Diego Santilli y el mapa electoral de 2027
Por:
Carlos Pagni
Martes 30 de
Junio 2026

Milei, acorralado por la política; dos claves de la renuncia de Adorni; fallas en las declaraciones juradas del nuevo jefe de Gabinete; la conexión con "Chiqui" Tapia; el objetivo de "duhaldizar" a Macri; ¿se descifró el misterio de los dólares de Insaurralde?
A veces se reconfigura todo un tablero con solo mover una pieza. Ocurre tanto en el ajedrez como en el juego del poder. La Argentina ve con un ojo el Mundial de fútbol y con el otro un nuevo organigrama que se gesta dentro del oficialismo.
La designación de Diego Santilli como jefe de Gabinete entraña muchos significados. Uno de ellos, muy importante: su proyección sobre el formato electoral para las elecciones de 2027. Se puede intuir cuál es la demanda electoral, lo que la gente espera de la política para el año que viene, pero no tanto la oferta, es decir, lo que la política le presentará al electorado. La elección de Santilli para la Jefatura de Gabinete anticipa una posible respuesta a ciertos interrogantes: ¿cuál será el formato del no peronismo? ¿Irá dividido? ¿Irá unificado? De estas preguntas depende la reelección de Milei.
El Presidente quedó arrinconado por lo que él llamaría “la vieja política”. Quien llegó al poder con un discurso contra la casta, quedó enredado en los últimos días, por la crisis encarnada por Manuel Adorni, en movimientos clásicos del poder convencional. Estuvo también condicionado por dos Bullrich. Por un lado, la jefa del bloque de La Libertad Avanza (LLA) en el Senado, quién reveló algo que no era tampoco un secreto: es una profesional, que conoce perfectamente la dinámica del juego, los pasos que hay que dar y tiene capacidad de previsión. La exministra de Seguridad le advirtió de antemano a la Casa Rosada que en Adorni había un problema difícil de superar. Al final, el Gobierno, que hizo caso omiso a las observaciones de Bullrich, se encontró con la muralla del Senado. O de Bullrich.
La razón principal por la que Milei debió entregar una pieza tan preciada para él como lo era Adorni reside en que la Cámara alta había resuelto voltear al exfuncionario si aparecía por el Congreso. Planeaban una moción de censura, que terminaría con el Jefe de Gabinete. Para el Presidente y LLA, el precio a pagar era muy alto. Desde la visión economicista del Ejecutivo, la remoción de Adorni hubiera sido una señal que los mercados recibirían como la prueba de una incapacidad del Gobierno para controlar el Parlamento.
El Milei de hoy es distinto al de 2024. Cuando su movimiento era novedad, los líderes de La Libertad Avanza planteaban una idea bastante heterodoxa en términos políticos: hablaban del “principio de revelación”. Si perdían, también ganaban. En su derrota ponían en evidencia a una casta que pretendía obstruirlos. Este concepto, entre romántico y disparatado, fue sustituido por una noción mucho más clásica: hay que ganar, sancionar leyes y garantizar el funcionamiento del Senado, principalmente para la cobertura de una cantidad inusual de vacantes judiciales.
El segundo Bullrich en escena es Esteban, exsenador y exministro de Educación de Macri. La semana pasada escribió una carta dirigida al expresidente y líder de Pro. En ella, renunció a su afiliación al partido, del que fue uno de los fundadores. Arguyó que, en la medida en que Pro no fue todo lo severo que tenía que ser en Diputados para avalar la interpelación a Adorni, se dejaron de lado los principios básicos de su existencia como partido. La carta fue un cañonazo que limitó el poder de negociación de Pro con el oficialismo. Hubo una contestación débil e insuficiente para Bullrich: no era posible sancionar al entonces jefe de Gabinete porque hubiesen coincidido con el kirchnerismo. Nunca es una buena justificación que se desiste de defender determinado valor porque se quedaría junto a tal o cual.
Adorni queda como una suerte de unidad de medida de la derrota de la Casa Rosada, con Karina Milei como la principal perdedora. El exfuncionario deberá ahora rendir cuentas ante la Justicia. Su destino están en manos del fiscal federal Gerardo Pollicita y el juez Ariel Lijo.
Para entender por qué Adorni fue sostenido con tal tozudez, hay que recurrir a su carta de renuncia. El documento es revelador respecto de la percepción del Poder Ejecutivo sobre su situación. Da incluso la sensación de que no fue escrita por él. En el escrito, Adorni explica que su salida se corresponde con una especie de “cansancio moral” consecuencia del nivel de exposición pública que tuvo por los escándalos que protagonizó.
Quizás la obsecuencia sea la clave por la que los Milei lo arroparon inclusive más allá de lo razonable. Porque a lo largo de todo el documento, hay una obsesión por halagar al Presidente, exaltar su figura y lamentar que su renuncia vaya en contradicción con su voluntad. Esta propensión de echar incienso sobre Milei hace juego con los planteos de otros protagonistas del microclima del palacio. Entre ellos, Santiago Caputo, el mago del Kremlin, quien suele caracterizar a Milei como un emperador y a la Argentina como el Imperio Romano. La tendencia rememora una afirmación del filósofo español Julián Marías quien, refiriéndose al franquismo, dijo: “El grado de autoritarismo de un régimen se mide por el nivel de obsecuencia que demanda”. En una respuesta simplificada, tal vez al Presidente le resultaba difícil deshacerse de un funcionario que lo trataba como Adorni en esa carta.
