Súper El Niño, el fenómeno mundial del clima que puede provocar sequías, inundaciones y calor extremo y mantiene en vilo a la Argentina
Jueves 24 de
Septiembre 2026
El evento ya afecta la producción, los precios de los alimentos y la actividad económica global. Cómo se prepara el país para contrarrestar sus efectos devastadores.
El fenómeno climático de Súper El Niño que se desarrolla actualmente en el Océano Pacífico podría alcanzar una intensidad extraordinaria y provocar importantes consecuencias climáticas alrededor del mundo.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) prevé que llegue a su máxima intensidad a comienzos de 2027, mientras que el Laboratorio de Impacto Climático de la Universidad de Chicago estimó que sus efectos podrían provocar 451.000 muertes adicionales relacionadas con el calor para febrero.
Aunque la OMM no utiliza oficialmente la denominación “Súper El Niño”, anticipó que el episodio en desarrollo podría transformarse en “un evento muy fuerte”, con importantes efectos sobre las precipitaciones y las temperaturas.
El Niño constituye la fase cálida del ciclo natural conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), un patrón climático capaz de modificar las condiciones meteorológicas en diferentes regiones del planeta.
Generalmente está asociado con un incremento de las temperaturas globales y con modificaciones en los patrones de precipitaciones. Como consecuencia, algunas zonas pueden atravesar sequías prolongadas, mientras que otras quedan expuestas a lluvias intensas e inundaciones.
El fenómeno suele aparecer cada dos a siete años. Se desarrolla cuando el debilitamiento de los vientos alisios permite que aumente la temperatura del agua en el Pacífico oriental.
Una de las principales señales de la formación de El Niño es el incremento de la temperatura del Océano Pacífico ecuatorial. Durante septiembre, las temperaturas de la superficie del mar en esa región llegaron a ubicarse 3,05 °C por encima de los niveles normales, la mayor anomalía registrada durante un episodio de El Niño desde que existen mediciones, de acuerdo con datos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA).
La cifra se encuentra ampliamente por encima de los 0,5 °C utilizados para definir la presencia del fenómeno. La NOAA considera débil un episodio cuando la temperatura se ubica 0,5 °C por encima de lo normal; moderado cuando alcanza 1 °C; fuerte con 1,5 °C y muy fuerte cuando llega a los 2 °C. La agencia estadounidense declaró formalmente el comienzo de las condiciones de El Niño en junio.
El antecedente más reciente de un episodio intenso ocurrió entre 2023 y 2024. Combinado con el cambio climático, contribuyó a que 2024 se convirtiera en el año más caluroso registrado hasta ese momento.
Durante ese período se produjeron incendios de gran magnitud en Bolivia y Venezuela, inundaciones en Nepal, Sudán y España, además de olas de calor que causaron miles de muertes en México y Arabia Saudita.
El Niño es un fenómeno climático natural y no tiene como origen el cambio climático. Sin embargo, el calentamiento global puede potenciar algunas de sus consecuencias.
Las emisiones de gases de efecto invernadero elevaron la temperatura media global aproximadamente 1,4 °C respecto de la era preindustrial. Esa mayor temperatura de base puede intensificar los extremos asociados con El Niño.
De esta manera, pueden registrarse picos de calor más elevados, sequías más severas y precipitaciones más intensas, con consecuencias como incendios forestales, inundaciones y pérdidas de cosechas.
Algunos científicos consideran que los extremos que podría provocar este episodio ofrecen una señal de las condiciones que podrían volverse más habituales durante las próximas décadas por efecto del calentamiento global provocado por la actividad humana.
Uno de los principales efectos de El Niño es que el sur de Sudamérica suele recibir precipitaciones superiores a las habituales, lo que puede aumentar el riesgo de eventos de lluvias intensas e inundaciones.
Un antecedente de las consecuencias que pueden generar precipitaciones extremas se produjo en Rio Grande do Sul, Brasil, durante 2024, cuando las inundaciones dejaron más de 180 muertos y 600.000 desplazados.
