Joaquín Benegas Lynch ataca la caída de la ley de Tierras, mientras encabeza una madeja de sociedades para explotar y vender campos
Jueves 06 de
Agosto 2026

Los negocios rurales del senador libertario, sus sociedades con empresarios y su actividad para captar compradores extranjeros reavivan las dudas sobre el cruce entre intereses privados y función pública.
Lejos de importarle las contradicciones, el senador libertario Joaquín Benegas Lynch olfateaba, con un alto grado de certeza, que el gobierno de Javier Milei le crearía las condiciones para seguir creciendo en sus negocios. Es por eso que, en 2025, poco antes de asumir en la Cámara Alta, en un reportaje con el periodista entrerriano Federico Malvasio, confesó: “El campo tuvo un 70 por ciento de presión fiscal sobre la rentabilidad. En ese marco, los únicos argentinos que han podido comprar campos son políticos o sindicalistas; muy poca gente que venga del sector privado con fondos genuinos. Ya se empiezan a ver otros aires con Javier (Milei)”.
Ahora, con la lupa puesta sobre su firma Glocal Terra SRL, con la que se dedica a rastrear clientes extranjeros que quieran comprar tierras en Argentina, en realidad queda expuesto, una vez más, cómo se cruzan intereses particulares y políticos. Una fuente calificada en Entre Ríos lo definió como un “lobista” que, en los hechos, “al menos en La Paz administra la fortuna de su esposa, Eloisa Perea Muñoz”. Con ella comparte el control de Glocal, cuyo listado de clientes interesados en tierras de Argentina, Paraguay y la región se mantiene bajo siete llaves.
No es secundaria la mención a la ciudad entrerriana de La Paz ya que ahí comenzó su idilio en 2007 cuando desembarcó como integrante de la inmobiliaria Pampa Partners, que estaba vinculada a The Conservation Trust Land (hoy se llama Rewilding Argentina), fundación creada por el polémico estadounidense Douglas Tompkins.
El empresario norteamericano, según sus detractores, con Greenpeace a la cabeza, utilizaba la pantalla ecologista para acumular tierras en países extranjeros como Argentina y Chile, llegando a apoderarse del acceso al agua ya que debajo de las tierras que adquirió estaba el Acuífero Guaraní. Quienes lo estimaban destacaban su función en pos del medio ambiente.
En 2006, José Luis Niella, un sacerdote católico y activista social, dijo que la gente pobre de la región de los Esteros del Iberá ya no tiene acceso a las tierras donde sus antepasados vivieron libremente durante generaciones. Lo acusaron de cortar caminos estatales. En Chile las críticas tenían un tono similar. El entonces senador Antonio Horvath sostuvo que “en Chile hay lugares donde Tompkins ha comprado tierras desde la frontera en el mar, separando al país en dos”.
El socio de Benegas Lynch en Pampa Partners era Eduardo José Chorén, quien hoy está al frente de Estancia Lagunas Blancas SA, establecimiento agropecuario de 3000 hectáreas ubicado en Santa Elena, departamento de La Paz. Lagunas Blancas había sido propiedad del mencionado Tompkins. El Directorio de Lagunas Blancas quedó compuesto aparte de Chorén, por José Joaquín Aguirre, quien tiene pasaporte estadounidense, y por José Antonio Cilley.
Luego de que Tompkins muriera por hipotermia en 2014, su viuda, Kristine McDivit, comenzó a desprenderse de diferentes tierras. A fines de 2015, donó al Estado argentino 150 mil hectáreas para la creación de un Parque Nacional en los Esteros del Iberá. El traspaso se dio en un encuentro con el presidente Mauricio Macri.
The North Face y Esprit fueron las dos marcas que convirtieron a Douglas Tompkins en multimillonario. Ambas firmas del rubro de la ropa deportiva fueron vendidas por el empresario en los 80. Con los millones obtenidos de la venta de ambas compañías, el norteamericano comenzó su conversión al ecologismo. Compró tierras en Chile y Argentina. Acá, se quedó con la reserva natural Iberá, un área de más de 500.000 hectáreas. Debajo de esas tierras se encuentra el Acuífero Guaraní, considerado una de las reservas de agua dulce más grandes del mundo. El proyecto de conservación impulsado en esa región fue fuertemente cuestionado por ambientalistas y comunidades que denunciaron que el empresario, en realidad, venía para apropiarse de esa reserva natural.
Joaquín Benegas Lynch, quien tiene una nula actividad legislativa en el casi año que lleva como senador nacional, siguió la escuela de Tompkins y constituyó Finca Luracatao S.A, la cual posee una extensa superficie territorial en los Valles Calchaquíes (Salta), abarcando zonas de los departamentos de Cachi y Molinos. Allí, quedó en el centro de una puja con las comunidades originarias por la explotación de una mina de oro, en la que la empresa del senador nacional aparece como titular del dominio.