Un segundo rasgo a destacar en el escrito que compartió Adorni recae en la explicación que ofrece sobre por qué da un paso al costado. Enumera una cantidad de delitos que se le atribuían, muchos de los cuales nunca nadie mencionó. Pero, sobre todo, hizo mención a una motivación que sabía que el principal destinatario de la misiva, Milei, iba a considerar razonable, comprensible y natural: el acoso de la prensa, la conspiración mediática.
“Usted sabe todo lo que he sufrido durante todo este tiempo. Los interminables ataques mediáticos que he soportado me han llevado a tener que pedirle que esta vez me acompañe, para poder cerrar este ciclo en pos de protegerme a mí y a mi familia. Las operaciones mediáticas han ido al extremo, no sólo contra mí, sino contra mi mujer, mis pequeños hijos, mis amigos, mi familia y hasta mis vecinos y allegados”, escribió el exjefe de Gabinete.
Es destacable que todo lo dicho por la prensa sobre Adorni, detalles que el exfuncionario intentó desmentir en sucesivas y cada vez más torpes conferencias de prensa, terminó siendo ratificado. El mismo Adorni llegó a incriminarse al mencionar que ahorró una cantidad de dinero en misteriosas criptomonedas sustraída a la recaudación del Estado.
El escrito es prueba también de una desconexión de la realidad por parte del exvocero presidencial y de los destinatarios principales de su texto. “Lamento que el hostigamiento, la mentira y el constante intento de los medios de arruinar mi honorabilidad nos hayan querido hacer tanto daño, pero no puedo seguir exponiendo a gran parte de la gente que quiero en esta carnicería mediática”, dice la renuncia. De esta manera, reduce los descubrimientos de los últimos meses a una patraña que el periodismo instaló en la cabeza de la ciudadanía.
Hay una ironía en la sustitución de Adorni por Santilli. No es más que una demostración de que el Gobierno no cree que la crisis del exjefe de Gabinete haya estado relacionada con cuestiones éticas o vinculadas con la corrupción. De lo contrario, no hubieran elegido al ministro del Interior, de quien uno pueda esperar muchas cosas, por ser un político extremadamente hábil, menos una purificación de la gestión pública. Santilli tiene más problemas que Adorni con sus declaraciones juradas. Como publicó el sitio El Disenso, en la presentada en 2015 consignó una deuda con el señor Marcos Podestá por US$500.000, compromiso que desaparece al año siguiente. Mientras tanto, registra haber cobrado en aquel entonces el sueldo de un vicejefe de Gobierno de la Legislatura de la Ciudad, lo que plantea dudas sobre cómo hizo para afrontar el pago. Podestá es concuñado de la mano derecha e izquierda del propio Santilli, Bruno Screnci. Ambos están muy involucrados en la provisión de medicamentos al sistema de hospitales de la ciudad de Buenos Aires. Detrás de todos ellos está Edgardo Cenzón, clásico recaudador de las campañas de Pro. Es solo un detalle de los tantos que podrían mencionarse sobre el despliegue económico de Santilli.
Si algo no se le puede endilgar al flamante Jefe de Gabinete son consumos postergados. Consume mucho y desde hace mucho tiempo. Probablemente tenga organizada la papelería de aquellos gastos, más allá de las sociedades off shore que le fueron descubiertas tanto a él como a su familia hace muchos años, creadas para, posiblemente, evitar algún pago impositivo.
Adorni tiene derecho a sentirse hostigado o discriminado por la vida institucional del país. Es juzgado por Lijo, quien no necesita adjetivos. Lo iba a interpelar Cristian Ritondo, investigado por 17 propiedades no declaradas en Miami. Ahora lo sustituye Santilli. Pero dicen que el corrupto es él, por un departamento en el barrio de Caballito y una casa en un country humilde en Exaltación de la Cruz. Casi dan ganas de defender a Adorni.
La llegada de Santilli se traduce como el desembarco de una persona extremadamente hábil. Conoce como pocos el poder. Tiene una larguísima experiencia. Su padre había sido parte del gobierno de Carlos Saúl Menem como presidente del Banco Nación. Y él mismo ya ejercía la función pública en los años ‘90 bajo las órdenes de Hugo Franco en Migraciones. Es un típico dirigente político de un mundo sin partidos, que se va ploteando, como tantos otros. Cambia de identidad: del peronismo al pro y ahora en una migración hacia La Libertad Avanza. Esto tiene todo un significado electoral en el juego de la política hacia el año 2027.
Santilli no está solo, no es Federico Sturzenegger, por nombrar a otro dirigente del Pro que pertenece a este gobierno. No es Pablo Quirno. No es Santiago Bausili, que son, como Luis Caputo, exfuncionarios de Macri y que hoy están integrados al de Milei. Santilli forma parte de una liga de dirigentes. Ahí está el mencionado Screnci. También Gustavo Coria, quien hoy es su segundo, como lo era en el Ministerio del Interior.
Coria fue presidente del Ceamse, organismo que administra la basura del área metropolitana, lugar en el que convivió con Claudio “Chiqui” Tapia. Es decir, hoy Tapia, más allá de la gloria y de los éxitos de la selección argentina en Estados Unidos durante el Mundial, debe estar festejando el ascenso de Santilli, como debe haber festejado la promoción a ministro de Justicia de Juan Bautista Mahiques. Porque hay una relación estrechísima entre Santilli y Tapia, sobre todo cuando Tapia era yerno de Hugo Moyano y se negociaban los contratos de recolección de residuos en la ciudad de Buenos Aires. Esa era un área muy específica del poder de Santilli en el gobierno porteño.
