
"¿Y si Michlig se enoja?", la implosión de Unidos
Martes 14 de
Abril 2026

Por:
Maxi Romero

Hace tiempo venimos señalando que el Gobierno de Santa Fe necesita cambios. Unidos, un frente con tensiones internas y al borde de la implosión. El PS, cercano al gobernador en lo mediático, pero distante en el territorio y en la militancia. La UCR, con dirigentes de fuerte peso político que no forman parte de la Casa Gris. Y un liderazgo en retroceso —de cara a nuevas elecciones— de Pullaro, expuesto por la falta de "acatamiento" de quienes dependen de su lapicera.
El debate público que se abrió entre el ministro de Obras Públicas y el jefe del radicalismo provincial es, probablemente, el reconocimiento explícito de lo que parece ser una pérdida de poder político del gobernador. Este tipo de riñas suele darse cuando se disputa la sucesión de un mandatario o cuando quien conduce evidencia debilidad.
Un pedido de informes —que es como un vaso de agua: no se le niega a ningún legislador— sobre planes de viviendas inconclusas, nada más y nada menos que en San Cristóbal, territorio del dirigente “que hizo casi todo para que Pullaro sea gobernador”, aparece como una pieza de dominó cuya última caída aún no se vislumbra.
“Cuando Maxi no era gobernador y era un ministro de Seguridad con muchas dificultades, Felipe Michlig se lo puso al hombro y lo hizo crecer”, reflexionó un hombre del radicalismo, quien no advierte volumen político en Lisandro Enrico como para “mandarse solo a vituperar al dirigente que le sostuvo el Gobierno en momentos clave a Pullaro”.
El radicalismo parece haberse “peronizado” y no soporta dirigentes con volúmenes parecidos en un mismo frente.
“Felipe, cuando se convirtió en titular del Senado, consolidó su poder real —analizó un integrante de Unidos—, y hay dirigentes de menor peso que temen que su jefe pierda el sillón del Brigadier”.
“Enrico desconfía de Pullaro, por eso no renunció definitivamente a la banca del Senado”, elucubran algunos sectores internos. Esta falta de conexión real entre dirigentes empujó al Gobierno a verse salpicado en un debate ético y legal de peso: un ministro pidió licencia a su banca de senador para asumir un cargo ministerial en otro poder del Estado.
Lisandro Enrico ya no sería Senador con pedido de licencia, según se podría desprender de la Constitución provincial vigente. Pero al existir una licencia otorgada la discusión legal se encuentra bajo la lupa.
Felipe Michlig
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El escenario salpica a todo el Gobierno, al contradecir —podría interpretarse— tanto la “nueva” como la “vieja” Constitución. El artículo 87, apoyado por el propio ministro Enrico, establece que “es incompatible el cargo de diputado o senador con cualquier otro de carácter provincial” y que “el legislador que haya aceptado algún cargo incompatible con el suyo queda, por ese solo hecho, separado de éste”.
¿Denuncia en puerta? Un abogado y exjuez explicó a este medio que “podría no estar ejecutando la ley constitucional cuyo cumplimiento le incumbe”, en referencia al artículo 248 del Código Penal.
Se comenta, en algunos pasillos, que un “secretario de in-comunicación” —denominado así irónicamente por algunos dirigentes, en alusión a su escasa relación con una gran cantidad de periodistas— habría orquestado algunas notas realizadas al ministro de Obras Públicas, con el objetivo de criticar al senador del departamento San Cristóbal. Precisamente ese pequeño dirigente mantendría diferencias desde el comienzo del mandato con el Presidente provisional del Senado.
“Ya el Brigadier, con su Estatuto Provisorio, trazaba lineamientos sobre cómo conducirse; no hubiera permitido, en la actualidad, que un ministro se sostenga al mismo tiempo como legislador”, reclamó un dirigente de la oposición.
Felipe Michlig optó por no responder las consultas de este medio. En la intimidad, acaso evalúa la enorme cantidad de energía invertida y sobre la que hoy podrían pesar dudas o arrepentimientos.
Los nombres del resto de los dirigentes no se consignan, ya que prefieren no exponerse ante la posibilidad de que Unidos termine por implosionar.
“¿Y si Michlig se enoja?”, se escuchó decir a un radical, a lo que otro respondió: “Del Gobernador o del Ministro de Gobierno hacia abajo, hoy, no hay dirigentes con capacidad o fuerza -como la de Michlig- para sostener armado el rompecabezas”.
“Felipe podría ser el próximo gobernador a partir de su poder real”, esgrime un dirigente histórico, y agrega: “Lisandro Enrico, un actor dependiente de la Casa Gris, está cumpliendo la misión de esmerilarlo, por si las dudas”.
Sin embargo, esta conjetura se desinfla en otra tribu interna, que sostiene que “el gobernador no tiene poder para encuadrar a sus ministros”. Es más, aseguran que “a algunos no los desplaza del cargo para no sumar más problemas a los que ya existen”.
Enrico, parado atrás de Pullaro, inagurando una rotonda
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Un pedido de informes —que es como un vaso de agua: no se le niega a ningún legislador— sobre planes de viviendas inconclusas, nada más y nada menos que en San Cristóbal, territorio del dirigente “que hizo casi todo para que Pullaro sea gobernador”, aparece como una pieza de dominó cuya última caída aún no se vislumbra.
“Cuando Maxi no era gobernador y era un ministro de Seguridad con muchas dificultades, Felipe Michlig se lo puso al hombro y lo hizo crecer”, reflexionó un hombre del radicalismo, quien no advierte volumen político en Lisandro Enrico como para “mandarse solo a vituperar al dirigente que le sostuvo el Gobierno en momentos clave a Pullaro”.
El radicalismo parece haberse “peronizado” y no soporta dirigentes con volúmenes parecidos en un mismo frente.
“Felipe, cuando se convirtió en titular del Senado, consolidó su poder real —analizó un integrante de Unidos—, y hay dirigentes de menor peso que temen que su jefe pierda el sillón del Brigadier”.
“Enrico desconfía de Pullaro, por eso no renunció definitivamente a la banca del Senado”, elucubran algunos sectores internos. Esta falta de conexión real entre dirigentes empujó al Gobierno a verse salpicado en un debate ético y legal de peso: un ministro pidió licencia a su banca de senador para asumir un cargo ministerial en otro poder del Estado.
Lisandro Enrico ya no sería Senador con pedido de licencia, según se podría desprender de la Constitución provincial vigente. Pero al existir una licencia otorgada la discusión legal se encuentra bajo la lupa.

