que movilizó 52% del electorado, marcan el regreso al poder de la coalición de derecha conservadora más fuerte de Europa, formada por la Unión Demócrata Cristiana (CDU) y la Unión Social Cristiana (CSU), esencialmente implantada en Bavaria. La alianza CDU-CSU fue relegada a la oposición en 2021 tras el retiro de la canciller Angela Merkel después de una permanencia récord de 16 años en el poder. Con ese mandato, la democracia cristiana había totalizado 48 años al frente de la primera potencia económica de Europa (contra 28 años de la SPD, incluyendo el período de Scholz).
Merz será, en consecuencia, el quinto canciller democristiano desde la normalización democrática del país en 1949, después de Konrad Adenauer (1949-1963), Ludwig Erhard (1963-1966), Helmut Kohl (1982-1998) y Angela Merkel (2005-2021).
Pero el ascenso de la AfD y el derrumbe de la socialdemocracia sugieren el comienzo de una reconfiguración del mosaico político alemán, signado por un desplazamiento de los sectores populares y de clase media hacia la extrema derecha. El mismo fenómeno que se registra en la mayor parte de Europa.
No es casual que los alemanes hayan recurrido a un economista -célebre en los medios políticos y profesionales en los cuales evolucionó por su malhumor, ímpetu y vehemencia- para dirigir al país en el este momento particularmente delicado de la historia del país y del contexto geopolítico internacional.
A menos que proyecte imprimir un cambio radical de orientación a la tradicional política de alianzas, hipótesis poco verosímil, se espera que -conforme a la tradición- el nuevo canciller reserve su primer viaje al exterior a París a fin de revigorizar el anémico dialogo franco-germano, debilitado por las dudas y la falta de iniciativas de Scholz.
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