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ENTRE RÍOS

El drama de vivir en la calle se acrecienta cuando llegan los días fríos

Por: Vanesa Erbes
Jueves 17 de Mayo 2018

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En la Plaza 1° de Mayo un grupo duerme abrigándose como puede. La postal se replica en otros puntos de Paraná. Esperan ayuda del Estado

Fueron casi dos semanas de lluvia las que afectaron a la región y durante días les tocó dormirse empapados a quienes viven en la calle. Algún toldo los cobijó de la intemperie un rato, pero en el trajín diario vendiendo estampitas o intentando hacer una moneda para sus gastos no zafaron de los aguaceros.
Los persistentes chaparrones por fin cesaron, pero trajeron jornadas más frescas. Y con temperaturas más bajas, a la intemperie, en la Plaza 1° de Mayo pasan las noches algunas de las personas sin hogar. Se acomodan en los bancos con cartones y alguna frazada para poder abrigarse y que no les duelan los huesos por el frío, aunque todavía no sea invierno.
No es el único grupo de gente que se las arregla para descansar en cualquier parte porque no tiene casa, contención ni un presente digno. En el hospital San Martín hay otro, en la Terminal se suma otra persona más, y quizás en algún otro rincón de Paraná haya alguien a quien el destino le jugó una mala pasada y lo arrojó, sin escapatoria, a deambular sin techo.
En el grupo de la Plaza principal de la capital entrerriana son cuatro o cinco los que pernoctan. Ya son parte del paisaje y apenas llaman la atención de los transeúntes que pasan apurados hacia sus trabajos. Ayer había tres recostados en los bancos cuando el sol ya había salido. El único que se había incorporado temprano y sentado esperaba un revés de la suerte era Ricardo, que se había despertado a las 5, habituado a la hora en que se levantaba para ir a trabajar cuando la vida aún le prometía alguna ventura, que nunca llegó. "Hace un año me enfermé. Tengo un problema en los pies y tuve que dejar de trabajar. No pude mantenerme y quedé en la calle. Me defiendo ahora vendiendo estampitas y encendedores", contó a UNO.
Al mediodía, como tantos de sus pares, Ricardo, o El Turco –como le dicen los que lo aprecian–, almuerza en el comedor de la iglesia San Miguel, donde un grupo de gente con sensibilidad social les prepara un plato calentito a quienes no tienen qué comer, que los ayude a seguir sin desmoronarse del hambre. A la noche la agrupación Suma de Voluntades los espera en la plaza Alvear –conocida como la plaza del Bombero–, también con algo rico que los reconforte, y los convida además con una sonrisa, un abrazo, una palabra de aliento que les apuntale la esperanza. No todo está perdido cuando prima el amor al prójimo frente a tanta miseria.
No es fácil entender lo que se siente al dormir en la calle, y los juicios de valor de quienes nunca pasaron penuria semejante son una constante. "Están así porque les gusta", dice por lo bajo alguno que los cruza. Pero seguro se equivocan los que creen que eligieron esa vida cargada de adversidades y desazón.
A la noche, para llamar al sueño que es esquivo cuando uno tiene frío o está angustiado por la falta de oportunidades, algunos recurren al alcohol, lo que les trae otros problemas: "Cuando caí en la calle empecé con el tema del alcohol, y mi familia me repudia porque soy borracho", confió El Turco, sin poder contener las lágrimas.
"En la Catedral no te dejan entrar porque estamos en situación de calle", dijo, quejándose de la discriminación de la curia que en la misas pregona la piedad y la misericordia hacia los demás, pero no la practica como Jesús lo hacía.
"Estamos a la intemperie. Yo tengo una frazada nomás, pero hay chicos que no tienen nada para taparse. Alguien del Municipio me dijo que lo iban a abrir al refugio, pero no pasa nada todavía. Así que se te hace jodido acá", aseguró, y a la vez lamentó: "Para ir al baño se complica. Ante íbamos a Petra pero cerró y vamos al Bingo. No tenemos un lugar para bañarnos, nos higienizamos en la fuente de la Plaza. Pero el otro día llegó un policía que me vio que me estaba lavando la cabeza ahí y nos echaron a todos por mi culpa"
El Turco contó que es plomero y gasista, y enumeró las muchas obras en las que trabajó, haciendo conexiones en edificios del centro y otros lugares, incluso en instituciones. Mencionó que hace un año que está en la calle y que le llevó cinco meses hacerse unos estudios médicos que le pidieron para tramitar una pensión que al menos le dé una tregua en un contexto de absolutas carencias. Sin embargo, perdió todo, una noche de infortunio: "El año pasado, en el refugio que abrió la Municipalidad en el CIC, me robaron todo. Se llevaron los papeles, el eco doppler y la radiografía donde salía que tengo problemas en los pulmones, en los huesos y en la vista", dijo, aún sin resignarse y juntando fuerzas para empezar los trámites de nuevo.
A sus 49 años no se rinde y busca salir del pozo al que lo arrastró el destino. Aunque el alcohol a veces le gana, destacó la ayuda de los integrantes de Suma de Voluntades y de la gente de la iglesia Nuestra Señora de Lourdes, situada en la intersección de las calles 25 de Junio y Sarmiento, que le tienden una mano para mitigar su tristeza. Confió que una chica que suele pasear su perro en la Plaza y de la que se hizo amigo le consiguió un turno en el Hospital Escuela, pero no le fue nada bien: "Quiero dejar de tomar, pero ahí me dieron pastillas y era un zombie. Me vino a buscar el martes porque tenía una nueva entrevista y le dije que no iba a ir, porque no quiero estar dopado".
"Sueño con poder volver a trabajar, amo mi laburo", recalcó, todavía con el recuerdo nítido de un pasado más benévolo.
 
