El obispo de Gualeguaychú contó que se enamoró dos veces
Sábado 06 de
Julio 2013

“Tuve novias, me gustaba salir, pero sentí el llamado de Jesús”, dijo Jorge Lozano en una entrevista. También comentó que vivió en un conventillo junto a cinco familias; trabajó en una fábrica de alpargatas y hasta hizo sonido en boliches.
El obispo de Gualeguaychú, Jorge Lozano, reveló detalles de su juventud durante una entrevista. Entre otras experiencias de su vida personal, contó que tuvo novias antes de volcarse al sacerdocio y que le gustaba salir de noche.
Nació en 1955 en Barracas. Es el hijo mayor de un matrimonio de obreros que no pudieron terminar sus estudios. Tiene un hermano que vive en la provincia de Buenos Aires y asegura que cuando se le presentó el llamado de Jesús, se resistió.
“Somos dos hermanos; yo soy el mayor. Cuando éramos chicos vivimos en una casa antigua de tipo inquilinato. Era un conventillo con varias habitaciones: éramos cinco familias que vivíamos en esa casa. Compartíamos un par de patios, el baño y cada familia tenía una pequeña cocinita”, dijo al diario El Día de Gualeguaychú.
“Mi papá trabajaba en una fábrica de alpargatas. Era albañil, después constructor. Mi mamá también había trabajado en esa fábrica hasta que nací yo. Después, ella trabajaba tejiendo haciendo oferta y venta de pullóveres. Yo también trabajé en esa fábrica de alpargatas un par de años, antes de entrar al seminario. Ingresé ahí porque estaba mi papá trabajando, así que íbamos juntos a trabajar y nos levantábamos a las 5.15 para tomar mates juntos”, detalló.
“Fue una infancia y una adolescencia de muchos amigos”, agregó. “Me gustaba mucho salir y lo hacía bastante. Durante los últimos tres años de la escuela secundaria, junto con otro compañero del colegio estudiábamos electrotécnica. Me gustaba mucho estudiar electrotecnia. Justo, conocimos circunstancialmente a un par de muchachos un poco más grandes. Tenían un taller de reparación de equipos de audio y hacían sonido para recitales, fiestas. Entonces, los viernes, sábados y domingos íbamos a hacer sonido a fiesta, bailes y recitales. Eso me gustaba mucho. También hicimos sonido en los bailes de carnaval en un club, y después nos quedábamos en la fiesta. En ese momento se escuchaba mucho Charly García y León Gieco; muchas bandas del Rock Nacional”.
“Estuve dos veces de novio”, manifestó. Y añadió que una de ellas era de su barrio, de Barracas. “Con ella estuvimos un poquito más de tiempo y después tuve otra novia que era del barrio de Caballito. Con ella estuvimos menos tiempo de novios”.
Consultado por qué terminaron esas relaciones, contestó: “Porque la relación no anduvo. Con una de ellas seguimos siendo amigos y cada tanto nos vemos. Pero no andaba la relación. Cuando yo decidí entrar al seminario ya hacía más de un año que había terminado”.
“Sentí en mi corazón que Jesús me llamaba para hacer esto. Y no una vez, sino varias”, expresó el obispo sobre cuándo se decidió por el sacerdocio. “Fueron tres meses que me costaron mucho y cada vez que me sentaba me volvía esto a la mente y volvía a sentir lo mismo, entonces arreglé con el jefe de la fábrica para hacer horas extras para no tener descanso. Trabajaba de 6 de la mañana a 6 de la tarde. De ahí salía y me iba a la facultad. Llegaba a casa a las doce de la noche y me dormía. Trabajaba el domingo de 5 de la mañana a 5 de la tarde. Era la manera que encontraba de no pensar. Después de tres meses no aguanté más ese ritmo y fui a una consulta médica en la fábrica. El médico me revisó y me dijo que estaba todo bien; entonces me preguntó: ¿Vos no tenés que tomar alguna decisión importante? ¿Cómo sabe eso?, le dije yo y le respondí: La verdad que sí. Entonces fui a hablar con el Diácono que había visto en esa charla. Le conté lo que me estaba pasando y me ayudó a discernir y ver lo que esto significaba. Ahí fue cuando pude decidirme”.
“Somos dos hermanos; yo soy el mayor. Cuando éramos chicos vivimos en una casa antigua de tipo inquilinato. Era un conventillo con varias habitaciones: éramos cinco familias que vivíamos en esa casa. Compartíamos un par de patios, el baño y cada familia tenía una pequeña cocinita”, dijo al diario El Día de Gualeguaychú.
“Mi papá trabajaba en una fábrica de alpargatas. Era albañil, después constructor. Mi mamá también había trabajado en esa fábrica hasta que nací yo. Después, ella trabajaba tejiendo haciendo oferta y venta de pullóveres. Yo también trabajé en esa fábrica de alpargatas un par de años, antes de entrar al seminario. Ingresé ahí porque estaba mi papá trabajando, así que íbamos juntos a trabajar y nos levantábamos a las 5.15 para tomar mates juntos”, detalló.
“Fue una infancia y una adolescencia de muchos amigos”, agregó. “Me gustaba mucho salir y lo hacía bastante. Durante los últimos tres años de la escuela secundaria, junto con otro compañero del colegio estudiábamos electrotécnica. Me gustaba mucho estudiar electrotecnia. Justo, conocimos circunstancialmente a un par de muchachos un poco más grandes. Tenían un taller de reparación de equipos de audio y hacían sonido para recitales, fiestas. Entonces, los viernes, sábados y domingos íbamos a hacer sonido a fiesta, bailes y recitales. Eso me gustaba mucho. También hicimos sonido en los bailes de carnaval en un club, y después nos quedábamos en la fiesta. En ese momento se escuchaba mucho Charly García y León Gieco; muchas bandas del Rock Nacional”.
“Estuve dos veces de novio”, manifestó. Y añadió que una de ellas era de su barrio, de Barracas. “Con ella estuvimos un poquito más de tiempo y después tuve otra novia que era del barrio de Caballito. Con ella estuvimos menos tiempo de novios”.
Consultado por qué terminaron esas relaciones, contestó: “Porque la relación no anduvo. Con una de ellas seguimos siendo amigos y cada tanto nos vemos. Pero no andaba la relación. Cuando yo decidí entrar al seminario ya hacía más de un año que había terminado”.
“Sentí en mi corazón que Jesús me llamaba para hacer esto. Y no una vez, sino varias”, expresó el obispo sobre cuándo se decidió por el sacerdocio. “Fueron tres meses que me costaron mucho y cada vez que me sentaba me volvía esto a la mente y volvía a sentir lo mismo, entonces arreglé con el jefe de la fábrica para hacer horas extras para no tener descanso. Trabajaba de 6 de la mañana a 6 de la tarde. De ahí salía y me iba a la facultad. Llegaba a casa a las doce de la noche y me dormía. Trabajaba el domingo de 5 de la mañana a 5 de la tarde. Era la manera que encontraba de no pensar. Después de tres meses no aguanté más ese ritmo y fui a una consulta médica en la fábrica. El médico me revisó y me dijo que estaba todo bien; entonces me preguntó: ¿Vos no tenés que tomar alguna decisión importante? ¿Cómo sabe eso?, le dije yo y le respondí: La verdad que sí. Entonces fui a hablar con el Diácono que había visto en esa charla. Le conté lo que me estaba pasando y me ayudó a discernir y ver lo que esto significaba. Ahí fue cuando pude decidirme”.
Con información de
UNO

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