Venezuela logró sentarse en el Consejo de Seguridad
Viernes 17 de
Octubre 2014
Pese a la resistencia de EE.UU. y las críticas de ONG, se aseguró un asiento por dos años; Maduro lo consideró un respaldo internacional a su gobierno
De nada sirvió la oposición de Estados Unidos: Venezuela, una de las naciones más denostadas por Washington y criticada por organizaciones de derechos humanos por sus atropellos contra la oposición y los medios, logró hacerse de un asiento en el Consejo de la Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), donde tendrá voz y voto por dos años a partir del próximo 1° de enero.
"Éste es un día en que el mundo le ha dado un apoyo a nuestra patria", celebró el presidente venezolano, Nicolás Maduro. "Debemos sentir en nuestro corazón la felicidad y alegría de que Venezuela en el mundo es un país querido", agregó, rodeado por el aplauso de sus ministros.
Además de Venezuela, se sumarán al Consejo el año próximo como "miembros no permanentes" Angola, Nueva Zelanda, Malasia y España, que se impuso en una segunda vuelta a Turquía.
Venezuela era el único candidato a ocupar el asiento que dejará la Argentina, uno de los dos que tienen América latina y el Caribe en el Consejo. Sin rival en la región que desafíe su postulación, sólo necesitaba obtener por lo menos dos tercios de los votos de la Asamblea General para cumplir una vieja ambición chavista. Caracas reunió el respaldo de 181 de los 193 Estados miembros y Maduro festejó la victoria.
Washington desplegó una sigilosa campaña para tratar de frenar este triunfo. Ya lo había hecho antes, de manera más enérgica, durante los últimos años de la presidencia de George W. Bush, a quien Hugo Chávez llamó "diablo" en la misma ONU. La Casa Blanca intentó replicar esa estrategia, pero con mucho menos vigor y cierta resignación.
Hubo gestiones dentro y fuera de Estados Unidos. En Nueva York, a fines del mes anterior, en la apertura de la Asamblea General y con decenas de mandatarios y cancilleres en la ciudad, el secretario de Estado, John Kerry, mantuvo reuniones para intentar convencerlos de que no votaran por Venezuela.
"Convocó a muchos países de la región. Caribeños y también africanos", confió a LA NACION una fuente diplomática.
Ahora, una de las hijas de Chávez, María Gabriela, embajadora de Venezuela ante la ONU, se sentará en el Consejo de Seguridad.
Estados Unidos no brindó una cálida bienvenida a Venezuela, que será el primer país en la historia que ocupa, de manera simultánea, un asiento en el Consejo de Seguridad y la presidencia del Movimiento de Países No Alineados.
"Desafortunadamente, la conducta de Venezuela en la ONU ha ido en contra del espíritu de la Carta de la ONU y sus violaciones de los derechos humanos en el país están en desacuerdo con la Carta", dijo la embajadora de Estados Unidos ante el organismo, Samantha Power.
"Estados Unidos continuará pidiendo al gobierno de Venezuela que respete las libertades fundamentales y los derechos humanos universales de su pueblo", afirmó.
Venezuela ha respaldado al régimen sirio de Bashar al-Assad, mantiene relaciones cercanas con Irán y ha sido uno de los pocos países que han apoyado la anexión rusa de Crimea. Pekín y Moscú, que han renovado la rivalidad de la Guerra Fría con Washington, encontrarán en Caracas un aliado dentro del Consejo de Seguridad.
Con todo, durante las últimas semanas, ya cuando el triunfo del gobierno de Maduro era un hecho y sólo restaba esperar a la votación, analistas intentaron atenuar el impacto de la irrupción chavista en el Consejo al sostener que no generará grandes cambios en la política de las Naciones Unidas.
Estados Unidos, Rusia, China, Gran Bretaña y Francia, los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad, o el "P5", como se los conoce en la ONU, tienen poder de veto y pueden frenar cualquier iniciativa que vaya en contra de sus intereses de política exterior. Y ya están divididos.
Ni las críticas de organizaciones como Human Rights Watch o Amnistía Internacional, las denuncias de periodistas sobre violaciones de la libertad de prensa o la condena por parte de la ONU al arresto del líder opositor Leopoldo López, al que calificó de "arbitrario", impidieron el ascenso de Venezuela al Consejo, que si bien tiene como misión primordial mantener la paz y seguridad internacional, también vela por el respeto de los derechos humanos.
El canciller de Venezuela, Rafael Ramírez, dijo en una breve declaración en los pasillos de la ONU que el triunfo de Venezuela reflejaba el "amplio apoyo internacional" a la "revolución" impulsada por Chávez como "promotora de la paz, la justicia social, de la solidaridad y de los derechos humanos". Era un respaldo a la lucha "en contra de la injerencia de los asuntos internos de los Estados", y era un triunfo que se había logrado a pesar de "la continuada campaña de descrédito" contra el país y sus instituciones.
