BLATTER, SE VA

Los delegados reunidos la semana pasada en Zúrich ignoraron el clamor para renovar el organismo. La misma semana del congreso, la policía había detenido a siete altos cargos del organismo, entre ellos dos vicepresidentes y estrechos aliados del líder, por corrupción. Lo que Blatter consideraba “casos aislados” eran, según el Departamento de Justicia de EE UU, prácticas “desenfrenadas, sistémicas y arraigadas”. “La FIFA necesita una reestructuración profunda”, dice ahora Blatter, que la semana pasada pedía “una evolución y no una revolución”.
Las peticiones de dimisión le habían llegado desde el presidente de la UEFA, Michel Platini, al primer ministro británico, David Cameron. Pese a todo, Blatter salió victorioso. “Antes [de la votación] estaba un poco nervioso”, llegó a decir tras obtener el apoyo de 133 delegaciones frente a los 73 de su único rival, el príncipe jordano Ali Bin el Hussein.
Pero la alegría le ha durado poco. La justicia estadounidense estrecha el cerco sobre uno de sus más estrechos colaboradores, Jérôme Valcke, al que se le acusa de tener conocimiento de un soborno de 10 millones de dólares. Blatter, presidente de la FIFA desde 1998, tenía en su contra a Gobiernos como el estadounidense, el británico y el francés. La canciller alemana, Angela Merkel, no fue tan lejos, pero miembros de su Gobierno han cargado con dureza contra Blatter. La Comisión Europea también dijo el lunes que había llegado el momento de cambiar la FIFA. A su favor ha tenido al presidente ruso, Vladímir Putin, que detrás de la investigación del escándalo ve una conspiración para arrancarle a Rusia el Mundial de 2018.
Blatter no tenía solo enemigos en la política. La federación inglesa de fútbol reclamó el lunes un boicot a la Copa del Mundo de 2018. “Reino Unido no se presentará como anfitrión de un Mundial mientras Blatter siga en el cargo”, dijo su presidente, Greg Dyke. Su homólogo holandés, Michael van Praag, dijo que solo se explicaba la reelección de Blatter por el miedo imperante en la FIFA. Blatter, sin embargo, contaba con el apoyo de las poderosas federaciones de Francia y España, con su presidente, Ángel María Villar, a la cabeza. Y a los problemas políticos y deportivos, se les añadía la fuga de patrocinios. A la marcha de la petrolera Castrol, cosmética Johnson & Johnson y la empresa de neumáticos se unía el malestar de Visa o Coca-Cola.
La dimisión abre un periodo lleno de incertidumbres. Blatter podría intentar pilotar el congreso extraordinario que debe buscarle recambio, previsto entre diciembre de este año y marzo de 2016. Porque en el comité ejecutivo de la FIFA abundan los hombres cercanos a Blatter. Y para renovar la institución no basta solo con la marcha de su presidente, sino de una profunda reforma.
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