El que hoy maneja las redes sociales de Tapia, por ejemplo, como presidente de la AFA, es también un hombre de Santilli. Lucas Portela, un funcionario del gobierno porteño, es el titular de la Comuna 1 de la Ciudad de Buenos Aires. En este momento, está en los Estados Unidos acompañando a Tapia y manejando sus redes.
A propósito de estos pormenores, vale la pena hacer una advertencia, para que después no haya quejas de que el periodismo corrupto del 95% hace denuncias e investiga comportamientos incorrectos: cuidado con el VIP de Ezeiza y con los paneos televisivos en las tribunas del partido del viernes próximo entre Argentina y Cabo Verde. Hay que hacer esta prevención, sobre todo a funcionarios judiciales que se están preparando para viajar al Mundial. Porque después aparecen las fotos, aparecen los videos y se lamentan de que hay conspiración mediática. Es solo una advertencia para evitar inconvenientes.
Volvemos a Santilli. No es un lobo solitario. Forma parte de un sistema de poder con un aliado fundamental, con el que siempre juegan juntos con alguna diferenciación: Ritondo, el presidente del bloque del Pro en la Cámara de Diputados. Si uno mira el Pro, la figura institucionalmente más relevante, entre otras cosas por decisión de Macri, es él. Y es un aliado de Santilli. Llevan vidas paralelas desde hace 30 años o más.
Ritondo, además, le ofrece a Santilli, que no lo necesita porque tiene otra forma de llegada, un puente con Santiago Caputo. El jefe de Gabinete entrante debe haber sido muy hábil para ir ganándose sigilosamente la confianza de Karina Milei. Pero la relación con el legislador de Pro probablemente le genere algún tipo de complicación en el Gobierno porque es un rival de Martín Menem, a quien el año pasado intentó sustituir, aliado con Santiago Caputo. Quiere decir que esa grieta entre Karina y “el Mago” la van administrando Santilli y Ritondo en beneficio mutuo.
Por otra parte, cerca de Karina Milei –subrayado: cerca de Karina Milei, porque la versión puede ser interesada– dicen que Santiago Caputo pidió la Jefatura de Gabinete a Javier Milei y que este, una vez más, no se la concedió y decidió poner a Santilli. Hay que insistir: son versiones que surgen del entorno de la secretaria general de la Presidencia.
Lo importante: Santilli tiene un alineamiento con Karina Milei, pero también varios túneles con Santiago Caputo. Uno de ellos se llama Rodrigo Lugones, un íntimo de Caputo, que fue su jefe, es su socio en la empresa Move y también fue el estratega político de Santilli durante años.
Otra figura que hay que mirar, y que saludó a Santilli, es Jorge Macri. Aplaudió el ascenso de Santilli y habló de que juntos van a seguir peleando por el cambio en la Argentina. Quiere decir que hay una aproximación marcada entre La Libertada Avanza y Pro, y tiene expresiones en la ciudad de Buenos Aires. El que hoy es presidente de la Legislatura porteña, Matías López, es un hombre de Santilli.
Hay una negociación permanente entre Santilli y Jorge Macri. Tiene que ver con la Legislatura porteña y un personaje crucial en todo esto: Daniel Angelici, que fue quien vinculó a Santilli con el segundo de la Legislatura, Cristian Gribaudo. Estamos mirando en qué medida la relación entre La Libertad Avanza y Pro se puede romper el año que viene para que vayan separados electoralmente.
Santilli forma parte tanto del esquema del gobierno nacional como del sistema porteño. Por lo tanto, va a trabajar todo lo que pueda para que ambos sistemas estén juntos. Entre otras razones porque él aspira a ser gobernador de Buenos Aires. De a poco vamos viendo cómo esta designación tiene que ver con un problema central de la política argentina: quién es el líder de la derecha, hasta qué punto la derecha es un cielo con dos soles, Milei y Macri. O si acá lo que estamos viendo es una absorción del Pro por parte de la Casa Rosada en detrimento de Macri.
Ritondo, presidente del bloque del Pro en la Cámara de Diputados, dijo que este ascenso de Santilli le hace muy bien, no solo al Gobierno, sino también al Pro. Entonces uno se pregunta con qué autoridad Macri va a seguir hablando con dirigentes radicales, con gobernadores o con peronistas disidentes del kirchnerismo para armar una propuesta electoral el año que viene, si sus principales colaboradores dicen que quieren estar al lado de Milei.
Cuando Ritondo dice que el avance de Santilli le hace bien al Pro le está hablando a Macri. Es decir, va tendiendo a cero el margen de ruptura entre La Libertad Avanza y el Pro. Muchos factores empujan hacia una coalición de La Libertad Avanza con el Pro. No con todo el Pro. De esa alianza quedaría fuera una persona: Macri.
En el mismo momento en que designa a Santilli, Milei formula estas declaraciones respecto de Macri: “El propio gobierno de Mauricio Macri, que estafó a los argentinos defaulteando la deuda en pesos. ¿O qué fue el reperfilamiento? Una palabra educada para decir default. Es más, llamaron a un blanqueo. Yo me acuerdo de que yo les decía: ‘Miren, si ustedes blanquean van a tener problemas porque después, si no reelige Macri, los van a venir a buscar’. O el propio Macri los podía venir a buscar. Porque el impuesto a la renta financiera también lo puso el macrismo”.
