El estereotipo del “macho argentino”
Viernes 10 de
Abril 2015
Características de un modelo de hombre que no tiene permitido llorar, es fanático del fútbol y el único con licencia para hacer asados.
“Soy macho y me la banco”, es la frase que resume el estereotipo del “macho argentino”, rudo, que tiene aguante y que, por supuesto, no llora. Reflejado en los protagonistas masculinos de las telenovelas, este modelo de hombre se difunde en diferentes ámbitos de la vida cotidiana, aunque no todos lo asuman como propio hoy en día.
Este estereotipo, que en Argentina adquiere particularidades propias pero que se da también en otros lugares, tiene sus raíces en la cultura occidental colonial, según explica en el artículo “¿Por qué hablar de masculinidades?” el historiador Raydel Romero Cabo, presidente de la Organización Multidisciplinaria Latinoamericana de Estudios de Masculinidades (OMLEM): “Ha perdurado hasta el presente bajo el arquetipo del varón europeo, de tez blanca, alta estatura, cuerpo fornido, exitoso económicamente, rudo, obsesionado por el poder, dependiente de sus hazañas intelectuales y sexuales, que le guste el deporte y juegue al fútbol, donde ciertos sentimientos le son inaccesibles como la tristeza y mucho menos llorar. Protector, proveedor económico, viril y capaz de reproducir, no de paternar”.
El tango “Tomo y obligo”, con letra de Manuel Romero y música de Carlos Gardel dice: “Siga un consejo, no se enamore y si una vuelta le toca hocicar, fuerza, canejo, sufra y no llore que un hombre macho no debe llorar”. Pero, ¿qué consecuencias puede traer este mandato que muchos cumplen a rajatabla? La psicóloga Adriana Guraieb, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) y autora del libro “Peter Pan y sus mujeres”, asegura: “Influye como una enorme presión, porque se considera que son 'poco hombres'. Los varones que sufren y que no tienen el permiso interno a expresarlo por un mandato cultural y educacional, la pasan mal. Se recienten, endurecen, reprimen y puede ser que lo canalicen en situaciones de agresión, de aislamiento. Afortunadamente este paradigma se va debilitando con el tiempo”. Hugo Huberman, que es psicólogo social y coordinador de la Campaña Lazo Blanco en Argentina y Uruguay -organización que promueve el compromiso de los hombres con el fin de la violencia hacia las mujeres- ejemplifica: “Los adultos tienen su barra de amigos con quienes se reúnen a tomar café o unas copas. Pero nadie va a contar ninguna intimidad, porque eso puede valerle el adjetivo de 'menos hombre'. Los jóvenes, en cambio, hoy cuentan de todo y están más abiertos”.
Pese a que hoy en día muchas mujeres son fanáticas del fútbol y en muchos casos lo practican, este deporte siempre se construyó como un espacio propiamente masculino y del que se adueñó el macho argentino. Aquella que se atreva a hablar de fútbol, previamente tendrá que explicar lo que significa el offside, primer filtro, para luego someterse a un test que evaluará sus conocimientos en la materia. Para Guraieb el fútbol es un momento de canalización del varón, en donde expresa su violencia, su potencia. “Al día de hoy, siglo XXI, un adolescente al que no le gusta el fútbol sus compañeros lo miran raro”, afirma.
“Un aplauso para el asador”, aclaman los comensales. ¿Y si fuera asadora? Este es otro de los espacios que se apropió el macho argentino. Si bien hoy muchos hombres superaron la distancia que los separaba de la cocina, el asado es históricamente propio de dicho estereotipo. Huberman dice: “Hay una cuestión de poder y de decir 'soy responsable, bueno y hago el asado'. Eso sí, no agarra un escobillón ni loco. El asado es visto como una estructura masculina. El hombre se va a sentir menos hombre si lo hace una mujer”.
El especialista también explica que, tanto en adultos como en jóvenes, el macho argentino tiene la necesidad de ser el único proveedor en su hogar y, además, de tener una sexualidad activa, abstracta y descuidada: “Es vista como virilidad, 'cuanto más la uso mejor'”. La genitalidad tiene un rol central no sólo porque cuando se habla de “tener aguante” se hace referencia a ello, sino también porque es sinónimo de virilidad el que, como se dice coloquialmente, “la tenga más larga”.
De todas estas características del estereotipo de macho argentino se desprende la principal: machista. Porque todos los mandamientos que lo definen, están hechos en pos de ser “menos hombre”. ¿Y qué significa esto? ¿Ser más mujer? Ese es el pecado: asumir alguna característica del “sexo débil”.
Con información de
clarin
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