Sudamérica también aparece entre las regiones que podrían enfrentar mayores consecuencias sobre la seguridad alimentaria. Según las previsiones del Programa Mundial de Alimentos de la ONU, casi 50 millones de personas podrían quedar expuestas al riesgo de hambre aguda hacia finales de 2027 como consecuencia de El Niño, con el continente sudamericano y el sur de África entre las zonas potencialmente más afectadas.
La combinación entre El Niño y el cambio climático llevó a la OMM a advertir que 2027 podría convertirse en el año más caluroso desde que existen registros.
El Laboratorio de Impacto Climático calculó que el próximo episodio podría provocar unas 451.000 muertes adicionales relacionadas con el calor. Entre los países con mayor impacto estimado aparecen Nigeria, con 31.400; Indonesia, con 19.300; y Sudán, con 17.600.
Los investigadores señalaron que medidas como los sistemas de alerta temprana y la protección de las personas que trabajan al aire libre podrían evitar decenas de miles de fallecimientos.
Los efectos de El Niño no son iguales en todas las regiones. Mientras el sur de Sudamérica y partes de Asia Central suelen experimentar mayores precipitaciones, el sur de África, Centroamérica y Australia tienden a atravesar condiciones más secas.
Las sequías pueden afectar tanto el rendimiento de los cultivos como la generación de energía hidroeléctrica. Los exportadores de arroz, por ejemplo, prevén que la cosecha de India, el principal productor mundial, caiga este año hasta su nivel más bajo desde 2009-2010, cuando otra sequía asociada con El Niño redujo la producción.
El fenómeno también puede intensificar las olas de calor incluso en regiones alejadas del Pacífico, como Europa, y suele favorecer una mayor actividad de huracanes en el Pacífico central y oriental.
El alcance final dependerá de la intensidad que alcance El Niño durante los próximos meses, pero las actuales temperaturas del Pacífico y las previsiones internacionales mantienen la atención sobre un fenómeno con capacidad para alterar el clima, la producción de alimentos y las condiciones de vida en distintas partes del planeta.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) prevé que llegue a su máxima intensidad a comienzos de 2027, mientras que el Laboratorio de Impacto Climático de la Universidad de Chicago estimó que sus efectos podrían provocar 451.000 muertes adicionales relacionadas con el calor para febrero.
Aunque la OMM no utiliza oficialmente la denominación “Súper El Niño”, anticipó que el episodio en desarrollo podría transformarse en “un evento muy fuerte”, con importantes efectos sobre las precipitaciones y las temperaturas.
Qué es El Niño y por qué afecta al clima mundial
El Niño constituye la fase cálida del ciclo natural conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), un patrón climático capaz de modificar las condiciones meteorológicas en diferentes regiones del planeta.
Generalmente está asociado con un incremento de las temperaturas globales y con modificaciones en los patrones de precipitaciones. Como consecuencia, algunas zonas pueden atravesar sequías prolongadas, mientras que otras quedan expuestas a lluvias intensas e inundaciones.
El fenómeno suele aparecer cada dos a siete años. Se desarrolla cuando el debilitamiento de los vientos alisios permite que aumente la temperatura del agua en el Pacífico oriental.
Por qué este episodio podría ser extraordinario
Una de las principales señales de la formación de El Niño es el incremento de la temperatura del Océano Pacífico ecuatorial. Durante septiembre, las temperaturas de la superficie del mar en esa región llegaron a ubicarse 3,05 °C por encima de los niveles normales, la mayor anomalía registrada durante un episodio de El Niño desde que existen mediciones, de acuerdo con datos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA).
La cifra se encuentra ampliamente por encima de los 0,5 °C utilizados para definir la presencia del fenómeno. La NOAA considera débil un episodio cuando la temperatura se ubica 0,5 °C por encima de lo normal; moderado cuando alcanza 1 °C; fuerte con 1,5 °C y muy fuerte cuando llega a los 2 °C. La agencia estadounidense declaró formalmente el comienzo de las condiciones de El Niño en junio.