Mañana cualquier periodista le podría preguntar a Ritondo o a Santilli qué opina de que su presidente acaba de decir que su partido, el Pro, cuando era gobierno con Macri, estafó a los argentinos. Santilli va a tener dificultades para salir de esa encerrona en la que lo está poniendo el propio Milei. Aunque él tiene una retórica muy habilidosa para escurrirse. Parece Fidel Pintos.
Lo que estamos viendo de la relación entre Milei, Santilli, Ritondo y Macri es muy parecido a lo que veíamos en la relación entre Néstor Kirchner y Eduardo Duhalde. Milei está tratando de hacer la “duhaldización” de Macri: jubilarlo, pero sacándole los alfiles. Kirchner, hacia los años 2003, 2004 y 2005, humilló a Duhalde sacándole, por ejemplo, a Pepe Pampuro o a Aníbal Fernández. Al poco tiempo, Pampuro y Fernández estaban criticando a los Duhalde. ¿Dentro de poco vamos a ver a Santilli y a Ritondo decir que el gobierno de Macri estafó a los argentinos con el default de la deuda en pesos?
Lo cierto es que hay una jugada muy importante de cooptación de Milei sobre el mundo de Macri. Y Macri debe estar desconcertado en este momento, porque él venía planteando la posibilidad de armar una fuerza alternativa que contenga a los desencantados de Milei y presente para el año 2027 una candidatura presidencial alternativa, que algunos piensan podría ser la de él.
Hay una versión muy creíble de que Ritondo tuvo una conversación con Macri y le dijo: “Si el candidato no sos vos, yo voy a arreglar la mía”. Es decir, algo así como: “Si vos no sos candidato, yo también me ploteo como el Colo”. Esto es lo que está sucediendo en el Pro.
Macri tiene derecho a mirar la escena desde otro punto de vista y evaluar que este gobierno está teniendo grandes dificultades; puede sostener que eso perjudicará a Santilli y a Ritondo. Una de esas dificultades se llama Patricia Bullrich, que le hizo una jugada de jaque a Karina y Javier Milei, muy poderosa y muy exitosa en el Senado, respecto de una figura central del oficialismo, que es Manuel Adorni.
A Adorni lo habían inventado como vocero, después como candidato en la ciudad de Buenos Aires, después como jefe de Gabinete, e iba proyectado a ser justamente el que iba a derrotar al macrismo el año que viene en las elecciones porteñas. No es poco lo que pierde Milei al perder a Adorni en términos de inversión política.
Si uno sigue sacando capas de esa gran cebolla llamada Diego Santilli, aparecen otras conexiones. Por ejemplo, con el mundo del juego bonaerense, probablemente a través de Daniel Angelici y su amistad con Daniel Mautone, que es el gran operador del juego, nacido de las entrañas del duhaldismo, al amparo de Martín Insaurralde.
Un tema lleva al otro y por Insaurralde llegamos a esta crisis que aparece en el peronismo bonaerense. Insaurralde sigue teniendo poder. Por ejemplo, es el jefe de Alejandro Dichiara, presidente de la Cámara de Diputados de la provincia de Buenos Aires; es aliado de Máximo Kirchner en Lomas de Zamora, en contra de Fernando Espinosa, Verónica Magario, que son aliados de Axel Kicillof.
Vemos que el juez Luis Armella tiene enormes dificultades para avanzar con Insaurralde y con su exmujer, Jesica Cirio. El fiscal Sergio Mola pide la detención de Insaurralde y Cirio, y el juez se niega a detenerlos: apenas les pide que avisen si se van del país. Armella tiene una antigua afinidad con Insaurralde, que Mola se ha propuesto desafiar.
Mientras tanto, siguen circulando esos videos del vestidor, que no tienen mucha explicación. Hay una historia que está circulando con mucha insistencia en el mundo judicial y también en la política: Cirio, en su disputa matrimonial por el divorcio, es la que, como se ve, filmó todos esos dólares atesorados en el vestidor de la casa común en San Vicente. El objetivo sería presionar a su marido en la pelea por el reparto de bienes, aconsejada por el abogado Fernando Burlando. El penalista después tuvo un conflicto con ella porque, aparentemente, le pidió más honorarios de los que habían pactado. Dicen que US$500.000 más.
Lo cierto es que, una vez que se cerró el acuerdo, esos videos se destruyeron por orden de Cirio. Pero tal vez Jésica Cirio no advirtió que, en su momento, le había dado esos videos en custodia a su nuevo marido, Elías Piccirillo, que ahora está preso por las maniobras con dólares oficiales. Aparentemente, Piccirillo se guardó una copia de esos videos y los usó para pedir a Insaurralde que le pague la fianza, y así tener prisión domiciliaria, como tiene ahora. Insaurralde no le quiso pagar esa fianza. Por eso, aparentemente, Piccirillo habría filtrado los videos.
La pregunta derivada es: si Piccirillo está en su casa con prisión domiciliaria e Insaurralde no le pagó la fianza, ¿quién se la pagó? Se la habría pagado un importante dirigente político con un rol muy destacado en el gobierno anterior, que no quiere que Piccirillo, ganado por la ansiedad, el arrepentimiento o el afán de lucro, declare en la Justicia cómo era la venta de dólares oficiales en el mercado blue y, ligado a todo eso, la obtención de SIRAs.
