Superávit: cuáles son las cartas que tiene el plan de Caputo, más allá de la "motosierra"

Miércoles 15 de Abril 2026

La caída en la recaudación desafía el plan oficial. Los planes para mantener la disciplina fiscal y las mejoras que nota el Gobierno, rescatadas por algunos economistas.
El equilibrio fiscal no está en discusión. Es un mensaje que el presidente Javier Milei y algunos funcionarios del Ministerio de Economía repiten hasta el cansancio. La disciplina fiscal no admite concesiones, aunque la gran duda es si será suficiente para alcanzar la meta de superávit primario del 1,5% del PBI en 2026.
 
La respuesta tiene diferentes componentes. El primero es la caída en la recaudación impositiva, que en marzo bajó un 4,5% real interanual y acumula ocho meses consecutivos en terreno negativo.
 
En el primer trimestre del año, la recaudación habría registrado una caída del 8,7% real interanual, según cálculos del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF). La merma en los ingresos que llegan a las arcas del Estado se refleja en el resultado fiscal del período enero-febrero.
 
“En los primeros dos meses del año, el superávit primario alcanzó el 0,3% del PBI —por debajo del 0,4% de 2025 y del 0,6% de 2024—, lo que refleja que sostener el equilibrio fiscal se vuelve cada vez más desafiante”, señala la consultora MAP.
 
El ministro de Economía, Luis Caputo, no es ajeno a estos números. En las últimas semanas mencionó que la manera de impulsar el crecimiento de la recaudación es lograr “una mayor formalización del empleo y de los ahorros”, para lo cual, según expresó, “no fue casualidad” que la reforma laboral y la Ley de Inocencia Fiscal se enviaran simultáneamente al Congreso.
 
El titular del Palacio de Hacienda también sostuvo, en una reciente entrevista con LN+, que la caída en la recaudación obedece a la eliminación o reducción de algunos impuestos, sumada a “un poco más de informalidad”; es decir, la caída del empleo formal.
 
Hasta noviembre de 2025, la dinámica estuvo muy vinculada a la eliminación del impuesto PAIS, a la modificación del impuesto sobre Bienes Personales y a la reducción de retenciones al campo. Sin embargo, desde MAP señalan que en los últimos cinco meses el deterioro se volvió más generalizado.
 
“El empleo comenzó a aportar negativamente, en un contexto de menor dinamismo salarial; se profundizó la caída de los ingresos asociados a importaciones, y los impuestos vinculados a la actividad también mostraron mermas”, detallaron los economistas.
 
Aun así, los tributos vinculados a la actividad arrojaron signos positivos en marzo. “Algunos impuestos que no tuvieron reducciones en alícuotas muestran una evolución más favorable en marzo de 2026. El IVA DGI —asociado directamente al nivel de actividad y que representa el 25% del total recaudado en 2026— creció un 0,4% real interanual en el tercer mes del año. Lo mismo ocurrió con el impuesto al cheque —que representa el 8% del total—, que aumentó un 4,8% en la misma comparación”, subrayan desde la consultora Quantum Finanzas.
 
El segundo componente de esa respuesta es que la disminución de ingresos se produjo en un contexto de crecimiento de la actividad. El último dato disponible da cuenta de que el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) registró en enero un incremento del 1,9% interanual y 0,4% respecto de diciembre. Aun así, hay una Argentina que corre a “dos velocidades”.
 
La divergencia entre máximos en actividad y la caída en la recaudación está asociada a diversos factores. Según Quantum, uno de ellos es “la composición sectorial del crecimiento”, con minería, el sector agropecuario, petróleo, gas e intermediación financiera traccionando el crecimiento.
 
La contracara son los sectores más rezagados, como el comercio y la industria —los más intensivos en términos de empleo—, a lo que se suma “el incremento de la informalidad en sectores afectados por la competencia externa y la reducción de las alícuotas de algunos impuestos”.
 
Por lo tanto, sostener el superávit no depende únicamente de la disciplina fiscal, sino también de la capacidad de la economía de recuperar tracción.
 
“El Gobierno no quiere darle un fuerte impulso a la demanda vía política fiscal, buscando sostener el superávit y en el marco de un programa de estabilización. Ahora bien, si esa va a ser su postura, quizás una reasignación del gasto hacia rubros que tengan mayor impacto en la actividad (como en el caso de la obra pública, que tracciona no solo a construcción sino también a parte de la industria) podría ser más inteligente”, consideró Antonio Navarro, economista e integrante de la consultora LCG.
 

Ajuste del gasto

 
Si los ingresos no acompañan, sostener el superávit dependerá de un ajuste minucioso. Según MAP, el problema es que la mitad del gasto, como en el caso de las jubilaciones y la Asignación Universal por Hijo (AUH), está indexada a la inflación.
 
“El resto de las partidas se ubica en mínimos desde 2009, con excepción de los programas sociales, que vienen corrigiendo desde niveles elevados y a un ritmo condicionado por la realidad social y política”, consignaron.
 
En este contexto, la revisión se concentra en los gastos que no se ajustan automáticamente y responde a decisiones discrecionales, e incluye una reducción de transferencias y la postergación de pagos de obligaciones, como sucedió recientemente con los atrasos en los pagos al PAMI y el colapso del servicio de colectivos en el AMBA.
 
Una de las partidas más propensas a reducciones son los subsidios energéticos. Tal como informó El Cronista, es uno de los “ases” que Caputo podría tener a su favor para cumplir con la meta de superávit.
 
Desde 2023, el rubro disminuyó a un ritmo de aproximadamente 0,5% del PBI por año, una tendencia que podría acelerarse con el nuevo esquema de subsidios lanzado en febrero.
 
“Todavía puede ajustarse algo más —en 2025 llegó a un mínimo de 0,7% del PBI—. Es verdad que debería ser acompañado de ajustes en otras partidas, como el programa Volver al Trabajo, que dejó de existir este mes y tenía un costo de 0,1% del PBI en 2025”, remarcó Navarro.
 
No será una tarea sencilla reducir el gasto. El impacto de la caída en la recaudación y una serie de proyectos de ley —reforma laboral, financiamiento universitario y emergencia en discapacidad— podrían tensionar el ancla innegociable para la actual administración, con una meta más exigente que en 2025: 1,5% del PBI contra 1,4% del PBI.
 
El ajuste se había acelerado en el primer bimestre del año, aunque, según datos procesados por la consultora Analytica, el gasto primario devengado habría registrado en marzo un aumento del 1,7% interanual. Así, en el primer trimestre acumula una baja del 3,3% interanual medido a pesos constantes.
 
En ese período, las mayores caídas se dieron en transferencias a provincias (-50,9%) y programas sociales (-29,8%). Por el contrario, se destacó la suba en los subsidios económicos (66,9%).
Con información de Cronista


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