Su socio en Finca Luracatao es Manuel José Biedma, funcionario del Ministerio de Transporte durante el gobierno de Mauricio Macri. También aparece en el directorio Cecilia Durán López Lecube y sus hijos Margarita María Freixas López Lecube y José López Lecube.
El amor por La Paz hizo que Benegas Lynch sedujera a su padre para que invirtiera en la ciudad y creara Concepción Agro SA. Esta empresa funciona en Entre Ríos, y tiene como socio al abogado porteño Agustín Seratti. Con él también tiene el control de Maita Agro Meras S.A.
Justamente, en La Paz, los pobladores locales se sorprendieron al ver que Joaquín Benegas Lynch y su entorno conformaron una especie de comunidad cerrada que tiene desde una escuela a su propio circuito cultural y, obviamente, seguridad privada.
El periodista Federico Malvasio, en un excelente artículo sobre el grupo que tiene como uno de sus integrantes a Benegas Lynch, lo describió así: “Joaquín fue un ferviente militante de la candidatura a gobernador de Sebastián Etchevehere en 2023. Antes había incursionado en política en las movilizaciones contra la Resolución 125, que fijaba un sistema de retenciones móviles que abrió un enfrentamiento político entre el sector rural y el gobierno nacional de entonces. Ese conflicto organizaría, luego, la política argentina hasta la actualidad. El hijo del prócer del liberalismo argentino Alberto Benegas Lynch fue un activista en los piquetes y, más acá, en 2020, fue uno de los principales convocantes a Santa Elena cuando el dirigente social Juan Grabois ingresó a uno de los campos de la familia Etchevehere como protesta ante un reclamo judicial de Dolores, la hermana de Sebastián y Luis Miguel, el ex ministro macrista, por la herencia familiar”.
Siguiendo con el listado de firmas que orbitan en derredor de Joaquín Benegas Lynch, aparece la que administra con la familia de su esposa y tiene ineludibles reminiscencias con la de Tompkins: Pampa Invesment SAS. La componen, también, Fernando Perez Muñoz, su ex socio en Pampa Partners Eduardo Choren y el abogado Fernando Mazzinghi.
Meses atrás, en abril, en La Paz, se sorprendieron al enterarse que Joaquín Benegas Lynch había comprado una casona tradicional, cuyo valor de mercado rondaba el medio millón de dólares. Medios locales se dejaron atacar un tanto menos por la sorpresa al cotejar que la nueva propiedad no formaba parte de su declaración jurada ante la Oficina Anticorrupción. Lo definieron como un lobista, que “naturalmente va a aprovechar los espacios que pueda ocupar para defender sus intereses”.
Ayer, a última hora, en su cuenta de X, el senador nacional se enojó con el periodismo y salió a defender “la del argentino que quiere vender su campo y elegir a quién”. Una buena manera de garantizarle a sus clientes de Glocal Terra que no los iba abandonar.
Ahora, con la lupa puesta sobre su firma Glocal Terra SRL, con la que se dedica a rastrear clientes extranjeros que quieran comprar tierras en Argentina, en realidad queda expuesto, una vez más, cómo se cruzan intereses particulares y políticos. Una fuente calificada en Entre Ríos lo definió como un “lobista” que, en los hechos, “al menos en La Paz administra la fortuna de su esposa, Eloisa Perea Muñoz”. Con ella comparte el control de Glocal, cuyo listado de clientes interesados en tierras de Argentina, Paraguay y la región se mantiene bajo siete llaves.
No es secundaria la mención a la ciudad entrerriana de La Paz ya que ahí comenzó su idilio en 2007 cuando desembarcó como integrante de la inmobiliaria Pampa Partners, que estaba vinculada a The Conservation Trust Land (hoy se llama Rewilding Argentina), fundación creada por el polémico estadounidense Douglas Tompkins.
El empresario norteamericano, según sus detractores, con Greenpeace a la cabeza, utilizaba la pantalla ecologista para acumular tierras en países extranjeros como Argentina y Chile, llegando a apoderarse del acceso al agua ya que debajo de las tierras que adquirió estaba el Acuífero Guaraní. Quienes lo estimaban destacaban su función en pos del medio ambiente.
En 2006, José Luis Niella, un sacerdote católico y activista social, dijo que la gente pobre de la región de los Esteros del Iberá ya no tiene acceso a las tierras donde sus antepasados vivieron libremente durante generaciones. Lo acusaron de cortar caminos estatales. En Chile las críticas tenían un tono similar. El entonces senador Antonio Horvath sostuvo que “en Chile hay lugares donde Tompkins ha comprado tierras desde la frontera en el mar, separando al país en dos”.