Hace poco tiempo hablamos de los estudios sobre corrupción que prosperaron en Italia después del Mani Pulite. Y de Alessandro Pizzorno, que es una figura central en esos estudios. Él decía que la corrupción no es una colección de actos irregulares o de delitos. Se convierte en un sistema que rige las relaciones políticas. Conduce la toma de decisiones y provoca una dinámica a través de extorsiones. La corrupción se convierte en un lenguaje. Si uno mira todo este panorama deprimente que vamos viendo semana a semana en la Argentina, daría la impresión de que es Pizzorno quien está hablando de nosotros.
La designación de Diego Santilli como jefe de Gabinete entraña muchos significados. Uno de ellos, muy importante: su proyección sobre el formato electoral para las elecciones de 2027. Se puede intuir cuál es la demanda electoral, lo que la gente espera de la política para el año que viene, pero no tanto la oferta, es decir, lo que la política le presentará al electorado. La elección de Santilli para la Jefatura de Gabinete anticipa una posible respuesta a ciertos interrogantes: ¿cuál será el formato del no peronismo? ¿Irá dividido? ¿Irá unificado? De estas preguntas depende la reelección de Milei.
El Presidente quedó arrinconado por lo que él llamaría “la vieja política”. Quien llegó al poder con un discurso contra la casta, quedó enredado en los últimos días, por la crisis encarnada por Manuel Adorni, en movimientos clásicos del poder convencional. Estuvo también condicionado por dos Bullrich. Por un lado, la jefa del bloque de La Libertad Avanza (LLA) en el Senado, quién reveló algo que no era tampoco un secreto: es una profesional, que conoce perfectamente la dinámica del juego, los pasos que hay que dar y tiene capacidad de previsión. La exministra de Seguridad le advirtió de antemano a la Casa Rosada que en Adorni había un problema difícil de superar. Al final, el Gobierno, que hizo caso omiso a las observaciones de Bullrich, se encontró con la muralla del Senado. O de Bullrich.
La razón principal por la que Milei debió entregar una pieza tan preciada para él como lo era Adorni reside en que la Cámara alta había resuelto voltear al exfuncionario si aparecía por el Congreso. Planeaban una moción de censura, que terminaría con el Jefe de Gabinete. Para el Presidente y LLA, el precio a pagar era muy alto. Desde la visión economicista del Ejecutivo, la remoción de Adorni hubiera sido una señal que los mercados recibirían como la prueba de una incapacidad del Gobierno para controlar el Parlamento.
El Milei de hoy es distinto al de 2024. Cuando su movimiento era novedad, los líderes de La Libertad Avanza planteaban una idea bastante heterodoxa en términos políticos: hablaban del “principio de revelación”. Si perdían, también ganaban. En su derrota ponían en evidencia a una casta que pretendía obstruirlos. Este concepto, entre romántico y disparatado, fue sustituido por una noción mucho más clásica: hay que ganar, sancionar leyes y garantizar el funcionamiento del Senado, principalmente para la cobertura de una cantidad inusual de vacantes judiciales.
El segundo Bullrich en escena es Esteban, exsenador y exministro de Educación de Macri. La semana pasada escribió una carta dirigida al expresidente y líder de Pro. En ella, renunció a su afiliación al partido, del que fue uno de los fundadores. Arguyó que, en la medida en que Pro no fue todo lo severo que tenía que ser en Diputados para avalar la interpelación a Adorni, se dejaron de lado los principios básicos de su existencia como partido. La carta fue un cañonazo que limitó el poder de negociación de Pro con el oficialismo. Hubo una contestación débil e insuficiente para Bullrich: no era posible sancionar al entonces jefe de Gabinete porque hubiesen coincidido con el kirchnerismo. Nunca es una buena justificación que se desiste de defender determinado valor porque se quedaría junto a tal o cual.
Adorni queda como una suerte de unidad de medida de la derrota de la Casa Rosada, con Karina Milei como la principal perdedora. El exfuncionario deberá ahora rendir cuentas ante la Justicia. Su destino están en manos del fiscal federal Gerardo Pollicita y el juez Ariel Lijo.
Para entender por qué Adorni fue sostenido con tal tozudez, hay que recurrir a su carta de renuncia. El documento es revelador respecto de la percepción del Poder Ejecutivo sobre su situación. Da incluso la sensación de que no fue escrita por él. En el escrito, Adorni explica que su salida se corresponde con una especie de “cansancio moral” consecuencia del nivel de exposición pública que tuvo por los escándalos que protagonizó.
Quizás la obsecuencia sea la clave por la que los Milei lo arroparon inclusive más allá de lo razonable. Porque a lo largo de todo el documento, hay una obsesión por halagar al Presidente, exaltar su figura y lamentar que su renuncia vaya en contradicción con su voluntad. Esta propensión de echar incienso sobre Milei hace juego con los planteos de otros protagonistas del microclima del palacio. Entre ellos, Santiago Caputo, el mago del Kremlin, quien suele caracterizar a Milei como un emperador y a la Argentina como el Imperio Romano. La tendencia rememora una afirmación del filósofo español Julián Marías quien, refiriéndose al franquismo, dijo: “El grado de autoritarismo de un régimen se mide por el nivel de obsecuencia que demanda”. En una respuesta simplificada, tal vez al Presidente le resultaba difícil deshacerse de un funcionario que lo trataba como Adorni en esa carta.
Un segundo rasgo a destacar en el escrito que compartió Adorni recae en la explicación que ofrece sobre por qué da un paso al costado. Enumera una cantidad de delitos que se le atribuían, muchos de los cuales nunca nadie mencionó. Pero, sobre todo, hizo mención a una motivación que sabía que el principal destinatario de la misiva, Milei, iba a considerar razonable, comprensible y natural: el acoso de la prensa, la conspiración mediática.