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El escenario salpica a todo el Gobierno, al contradecir —podría interpretarse— tanto la “nueva” como la “vieja” Constitución. El artículo 87, apoyado por el propio ministro Enrico, establece que “es incompatible el cargo de diputado o senador con cualquier otro de carácter provincial” y que “el legislador que haya aceptado algún cargo incompatible con el suyo queda, por ese solo hecho, separado de éste”.
¿Denuncia en puerta? Un abogado y exjuez explicó a este medio que “podría no estar ejecutando la ley constitucional cuyo cumplimiento le incumbe”, en referencia al artículo 248 del Código Penal.
Se comenta, en algunos pasillos, que un “secretario de in-comunicación” —denominado así irónicamente por algunos dirigentes, en alusión a su escasa relación con una gran cantidad de periodistas— habría orquestado algunas notas realizadas al ministro de Obras Públicas, con el objetivo de criticar al senador del departamento San Cristóbal. Precisamente ese pequeño dirigente mantendría diferencias desde el comienzo del mandato con el Presidente provisional del Senado.
“Ya el Brigadier, con su Estatuto Provisorio, trazaba lineamientos sobre cómo conducirse; no hubiera permitido, en la actualidad, que un ministro se sostenga al mismo tiempo como legislador”, reclamó un dirigente de la oposición.
Felipe Michlig optó por no responder las consultas de este medio. En la intimidad, acaso evalúa la enorme cantidad de energía invertida y sobre la que hoy podrían pesar dudas o arrepentimientos.
Los nombres del resto de los dirigentes no se consignan, ya que prefieren no exponerse ante la posibilidad de que Unidos termine por implosionar.
“¿Y si Michlig se enoja?”, se escuchó decir a un radical, a lo que otro respondió: “Del Gobernador o del Ministro de Gobierno hacia abajo, hoy, no hay dirigentes con capacidad o fuerza -como la de Michlig- para sostener armado el rompecabezas”.
“Felipe podría ser el próximo gobernador a partir de su poder real”, esgrime un dirigente histórico, y agrega: “Lisandro Enrico, un actor dependiente de la Casa Gris, está cumpliendo la misión de esmerilarlo, por si las dudas”.
Sin embargo, esta conjetura se desinfla en otra tribu interna, que sostiene que “el gobernador no tiene poder para encuadrar a sus ministros”. Es más, aseguran que “a algunos no los desplaza del cargo para no sumar más problemas a los que ya existen”.

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