El socio de Benegas Lynch en Pampa Partners era Eduardo José Chorén, quien hoy está al frente de Estancia Lagunas Blancas SA, establecimiento agropecuario de 3000 hectáreas ubicado en Santa Elena, departamento de La Paz. Lagunas Blancas había sido propiedad del mencionado Tompkins. El Directorio de Lagunas Blancas quedó compuesto aparte de Chorén, por José Joaquín Aguirre, quien tiene pasaporte estadounidense, y por José Antonio Cilley.
Luego de que Tompkins muriera por hipotermia en 2014, su viuda, Kristine McDivit, comenzó a desprenderse de diferentes tierras. A fines de 2015, donó al Estado argentino 150 mil hectáreas para la creación de un Parque Nacional en los Esteros del Iberá. El traspaso se dio en un encuentro con el presidente Mauricio Macri.
The North Face y Esprit fueron las dos marcas que convirtieron a Douglas Tompkins en multimillonario. Ambas firmas del rubro de la ropa deportiva fueron vendidas por el empresario en los 80. Con los millones obtenidos de la venta de ambas compañías, el norteamericano comenzó su conversión al ecologismo. Compró tierras en Chile y Argentina. Acá, se quedó con la reserva natural Iberá, un área de más de 500.000 hectáreas. Debajo de esas tierras se encuentra el Acuífero Guaraní, considerado una de las reservas de agua dulce más grandes del mundo. El proyecto de conservación impulsado en esa región fue fuertemente cuestionado por ambientalistas y comunidades que denunciaron que el empresario, en realidad, venía para apropiarse de esa reserva natural.
Joaquín Benegas Lynch, quien tiene una nula actividad legislativa en el casi año que lleva como senador nacional, siguió la escuela de Tompkins y constituyó Finca Luracatao S.A, la cual posee una extensa superficie territorial en los Valles Calchaquíes (Salta), abarcando zonas de los departamentos de Cachi y Molinos. Allí, quedó en el centro de una puja con las comunidades originarias por la explotación de una mina de oro, en la que la empresa del senador nacional aparece como titular del dominio.
Su socio en Finca Luracatao es Manuel José Biedma, funcionario del Ministerio de Transporte durante el gobierno de Mauricio Macri. También aparece en el directorio Cecilia Durán López Lecube y sus hijos Margarita María Freixas López Lecube y José López Lecube.
El amor por La Paz hizo que Benegas Lynch sedujera a su padre para que invirtiera en la ciudad y creara Concepción Agro SA. Esta empresa funciona en Entre Ríos, y tiene como socio al abogado porteño Agustín Seratti. Con él también tiene el control de Maita Agro Meras S.A.
Justamente, en La Paz, los pobladores locales se sorprendieron al ver que Joaquín Benegas Lynch y su entorno conformaron una especie de comunidad cerrada que tiene desde una escuela a su propio circuito cultural y, obviamente, seguridad privada.
El periodista Federico Malvasio, en un excelente artículo sobre el grupo que tiene como uno de sus integrantes a Benegas Lynch, lo describió así: “Joaquín fue un ferviente militante de la candidatura a gobernador de Sebastián Etchevehere en 2023. Antes había incursionado en política en las movilizaciones contra la Resolución 125, que fijaba un sistema de retenciones móviles que abrió un enfrentamiento político entre el sector rural y el gobierno nacional de entonces. Ese conflicto organizaría, luego, la política argentina hasta la actualidad. El hijo del prócer del liberalismo argentino Alberto Benegas Lynch fue un activista en los piquetes y, más acá, en 2020, fue uno de los principales convocantes a Santa Elena cuando el dirigente social Juan Grabois ingresó a uno de los campos de la familia Etchevehere como protesta ante un reclamo judicial de Dolores, la hermana de Sebastián y Luis Miguel, el ex ministro macrista, por la herencia familiar”.
Siguiendo con el listado de firmas que orbitan en derredor de Joaquín Benegas Lynch, aparece la que administra con la familia de su esposa y tiene ineludibles reminiscencias con la de Tompkins: Pampa Invesment SAS. La componen, también, Fernando Perez Muñoz, su ex socio en Pampa Partners Eduardo Choren y el abogado Fernando Mazzinghi.
Meses atrás, en abril, en La Paz, se sorprendieron al enterarse que Joaquín Benegas Lynch había comprado una casona tradicional, cuyo valor de mercado rondaba el medio millón de dólares. Medios locales se dejaron atacar un tanto menos por la sorpresa al cotejar que la nueva propiedad no formaba parte de su declaración jurada ante la Oficina Anticorrupción. Lo definieron como un lobista, que “naturalmente va a aprovechar los espacios que pueda ocupar para defender sus intereses”.
Ayer, a última hora, en su cuenta de X, el senador nacional se enojó con el periodismo y salió a defender “la del argentino que quiere vender su campo y elegir a quién”. Una buena manera de garantizarle a sus clientes de Glocal Terra que no los iba abandonar.
Con información de
Ámbito


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