“Usted sabe todo lo que he sufrido durante todo este tiempo. Los interminables ataques mediáticos que he soportado me han llevado a tener que pedirle que esta vez me acompañe, para poder cerrar este ciclo en pos de protegerme a mí y a mi familia. Las operaciones mediáticas han ido al extremo, no sólo contra mí, sino contra mi mujer, mis pequeños hijos, mis amigos, mi familia y hasta mis vecinos y allegados”, escribió el exjefe de Gabinete.
Es destacable que todo lo dicho por la prensa sobre Adorni, detalles que el exfuncionario intentó desmentir en sucesivas y cada vez más torpes conferencias de prensa, terminó siendo ratificado. El mismo Adorni llegó a incriminarse al mencionar que ahorró una cantidad de dinero en misteriosas criptomonedas sustraída a la recaudación del Estado.
El escrito es prueba también de una desconexión de la realidad por parte del exvocero presidencial y de los destinatarios principales de su texto. “Lamento que el hostigamiento, la mentira y el constante intento de los medios de arruinar mi honorabilidad nos hayan querido hacer tanto daño, pero no puedo seguir exponiendo a gran parte de la gente que quiero en esta carnicería mediática”, dice la renuncia. De esta manera, reduce los descubrimientos de los últimos meses a una patraña que el periodismo instaló en la cabeza de la ciudadanía.
Hay una ironía en la sustitución de Adorni por Santilli. No es más que una demostración de que el Gobierno no cree que la crisis del exjefe de Gabinete haya estado relacionada con cuestiones éticas o vinculadas con la corrupción. De lo contrario, no hubieran elegido al ministro del Interior, de quien uno pueda esperar muchas cosas, por ser un político extremadamente hábil, menos una purificación de la gestión pública. Santilli tiene más problemas que Adorni con sus declaraciones juradas. Como publicó el sitio El Disenso, en la presentada en 2015 consignó una deuda con el señor Marcos Podestá por US$500.000, compromiso que desaparece al año siguiente. Mientras tanto, registra haber cobrado en aquel entonces el sueldo de un vicejefe de Gobierno de la Legislatura de la Ciudad, lo que plantea dudas sobre cómo hizo para afrontar el pago. Podestá es concuñado de la mano derecha e izquierda del propio Santilli, Bruno Screnci. Ambos están muy involucrados en la provisión de medicamentos al sistema de hospitales de la ciudad de Buenos Aires. Detrás de todos ellos está Edgardo Cenzón, clásico recaudador de las campañas de Pro. Es solo un detalle de los tantos que podrían mencionarse sobre el despliegue económico de Santilli.
Si algo no se le puede endilgar al flamante Jefe de Gabinete son consumos postergados. Consume mucho y desde hace mucho tiempo. Probablemente tenga organizada la papelería de aquellos gastos, más allá de las sociedades off shore que le fueron descubiertas tanto a él como a su familia hace muchos años, creadas para, posiblemente, evitar algún pago impositivo.
Adorni tiene derecho a sentirse hostigado o discriminado por la vida institucional del país. Es juzgado por Lijo, quien no necesita adjetivos. Lo iba a interpelar Cristian Ritondo, investigado por 17 propiedades no declaradas en Miami. Ahora lo sustituye Santilli. Pero dicen que el corrupto es él, por un departamento en el barrio de Caballito y una casa en un country humilde en Exaltación de la Cruz. Casi dan ganas de defender a Adorni.
La llegada de Santilli se traduce como el desembarco de una persona extremadamente hábil. Conoce como pocos el poder. Tiene una larguísima experiencia. Su padre había sido parte del gobierno de Carlos Saúl Menem como presidente del Banco Nación. Y él mismo ya ejercía la función pública en los años ‘90 bajo las órdenes de Hugo Franco en Migraciones. Es un típico dirigente político de un mundo sin partidos, que se va ploteando, como tantos otros. Cambia de identidad: del peronismo al pro y ahora en una migración hacia La Libertad Avanza. Esto tiene todo un significado electoral en el juego de la política hacia el año 2027.
Santilli no está solo, no es Federico Sturzenegger, por nombrar a otro dirigente del Pro que pertenece a este gobierno. No es Pablo Quirno. No es Santiago Bausili, que son, como Luis Caputo, exfuncionarios de Macri y que hoy están integrados al de Milei. Santilli forma parte de una liga de dirigentes. Ahí está el mencionado Screnci. También Gustavo Coria, quien hoy es su segundo, como lo era en el Ministerio del Interior.
Coria fue presidente del Ceamse, organismo que administra la basura del área metropolitana, lugar en el que convivió con Claudio “Chiqui” Tapia. Es decir, hoy Tapia, más allá de la gloria y de los éxitos de la selección argentina en Estados Unidos durante el Mundial, debe estar festejando el ascenso de Santilli, como debe haber festejado la promoción a ministro de Justicia de Juan Bautista Mahiques. Porque hay una relación estrechísima entre Santilli y Tapia, sobre todo cuando Tapia era yerno de Hugo Moyano y se negociaban los contratos de recolección de residuos en la ciudad de Buenos Aires. Esa era un área muy específica del poder de Santilli en el gobierno porteño.
El que hoy maneja las redes sociales de Tapia, por ejemplo, como presidente de la AFA, es también un hombre de Santilli. Lucas Portela, un funcionario del gobierno porteño, es el titular de la Comuna 1 de la Ciudad de Buenos Aires. En este momento, está en los Estados Unidos acompañando a Tapia y manejando sus redes.
