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Tras la llegada del nuevo "tipo de cambio turista" en $82, en el mercado descuentan disparada del dólar blue
Lunes 16 de
Diciembre 2019
El nuevo régimen incentiva al turista a llevar billetes en vez de usar tarjeta. Eso aumentará la demanda en el mercado paralelo hasta subir la cotización
Tras la medida "cantada" del recargo a los gastos con tarjeta en el exterior –en los hechos, equivalente a la instauración de un nuevo "dólar turista"- ahora todas las expectativas están puestas sobre una consecuencia que parece inevitable: la disparada del tipo de cambio paralelo.
El razonamiento es simple: si hay un recargo de 30% para los gastos con tarjeta, eso en los hechos implica que cada dólar pagado en el exterior equivaldrá a $82, que es el precio que surge de aplicarle un 30% de incremento al dólar oficial de $63 actualmente vigente.
De manera que siempre será más conveniente llevar dólar y hacer pagos en efectivo. Claro, rige el cepo que apenas permite adquirir u$s200 mensuales por persona. Sin embargo, está el mercado del "blue", donde hasta el viernes se podía adquirir el billete verde por menos de $68.
En otras palabras, mientras que el blue se ubica apenas un 8% por encima del tipo de cambio oficial, el "dólar tarjeta" será un 30% más caro. Si el viajero argentino, en vez de usar el plástico compra billetes en el mercado paralelo, entonces por cada dólar que gaste durante su viaje se estará ahorrando $14. Nada mal, si se considera que solamente en gastos de comida una pareja difícilmente erogue menos de 50 dólares por día.
En consecuencia, lo primero que advirtieron muchos economistas ni bien surgió la noticia del nuevo recargo es que habrá un fuerte incremento en la demanda del dólar blue, un mercado actualmente "anestesiado" y con bajo volumen de operaciones, dada la alta dolarización de los meses previos y la caída de los salarios.
Pero el incentivo para la compra de billetes en el mercado paralelo ha regresado, y ahora con más fuerza que en el régimen que se aplicaba durante el gobierno de Cristina Kirchner dado que, a diferencia de lo que ocurría en aquel momento, ahora no se permitirá computar ese recargo como un pago a cuenta de otros impuestos, como Bienes Personales.
En aquellos tiempos, con Axel Kicillof como ideólogo de la medida, lo que se intentaba corregir era una situación de evidente retraso cambiario –algo que hoy nadie señala como un problema urgente- y fue así que en marzo de 2013 se implementó un recargo de 20% que con el tiempo se fue incrementando hasta llegar al 35%.
En aquel momento el blue ya tenía una considerable brecha con el dólar oficial, del orden del 50%: mientras en el paralelo el billete se vendía a $8, el tipo de cambio regulado estaba apenas por encima de $5. Pero aun así, se registró una fuerte incremento en el blue, que en cuestión de pocos días saltó a $9 –es decir, llevando la brecha a un nivel superior al 70%-.
A la larga, esa situación se tornó insostenible, lo cual desembocó en la devaluación de enero de 2014, para enojo de un Kicillof que recién estaba estrenando su cargo de ministro y que culpó a la petrolera Shell por el ajuste cambiario que había convalidado desde el Banco Central Juan Carlos Fábrega.
Lo que argumentan los economistas es que no hay motivo para pensar que esta vez la reacción del mercado sea diferente. De hecho, las declaraciones del nuevo titular del Banco Central, Miguel Pesce, apuntan a que no hay condiciones económicas como para aflojar el duro cepo cambiario.
Hasta antes de la medida, y con un nivel de egreso de divisas por turismo que entre enero y octubre de este año llegó a los 6.503 millones de dólares –aun con el desincentivo de los grandes saltos devaluatorios de febrero y el post PASO en agosto-, todo hacía suponer que la demanda por turismo no debería sufrir una caída. En la medida en que haya una recomposición salarial por encima de la evolución del tipo de cambio oficial, los incentivos estaban alineados para que la ola de compra de paquetes al exterior continuara.
