SANTA FE | CIUDAD
Violento intento de asalto a una familia de Barranquitas
Viernes 05 de
Mayo 2017
Una “patota” trató de entrar por la fuerza a una humilde vivienda de avenida Perón al 4600. La dueña de casa, que dormía junto a su hija y sus tres nietos, fue brutalmente golpeada por los delincuentes.
“Vivo en este barrio desde que nací. Jamás nos pasó algo así y nunca pensé que podía sucedernos esto. Todavía estoy temblando”, confiesa Alejandra, de 46 años. Su rostro refleja en parte lo que sufrió durante el violento intento de asalto que ocurrió la madrugada de este jueves en su hogar, en avenida Perón al 4600 (en barrio Barranquitas). Moretones y chichones en distintas partes de la cara, además de un parche sobre el ojo izquierdo, dan una idea de la violencia con la que actuaron los delincuentes.
Eran aproximadamente las 3.30 y dentro de la precaria vivienda dormían Alejandra, su hija y sus tres nietitos. Todos se despertaron sobresaltados por fuertes golpes en la puerta principal, de chapa. “¡Policía, policía, policía!”, gritaron voces de hombres impacientes desde afuera.
“Me puse algo de ropa y fui a abrir. Los iba a hacer pasar, para que vean que no tengo nada adentro. Sólo hay un ropero, una heladera, un televisor y un aparadorcito, pero apenas me asomé patearon al puerta que me pegó en la frente. Eran como seis. Uno me dio un puñetazo en la cabeza. Después me tiraron contra la pared. Los chicos empezaron a gritar, desesperados. ‘¡Abuela, abuela!’, decían. Se asustaron mucho, porque me salía sangre por la boca y la nariz. También se despertó mi sobrino, que vive al lado, y salió para gritarles a estos tipos. Se ve que el alboroto los espantó y se escaparon”, relató la mujer.
“Creo que querían robarme algo -agregó-, pero no sé qué. No tenemos mucho. Además, en el patio delantero había ropa colgada, zapatillas. No se llevaron nada. Me contaron que antes de venir a mi casa hicieron lo mismo en otro domicilio del barrio. Son delincuentes de acá, del barrio, son conocidos”.
“Mi sobrina llamó a la policía, pero cuando llegó la patrulla no me quisieron tomar los datos. Ellos saben quienes son los ladrones. Están siempre allá en el fondo (señala en dirección en el extremo oeste del barrio). Una mujer policía me cargó en una ambulancia. Les pedí que por favor dejen alguna custodia por mi familia, pero los móviles desaparecieron y no regresaron. Después de las 23 ya no se ven policías por acá, y eso que tenemos dos comisarías muy cerca. Además, me llevaron en ambulancia al Hospital Cullen, donde me atendieron. Después, me dejaron sola. Yo no tenía ni para el colectivo y me tuve que volver caminando”, se quejó Alejandra.
Eran aproximadamente las 3.30 y dentro de la precaria vivienda dormían Alejandra, su hija y sus tres nietitos. Todos se despertaron sobresaltados por fuertes golpes en la puerta principal, de chapa. “¡Policía, policía, policía!”, gritaron voces de hombres impacientes desde afuera.
“Me puse algo de ropa y fui a abrir. Los iba a hacer pasar, para que vean que no tengo nada adentro. Sólo hay un ropero, una heladera, un televisor y un aparadorcito, pero apenas me asomé patearon al puerta que me pegó en la frente. Eran como seis. Uno me dio un puñetazo en la cabeza. Después me tiraron contra la pared. Los chicos empezaron a gritar, desesperados. ‘¡Abuela, abuela!’, decían. Se asustaron mucho, porque me salía sangre por la boca y la nariz. También se despertó mi sobrino, que vive al lado, y salió para gritarles a estos tipos. Se ve que el alboroto los espantó y se escaparon”, relató la mujer.
“Creo que querían robarme algo -agregó-, pero no sé qué. No tenemos mucho. Además, en el patio delantero había ropa colgada, zapatillas. No se llevaron nada. Me contaron que antes de venir a mi casa hicieron lo mismo en otro domicilio del barrio. Son delincuentes de acá, del barrio, son conocidos”.
“Mi sobrina llamó a la policía, pero cuando llegó la patrulla no me quisieron tomar los datos. Ellos saben quienes son los ladrones. Están siempre allá en el fondo (señala en dirección en el extremo oeste del barrio). Una mujer policía me cargó en una ambulancia. Les pedí que por favor dejen alguna custodia por mi familia, pero los móviles desaparecieron y no regresaron. Después de las 23 ya no se ven policías por acá, y eso que tenemos dos comisarías muy cerca. Además, me llevaron en ambulancia al Hospital Cullen, donde me atendieron. Después, me dejaron sola. Yo no tenía ni para el colectivo y me tuve que volver caminando”, se quejó Alejandra.
Con información de
ellitoral
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