A propósito de estos pormenores, vale la pena hacer una advertencia, para que después no haya quejas de que el periodismo corrupto del 95% hace denuncias e investiga comportamientos incorrectos: cuidado con el VIP de Ezeiza y con los paneos televisivos en las tribunas del partido del viernes próximo entre Argentina y Cabo Verde. Hay que hacer esta prevención, sobre todo a funcionarios judiciales que se están preparando para viajar al Mundial. Porque después aparecen las fotos, aparecen los videos y se lamentan de que hay conspiración mediática. Es solo una advertencia para evitar inconvenientes.
Volvemos a Santilli. No es un lobo solitario. Forma parte de un sistema de poder con un aliado fundamental, con el que siempre juegan juntos con alguna diferenciación: Ritondo, el presidente del bloque del Pro en la Cámara de Diputados. Si uno mira el Pro, la figura institucionalmente más relevante, entre otras cosas por decisión de Macri, es él. Y es un aliado de Santilli. Llevan vidas paralelas desde hace 30 años o más.
Ritondo, además, le ofrece a Santilli, que no lo necesita porque tiene otra forma de llegada, un puente con Santiago Caputo. El jefe de Gabinete entrante debe haber sido muy hábil para ir ganándose sigilosamente la confianza de Karina Milei. Pero la relación con el legislador de Pro probablemente le genere algún tipo de complicación en el Gobierno porque es un rival de Martín Menem, a quien el año pasado intentó sustituir, aliado con Santiago Caputo. Quiere decir que esa grieta entre Karina y “el Mago” la van administrando Santilli y Ritondo en beneficio mutuo.
Por otra parte, cerca de Karina Milei –subrayado: cerca de Karina Milei, porque la versión puede ser interesada– dicen que Santiago Caputo pidió la Jefatura de Gabinete a Javier Milei y que este, una vez más, no se la concedió y decidió poner a Santilli. Hay que insistir: son versiones que surgen del entorno de la secretaria general de la Presidencia.
Lo importante: Santilli tiene un alineamiento con Karina Milei, pero también varios túneles con Santiago Caputo. Uno de ellos se llama Rodrigo Lugones, un íntimo de Caputo, que fue su jefe, es su socio en la empresa Move y también fue el estratega político de Santilli durante años.
Otra figura que hay que mirar, y que saludó a Santilli, es Jorge Macri. Aplaudió el ascenso de Santilli y habló de que juntos van a seguir peleando por el cambio en la Argentina. Quiere decir que hay una aproximación marcada entre La Libertada Avanza y Pro, y tiene expresiones en la ciudad de Buenos Aires. El que hoy es presidente de la Legislatura porteña, Matías López, es un hombre de Santilli.
Hay una negociación permanente entre Santilli y Jorge Macri. Tiene que ver con la Legislatura porteña y un personaje crucial en todo esto: Daniel Angelici, que fue quien vinculó a Santilli con el segundo de la Legislatura, Cristian Gribaudo. Estamos mirando en qué medida la relación entre La Libertad Avanza y Pro se puede romper el año que viene para que vayan separados electoralmente.
Santilli forma parte tanto del esquema del gobierno nacional como del sistema porteño. Por lo tanto, va a trabajar todo lo que pueda para que ambos sistemas estén juntos. Entre otras razones porque él aspira a ser gobernador de Buenos Aires. De a poco vamos viendo cómo esta designación tiene que ver con un problema central de la política argentina: quién es el líder de la derecha, hasta qué punto la derecha es un cielo con dos soles, Milei y Macri. O si acá lo que estamos viendo es una absorción del Pro por parte de la Casa Rosada en detrimento de Macri.
Ritondo, presidente del bloque del Pro en la Cámara de Diputados, dijo que este ascenso de Santilli le hace muy bien, no solo al Gobierno, sino también al Pro. Entonces uno se pregunta con qué autoridad Macri va a seguir hablando con dirigentes radicales, con gobernadores o con peronistas disidentes del kirchnerismo para armar una propuesta electoral el año que viene, si sus principales colaboradores dicen que quieren estar al lado de Milei.
Cuando Ritondo dice que el avance de Santilli le hace bien al Pro le está hablando a Macri. Es decir, va tendiendo a cero el margen de ruptura entre La Libertad Avanza y el Pro. Muchos factores empujan hacia una coalición de La Libertad Avanza con el Pro. No con todo el Pro. De esa alianza quedaría fuera una persona: Macri.
En el mismo momento en que designa a Santilli, Milei formula estas declaraciones respecto de Macri: “El propio gobierno de Mauricio Macri, que estafó a los argentinos defaulteando la deuda en pesos. ¿O qué fue el reperfilamiento? Una palabra educada para decir default. Es más, llamaron a un blanqueo. Yo me acuerdo de que yo les decía: ‘Miren, si ustedes blanquean van a tener problemas porque después, si no reelige Macri, los van a venir a buscar’. O el propio Macri los podía venir a buscar. Porque el impuesto a la renta financiera también lo puso el macrismo”.
Mañana cualquier periodista le podría preguntar a Ritondo o a Santilli qué opina de que su presidente acaba de decir que su partido, el Pro, cuando era gobierno con Macri, estafó a los argentinos. Santilli va a tener dificultades para salir de esa encerrona en la que lo está poniendo el propio Milei. Aunque él tiene una retórica muy habilidosa para escurrirse. Parece Fidel Pintos.
