Notre Dame, fuego que hiela
Martes 16 de
Abril 2019
Supongamos que se llama Hiro Shimizu y llegó desde Hokkaido, o Francoise, que vive en Ottawa. Incluso imaginemos a Malena, que ayer arribó a París desde Mendoza.
A los tres los une una amarga coincidencia: sacaron hace tiempo sus entradas para visitar este martes Notre Dame, el símbolo más reconocible que Francia ha aportado al patrimonio de la Humanidad, reducido a un esqueleto chamuscado tras el fuego que acabó con gran parte de su riqueza artística, arquitectónica y religiosa.
Llamas que nos helaron la sangre a millones de personas en todo el mundo.
Allí están los tres, desayunando en diferentes puntos de París en el día después de la tragedia, con la mirada en ningún lado, sin siquiera tener en cuenta el dinero perdido por la compra anticipada.
Abatidos, incrédulos, como todos los que tuvimos la suerte de visitar esa maravilla antes del colapso, como todos los que soñaban con hacerlo alguna vez.
Notre Dame se mantuvo indemne en el paisaje de la capital francesa durante casi todo el milenio anterior. Sobrevivió a revoluciones, algaradas, intentos de atentados y chalecos amarillos, coronó reyes, albergó bodas y bautizos históricos, oyó música sacra y cuchicheos de traición, soportó el paso de 13 millones - ¡13 millones! - de turistas que cada año recorren susriquezas interiores, aguantó fotos prohibidas con flash, luchó con la dignidad de sus materiales contra la polución de la urbe que la encerró en la Ille de la Cité....Pero un fuego inesperado y vulgar que nos congeló las venas se llevó por delante símbolo y materia, arte e historia, éxtasis y virtud. Chispa maldita e iletrada que bien podría haber abrasado un chamizo abandonado en la campiña gala.
Ante estas catástrofes, apenas nos consuela que se hayan evitado muertos y heridos, tal es la magnitud de lo perdido.
Ahora se vienen tiempos de evaluación y reconstrucción para devolver la ilusión, de reproches e inculpaciones que no nos devolverán lo calcinado.
La Francia de hoy, deprimida por la incertidumbre de su futuro y tironeada por las tensiones sociales, tiene ahora, desde el infortunio, la posibilidad de recuperar su grandeur, orgullo y ego con denominación de origen, para elevar a objetivo nacional el desafío de restaurar su símbolo más querido.
No estarán solos, la humanidad les estará acompañando.
Porque Notre Dame es patrimonio universal. Todos somos un poquito Notre Dame.
Llamas que nos helaron la sangre a millones de personas en todo el mundo.
Allí están los tres, desayunando en diferentes puntos de París en el día después de la tragedia, con la mirada en ningún lado, sin siquiera tener en cuenta el dinero perdido por la compra anticipada.
Abatidos, incrédulos, como todos los que tuvimos la suerte de visitar esa maravilla antes del colapso, como todos los que soñaban con hacerlo alguna vez.
Notre Dame se mantuvo indemne en el paisaje de la capital francesa durante casi todo el milenio anterior. Sobrevivió a revoluciones, algaradas, intentos de atentados y chalecos amarillos, coronó reyes, albergó bodas y bautizos históricos, oyó música sacra y cuchicheos de traición, soportó el paso de 13 millones - ¡13 millones! - de turistas que cada año recorren susriquezas interiores, aguantó fotos prohibidas con flash, luchó con la dignidad de sus materiales contra la polución de la urbe que la encerró en la Ille de la Cité....Pero un fuego inesperado y vulgar que nos congeló las venas se llevó por delante símbolo y materia, arte e historia, éxtasis y virtud. Chispa maldita e iletrada que bien podría haber abrasado un chamizo abandonado en la campiña gala.
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Con información de
Cadena 3
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