Washington
El avance yihadista desconcierta a Estados Unidos
Viernes 22 de
Mayo 2015

Desconcertada por los avances recientes del Estado Islámico (EI) en Siria e Irak, la Administración Obama reexamina la estrategia.
Los cambios, de momento, son mínimos. El Pentágono ha enviado cohetes antitanques y estudia ampliar el entrenamiento de las tropas locales.
El problema es que los estadounidenses se resisten a implicarse más en la guerra, pero constatan que las fuerzas iraquíes, por sí solas, son incapaces de derrotar a los yihadistas. Irak, 12 años después de la invasión, ocupa de nuevo el centro de la pelea política.
Irak es, para Estados Unidos, la guerra sin fin. Cuando parece que ha terminado, regresa. La toma, en menos de una semana, de Palmira (Siria) y Ramadi (Irak), por el EI es un contratiempo para Washington. Casi un año después del inicio de una intervención para frenar a los terroristas yihadistas suníes, los resultados son magros.
En Irak, la estrategia de la Administración Obama consiste en apoyar con bombardeos aéreos y asesores militares sobre el terreno a las fuerzas iraquíes que combaten contra el EI. Ahora hay unos 3.000 asesores. En Siria, es más complicado. EE UU, que allí participa en la guerra con ataques aéreos, es enemigo del régimen de Bachar el Asad y del EI, que son enemigos entre sí.
El presidente Barack Obama no quiere enviar tropas terrestres. Esta opción, como la de desentenderse definitivamente de Irak y Siria y dejar de bombardear, está descartada. El inconveniente es que esta estrategia obliga a EE UU a delegar en fuerzas locales.
En Mosul, hace un año, y en Ramadi ahora, el Ejército de Irak ha demostrado su deficiente preparación para derrotar al EI. La otra fuerza local son las milicias chiíes, algunas controladas por Irán. El problema aquí, para Washington, es ceder el control de la guerra a Teherán.
El objetivo del presidente Obama es crear una fuerza con suficiente presencia suní. Se trata, primero, de integrar a este grupo en un Ejército, el iraquí, dominado por los chiíes. Y segundo, de evitar que el conflicto se convierta en una guerra civil en la que, gane quien gane, los intereses estadounidenses saldrán dañados.
La caída de Palmira y Ramadi ocurre menos de una semana después de que un mando militar estadounidense dijese que el EI estaba “a la defensiva” y que ya sólo era capaz de realizar “ataques a pequeña escala, localizados, de hostigamiento”.
Palmira y Ramadi obligan a repensar la estrategia. El mayor cambio puede consistir en aparcar los planes para reconquistar Mosul, la otra gran ciudad iraquí en manos de los yihadistas, y centrarse en Ramadi. A esto se añade el envío de 2.000 cohetes antitanques, y la posibilidad de reforzar el adiestramiento de fuerzas locales.
En Washington, el debate sobre la responsabilidad se reabre. ¿Fue culpa del presidente republicano George W. Bush al invadir Irak en 2003? ¿De Obama al replegarse en 2011? Los candidatos republicanos presidenciales apuntan al demócrata Obama.
Todos escuchan la pregunta: ¿habría invadido Irak sabiendo que las armas de destrucción masiva no existían? Los titubeos de Jeb Bush, hermano de George, ante esta pregunta, o el no de halcones como el senador Marco Rubio, demuestran que la discusión —y la herida— siguen abiertas.
Oficialmente la guerra terminó en diciembre de 2011, cuando se retiraron las últimas tropas estadounidenses. O acaso antes, en mayo de 2003, cuando Bush hijo declaró “misión cumplida” a borde del portaaviones Abraham Lincoln, tres meses después de la invasión.
En realidad, Estados Unidos lleva obsesionado con Irak desde mucho antes: desde 1990, cuando Sadam Husein invadió Kuwait y el presidente George Bush padre empezó a movilizar una coalición internacional contra Husein.
El Pentágono admite las primeras muertes de civiles en la campaña
REUTERS (WASHINGTON)
Estados Unidos ha reconocido por primera vez este jueves que durante la campaña de ataques aéreos que comenzó el pasado verano en Siria e Irak contra el Estado Islámico ha habido bajas civiles.
El Departamento de Defensa ha admitido que “probablemente” dos niños sirios murieron en un bombardeo de la coalición internacional liderada por Estados Unidos en noviembre en los alrededores de la ciudad siria de Harim. El ataque golpeó instalaciones del grupo Jorasán, integrado por veteranos de Al Qaeda.
“Lamentamos la pérdida no intencionada de vidas”, dijo en un comunicado el general James L. Terry, comandante de la campaña contra el EI. “La coalición sigue tomando todas las medidas razonables durante el proceso de objetivo para mitigar los riesgos a los no combatientes, y para cumplir con los principios de la ley de conflictos armados”.