Ahora, con un dólar efectivo de $82, el mercado tendrá su reacomodamiento. Y a juzgar por lo que afirman los expertos y por lo que marcan los antecedentes de la historia reciente, el dólar blue será un protagonista fundamental del nuevo escenario.
El razonamiento es simple: si hay un recargo de 30% para los gastos con tarjeta, eso en los hechos implica que cada dólar pagado en el exterior equivaldrá a $82, que es el precio que surge de aplicarle un 30% de incremento al dólar oficial de $63 actualmente vigente.
De manera que siempre será más conveniente llevar dólar y hacer pagos en efectivo. Claro, rige el cepo que apenas permite adquirir u$s200 mensuales por persona. Sin embargo, está el mercado del "blue", donde hasta el viernes se podía adquirir el billete verde por menos de $68.
En otras palabras, mientras que el blue se ubica apenas un 8% por encima del tipo de cambio oficial, el "dólar tarjeta" será un 30% más caro. Si el viajero argentino, en vez de usar el plástico compra billetes en el mercado paralelo, entonces por cada dólar que gaste durante su viaje se estará ahorrando $14. Nada mal, si se considera que solamente en gastos de comida una pareja difícilmente erogue menos de 50 dólares por día.
En consecuencia, lo primero que advirtieron muchos economistas ni bien surgió la noticia del nuevo recargo es que habrá un fuerte incremento en la demanda del dólar blue, un mercado actualmente "anestesiado" y con bajo volumen de operaciones, dada la alta dolarización de los meses previos y la caída de los salarios.
Pero el incentivo para la compra de billetes en el mercado paralelo ha regresado, y ahora con más fuerza que en el régimen que se aplicaba durante el gobierno de Cristina Kirchner dado que, a diferencia de lo que ocurría en aquel momento, ahora no se permitirá computar ese recargo como un pago a cuenta de otros impuestos, como Bienes Personales.
En aquellos tiempos, con Axel Kicillof como ideólogo de la medida, lo que se intentaba corregir era una situación de evidente retraso cambiario –algo que hoy nadie señala como un problema urgente- y fue así que en marzo de 2013 se implementó un recargo de 20% que con el tiempo se fue incrementando hasta llegar al 35%.
En aquel momento el blue ya tenía una considerable brecha con el dólar oficial, del orden del 50%: mientras en el paralelo el billete se vendía a $8, el tipo de cambio regulado estaba apenas por encima de $5. Pero aun así, se registró una fuerte incremento en el blue, que en cuestión de pocos días saltó a $9 –es decir, llevando la brecha a un nivel superior al 70%-.
A la larga, esa situación se tornó insostenible, lo cual desembocó en la devaluación de enero de 2014, para enojo de un Kicillof que recién estaba estrenando su cargo de ministro y que culpó a la petrolera Shell por el ajuste cambiario que había convalidado desde el Banco Central Juan Carlos Fábrega.
Lo que argumentan los economistas es que no hay motivo para pensar que esta vez la reacción del mercado sea diferente. De hecho, las declaraciones del nuevo titular del Banco Central, Miguel Pesce, apuntan a que no hay condiciones económicas como para aflojar el duro cepo cambiario.
Hasta antes de la medida, y con un nivel de egreso de divisas por turismo que entre enero y octubre de este año llegó a los 6.503 millones de dólares –aun con el desincentivo de los grandes saltos devaluatorios de febrero y el post PASO en agosto-, todo hacía suponer que la demanda por turismo no debería sufrir una caída. En la medida en que haya una recomposición salarial por encima de la evolución del tipo de cambio oficial, los incentivos estaban alineados para que la ola de compra de paquetes al exterior continuara.
Ahora, con un dólar efectivo de $82, el mercado tendrá su reacomodamiento. Y a juzgar por lo que afirman los expertos y por lo que marcan los antecedentes de la historia reciente, el dólar blue será un protagonista fundamental del nuevo escenario.
Con información de
iprofesional

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