Lo que estamos viendo de la relación entre Milei, Santilli, Ritondo y Macri es muy parecido a lo que veíamos en la relación entre Néstor Kirchner y Eduardo Duhalde. Milei está tratando de hacer la “duhaldización” de Macri: jubilarlo, pero sacándole los alfiles. Kirchner, hacia los años 2003, 2004 y 2005, humilló a Duhalde sacándole, por ejemplo, a Pepe Pampuro o a Aníbal Fernández. Al poco tiempo, Pampuro y Fernández estaban criticando a los Duhalde. ¿Dentro de poco vamos a ver a Santilli y a Ritondo decir que el gobierno de Macri estafó a los argentinos con el default de la deuda en pesos?
Lo cierto es que hay una jugada muy importante de cooptación de Milei sobre el mundo de Macri. Y Macri debe estar desconcertado en este momento, porque él venía planteando la posibilidad de armar una fuerza alternativa que contenga a los desencantados de Milei y presente para el año 2027 una candidatura presidencial alternativa, que algunos piensan podría ser la de él.
Hay una versión muy creíble de que Ritondo tuvo una conversación con Macri y le dijo: “Si el candidato no sos vos, yo voy a arreglar la mía”. Es decir, algo así como: “Si vos no sos candidato, yo también me ploteo como el Colo”. Esto es lo que está sucediendo en el Pro.
Macri tiene derecho a mirar la escena desde otro punto de vista y evaluar que este gobierno está teniendo grandes dificultades; puede sostener que eso perjudicará a Santilli y a Ritondo. Una de esas dificultades se llama Patricia Bullrich, que le hizo una jugada de jaque a Karina y Javier Milei, muy poderosa y muy exitosa en el Senado, respecto de una figura central del oficialismo, que es Manuel Adorni.
A Adorni lo habían inventado como vocero, después como candidato en la ciudad de Buenos Aires, después como jefe de Gabinete, e iba proyectado a ser justamente el que iba a derrotar al macrismo el año que viene en las elecciones porteñas. No es poco lo que pierde Milei al perder a Adorni en términos de inversión política.
Si uno sigue sacando capas de esa gran cebolla llamada Diego Santilli, aparecen otras conexiones. Por ejemplo, con el mundo del juego bonaerense, probablemente a través de Daniel Angelici y su amistad con Daniel Mautone, que es el gran operador del juego, nacido de las entrañas del duhaldismo, al amparo de Martín Insaurralde.
Un tema lleva al otro y por Insaurralde llegamos a esta crisis que aparece en el peronismo bonaerense. Insaurralde sigue teniendo poder. Por ejemplo, es el jefe de Alejandro Dichiara, presidente de la Cámara de Diputados de la provincia de Buenos Aires; es aliado de Máximo Kirchner en Lomas de Zamora, en contra de Fernando Espinosa, Verónica Magario, que son aliados de Axel Kicillof.
Vemos que el juez Luis Armella tiene enormes dificultades para avanzar con Insaurralde y con su exmujer, Jesica Cirio. El fiscal Sergio Mola pide la detención de Insaurralde y Cirio, y el juez se niega a detenerlos: apenas les pide que avisen si se van del país. Armella tiene una antigua afinidad con Insaurralde, que Mola se ha propuesto desafiar.
Mientras tanto, siguen circulando esos videos del vestidor, que no tienen mucha explicación. Hay una historia que está circulando con mucha insistencia en el mundo judicial y también en la política: Cirio, en su disputa matrimonial por el divorcio, es la que, como se ve, filmó todos esos dólares atesorados en el vestidor de la casa común en San Vicente. El objetivo sería presionar a su marido en la pelea por el reparto de bienes, aconsejada por el abogado Fernando Burlando. El penalista después tuvo un conflicto con ella porque, aparentemente, le pidió más honorarios de los que habían pactado. Dicen que US$500.000 más.
Lo cierto es que, una vez que se cerró el acuerdo, esos videos se destruyeron por orden de Cirio. Pero tal vez Jésica Cirio no advirtió que, en su momento, le había dado esos videos en custodia a su nuevo marido, Elías Piccirillo, que ahora está preso por las maniobras con dólares oficiales. Aparentemente, Piccirillo se guardó una copia de esos videos y los usó para pedir a Insaurralde que le pague la fianza, y así tener prisión domiciliaria, como tiene ahora. Insaurralde no le quiso pagar esa fianza. Por eso, aparentemente, Piccirillo habría filtrado los videos.
La pregunta derivada es: si Piccirillo está en su casa con prisión domiciliaria e Insaurralde no le pagó la fianza, ¿quién se la pagó? Se la habría pagado un importante dirigente político con un rol muy destacado en el gobierno anterior, que no quiere que Piccirillo, ganado por la ansiedad, el arrepentimiento o el afán de lucro, declare en la Justicia cómo era la venta de dólares oficiales en el mercado blue y, ligado a todo eso, la obtención de SIRAs.
Hace poco tiempo hablamos de los estudios sobre corrupción que prosperaron en Italia después del Mani Pulite. Y de Alessandro Pizzorno, que es una figura central en esos estudios. Él decía que la corrupción no es una colección de actos irregulares o de delitos. Se convierte en un sistema que rige las relaciones políticas. Conduce la toma de decisiones y provoca una dinámica a través de extorsiones. La corrupción se convierte en un lenguaje. Si uno mira todo este panorama deprimente que vamos viendo semana a semana en la Argentina, daría la impresión de que es Pizzorno quien está hablando de nosotros.

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