Buenos Aires | La Plata
Vanesa Rial, durante 45 días, fue golpeada, drogada y violada
Jueves 26 de
Septiembre 2013

Vanesa Rial es una abogada de la Ciudad de La Plata de 38 años que acaba de salir de una pesadilla que duró poco más de dos meses.
Vanesa Rial es una abogada de la Ciudad de La Plata de 38 años que acaba de salir de una pesadilla que duró poco más de dos meses. “Durante 45 días fui su esclava", cuenta esta mujer sobre la violenta relación que tuvo con Jorge Cristian Martínez Poch, un hombre de 50 años que conoció en un bar y del que se enamoró rápidamente.
La víctima contó que de su victimario le sedujo su “físico privilegiado” y que, en los primeros momentos, era “muy amable y generoso”. Sin embargo, inmediatamente comenzaron los problemas. Ante cualquier diferencia que tenían, él le propinaba una paliza: "Si me ponía una ropa que a él no le gustaba, saludaba a alguien o escuchaba una canción de un cantante que a él no le gustaba, me pegaba", relató en un diálogo con el diario El Día. "Tenía que ser como él quería", resumió.
Durante el lapso que duró la relación, Cristian no la dejaba tranquila. La llevaba y la iba a buscar al trabajo. A los pocos días de conocerse la tiró de la moto, la arrastró por el asfalto, le quebró la muñeca y le desfiguró el ojo izquierdo de una piña. Luego de golpearla, la curaba con hielo, la lavaba con lavandina y la maquillaba para simular los moretones. La sacaba desnuda a los pasillos del edificio de calle 23 entre 58 y 59, donde vivía él, y cuando se daba cuenta que se estaba por ir la llevaba a los golpes de nuevo adentro del departamento. “Me daba flores y golpes, casi en simultáneo”, resume la Vanesa su vínculo con Cristian.
Pero eso no es todo. La abogada era obligada a tener relaciones sexuales donde a Cristián se le ocurriera. “Me llevaba a un boliche y teníamos sexo delante de todos, en la pared, en un sillón o en un baño. Nadie nos decía nada porque él conoce a todos. También me hacía tener sexo con sus amigos”, detalla en una entrevista publicada por el diario Clarín, donde también afirma que el abusador le inyectaba Dioxaflex por los golpes, y le daba Rivotril, somníferos y ácido fólico “para tener bebés sanos”.
Ella lo denunció en seis oportunidades y en distintos organismos, nadie le prestó atención. Salir sola le era imposible. “¿Cómo podía salir de toda esa mierda? Si a vos te llevan al baño, te meten el miembro en la boca y sentís que empieza a salir orina, o te lo tragas o te mata. Después se hace un hábito: hoy te toca tomar pis, mañana otra cosa”, cuenta dolida Vanesa.
Día a día las golpizas se volvían más violentas. Hasta que el 6 de septiembre llegó a fracturarle el tabique y las costillas. Allí fue cuando Vanesa intentó decir “basta” por primera vez. Su abogado le consiguió un departamento en San Miguel del Monte y allí se fue. Sin embargo, el acoso de Cristián no se detuvo. Luego de acechar al círculo íntimo de Vanesa durante algunos días, Cristian la encontró mientras ella viajaba rumbo a Cañuelas para acompañar a un amigo que se iba de viaje. Allí le cruzó un auto, le puso un arma en la cabeza y la quería obligar a irse con él. Pudo escapar.
Por las amenazas continuas de Cristian a su familia, Vanesa decidió volver. “El sábado pasado salimos a comer y a la noche me mató a palos. Después tuvimos relaciones, me hizo tomar su pis y se tomó mi pis, porque decía que éramos almas gemelas y teníamos que intercambiar fluidos”, dijo y continuó: “Entonces íbamos a ser felices nosotros dos y el bebé que decía que íbamos a tener. Me succionaba los pezones tan fuerte que me sacaba líquido, cuando yo nunca fui madre. Después iba al baño y me lavaba con lavandina y se quedaba pintándome las uñas, maquillándome, para que esté arreglada y linda y poder salir a cenar con él”.
Esa fue la última vez. El lunes, después de estar cinco días incomunicada con el mundo exterior y encerrada en el departamento de la Calle 23 que no tenía picaporte, llegó la DDI de La Plata tras recibir una denuncia de su padre.
La primera reacción de Vanesa fue defender a Cristian: “Creí que me iban a tomar declaración y me iban a dejar sola otra vez con él”, afirmó.
Cuando los ocho efectivos vieron las carabinas, los rifles de aire comprimido, las marcas de los cuchillazos en la puerta y las marcas en el cuerpo de Vanesa, detuvieron al agresor, ahora acusado por privación ilegal de la libertad, lesiones y amenazas. La causa, quedó a cargo del fiscal platense Marcelo Romero.
Durante el lapso que duró la relación, Cristian no la dejaba tranquila. La llevaba y la iba a buscar al trabajo. A los pocos días de conocerse la tiró de la moto, la arrastró por el asfalto, le quebró la muñeca y le desfiguró el ojo izquierdo de una piña. Luego de golpearla, la curaba con hielo, la lavaba con lavandina y la maquillaba para simular los moretones. La sacaba desnuda a los pasillos del edificio de calle 23 entre 58 y 59, donde vivía él, y cuando se daba cuenta que se estaba por ir la llevaba a los golpes de nuevo adentro del departamento. “Me daba flores y golpes, casi en simultáneo”, resume la Vanesa su vínculo con Cristian.
Pero eso no es todo. La abogada era obligada a tener relaciones sexuales donde a Cristián se le ocurriera. “Me llevaba a un boliche y teníamos sexo delante de todos, en la pared, en un sillón o en un baño. Nadie nos decía nada porque él conoce a todos. También me hacía tener sexo con sus amigos”, detalla en una entrevista publicada por el diario Clarín, donde también afirma que el abusador le inyectaba Dioxaflex por los golpes, y le daba Rivotril, somníferos y ácido fólico “para tener bebés sanos”.
Ella lo denunció en seis oportunidades y en distintos organismos, nadie le prestó atención. Salir sola le era imposible. “¿Cómo podía salir de toda esa mierda? Si a vos te llevan al baño, te meten el miembro en la boca y sentís que empieza a salir orina, o te lo tragas o te mata. Después se hace un hábito: hoy te toca tomar pis, mañana otra cosa”, cuenta dolida Vanesa.
Día a día las golpizas se volvían más violentas. Hasta que el 6 de septiembre llegó a fracturarle el tabique y las costillas. Allí fue cuando Vanesa intentó decir “basta” por primera vez. Su abogado le consiguió un departamento en San Miguel del Monte y allí se fue. Sin embargo, el acoso de Cristián no se detuvo. Luego de acechar al círculo íntimo de Vanesa durante algunos días, Cristian la encontró mientras ella viajaba rumbo a Cañuelas para acompañar a un amigo que se iba de viaje. Allí le cruzó un auto, le puso un arma en la cabeza y la quería obligar a irse con él. Pudo escapar.
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