Piden abordaje integral
Silvina y Anabella son dos de las referentes de la agrupación Suma de Voluntades que en sus recorridas son testigos del sufrimiento de la gente sin hogar. "Vamos a la plaza del Bombero y están ahí esperándonos. También llegamos al hospital San Martín, donde no les permitían quedarse pero ahora le dejan pasar la noche a las personas más grandes y con la salud más afectada. Y pasamos por la Terminal, donde hay un hombre que no tiene otro lugar donde estar", contó a UNO Silvina.
A su vez, recordó que el año pasado se abrió el refugio Recordando, a cargo de Claudio del Lago y que se sustenta exclusivamente con padrinos, sin ayuda estatal, pero enseguida se cubrió el cupo. Por eso en estos días esperan poder reunirse con autoridades de la Municipalidad para pedirles que abran nuevamente el refugio del Centro Integrador Complementario (CIC) II, en la zona de Blas Parera, aunque saben que es solo un paliativo: "Lo único que se ha logrado cada año es que se abra un lugar para que duerman, pero solamente es durante los meses de frío. Después vuelven a quedarse en la calle y no es eso lo que necesitan: hace falta un abordaje desde distintas disciplinas que realmente los ayude a salir adelante", sostuvo.
Al refugio que suele abrir el Municipio en el CIC II a veces las personas en situación de calle no llegan porque les queda lejos del radio céntrico, y otras no van para evitar tener algún inconveniente como el robo que sufrió El Turco. "Meten 10 personas ahí, cada una con sus problemas, con sus adicciones, y a veces se pone difícil, porque no se les brinda ninguna contención", manifestó Silvina.
A su vez, con voz crítica hizo alusión a la indiferencia de mucha gente y a los juicios de valor que se emiten para juzgar a quienes están en esa situación adversa: "La gente lo primero que dice es no quieren ir al refugio porque no los dejan tomar, o que no quieren ir porque tienen que bañarse, todo como si fuese una cuestión voluntaria y a la gente le gustara vivir en la calle y tener una adicción. Hablan desde el desconocimiento".
"Hay que darse que cuenta de que se trata de un ser humano que necesita ayuda y uno no se puede quedar mirando. Pero lo mas fácil y cómodo es juzgar y no hacer nada, diciendo que la persona está así porque quiere", dijo y agregó: "Creo que el Estado provincial y el municipal tienen los profesionales para abordar este tipo de problemática".
En tanto, Anabella concluyó: "El tema del refugio es un paliativo, sí o sí necesitan un abordaje integral e intersectorial, donde intervengan Salud, Desarrollo Social y otras áreas. Es un tema muy complejo, hay muchos problemas de adicciones, y cada persona tiene una causa de por qué llego a la calle. No es fácil de abordar, sobre todo cuando es una problemática existente y el Estado lo sabe, pero no quiere destinar presupuesto para la gente en situación de calle".
Fuente: unoentrerios
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