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Acoso sexual, mobbing y bossing, los tres pecados capitales en la oficina

Lunes 14 de Mayo 2018

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Recientemente hemos sido testigos de resonantes casos de acoso laboral y acoso sexual en diferentes tipos y tamaños de organizaciones, públicas y privadas. Es un tema que se ha visibilizado socialmente y requiere una especial y responsable atención por parte de todos los que integramos la comunidad laboral.

En primera instancia, es importante distinguir cuándo efectivamente ocurre y cuándo no. En muchos casos, nos encontramos con jefes autoritarios que tienen ciertas conductas tiránicas y ejercen sobre sus equipos una presión muy alta, sin ocultarlo. Esta situación se puede denominar "maltrato directivo"; es -desde ya- repudiable y requiere un cambio.
 
Sin embargo, cuando la toxicidad cruza un límite, ya estamos en presencia del acoso moral: una práctica ejercida en las relaciones personales, consistente en un trato vejatorio y descalificador hacia una persona, con el fin de desestabilizarla psíquicamente. Entre muchos otros factores, incluye la humillación y la falta de respeto por el otro como persona.
 
El acoso laboral es una práctica ejercida en el ámbito del trabajo y consiste en someter a un empleado a presión psicológica para provocar su marginación. Es destructivo por su propia naturaleza, ya que hay una intencionalidad de impactar negativamente en el otro. En general, los procedimientos siempre tratan de ser ocultos y tiene diferentes formas de manifestarse, entre ellas:
 
Mobbing ( to mob : engañar, atacar, maltratar aunque también muchedumbre y mafia) cuando un grupo de personas intenta atacar psicológicamente y de manera sistemática a una persona, para tratar de marginarla. Son persecuciones colectivas y en general a nivel horizontal, entre trabajadores del mismo nivel.
 
1- Bullying (to bully: intimidar, amedrentar) refiere más a la violencia física y abarca tanto los comportamientos psicológicos como los físicos, incluidos los actos de violencia menor. Es más amplio que el mobbing: va desde las burlas y la marginación hasta las conductas de abuso con connotaciones sexuales o agresiones físicas. Puede ser tanto de pares como de superiores.
 
2- Bossing (boss: jefe) es el acoso producido por el jefe o superiores jerárquicos.
 
3- Acoso sexual: es el comportamiento en función del sexo, de carácter desagradable y ofensivo para la persona que lo sufre. Confluyen ambos aspectos negativos: no deseado, no consensuado y ofensivo. Vale aclarar que según la OIT se consideran comportamientos de tono sexual los contactos físicos y las insinuaciones, observaciones de tipo sexual, exhibición de pornografía y exigencias sexuales, verbales o de hecho. Es humillante y puede constituir un problema de salud y de seguridad. Además, es discriminatorio cuando podría causar problemas en el trabajo, en la contratación o el ascenso o cuando crea un medio de trabajo hostil.
 
Las manifestaciones de acoso sexual pueden ser verbales (comentarios y preguntas sobre el aspecto, el estilo de vida, la orientación sexual, llamadas de teléfono ofensivas), no verbales (silbidos, gestos de connotación sexual, presentación de objetos pornográficos) o físicos (violencia física), el hecho de "toquetear" (acercamientos innecesarios) .
 
Hay que tener en cuenta que el acosador, en cualquiera de sus manifestaciones, toma como pretexto el trabajo para efectuar un ataque personal, conducirse al territorio de lo íntimo y siempre existe el propósito de generar un impacto negativo en la otra persona. Hay una naturaleza perversa en su accionar y su intencionalidad siempre es negativa. El abuso de poder por parte del victimario y la situación de vulnerabilidad de la víctima potencian el impacto.
 
¿Qué hacer ante estas situaciones? Tanto como víctima, compañero o jefe es importante la aceptación de la situación y romper el silencio. Observamos en muchos casos que el temor a las consecuencias impulsa el mantener oculto por mucho tiempo el tema. Recuperar el protagonismo y la autoestima para poder comenzar a sanar el daño psicológico es una etapa crítica, que con la ayuda de especialistas se puede lograr.
 
Es muy importante documentar el problema y obtener evidencias, tratar de estar siempre acompañado por personas de confianza, evitar las reacciones ante las agresiones, estar atento permanentemente, no bajar la guardia, mantener la calma y la distancia -aunque no sea fácil-, no apresurarse a tomar decisiones y -fundamentalmente- nunca perder la dignidad exigiendo el respeto por nosotros como personas. Todos nos merecemos trabajar en contextos seguros y saludables sin ningún tipo de violencia física o psicológica, para liberar nuestro potencial y dar lo mejor.
 
Consultor en innovación disruptiva, autor de El futuro del trabajo y el trabajo del futuro.
Fuente: La Nación
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