El Observatorio Sirio para los Derechos Humanos ha informado este jueves de que los ataques aéreos de la coalición internacional han acabado con la vida de más de 2.200 milicianos de Estado Islámico y 131 civiles en Siria en los últimos ocho meses.
El problema es que los estadounidenses se resisten a implicarse más en la guerra, pero constatan que las fuerzas iraquíes, por sí solas, son incapaces de derrotar a los yihadistas. Irak, 12 años después de la invasión, ocupa de nuevo el centro de la pelea política.
Irak es, para Estados Unidos, la guerra sin fin. Cuando parece que ha terminado, regresa. La toma, en menos de una semana, de Palmira (Siria) y Ramadi (Irak), por el EI es un contratiempo para Washington. Casi un año después del inicio de una intervención para frenar a los terroristas yihadistas suníes, los resultados son magros.
En Irak, la estrategia de la Administración Obama consiste en apoyar con bombardeos aéreos y asesores militares sobre el terreno a las fuerzas iraquíes que combaten contra el EI. Ahora hay unos 3.000 asesores. En Siria, es más complicado. EE UU, que allí participa en la guerra con ataques aéreos, es enemigo del régimen de Bachar el Asad y del EI, que son enemigos entre sí.
El presidente Barack Obama no quiere enviar tropas terrestres. Esta opción, como la de desentenderse definitivamente de Irak y Siria y dejar de bombardear, está descartada. El inconveniente es que esta estrategia obliga a EE UU a delegar en fuerzas locales.
En Mosul, hace un año, y en Ramadi ahora, el Ejército de Irak ha demostrado su deficiente preparación para derrotar al EI. La otra fuerza local son las milicias chiíes, algunas controladas por Irán. El problema aquí, para Washington, es ceder el control de la guerra a Teherán.
El objetivo del presidente Obama es crear una fuerza con suficiente presencia suní. Se trata, primero, de integrar a este grupo en un Ejército, el iraquí, dominado por los chiíes. Y segundo, de evitar que el conflicto se convierta en una guerra civil en la que, gane quien gane, los intereses estadounidenses saldrán dañados.
La caída de Palmira y Ramadi ocurre menos de una semana después de que un mando militar estadounidense dijese que el EI estaba “a la defensiva” y que ya sólo era capaz de realizar “ataques a pequeña escala, localizados, de hostigamiento”.
Palmira y Ramadi obligan a repensar la estrategia. El mayor cambio puede consistir en aparcar los planes para reconquistar Mosul, la otra gran ciudad iraquí en manos de los yihadistas, y centrarse en Ramadi. A esto se añade el envío de 2.000 cohetes antitanques, y la posibilidad de reforzar el adiestramiento de fuerzas locales.
En Washington, el debate sobre la responsabilidad se reabre. ¿Fue culpa del presidente republicano George W. Bush al invadir Irak en 2003? ¿De Obama al replegarse en 2011? Los candidatos republicanos presidenciales apuntan al demócrata Obama.
Todos escuchan la pregunta: ¿habría invadido Irak sabiendo que las armas de destrucción masiva no existían? Los titubeos de Jeb Bush, hermano de George, ante esta pregunta, o el no de halcones como el senador Marco Rubio, demuestran que la discusión —y la herida— siguen abiertas.
Oficialmente la guerra terminó en diciembre de 2011, cuando se retiraron las últimas tropas estadounidenses. O acaso antes, en mayo de 2003, cuando Bush hijo declaró “misión cumplida” a borde del portaaviones Abraham Lincoln, tres meses después de la invasión.
En realidad, Estados Unidos lleva obsesionado con Irak desde mucho antes: desde 1990, cuando Sadam Husein invadió Kuwait y el presidente George Bush padre empezó a movilizar una coalición internacional contra Husein.
El Pentágono admite las primeras muertes de civiles en la campaña
REUTERS (WASHINGTON)
Estados Unidos ha reconocido por primera vez este jueves que durante la campaña de ataques aéreos que comenzó el pasado verano en Siria e Irak contra el Estado Islámico ha habido bajas civiles.
El Departamento de Defensa ha admitido que “probablemente” dos niños sirios murieron en un bombardeo de la coalición internacional liderada por Estados Unidos en noviembre en los alrededores de la ciudad siria de Harim. El ataque golpeó instalaciones del grupo Jorasán, integrado por veteranos de Al Qaeda.
“Lamentamos la pérdida no intencionada de vidas”, dijo en un comunicado el general James L. Terry, comandante de la campaña contra el EI. “La coalición sigue tomando todas las medidas razonables durante el proceso de objetivo para mitigar los riesgos a los no combatientes, y para cumplir con los principios de la ley de conflictos armados”.
El Observatorio Sirio para los Derechos Humanos ha informado este jueves de que los ataques aéreos de la coalición internacional han acabado con la vida de más de 2.200 milicianos de Estado Islámico y 131 civiles en Siria en los últimos ocho meses.
Con información de
El Pais
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