Las tecnológicas de EE.UU. están en la mira

Jueves 05 de Octubre 2017 - 09:27

El dominio del sector tecnológico siempre fue motivo de resentimiento en Europa. Y en ningún lugar más que en Francia, donde los sucesivos gobiernos intentaron sin éxito crear una industria tecnológica con similar importancia global. Ese resentimiento se ha profundizado desde que quedó claro que las autoridades nacionales no lograron que Apple, Google y otros gigantes paguen impuestos de acuerdo a su actividad.

Ahora Bruselas está tomando medidas enérgicas. El año pasado ordenó a Apple pagar 13.000 millones de euros a Irlanda por impuestos impagos; ahora informó a Amazon que debe 250 millones de euros tras estudiar el beneficio fiscal que le otorgó Luxemburgo. Sin embargo, no queda claro si la Comisión Europea podrá hacer valer sus reclamos. Las compañías niegan haber actuado mal y apelarán los fallos.
 
Emmanuel Macron está presionando para que se encuentre una solución radical. Su idea, respaldada por Alemania, Italia y otros países, es gravar a las compañías digitales en base a sus ingresos, y no a las ganancias, que generan en cada país. El objetivo es evitar que estructuren sus negocios de manera tal que las utilidades queden registradas en jurisdicciones de bajos impuestos.
 
El presidente francés hace bien en enmarcar esto como un problema no sólo para finanzas públicas sino también para la percepción de que el sistema tributario es justo. Dada la fuerza disruptiva del cambio tecnológico, los principales beneficiarios deben pagar su parte de la inversión necesaria para ayudar a que la gente se adapte.
 
Pero si bien la propuesta francesa tiene el mérito de ser simple, es problemática. Para gravar ingresos, y no ganancias, habría que cambiar los modelos de negocio de los grupos tecnológicos. Podría limitar el alcance de la evasión impositiva pero también podría perjudicar a las start-ups chicas menos rentables que los gobiernos en general quieren apoyar. Sería incompatible con los tratados tributarios bilaterales. Y si bien fijar un impuesto sobre la facturación es considerado una "solución rápida" que podría preceder a una reforma más amplia, encontraría la feroz resistencia de los miembros de la UE para quienes la competencia impositiva es central para su modelo de negocios.
 
Además, es muy difícil cobrar impuestos a las empresas dado que ahora venden _o facilitan operaciones_ online y obtienen gran parte de su valor de activos intangibles, datos y conocimiento. Eso sucede no sólo con compañías tradicionales como Fiat y Starbucks sino también con Amazon y Airbnb.
 
Sería mejor que París, Berlín y otros se alineen detrás de la iniciativa de la comisión de crear una base imponible común para las empresas y que abarque toda la UE. El objetivo es alcanzar un acuerdo primero sobre qué debería gravarse y segundo dónde hacerlo.
Con información de Cronista


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