"Este triunfo se lo dedicamos al comandante Chávez", sentenció Ramírez..
"Éste es un día en que el mundo le ha dado un apoyo a nuestra patria", celebró el presidente venezolano, Nicolás Maduro. "Debemos sentir en nuestro corazón la felicidad y alegría de que Venezuela en el mundo es un país querido", agregó, rodeado por el aplauso de sus ministros.
Además de Venezuela, se sumarán al Consejo el año próximo como "miembros no permanentes" Angola, Nueva Zelanda, Malasia y España, que se impuso en una segunda vuelta a Turquía.
Venezuela era el único candidato a ocupar el asiento que dejará la Argentina, uno de los dos que tienen América latina y el Caribe en el Consejo. Sin rival en la región que desafíe su postulación, sólo necesitaba obtener por lo menos dos tercios de los votos de la Asamblea General para cumplir una vieja ambición chavista. Caracas reunió el respaldo de 181 de los 193 Estados miembros y Maduro festejó la victoria.
Washington desplegó una sigilosa campaña para tratar de frenar este triunfo. Ya lo había hecho antes, de manera más enérgica, durante los últimos años de la presidencia de George W. Bush, a quien Hugo Chávez llamó "diablo" en la misma ONU. La Casa Blanca intentó replicar esa estrategia, pero con mucho menos vigor y cierta resignación.
Hubo gestiones dentro y fuera de Estados Unidos. En Nueva York, a fines del mes anterior, en la apertura de la Asamblea General y con decenas de mandatarios y cancilleres en la ciudad, el secretario de Estado, John Kerry, mantuvo reuniones para intentar convencerlos de que no votaran por Venezuela.
"Convocó a muchos países de la región. Caribeños y también africanos", confió a LA NACION una fuente diplomática.
Ahora, una de las hijas de Chávez, María Gabriela, embajadora de Venezuela ante la ONU, se sentará en el Consejo de Seguridad.
Estados Unidos no brindó una cálida bienvenida a Venezuela, que será el primer país en la historia que ocupa, de manera simultánea, un asiento en el Consejo de Seguridad y la presidencia del Movimiento de Países No Alineados.
"Desafortunadamente, la conducta de Venezuela en la ONU ha ido en contra del espíritu de la Carta de la ONU y sus violaciones de los derechos humanos en el país están en desacuerdo con la Carta", dijo la embajadora de Estados Unidos ante el organismo, Samantha Power.
"Estados Unidos continuará pidiendo al gobierno de Venezuela que respete las libertades fundamentales y los derechos humanos universales de su pueblo", afirmó.
Venezuela ha respaldado al régimen sirio de Bashar al-Assad, mantiene relaciones cercanas con Irán y ha sido uno de los pocos países que han apoyado la anexión rusa de Crimea. Pekín y Moscú, que han renovado la rivalidad de la Guerra Fría con Washington, encontrarán en Caracas un aliado dentro del Consejo de Seguridad.
Con todo, durante las últimas semanas, ya cuando el triunfo del gobierno de Maduro era un hecho y sólo restaba esperar a la votación, analistas intentaron atenuar el impacto de la irrupción chavista en el Consejo al sostener que no generará grandes cambios en la política de las Naciones Unidas.
Estados Unidos, Rusia, China, Gran Bretaña y Francia, los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad, o el "P5", como se los conoce en la ONU, tienen poder de veto y pueden frenar cualquier iniciativa que vaya en contra de sus intereses de política exterior. Y ya están divididos.
Ni las críticas de organizaciones como Human Rights Watch o Amnistía Internacional, las denuncias de periodistas sobre violaciones de la libertad de prensa o la condena por parte de la ONU al arresto del líder opositor Leopoldo López, al que calificó de "arbitrario", impidieron el ascenso de Venezuela al Consejo, que si bien tiene como misión primordial mantener la paz y seguridad internacional, también vela por el respeto de los derechos humanos.
El canciller de Venezuela, Rafael Ramírez, dijo en una breve declaración en los pasillos de la ONU que el triunfo de Venezuela reflejaba el "amplio apoyo internacional" a la "revolución" impulsada por Chávez como "promotora de la paz, la justicia social, de la solidaridad y de los derechos humanos". Era un respaldo a la lucha "en contra de la injerencia de los asuntos internos de los Estados", y era un triunfo que se había logrado a pesar de "la continuada campaña de descrédito" contra el país y sus instituciones.
"Este triunfo se lo dedicamos al comandante Chávez", sentenció Ramírez..

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