Santa Fe | Ciudad
Tarde de perros
Domingo 24 de
Agosto 2014 - 16:00
Delincuentes tomaron por asalto una casa de familia. Tomaron rehenes y se tirotearon con la policía. Terminaron detenidos.
Momentos de mucha tensión y horror se vivieron ayer en barrio María Selva por la acción de dos malvivientes que concretaron un asalto domiciliario, tomaron rehenes y cubrieron su retirada a sangre y fuego. La secuencia se inició cerca de las 15 cuando dos sujetos irrumpieron en la vivienda de Gorostiaga 2020, en plena siesta.
Los rufianes tomaron por sorpresa a la empleada doméstica que se encontraba baldeando la vereda. A los empujones la mujer fue obligada a ingresar al inmueble.
Esta escena se desarrolló en plena calle y, por suerte, no pasó inadvertida para un ocasional testigo que se comunicó con el 911. Este detalle resultó crucial en el desarrollo posterior de los hechos.
Otras tres mujeres que se encontraban en la casa siguieron la misma suerte y fueron reducidas junto a la doméstica.
Acto seguido los ladrones subieron a la planta alta donde se ubica un departamento cuya puerta de acceso fue destrozada a patadas. Los golpes y los gritos de las mujeres despertaron a Miguel Yeri (53), el propietario, que de un momento a otro se vio con dos armas apuntándole a la cabeza.
Todo el grupo fue encerrado en el baño del departamento. Mientras tanto, los delincuentes reclamaban por la entrega de dinero.
En tanto, aquel llamado al 911 motivó que un patrullero de la seccional 5ª fuese hasta el lugar.
Un escurridor tirado en la vereda y las puertas abiertas de la casa despertaron las sospechas de los agentes que bajaron para ver qué sucedía.
Ni bien entraron, uno de los cacos salió al cruce de los policías. Tomando a una de las mujeres como escudo humano gritó: “¡Rajá de acá vigilante!”.
Pero no se quedó con eso. Al instante, abrió fuego contra los policías que también contestaron a tiros la agresión.
Lo que siguió fue una balacera que convirtió la casa en un verdadero infierno. Uno de los impactos alcanzó a la empleada doméstica, que resultó herida en una pierna.
Acorralados por la situación, los malvivientes escaparon del lugar corriendo por los techos. Y desde allí ganaron la calle donde prosiguieron su fuga.
No muy lejos continuó la locura. En Las Heras al 6300 uno de los cacos tomó como rehén a Jorge Beades (29) quien se encontraba lavando una camioneta en la vereda.
Durante algunos minutos, el joven fue utilizado como escudo humano hasta que, al verse acorralado por los uniformados de la PIU decidió entregarse.
Una situación similar se produjo en A. Cassanello al 2000 donde otro grupo de la PIU logró la captura del segundo malviviente.
Los rufianes tomaron por sorpresa a la empleada doméstica que se encontraba baldeando la vereda. A los empujones la mujer fue obligada a ingresar al inmueble.
Esta escena se desarrolló en plena calle y, por suerte, no pasó inadvertida para un ocasional testigo que se comunicó con el 911. Este detalle resultó crucial en el desarrollo posterior de los hechos.
Otras tres mujeres que se encontraban en la casa siguieron la misma suerte y fueron reducidas junto a la doméstica.
Acto seguido los ladrones subieron a la planta alta donde se ubica un departamento cuya puerta de acceso fue destrozada a patadas. Los golpes y los gritos de las mujeres despertaron a Miguel Yeri (53), el propietario, que de un momento a otro se vio con dos armas apuntándole a la cabeza.
Todo el grupo fue encerrado en el baño del departamento. Mientras tanto, los delincuentes reclamaban por la entrega de dinero.
En tanto, aquel llamado al 911 motivó que un patrullero de la seccional 5ª fuese hasta el lugar.
Un escurridor tirado en la vereda y las puertas abiertas de la casa despertaron las sospechas de los agentes que bajaron para ver qué sucedía.
Ni bien entraron, uno de los cacos salió al cruce de los policías. Tomando a una de las mujeres como escudo humano gritó: “¡Rajá de acá vigilante!”.
Pero no se quedó con eso. Al instante, abrió fuego contra los policías que también contestaron a tiros la agresión.
Lo que siguió fue una balacera que convirtió la casa en un verdadero infierno. Uno de los impactos alcanzó a la empleada doméstica, que resultó herida en una pierna.
Acorralados por la situación, los malvivientes escaparon del lugar corriendo por los techos. Y desde allí ganaron la calle donde prosiguieron su fuga.
No muy lejos continuó la locura. En Las Heras al 6300 uno de los cacos tomó como rehén a Jorge Beades (29) quien se encontraba lavando una camioneta en la vereda.
Durante algunos minutos, el joven fue utilizado como escudo humano hasta que, al verse acorralado por los uniformados de la PIU decidió entregarse.
Una situación similar se produjo en A. Cassanello al 2000 donde otro grupo de la PIU logró la captura del segundo malviviente.
Con información de
ellitoral

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