El antecedente más reciente de un episodio intenso ocurrió entre 2023 y 2024. Combinado con el cambio climático, contribuyó a que 2024 se convirtiera en el año más caluroso registrado hasta ese momento.
Durante ese período se produjeron incendios de gran magnitud en Bolivia y Venezuela, inundaciones en Nepal, Sudán y España, además de olas de calor que causaron miles de muertes en México y Arabia Saudita.
La relación entre El Niño y el cambio climático
El Niño es un fenómeno climático natural y no tiene como origen el cambio climático. Sin embargo, el calentamiento global puede potenciar algunas de sus consecuencias.
Las emisiones de gases de efecto invernadero elevaron la temperatura media global aproximadamente 1,4 °C respecto de la era preindustrial. Esa mayor temperatura de base puede intensificar los extremos asociados con El Niño.
De esta manera, pueden registrarse picos de calor más elevados, sequías más severas y precipitaciones más intensas, con consecuencias como incendios forestales, inundaciones y pérdidas de cosechas.
Algunos científicos consideran que los extremos que podría provocar este episodio ofrecen una señal de las condiciones que podrían volverse más habituales durante las próximas décadas por efecto del calentamiento global provocado por la actividad humana.
Qué puede pasar en la Argentina
Uno de los principales efectos de El Niño es que el sur de Sudamérica suele recibir precipitaciones superiores a las habituales, lo que puede aumentar el riesgo de eventos de lluvias intensas e inundaciones.
Un antecedente de las consecuencias que pueden generar precipitaciones extremas se produjo en Rio Grande do Sul, Brasil, durante 2024, cuando las inundaciones dejaron más de 180 muertos y 600.000 desplazados.
Sudamérica también aparece entre las regiones que podrían enfrentar mayores consecuencias sobre la seguridad alimentaria. Según las previsiones del Programa Mundial de Alimentos de la ONU, casi 50 millones de personas podrían quedar expuestas al riesgo de hambre aguda hacia finales de 2027 como consecuencia de El Niño, con el continente sudamericano y el sur de África entre las zonas potencialmente más afectadas.
La combinación entre El Niño y el cambio climático llevó a la OMM a advertir que 2027 podría convertirse en el año más caluroso desde que existen registros.
El Laboratorio de Impacto Climático calculó que el próximo episodio podría provocar unas 451.000 muertes adicionales relacionadas con el calor. Entre los países con mayor impacto estimado aparecen Nigeria, con 31.400; Indonesia, con 19.300; y Sudán, con 17.600.
Los investigadores señalaron que medidas como los sistemas de alerta temprana y la protección de las personas que trabajan al aire libre podrían evitar decenas de miles de fallecimientos.
Sequías, pérdidas de cultivos y huracanes
Los efectos de El Niño no son iguales en todas las regiones. Mientras el sur de Sudamérica y partes de Asia Central suelen experimentar mayores precipitaciones, el sur de África, Centroamérica y Australia tienden a atravesar condiciones más secas.
Las sequías pueden afectar tanto el rendimiento de los cultivos como la generación de energía hidroeléctrica. Los exportadores de arroz, por ejemplo, prevén que la cosecha de India, el principal productor mundial, caiga este año hasta su nivel más bajo desde 2009-2010, cuando otra sequía asociada con El Niño redujo la producción.
El fenómeno también puede intensificar las olas de calor incluso en regiones alejadas del Pacífico, como Europa, y suele favorecer una mayor actividad de huracanes en el Pacífico central y oriental.
El alcance final dependerá de la intensidad que alcance El Niño durante los próximos meses, pero las actuales temperaturas del Pacífico y las previsiones internacionales mantienen la atención sobre un fenómeno con capacidad para alterar el clima, la producción de alimentos y las condiciones de vida en distintas partes del planeta.
Con información de
Ámbito

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